El Amor De Antonio Capítulo 223: Para ducharme contigo

sprite

Leer El Amor De Antonio novela Capítulo 223: Para ducharme contigo de Rosa amarilla

En El Amor De Antonio Capítulo 223: Para ducharme contigo, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 223: Para ducharme contigo, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee El Amor De Antonio Capítulo 223: Para ducharme contigo del autor Rosa amarilla en readerexp.com

Clara regresó a casa, conversó brevemente con Albina y subió directamente al piso de arriba.

Cuando pasó por el estudio, hizo una pausa, luego abrió la puerta suavemente e inclinó la cabeza para echar una ojeada. Vio a Antonio sentado detrás del escritorio. La luz anaranjada caía sobre su cabello negro, reflejando brillos de diferentes profundidades, y haciendo que sus rasgos faciales parecieran más profundos y guapos.

Ella se quedó atolondrada viendo esa imagen.

Antonio notó que alguien lo estaba mirando, sintió que esa mirada era tan apasionada que no podía ignorarla.

Levantando los párpados ligeramente, entonces una carita delicada apareció en su visión, y sonrió subconscientemente.

Dejando el libro que tenía en la mano, levantó la cabeza para poder mirarla con atención y susurró, -Clara.-

Clara volvió a su consciencia cuando escuchó la voz y se encontró con un par de ojos negros que le miraban con mucho interés. Inmediatamente se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

¡Estaba tan fascinada por su apariencia que se quedó embobada!

Al ver que la miraba con una leve sonrisa, el rubor apareció en sus mejillas.

Levantó la mano incómodamente para ordenarse el cabello suelto que le tapaba la oreja y luego preguntó, -¿Has cenado?-

Cuando estaba comiendo con Lydia y Alejandra, recibió su llamada, dijo que la iba a recoger para volver a casa a cenar, pero ella ya estaba cenando, por lo que solo podía decirle que regresara a casa a cenar solo.

Pensando en ello, se sintió un poco culpable. Desde que se casó, por muy ocupado que estaba él, siempre regresaba a casa lo antes posible para acompañarla a cenar.

Como esposo, realmente lo había hecho mucho mejor que ella como esposa.

Antonio dijo, -Sí.-

Luego dijo, -Ven aquí.-

Clara se acercó obedientemente, de repente, alguien le sujetó de la cintura y un segundo después ya estaba sentada en su regazo.

Sus brazos fuertes rodearon su esbelta cintura, su pecho estaba pegado a su espalda, su barbilla descansaba sobre sus hombros, y el cálido aliento de su respiración acariciaba sus sensibles orejas, haciéndola mover un poco el cuello porque se sentía incómoda.

Bajó los párpados y sus ojos se posaron en su cuello blanco un poco sonrojado, se veía tan delicioso como un helado.

No podía contenerse más y lo besó siguiendo sus deseos internos.

Clara fue arrastrada por él para que se sentara en su regazo, aunque ya lo habían hecho antes, aún no estaba muy acostumbrada a un comportamiento tan íntimo.

Su espalda estaba pegado a su pecho, y claramente podía sentir el latido constante y rítmico de su corazón.

Pero cuando suavemente le puso la barbilla en el hombro, ella se sorprendió por un instante, y las palpitaciones se le empezaron a acelerar.

Por lo que cuando sus cálidos labios presionaron contra la sensible piel de su cuello, no pudo evitar soltar un gemido.

Después de eso, abrió los ojos en grande y rápidamente levantó la mano para cubrirse la boca.

“Maldita sea, ¿qué estoy haciendo?”.

-Ja, ja…-

Su risa ligera sonó en sus oídos, -Clara, ¿por qué eres tan linda?-

Clara se sintió avergonzada al principio, pero luego pensó que, si no fuera porque él la besó de repente, ¿habría emitido un gemido tan vergonzoso?

Un rastro de ira surgió en su interior, y luchó por levantarse, -Déjame ir, déjame ir...-

Pero sus brazos eran tan fuertes que no podía moverlos ni un pelín.

Aunque sabía que sus fuerzas eran muy desiguales, Clara siguió luchando sin darse por vencida.

En ese momento, su voz baja y apagada sonó en sus oídos, -Clara, si sigues moviéndote así, te haré el amor directamente aquí.-

En cuanto dijo eso, Clara se calló de inmediato, apretó los labios con fuerza sin atreverse a moverse más.

