El Amor De Antonio Capítulo 261: Se cayó solo

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El Amor De Antonio novela Capítulo 261: Se cayó solo de Rosa amarilla

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Villa de la familia González.

Ofelia llevaba un plato de sopa que aún humeaba. Llegó a la puerta de una habitación del segundo piso.

-Cecilia, ¿puede entrar mamá? - Su voz era cautelosa.

No había ni un solo movimiento en la habitación. Ella frunció el ceño. Luego abrió suavemente la puerta y entró.

No había luces encendidas en la habitación. Una habitación en penumbra.

Ofelia alargó inconscientemente la mano para pulsar el interruptor de la pared. En ese momento. Una voz fría sonó en la habitación.

-¡No enciendas las luces! -

El corazón de Ofelia se estremeció y retiró rápidamente la mano. Luego sus ojos se abrieron de par en par mientras buscaba algo en la habitación poco iluminada.

-Cecilia, mamá te ha hecho una sopa. Tómatela, ¿vale? -

-Ya te he dicho que no me la voy a tomar. -

-Pero...-

Ofelia se adelantó. Estaba a punto de decir algo. De repente. Algo fue lanzado a sus pies. Gritó aterrorizada. El cuenco que tenía en la mano cayó al suelo.

Se rompió. La sopa se derramó.

-¡Sal de aquí! -

Una regañina implacable y fría.

Ofelia no pudo evitar sentirse enfadada. Se dio la vuelta y dio un gran paso y encendió las luces.

La habitación poco iluminada se iluminó al instante.

Ofelia vio claramente a la persona en la cama. Se acercó a ella con una cara feroz. Lo primero que dijo fue, -Cecilia, ¿por qué eres tan inútil? ¡Francisco era una mierda! ¿Te estás torturando sólo por él? Si te matas, él seguirá sin mirarte. -

Cecilia estaba en la cama, con el pelo revuelto. No era para nada la misma de antes.

Mirando así a su hija. El enfado de Ofelia se ha ido.

Suspiró, sentándose en el borde de la cama. Cogió la mano de Cecilia con simpatía, -Cecilia, si sigues así deprimida. Entonces lo que hicimos antes será en vano. -

-Tu padre aún no se ha despertado. Pero Clara está dispuesta a enviarlo a América para que reciba tratamiento. Puede que un día se despierte. Entonces no podremos ocultar lo que hemos hecho. -

Cecilia finalmente reaccionó a esto. Miró fijamente a su madre. Había sorpresa en sus ojos.

-No te sorprendas. Lo que dijo mamá es cierto. Si sigues tan deprimida y haciéndote daño, Clara sólo nos verá como una broma. Su vida será cada vez mejor. Y tú terminarás sin nada. Serás un chiste por el resto de tu vida. -

Cecilia escuchó sus palabras. Sus ojos se volvían cada vez más oscuros.

Ofelia vio que se tomaba en serio sus palabras. Así que le dio una palmadita en la mano y se levantó, -Cecilia, haz lo que quieras. No sólo te ayudará mamá. Hay otros que también te ayudarán.-

Ofelia se dio la vuelta para limpiar los platos de sopa del suelo. Entonces la voz de Cecilia llegó desde detrás de ella, -Mamá. Lo siento. Siento haberte preocupada. -

Los ojos de Ofelia se volvieron acuosos ante esas palabras. Se dio la vuelta y le dijo a Cecilia con voz firme, -Cecilia. no te preocupes. Definitivamente te ayudaré a recuperar el Grupo González. No importa lo que cueste. -

No sabía si era su propia ilusión, pero Cecilia sentía que su madre no era la misma que la madre tímida y previsora que solía ser. Se había vuelto muy decidida.

-Mamá. ¿Cómo quieres ayudarme? - Esa era una cosa por la que Cecilia tenía curiosidad.

