El Amor De Antonio Capítulo 302: Toca a tu propia mujer

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Leer El Amor De Antonio novela Capítulo 302: Toca a tu propia mujer de Rosa amarilla

En El Amor De Antonio Capítulo 302: Toca a tu propia mujer, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 302: Toca a tu propia mujer, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee El Amor De Antonio Capítulo 302: Toca a tu propia mujer del autor Rosa amarilla en readerexp.com

El niño se salvó.

Cuando el médico dijo así a Gregorio, Alejandra se calmaba un poco.

Sus manos no podían evitar temblar, la expresión tensa se relajó en este momento y las lágrimas no podían evitar de caer.

- Ya se pasó, Alejandra.- Clara la abrazó y consoló en voz baja.

-Ese niño tiene tanta suerte.- murmuró Lydia, pero Clara la lanzó una mirada con enojo.

Le sacó la lengua y explicó, -Quiero decir que el niño es suficientemente fuerte.-

Lolita fue enviada a la sala de enfermo, pero ellas no lo siguieron sino que se marcharon directamente.

Antes Alejandra recibió la llamada de Guillen, quien se enteró de que ellas se hallaban en el hospital y dijo que iban a venir aquí, pero los detuvo Alejandra y pidió que ellos tres partieran primero al Club Mundo para esperarlas.

Por lo tanto, tras de salir del hospital, ellas fueron en coche directamente al Club Mundo.

-¿ Qué pasó?- tan pronto como las vio, Aquiles preguntó con mucha ira.

Se sintió extraño y dijo, -¿No fuisteis a elegir los vestidos? ¿ Por qué finalmente se encontraron en el hospital?-

-¿Puedes dejarnos tomar un respiro y luego preguntas?- Lydia le lanzó una mirada enojada con mala actitud.

Aquiles sabía que estaba impaciente y sonrió de manera embarazosa, -Vale, pues descansáis un poco primero y luego voy a preguntar de nuevo.-

Pero antes de que Aquiles las preguntara, Clara ya les explicó el asunto por completo.

-¡ Qué pasó a Lolita!- fue la primera reacción de Aquiles tras de escucharlo.

-Mucho más que así, ¡en serio ella sufría por su propia acción!- dijo Lydia enojadamente, tomando un gran sorbo de agua.

Guillen frunció los cejas, se dirigió a Alejandra, mirándola con preocupación y preguntó, -Y tú, ¿ estás bien?-

Asintió con la cabeza Alejandra, -Estoy bien.-

-Cuando veas a Lolita en el futuro, permanecerás lo lejos posible de ella.- aconsejó Guillen, que no quería realmente que Alejandra se involucrara demasiado con Lolita y los demás.

-Lo sé.- Alejandra contestó en voz baja.

-Guillen, no es la mejor manera mantener alejado del enemigo.- Antonio dio una ojeada significativa a Guillen.

Asintió con la cabeza Guillen,- Lo entiendo.-

Guillen entornó los ojos. Parecía que tenía que acelerar para lidiar contra la Familia Martí.

La velada benéfica tenía lugar mañana. Con el fin de fotografiar la mejor situación del lugar, Clara informó a los empleados que examinaban todas las cámaras y las de vídeo para que no pasaría accidente mañana.

La lista de las estrellas que asistieron a la velada ya se hallaba en las búsquedas destacadas de Facebook.

Clara vio en la lista el nombre de Vasco y Xinara, cuyas comisuras de los labios no podían evitar levantarse.

Parecía que ya llevaba un largo tiempo sin verlos.

Sin embargo, ellos estaban en el rodaje, por lo que era normal no verlos para Clara.

Si no hubiera tenido lugar esta velada benéfica, posiblemente habría tardado más en verlos.

Pensando así, se le aumentó la esperanza para la velada de mañana.

Debido a que pasó tal cosa con Lolita ayer, ellas tres no encontraron los adecuados vestidos formales, hoy fueron a la tienda de nuevo. Esta vez no se les ocurrieron dificultades en selección, Lydia y Alejandra seleccionaron rápidamente los vestidos.

Alejandra le entregó el vestido seleccionado al dependiente, luego dio la vuelta y vio que Clara se quedaba pensativamente, de pie frente a un vestido, que nadie sabía lo que estaba reflexionando.

Se dirigió hacia ella y dijo en voz baja, -si te gusta, puedes probarlo.-

Al escucharlo, se le movió la cabeza y vio que era Alejandra, Clara sonrió entre dientes, -Voy a trabajar y no se necesita llevarme un vestido.-

- También puedes probarlo.-

Alejandra cogió el vestido, la llevó al probador, luego le metió el vestido en los brazos y le sonrió,- prueba.-

Después Alejandra salió del probador y cerró la cortina.