Enseguida, sus mejillas se sonrojaron completamente, y se sintió muy incómoda mientras estaba sentada sobre su regazo.

Porque sintió un calor proveniente de él.

No se sabía cuánto tiempo pasó para que ese calor que había debajo de sus caderas se desvaneciera lentamente, y secretamente exhaló un suspiro de alivio.

A continuación, sintió su respiración acercándose detrás de sus orejas, y su voz apagada sonó, -Si no es por temor a que estés demasiado cansada, realmente me acostaría contigo aquí mismo.-

Clara se asombró por un segundo, y apretó silenciosamente la mano que tenía en su pierna.

¡Dios mío! Su voz era tan sensual que de verdad quería tirarse encima de él, pero los modales de una señorita hicieron que solo se atreviera a pensarlo, pero no a hacerlo.

-¿Qué le pasó hoy a Alejandra?-

Después de mucho tiempo, preguntó Antonio.

Tan pronto como mencionó a su mejor amiga, Clara rápidamente alejó todos los pensamientos fascinantes de su mente y suspiró, -Todo es culpa de Guillen.-

Antonio arqueó levemente las cejas -¿Qué ha hecho?-

-Si no puede darle a Alejandra lo que ella quiere, no debería haber tenido relación con ella. ¿Ahora qué? A Alejandra también le gusta, y para romper definitivamente con él, solo puede obligarse a dejar de pensar en las cosas imposibles.-

Llegando a eso, Clara se sintió triste, -Alejandra acababa de ser herida por el cabrón de Gregorio, y ahora tiene que soportar este tipo de dolor otra vez. Realmente siento lástima por ella.-

Pensando en la mirada solitaria y desolada de Alejandra, en su interior sintió una angustia por su amiga.

-Lo siento.- Antonio apretó sus manos en su cintura y las dos cabezas se apoyaron juntas. Él presionó contra su mejilla, -Se lo dejaré claro a Guillen.-

Clara levantó la mano para cubrir la suya y dijo insatisfecha, -Sé que a Guillen también le gusta Alejandra, pero todavía estoy muy enojada. Ya es un adulto, ¿por qué no sabe considerar el peso de las cosas?-

Antonio sonrió impotente, -Entonces le diré que venga para que le des una paliza.-

-Es tu primo, ¿no sientes lástima por él?- Clara volvió la cabeza y lo miró.

-No, solo siento lástima por ti.-

Había una luz tenue y suave en sus ojos negros.

Clara resopló, en realidad se sintió muy conmovida por dentro, pero aun así dijo, -¿A quién quieres engañar? Ese es tu primo que creció contigo.-

-No estás diciendo lo que piensas, cariño.- Antonio sonrió y frotó su cabello, su mirada estaba llena de mimos.

-¿Que no estoy diciendo lo que pienso?- Clara fingió estar cabreada y le dio una palmada en la mano, -Entonces dile a Guillen que venga y le daré una paliza delante de ti para ver si sientes lástima o no.-

-¿En serio?- Antonio arqueó una ceja.

Clara asintió fuertemente, -Por supuesto que sí.-

-Pues le voy a llamar ahora mismo.-

Mientas lo decía, Antonio tomó el teléfono que estaba sobre la mesa y lo desbloqueó, cuando estaba a punto de hacer la llamada, una mano se extendió para tapar la pantalla de su teléfono.

Levantó los ojos y la vio sonreír con picardía, -Estaba bromeando, no tengo intención de pegar a Guillen, eso sería malgastar mis fuerzas.-

Luego, se bajó de su regazo, -Voy a darme un baño, hablamos después.-

De pronto su abrazo se quedó vacío, eso le hizo tardar en reaccionar.

Cuando reaccionó, ella ya estaba caminando por la entrada del estudio, volvió la cabeza y le guiñó un ojo, -Señor Antonio, no leas hasta muy tarde, recuerda que tienes a una esposa encantadora esperándote.-

Con eso, frunció los labios, le mandó un beso en el aire y luego salió.

Antonio se rio en voz baja. Ya que ella misma había dicho eso, le daría mucha pena si la hiciera esperar mucho.

Así que cerró el libro del escritorio, apagó el ordenador, se levantó y salió del estudio.

Después de un rato, se escuchó un suave gemido desde el baño del dormitorio.

-Antonio, ¿por qué entraste?-

-Para ducharme contigo, así ahorramos agua.-