El Amor De Antonio Capítulo 162: Realmente regresó

sprite

El Amor De Antonio de Rosa amarilla Capítulo 162: Realmente regresó

En El Amor De Antonio novela Capítulo 162: Realmente regresó , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro El Amor De Antonio fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En El Amor De Antonio de Rosa amarilla Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Capítulo 162: Realmente regresó y los capítulos posteriores de la serie El Amor De Antonio en readerexp.com

-Francisco es realmente un cabrón. Es repugnante por su parte salir con una estrella en privado cuando Cecilia está embarazada.-

Lydia miró hacia la puerta cerrada de la habitación con una mirada de desprecio.

-¿Si nos vieron hace un momento?- Lydia miró a las otras dos y preguntó con curiosidad.

-Creo que no.- Alejandra y Clara se miraron y respondieron inseguras.

-Entonces... ¿ese hombre es un guardaespaldas?- preguntó Lydia de nuevo.

Al hablar del hombre, Alejandra se quedó pasmada por un momento, pero se recuperó rápidamente y dijo, -Probablemente sí. Cuando estaba tomando fotos a escondidas, él se dirigía a la puerta de la habitación y no le presté mucha atención. Pero por su gesto de borrar las fotos, si no es el guardaespaldas de Francisco, será el de Amaya.-

Clara puso frente a ellas los platos y los palillos lavados de uno en uno, -Está bien, no hablemos de ellos. Este es nuestro momento.-

Al escuchar eso, Lydia frunció los labios, -¿Quién quiere hablar de ellos? Es el amor innato que tenemos las mujeres por los chismes lo que está causando esto.-

Llegando a eso, suspiró suavemente, -Es una lástima que una noticia tan candente no se pueda hacer pública.-

-No te preocupes, será expuesto algún día.- Clara le sirvió una taza de té con una sonrisa significativa en los labios, -En el mundo no hay secretos que se pueda ocultar para siempre.-

...

Al salir del restaurante de chucrut con pescado, Alejandra caminaba muy despacio y al cabo de un rato quedó muy atrás de Clara y Lydia.

-Alejandra, tenemos que ir de compras, ¿te vienes?- Lydia se volvió para preguntarle a Alejandra, pero descubrió que no estaba a su lado.

Enseguida, Lydia y Clara miraron hacia atrás y la vieron caminar lentamente, entonces la urgieron, -Alejandra, ¿eres una tortuga? ¿Por qué caminas tan despacio?-

Alejandra las miró con una pizca de vacilación en sus ojos.

Clara se dio cuenta de que algo andaba mal con ella, así que se acercó y le preguntó preocupada, -¿Qué te pasa?-

Alejandra negó con la cabeza y sonrió, -Estoy bien. Solo siento como si hubiera dejado algo en la tienda.-

-¿En la tienda?- Clara frunció el ceño, -Te acompañaré a buscarlo.-

Mientras lo decía, tomó su mano para regresar a la tienda.

-No es necesario.- Alejandra apartó su mano y le sonrió, -Puedo ir sola, iros primero y me encontraré con vosotras después.-

Antes de que Clara pudiera reaccionar, dio media vuelta y corrió hacia la tienda.

-Clara, ¿no crees que Alejandra está un poco rara? Ha estado muy callada cuando estábamos comiendo, como si estuviera preocupándose de algo.-

Lydia se acercó y miró preocupada a Alejandra que entraba corriendo a la tienda.

Clara frunció los labios y miró pensativa ese restaurante.

...

Al regresar a la tienda, Alejandra le dijo a la jefa que tal vez se había dejado algo, luego caminó hacia donde estaban sentadas hacía un momento y empezó a buscar lo que ella había dejado.

En el proceso de búsqueda, su mirada consciente e inconscientemente miró hacia la habitación que aún estaba cerrada.

En realidad, no se había dejado nada, solo fue una excusa para volver a la tienda.

Ella solo quería ver a esa persona una vez más.

Pero el tiempo pasaba y la puerta seguía cerrada.

Alejandra, que fingía estar buscando algo, perdió gradualmente la paciencia. Entonces, por el rabillo del ojo vio que la jefa se acercaba, era consciente de que vendría a preguntarla si lo había encontrado o no porque ya había tardado mucho.

-Señorita, ¿lo has encontrado?- preguntó la jefa preocupada.