Clara miró embarazosamente el vestido en sus brazos. No negó que le gustaba mucho el vestido. Bueno, ya que estaba en el probador, solo lo probó.

No se le ocurrió el trabajo extraordinario hoy a Antonio. Cerca al momento de salir del trabajo, llamó a Clara y le dijo que la recogería y luego regresarían juntos a casa. Pero se enteró de que ella iban a elegir el vestido con Lydia y Alejandra.

Entonces se partió directamente en coche a la oficina de bodas donde ellas se hallaban.

Su aparición provocó que varias dependientes lo recibieran corriendo un poco, que todos querían ser la primera en saludarlo.

Era un hombre tan guapo, ¿ cómo podían perder la oportunidad de adular?

-Señor, ¿ en qué puedo ayudarle?

Antonio pasó una mirada de manera indiferente por esas dependientes y luego habló, -Quiero ver a Lydia Zabala.-

Bajo la guía de la dependiente, llegó a la sala de exposiciones en el segundo piso.

Al ver a Lydia, se dirigió a ella. Pero justo escuchó el sonido de que se abría la cortina y se le levantaron los ojos mirando hacia allá.

De pronto se detuvo el paso. ¡Era Clara!

No esperaba Clara que el vestido se veía tan... ¡ tan sexy!

Miró abajo su pecho blanco y suave pero casi desnudo parcialmente, ajustó el vestido frente al pecho con ansiedad, intentando dejarlo más arriba para cubrir su piel expuesta.

-¡Qué hermosa eres!- Alejandra exclamó, corrió apresuradamente hacia ella y evitó la mano que estaba ajustando el vestido, -No ajustes, te queda muy bien.-

Pero Clara se le veía nada bien. Sintió que todo el pecho iba a desnudarse.

Originalmente, pensaba que solo se exponía un poco del pecho, pero quién sabía que se desnudaría tanto. Si se llevaba ese vestido, ¡madre mía!, sentía que podría caerse del vestido su pecho.

- Lydia, ven a ver. ¡ Qué hermosa se le lleva ese vestido a Clarita!-

Al escucharlo, Lydia dio la vuelta a ver. En el momento en que vio a Clara, brilló un destello de sorpresa y luego se apresuró a acercarse.

-¡Madre mía! Clarita, nunca sabía que tienes una figura buenísima.- diciendo así, Lydia iba a tender la mano para tocar el pecho de Clara.

-Ay.- Clara le dio una palmada en la mano y le lanzó una mirada con enojo, -Eres mujer. Toca el tuyo.-

Lydia sonrió, -Se me toca el propio pecho todos los días y ya me aburre. Además, antes también toqué el tuyo, ¿ por qué eres tímida ahora?-

Originalmente Alejandra quería bromear junto con Lydia, pero mediante el rabillo del ojo vio que una figura delgada estaba acercándose lentamente. Giró la cabeza a ver, parpadeó y luego agarró de repente la mano de Lydia que iba a tocar a Clara.

Justo cuando tocaba el pecho pero fue agarrada la mano, Lydia gritó insatisfecha, -Alejandra, me desagradas.-

Pero Alejandra no dijo nada, sino que le indicó con los ojos que mirara hacia el otro lado.

Frunció el ceño y movió volviendo la cabeza, pero se encontró con un rostro hermoso.

¡Joder! ¿ Por qué el Señor Antonio también estaba aquí?

Recordando que justo quería chancear a Clara, Lydia rio incómodamente, -Sr. Antonio, usted también está aquí.-

A continuación, la llevó a Alejandra saliendo a hurtadillas, dejando a Clara y Antonio recién llegado.

Clara levantó los ojos mirando hacia Antonio, dijo con una sonrisa, -Ya vienes.-

- Sí.- las vistas de Antonio se cayeron en la blanca piel frente a su pecho, y brilló una tenue luz en el fondo de los ojos.

Al verlo mirando su pecho, Clara levantó las manos para cubrirlo tímidamente y reprendió de manera coqueta -¡ No lo mires!-

Se le enarcaron un poco las cejas, que parecían como una espada, y las comisuras curvas de labios condujeron una significativa sonrisa llena de intenciones, -Clarita, ¿ cuál parte de todo el cuerpo tuyo no he visto antes?-

¡Canalla! La cara de Clara se sonrojó inmediatamente.