El Amor De Antonio Capítulo 210: ¿A quién quieres seducir vistiéndote así?

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El Amor De Antonio novela Capítulo 210: ¿A quién quieres seducir vistiéndote así?

En El Amor De Antonio Capítulo 210: ¿A quién quieres seducir vistiéndote así?, el amor entre él y ella es hermoso y cálido. Me gusta mucho su personalidad sobria y decidida, a diferencia del conejito blanco colegiala de voluntad débil. Cuando está en peligro, sabe cómo protegerse. Cuando no sea reconocida por todos, usará sus acciones para demostrarlo todo. Por supuesto, una heroína de élite también se debía a que su presencia apoyaba el cielo para ella. Lee El Amor De Antonio Rosa amarilla Capítulo 210: ¿A quién quieres seducir vistiéndote así? en readerexp.com

Al ver su incomodidad, Antonio arqueó levemente las cejas y en las comisuras de sus labios apareció una suave sonrisa.

Extendió la mano y le frotó el cabello con ternura, su mirada estaba llena de mimos, -Le pedí a Albina que te cocinara sopa de pescado. Luego puedes tomártelo.-

-Vale.- respondió ella dócilmente.

Los dedos de Antonio estaban jugando suavemente con su cabello fino y agradable, pero sus ojos se entrecerraron gradualmente, revelando un toque de luz fría que daba miedo a la gente.

¡Vasco Robledo!

Un hombre que se había acercado a Clara con motivos sospechosos.

Sintiendo el aura fría que él emanaba, Clara levantó la cabeza para ver su rostro frío pensativo. Sus ojos negros eran tan profundos que no se podía ver lo que estaba pensando en ese momento.

Ella frunció el ceño, luego susurró suavemente, -Antonio.-

Al escuchar su voz, Antonio bajó la cabeza para coincidir con sus ojos perplejos y dijo, -¿Qué pasa?-

Clara sonrió y negó con la cabeza, -Nada, solo tengo hambre.-

Antonio se rio y le frotó la cabeza ligeramente, -Te traeré sopa de pescado.-

-Sí.- Ella asintió sonriendo.

Y cuando se dio la vuelta para servirla sopa de pescado, la sonrisa en sus labios se desvaneció lentamente.

Mirando su espalda erguida, Clara frunció las cejas levemente, ¿estaba pensando en Vasco cuando su expresión era tan fría y aterradora?

¿Había malentendido a ella y Vasco?

Se mordió el labio ligeramente, pensando si sería mejor darle una explicación.

Antonio se dio la vuelta sosteniendo la sopa de pescado, entonces vio su rostro preocupado y no pudo evitar sonreír, -Clara, ¿te pasa algo?-

Clara alzó los ojos para mirarlo y sonrió agudamente, -estoy pensando en que me tomaré un plato o dos de sopa.-

Antonio sabía que eso no era lo que realmente se estaba preocupando, pero tampoco le destapó la mentira.

Simplemente le entregó el cuenco con una sonrisa, y dijo en voz baja, -Toma tanto como quieras.-

-Sí.- Clara sonrió, luego tomó el cuenco y el buen olor a sopa de pescado le llenó el olfato.

-Qué bien huele, tiene que estar delicioso.- dijo con una sonrisa, luego bajó la cabeza y cogió la cuchara para tomar la sopa lentamente.

Antonio se sentó en la silla de su costado y la miró en silencio, en sus pupilas oscuras se podía captar un ligero brillo con ternura.

Había un toque de calidez en la tranquila habitación del hospital.

Cuando ya terminó la sopa, Clara detuvo lentamente sus movimientos, estaba dudando aún si debería darle una explicación o no.

Levantó los párpados para mirar al hombre que estaba sentado en la silla, frunció los labios y finalmente abrió la boca, -Antonio.-

-¿Sí?-

Clara bajó la mano, vaciló y luego dijo lentamente, -No sabía por qué Vasco vendría a verme hoy. A parte de hoy, en total nos hemos visto dos veces. Una vez me salvó y la otra vez fue en la Ciudad Verde, así que hoy es la tercera vez que lo veo.-

Antonio la miró en silencio, sus ojos tranquilos e inquebrantables no revelaban si estaba contento o no.

Su tranquilidad hizo que Clara se sintiera muy insegura, y la mano que sostenía el cuenco se apretó inconscientemente con más fuerza.

Después de un buen rato, sonrió impotente, -Clara, ¿pensó que yo no creo en ti?-

-No es eso.- Clara negó levemente con la cabeza, -Simplemente no quiero que tengamos malentendidos.-

A veces, un pequeño malentendido era suficiente para afectar la relación entre dos personas, ella quería que fueran francos y honestos entres ellos.

