El Amor De Antonio Capítulo 193: Asesinar al marido

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El Amor De Antonio novela Capítulo 193: Asesinar al marido de Rosa amarilla

En El Amor De Antonio novela Capítulo 193: Asesinar al marido autor Rosa amarilla los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a El Amor De Antonio Rosa amarilla Capítulo 193: Asesinar al marido en readerexp.com

Guillen llegó al departamento de emergencias sostenido por Alejandra, quien paró al médico que Se les acercaban

-Doctor, él está herido.-

Médico se quedó aturdido, -¿En qué parte?-

-En la espalda.- Mientras hablaba, Alejandra iba a levantar la camisa de Guillen, pero Guillen lo detuvo..

Ella se levantó los ojos, mirándolo dudosamente.

-Hay mucha gente aquí.- dijo en voz baja.

Resultó que se puso tímido. Alejandra entendió moviendo la cabeza, y luego dio una vuelta para decir al médico embarazosamente -Doctor, sería mejor si le haga la examinación en el consultorio.-

El médico los llevó al consultorio y pidió que Guillen se quitara la camisa.

Al desabrocharse de vez en cuando Guillen echaba un vistazo a Alejandra, quien estaba al lado.

Al descubrirlo, Alejandra le preguntó graciosamente, -¿Quieres que salga yo?-

Guillen se mantuvo silencioso, solo desabrochando los botones, y luego se quitó la camisa, por lo que se veía la figura delgada pero muscolosa.

Había pensado que él era flaco y débil, pero resultó que tenía una figura tan perfecta.

Al ver los músculos bien formados, se le brillaron los ojos a Alejandra.

Antes ella siempre creía que hombres musculosos serían muy asquerosos, Pero los de Guillen teían muy buena forma pera no eran exagerados. Seguramente, tal figura les llamaba mucha atención a muchas chicas.

Al verle quedarse atónota, le Guillen sonrió, -No es nada extraño. Lo has visto, ¿no?-

-Lo has visto, ¿no?-

Al oír lo que dijo,, le aprecío una imagen en la que Guillen estaba durmiendo y solo con una manta delgada tapaba la parte íntima..

También eran los músculos de tan buena forma que nunca podía olvidar ella.

¡No!

Se precipitó a sacudir la cabeza para echar la imagen del Guapo Durmiente de su mente.

, y luego le dijo a Guillen seriamente, -Perdón, hoy es la primera vez que he visto tus músculos.-

Guillen solo sonrió, sin decir nada más.

Después de la examinación, el médico le pidió que se acostara en la cama a su ladocon la intención de aliviarle la equimosis.

Cuando se levantó y pasó por Alejandra, se paró y inclinó la cabeza hacia un lado, con la mirada caída en el lóbulo delicado de Alejandra. Recordaba que allí era muy sensible, por lo cual los ojos de Guillen se volvieron cariñosos.

Alejandra sintió su mirada cálida, y no pudo sino ponerse tan rígida que no se atrevió a mirarlo.

Se acercó a su cuello para pulverizar el aliento caliente sobre su cuello, yInmediatamente le vio poner la piel de gallina en el cuello fino..

Él rió porque de verdad era muy sensible.

-Recuerdo que hay un lunar en tu seno izquierdo.-

La voz baja sonó al oído y le dejó a Alejandra quedarse boquiabierta

Guillen anduvo lentamente con sonrisas leves y se acostó en la cama.

Alejandra, enojada secretamente, apretó firmemente, dio una vuelta y fijó con furia en el hombre acostada en la cama.

El tipo le embromó en esta situación. ¡Cómo se atrevió!

Se le ocurrió a Alejandra una broma pesada. Alejandra se le acercó como si no hubiera nada, y de repente, estiró su mano para apretar contra la equimosis de su espalda.

Aun con menos fuerza, hizo que Guillen resoplara.

-Alejandra, ¿quieres asesinar a tu marido?-

Guillen levantó la cabeza para verla embarazosamente sin saber qué hacer.

-¿Marido?- Alejandra dijo fríamente, -¡Ni pensar!-

Después de hablar, ella levantó la barbilla con arrogancia y salió en zancadas.

Al verla, Guillen no pudo contener de reír, con los ojos llenos de cariño y amor.

Cuando Antonio llegó al hospital, se le había operado a Clara, quien le habían llevado a una sala de hospital de rango superior.

