El Amor De Antonio Capítulo 106: No tengas miedo, te llevaré a casa

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El Amor De Antonio novela Capítulo 106: No tengas miedo, te llevaré a casa de Rosa amarilla

En El Amor De Antonio novela Capítulo 106: No tengas miedo, te llevaré a casa autor Rosa amarilla los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a El Amor De Antonio Rosa amarilla Capítulo 106: No tengas miedo, te llevaré a casa en readerexp.com

¡Maldita sea!

Gritó Clara en su corazón. Comprobó que la puerta estaba cerrada por fuera. Y lo único que oyó fue un ruido de pasos.

-¿Quiénes son los que están afuera? ¿Qué queréis? Déjenme salir.-

Bang, bang, bang...

Clara, sorprendida y molesta, golpeó la puerta con fuerza.

Tuvo la sensación de que el cielo giraba con su fuerza.

Evidentemente, el hecho de lavarse la cara hace un momento no la hizo estar sobria. Al contrario, el efecto del vino era cada vez más fuerte. Además de la acción de hace un momento, su fuerza está perdiendo continuamente.

Sin embargo, nadie le respondió en la puerta.

Clara siguió golpeando la puerta -Dejadme salir. ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué demonios quieren?-

-¡Quédate aquí!-

En ese momento, una voz fría habló desde arriba.

Clara levantó la vista con recelo. Una olla de agua fría caía desde arriba.

-Ah...-

Clara gritó. Todo su cuerpo estaba mojado. El aspecto era muy indigno.

Vagamente, también oyó a alguien de fuera diciendo, -Sal de aquí. No te dejes atrapar.-

-No debería estar herida, ¿verdad?-

-Qué puede pasar. Es sólo por un tiempo de todos modos. No es que vaya a morir. Vayamos ahora, antes de que venga alguien.-

Las dos voces terminaron de hablar y desaparecieron rápidamente.

-Oye, déjame salir...-

Clara siguió golpeando la puerta. Sin embargo, el sonido de la puerta cerrándose ya sonaba fuera. La puerta del baño estaba cerrada. Y se había colocado un cartel de mantenimiento del baño.

Ahora, Clara no tenía a nadie a quien pedir ayuda.

Para empeorar las cosas, el efecto del vino apareció por completo. Las cosas delante de los ojos empezaron a volverse borrosas más allá del reconocimiento. Parece poder salir a flote en cualquier momento.

Al no obtener respuesta, Clara sólo pudo apoyarse en la pared para descansar un rato.

...

En ese momento, dentro del salón.

Antonio se dio cuenta de que Clara no estaba allí sólo después de haber salido durante unos minutos.

Los ojos fríos barrieron brevemente el salón. Al posarse en Alejandra no muy lejos. Se acercó -¿Dónde está Clara?-

-¿Eh?-

Alejandra se sobresaltó ante esta repentina pregunta. Se apresuró a volver a sus cabales y dijo -Clara acaba de ir al baño y aún no ha vuelto. Pero debería volver pronto. Puedes esperarla aquí.-

-Bien, perdona que te moleste. No te preocupes por mí.-

Diciendo eso, Antonio se quedó realmente quieto.

Alejandra tampoco dijo nada. Ella conocía la relación entre Clara y Antonio. Si actuaban con demasiada familiaridad. Definitivamente se descubriría que algo anda mal.

Sin embargo, Clara se fue por mucho tiempo.

Han pasado veinte minutos y aún no ha vuelto.

Antonio también se dio cuenta. De vez en cuando, miraba la hora en su reloj.

Han pasado otros diez minutos y Clara aún no ha vuelto.

Antonio frunció el ceño. Recordó que ella había estado bebiendo. Se sintió un poco inquieto, así que tuvo que volver a llamar a Alejandra, -¿Puedes ir a ver cómo está Clara? Ya no ha vuelto.-

-¿Por qué tarda tanto?-

Alejandra frunció el ceño. Dejó apresuradamente lo que estaba haciendo y asintió, -Iré a comprobarlo.-

...

Clara gritó desde el interior del baño durante un rato, pero nadie respondió. En ese momento, no tiene sentido gritar si no espera a que alguien se entere.