Antonio miró su expresión seria y pensó por un momento. Enseguida se levantó para coger el cuenco que tenía en la mano y lo puso sobre la mesita de noche. Luego la tomó en sus brazos y acarició suavemente su suave cabello con la palma de la mano.

-Tonta.- dijo en voz baja, -No tendremos ningún malentendido.-

Su tono era tan firme que el corazón inquieto de Clara se calmó gradualmente cuando le escuchó.

-Antonio.-

-¿Sí?-

-Me alegra mucho que confíes tanto en mí.-

Al escucharla, Antonio sintió algo raro en sus palabras. Así que la soltó, agachó la cabeza y la miró fingiendo estar insatisfecho, -Así que todavía no crees que confío en ti.-

-Qué va.- Clara se tocó la nariz con la conciencia culpable, -Solo estoy expresando lo que siento en este momento.-

-Tonta.- Antonio le tocó la cabeza mimosamente y luego preguntó, -¿Quieres más sopa de pescado?-

-Sí, también quiero arroz.- La voz de Clara sonaba alegre porque había barrido la tristeza que sentía en su interior.

-Está bien.- respondió Antonio suavemente.

Al mirar que estaba ocupado cuidando de ella, la sonrisa en la cara de Clara creció lentamente y todo su corazón se llenó de una sensación cálida.

En el exterior, las estrellas brillaban intensamente en el cielo lejano.

La noche parecía tranquila y distante.

...

Lydia causó un gran alboroto en el primer día que se presentó en el Grupo Santa.

-¿Sabes cuánto cuesta el bolso que tiene en la mano?-

-¿Cuánto? ¿Es muy caro?-

-Tonterías, claro que es caro. Lo he visto en revistas de moda, parece ser un bolso de edición limitado de una firma internacional. Uno equivale a dos años de tu salario. Y el vestido que lleva puede costar unos cuantos mil euros, y esos zapatos de tacón alto también cuestan más de 12.500 euros.-

-Madre mía, lleva encima más de 10 mil euros, pero viene a trabajar a nuestra empresa, ¿está roto la cabeza?-

Si ella tuviera esas condiciones, solo se quedaría en casa para disfrutar de la vida.

-No te enteras, esto se llama experimentar de la vida, ¿vale?-

-Realmente no entiendo, la gente rica está mal de la cabeza, ¿por qué siempre les gusta experimentar de la vida? Ya no mencionar que para eso se iban al campo a propósito, ahora incluso salen a trabajar.-

Cuando Alejandra pasó por delante de la recepción, escuchó a las recepcionistas comentando.

No pudo evitar detenerse con curiosidad y se acercó para preguntar, -¿De quién estáis hablando?-

-De la nueva secretaria del gerente general.- Las dos chicas que hablaban con entusiasmo respondieron directamente sin volver la cabeza.

Cuando volvieron la cabeza, la persona que les había hecho la pregunta ya se había desaparecido.

-¿Acabamos de escuchar alucinaciones?- Se miraron la una a la otra.

¿La nueva secretaria del gerente general no era Lydia?

Al escuchar esa respuesta, Alejandra inmediatamente se dio la vuelta para caminar rápidamente hacia el ascensor.

Ella pensaba lo mismo que Clara, no entendía por qué a Lydia, una mujer que más le gustaba la libertad, se le ocurrió venir a trabajar al Grupo Santa.

A no ser que era como decía Clara, ¿Vino para Aquiles? ¿Para amor?

Nada más entrar en el ascensor, Alejandra presionó el piso donde se ubicaba la oficina del gerente general.

Tenía que comprobar la situación de Lydia porque estaba muy preocupada.

Y era cierto que, en ese momento, la oficina del gerente general no estaba en armonía.

-Señorita Lydia, estás aquí para trabajar, no para conocer hombres.-

Cuando Aquiles vio a Lydia con gafas de sol, un vestido que estaba muy de moda en la temporada, cargando un bolso de edición limitada y pisando tacones de más de diez centímetros de altura, casi se cayó al suelo desde la silla de cuero.

¿Esa tía se creía que vino para una pasarela?

Cuando dijo eso, Lydia se disgustó, -¿Qué pasa? ¿No puedo vestirme así?-

-Por supuesto que no. Estás en la compañía. ¿A quién quieres seducir vistiéndote así?- Aquiles seguía siendo tan grosero como siempre.

Lydia resopló, -De todos modos no es para seducirte a ti.-

-Bien por mí.- Aquiles exageró un suspiro de alivio, -Realmente me preocupo por la persona que estás seduciendo.-

-¡Aquiles!- Los ojos de Lydia se abrieron en grande con ira.