Alejandra miró hacia arriba y sonrió disculpándose, -Siento molestarte, pero todavía no lo he encontrado.-

Cuando escuchó que no lo había encontrado aún, la jefa frunció el ceño, -¿Cómo es posible que no lo has encontrado? Este lugar tampoco es muy grande, es imposible que tus cosas hayan desaparecido así sin más.-

Alejandra sonrió con la conciencia culpable, temiendo que la jefa se enterara de que le estaba mintiendo, y cuando la jefa no le prestaba atención, levantó la mano y quitó un pendiente de la oreja.

Se sintió afortunada de que hoy llevaba pendientes que se podían quitar fácilmente, sería más problemático si fueran pendientes de botón.

-Te ayudaré a buscarlo.- dijo la jefa con entusiasmo.

El cliente había perdido algo en su tienda, no podía quedarse allí de brazos cruzados y no ayudarla a encontrarlo.

-No hace falta.-

La jefa la miró con extrañeza porque Alejandra se negó demasiado rápido.

-...Quiero decir que puedo encontrarlo yo misma. No quiero molestarte más.-

Alejandra sintió que ya no podía aguantar más la sonrisa de su rostro.

Al ver que estaba tan decidida, la jefa no insistió más, -Entonces búscalo tú misma con tranquilidad, si necesitas ayuda me llamas.-

-Está bien, gracias, jefa.-

Al ver la jefa alejarse, Alejandra dejó escapar un largo suspiro. Bajó la cabeza y extendió la mano, sus ojos se posaron en el pendiente que tenía en su palma, lo miró por un momento antes de apretar su mano nuevamente, luego volvió la cabeza para mirar hacia la habitación.

La puerta aún seguía cerrada.

Al parecer no tenía la oportunidad de verle.

Aflojó los hombros por la frustración, y cuando estaba a punto de dar el paso para irse, vislumbró a un camarero que se dirigía a la puerta de la habitación sosteniendo un plato de frutas.

Se dio la vuelta y miró directamente a la habitación.

Entonces vio que el camarero llamó a la puerta suavemente, la puerta se abrió muy pronto, y una figura esbelta apareció en sus ojos.

Al ver a la persona que quería ver, sus ojos se enrojecieron en un instante.

El hombre tomó el plato de frutas de las manos del camarero, sin saber si era por telepatía o qué, de repente volvió la cabeza y miró hacia la dirección de Alejandra.

En el momento en que vio a Alejandra, una luz desconocida brilló en sus ojos, pero pronto su calma y frialdad regresaron rápidamente.

Justo cuando se dio la vuelta y entró en la habitación con el plato de frutas, una voz llorosa vino detrás de él.

-Xabier Salcedo.-

Era muy evidente que su espalda recta estaba rígida, pero aun así entró sin detenerse y luego volvió a cerrar la puerta.

Inesperadamente, las lágrimas cayeron, nublando su visión.

Realmente regresó, pero la ignoró.

El estado de ánimo entrelazado de sorpresa y tristeza la hizo sentir incómoda, se sonó nariz y las comisuras de los labios se curvaron con una sonrisa aparentemente inexistente.

“No pasa nada, ya está bien con que haya regresado”, pensó.

Echó un último vistazo a la habitación, luego se dio la vuelta y se fue.

Y nada más se fue, se abrió la puerta de la habitación y salió una figura esbelta.

Era el Xabier que había mencionado.

Miró hacia donde estaba ella antes con una mirada muy complicada.

...

Al salir del restaurante de chucrut con pescado, Alejandra levantó la mano para secarse las lágrimas, y sin darse cuenta vio dos figuras familiares en no muy lejos.

Ella estaba atónita, todavía la estaban esperando.

Al volver a su consciencia, corrió hacia ellas rápidamente.

-¿Por qué no os habéis ido primero?-

Era posible que había estado dentro por más de media hora, y habían estado allí esperando por ella.

-Queremos esperarte para ir juntas.- Clara sonrió suavemente.

-¿Se te cayó algo? ¿Por qué has tardado tanto tiempo para buscarlo?-

Lydia preguntó con sospecha.

-El pendiente.- Alejandra extendió su palma, revelando el pendiente “caído”.

Clara frunció el ceño, si no recordaba mal, cuando Alejandra salió con ellas hacía un momento, tenía pendientes en ambas orejas.

Observó a Alejandra con una mirada pensativa y luego dijo, -Afortunadamente lo encontraste, de lo contrario no podrás utilizarlo sin el otro par.-

-Sí.- Alejandra sonrió levemente.

-Ten cuidado en el futuro, que si no es una lástima.-

Lydia le recordó.

-Sí, lo sé.-

Al mirar a las dos amigas que se preocupaban por ella, Alejandra se sintió culpable porque las había mentido.

Pero había cosas que no se podían contar.