Sin embargo, durante los treinta minutos que estuvo atrapada en el interior del cubículo. Se emborrachó aún más. Las indicaciones eran un poco borrosas.

Clara había planeado quedarse allí sentada. Pero el tiempo pasó. Se dio cuenta de que esperar así no iba a funcionar. ¿Quién sabía cuándo alguien descubriría que estaba atrapada allí?

Después de pensarlo, Clara apoyó su cuerpo con mucha dificultad. Miró a su alrededor durante un rato.

Finalmente, vio la parte superior del tabique.

Subió hasta allí. Así podría trepar por el tabique y salir.

Después de decidirse. Se levantó el vestido y se quitó los tacones. Inmediatamente, se puso de pie sobre la tapa del inodoro. Su cuerpo se tambaleaba. Como si pisara un cuchillo para empezar a escalar.

Al principio no fue tan suave. Se cayó varias veces, pero la caída no fue grave. La pierna también le hizo unos cuantos moratones.

El dolor la hizo un poco más sensata. Pero todavía no se ha librado del alcohol.

Lo bueno es que, después de varios intentos. Finalmente subió al tabique.

Esta altura no es demasiado alta ni demasiado baja. Y todavía hay agua en el suelo. Saltando hacia abajo puede caer muy mal. No se atreve a saltar directamente.

En ese momento, Clara oyó que la puerta del baño parecía ser empujada desde el exterior.

El sonido la sorprendió. Su mano no la agarró. Entonces todo su cuerpo cayó accidentalmente desde arriba.

Bang...

Esta caída hizo que Clara se pusiera bastante sobria.

Aspiró, evidentemente la caída fue muy dolorosa. Pero no le importó el dolor y se apresuró a gritar a la puerta, -¿Hay alguien fuera? Ábreme la puerta.-

-¿Clara?-

Alejandra se congeló al oír el movimiento en el interior. Se apresuró a gritar, -Clara, ¿estás ahí dentro? Si estás, llámame.-

-Alejandra, estoy aquí, estoy aquí. Ábreme la puerta. Me he quedado encerrada.-

Clara se alegró mucho y se apresuró a gritar hacia Alejandra fuera de la puerta.

Alejandra estaba furiosa, -No me extraña que hayas tardado tanto en venir al baño. Clara, ¿estás bien? No te preocupes. Voy a buscarte una llave y te dejaré salir.-

-Sí, de acuerdo.-

Clara se emocionó tanto que empezó a llorar.

Alejandra se apresuró a ir y venir. Y Clara esperó poco tiempo antes de que se oyera el sonido de una cerradura en el exterior.

La puerta se abrió rápidamente. Inmediatamente dos figuras entraron.

Cuando vieron a Clara en el suelo. Ambas no pudieron evitar soltar un suspiro.

-Dios, Clara, ¿cómo te has puesto así?- Alejandra se tapó la boca y exclamó.

Clara estaba hecha un verdadero desastre. El vestido estaba empapado y hasta su pelo era un desastre. Parecía haber algunos moratones por todas sus piernas.

-Aquí vienes, Alejandra.-

Clara le sonrió, haciendo lo posible por fingir que no le pasaba nada. Sin embargo, cuando vio al hombre junto a Alejandra. La sonrisa se congeló.

-Antonio...-

Su voz tembló un poco. Un rostro pálido con un toque de vulnerabilidad. Hacía que a la gente se le rompiera el corazón al mirarlo.

La expresión de Antonio se nubló al ver a Clara. Una tormenta se cernía vagamente en sus fríos ojos.

Fue a colocarse frente a ella. Se quitó lentamente la chaqueta y se puso en cuclillas para cubrirla.

-No tengas miedo, te llevaré a casa.-

Dijo en voz baja, luego extendió ambas manos y la levantó del suelo.

Clara todavía estaba borracha y le quedaban pocas fuerzas. Así que se apoyó en sus brazos como una niña pequeña.

El olor exclusivo de él llegó con su aliento. El calor del cuerpo llegó a través de la ropa. La sensación tranquilizadora se precipitó instantáneamente al corazón como un maremoto.

Su cuerpo comenzó a temblar. Por el frío. También por el miedo.