-Pregunta a tu padre... -Ofelia se dio cuenta inmediatamente de que algo iba mal. Cambió de opinión, -Ya verás. -

Y entonces se dio la vuelta y se dirigió hacia donde había caído el plato de sopa. Se arrodilló para recoger los trozos.

Detrás de ella, en la cama, Cecilia la miraba con ojos hundidos, pensativa.

Después de un largo rato, Cecilia preguntó, -Mamá, ¿cuándo va a enviar Clara a Adolfo a América?-

-Sólo unos días. Los trámites ya están en marcha. -

¿Dentro de unos días? Los ojos de Cecilia brillaron con un destello de oscuridad, -Mamá. ¿Quieres ver a Clara derrumbarse de dolor? -

-¿Qué quieres hacer? - preguntó Ofelia.

-¿No le importa a Clara su padre? Pues haz que Adolfo desaparezca de este mundo. - Los labios de Cecilia curvaron una sombría sonrisa.

-Quieres... - Ella esperaba que dijera eso. Pero Ofelia seguía sorprendida.

-¡Bang!-

Ofelia y Cecilia se miraron rápidamente. Luego salieron rápidamente.

Si sus palabras habían sido escuchadas por otros. Eso sería malo.

Tan pronto como Ofelia salió corriendo. Vio que Boris se apresuraba hacia las escaleras.

Una luz fría brillaba en sus ojos. Ofelia gritó, -Boris. -

Boris oyó la voz y se detuvo para darse la vuelta. Preguntó respetuosamente, -Señora. ¿Me ha llamado para algo? -

Ofelia se acercó. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, -Boris, ¿has oído algo? -

Boris tuvo un destello de pánico en sus ojos. Fue rápido pero Ofelia lo captó.

-No. Soy casi sordo. No he oído nada. -

Estaba mintiendo. Lo ha oído todo.

Entonces no pudo quedarse.

Ofelia miró detrás de él hacia las escaleras. Un pensamiento cruzó su mente. Se acercó a Boris y lo amenazó, -Debes saber lo que debes oír y lo que debes decir. Será mejor que mantengas la boca cerrada. De lo contrario... -

Ofelia sonrió conspiradoramente, -¡Terminarás igual de mal que Adolfo! -

-Tú... - Boris daba un paso atrás porque ella se acercaba. Y ahora la oyó decir impunemente. Al instante sus ojos se abrieron de par en par. La miró incrédulo, -Señora. Señor Adolfo ha sido tan bueno contigo. ¿Cómo has podido...? -

-¿Se ha portado bien conmigo? - Ofelia soltó una carcajada. Un fuerte odio brotó de sus ojos. -Sólo me utiliza como niñera. Deja que me ocupe de la familia. -

-Señor... - Boris trató de argumentar a favor del señor Adolfo. Pero entonces dio un paso atrás y cayó.

Mientras caía. Escuchó la voz de Ofelia, -Boris, no me culpes por ser cruel. Nos has oído a mí y a Cecilia. Tú te irás primero. Adolfo estará pronto contigo. -

Cecilia estaba en su habitación cuando escuchó el sonido de algo pesado cayendo afuera. Salió corriendo.

Vio a su madre de pie en la escalera. Y se acercó a ella, -Mamá. Estás mirando... -

Antes de que pudiera decir “Qué”, vio a la persona que yacía al pie de la escalera. Sus ojos se abrieron bruscamente, exclamando conmocionada, -Mamá. ¿Has matado a Boris?-

Ofelia giró la cabeza para mirarla con una pequeña sonrisa, -Yo no lo maté. Se cayó solo. -

Por alguna razón, a Cecilia le pareció que la sonrisa de su madre era especialmente espeluznante en ese momento. Se estremeció.

Echó un vistazo a Boris en secreto. La sangre se había extendido por debajo de él. Apartó la vista, temerosa de mirar. Luego preguntó, -¿y ahora qué? -

Oyó a Ofelia gritar, - Sal. -

Cecilia miró a su madre confundida, sin entender a quién llamaba.

Unos segundos después. Un hombre salió de otra habitación.