Después de entrar en la sala y ver a Clara, quien estaba en la cama con cara pálida, le dolió mucho el corazón a Antonio como si le rompieran en pedazos.

Cuando él salió de la casa por la mañana, ella todavía dormía tan tierna y linda.

Sin embargo, ahora ella estaba acostada aquí con los ojos bien cerrados. Su cara parecía más pálida bajo la iluminación blanca.

-Antonio.- le dijo en voz baja Aquiles, quien se puso de pie al verle entrar.

Antonio se acercó a la cama, inclinó la cabeza, fijando con dolor a la bella que todavía estaba en coma. Estiró la mano para desenredar el pelo que estaba disperso sobre su mejilla.

Acarició ligeramente su piel algo fría con los dedos, los cuales se curvaron lentamente, un poco temblosos.

Quería protegerla por toda la vida, pero la dejó haber sufrido tantas veces.

Cerró los ojos para esconder el dolor.

Se puso de pie rígidamente al lado de la cama y era tan serio y dominante que los demás en la sala no se atrevieron a decir nada.

Después de un buen rato, él abrió los ojos profundos y negros, llenos de frío.

-¿Dónde está Cecilia?- Preguntó.

-En la comisaría.- Aquiles contestó.

-Informa a la comisaría de que quienquiera que sea, no se puede ponerle en libertad bajo fianza.-

-Sí, Lydia ha avisado la comisaría.-

-Les he pedido que la ‘cuiden’ bien a Cecilia.- Se le notó una señal de malignidad en los ojos de Lydia..

Antonia le echó un vistazo a Lydia, y luego preguntó, -¿Qué dijo el doctor?-

-El médico dijo que la operaciónsalió muy bien y que se recuperaría muy pronto si se hospitalizara por un tiempo.-

Aquiles le repitió las palabras que el médico le había dicho.

Antonio se quedó silencioso por un rato, y luego dijo en voz baja, -Por favor, ¿podéis salir?-

Aquiles sabía que Antonio quería estar solo con Clara, por lo quesalió con Lydia enseguida y cerró la puerta.

Antonio se sentó a la cama, le cogió las manos y las besaba suavemente.

Reinaba un largo silencio en la sala. Fuera de la ventana caía la noche y las luces de neón venían decorando la ciudad. .

Después de salir de la sala, Lydia avanzó hacia una silla para sentarse.

Aquiles la sigió, y le preguntó suavemente, -¿Tienes gana de comer?-

-No tengo hambre.- Lydia meneó la cabeza. Ya que Clara todavía no se despertó, ¿cómo estaba en coma ganas de comer?

Aquiles se sentó a su lado, y dijo medio en broma y medio en serio, -Me reprobaría Clara la desconsideración cuando descubriera al despertarse que su mejor amiga todavía no cenas.-

Oyendo las palabras, Lydia no pudo mantener la cara que estaba rígida por toda la tarde, y sonrió, -No te preocupes. Clara no es tan tacaña.-

Al verla reír, Aquiles se sonrió involuntariamente mirando hacia arriba el techo blanco dijo con un tono envidioso, -A veces envidio la amistad entre tú, Clara y Alejandra.-

-¿Por qué? ¿No tienes amigos?- Lydia dio una vuelta diciendoy solo vio la soledad amarga en la facción delicada.

Se le dolió un poco el corazón, y luego ella retiró la mirada para fijarla en las manos propias.

La voz baja de Aquiles sonó al oído -Tengo amigos, pero tenemos diferentes responsabilidades, y tenemos que recibir varios entrenamientos desde la niñez. por lo que no tenemos mucho tiempo para estar juntos. De vez en cuando nos reunimos para entretenernos.-

Como miembros de las cuatro familias más destacadas, Aquiles y Antonio solo hacían amigos con aquellos que venían de familias nobles.

-¡Qué pena es!.- Lydia levantó la cabeza, -Seguro que tu posición social no permitía que haga amigos con aquellos menos dignos. Es que no se sabe si hace amigos contigo por interés.-

Aquiles rió y embromó, -¡No me imagino que pienses con tanta claridad!-

-Por supuesto.- Lydia dio una vuelta y sonrió hacia él.

Su mejilla delicada se hacía cada vez más atractiva bajo las iluminaciones espléndidas en el pasillo.

Le apreció involuntariamente una suavidad en los ojos. Al notar, Lydia se puso muy nerviosa, por eso miró al otro lado.

En este caso, reinó el silencio..

Algo se volvía deferente .