El Amor De Antonio Capítulo 59: ¿Qué me hiciste?

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La novela El Amor De Antonio Capítulo 59: ¿Qué me hiciste? del autor Rosa amarilla es una novela emocionante y fascinante historia En Capítulo 59: ¿Qué me hiciste?, su amor por ella tomó forma y se profundizó. El contenido de los episodios se encuentra entre las dos orillas de la realidad porque es demasiado cruel para ser realista. Autor Rosa amarilla Construcción Cada personaje en El Amor De Antonio es una parte de la personalidad de cada persona. Solo tienes que experimentarlo para saber cuán profundo es. Siga Capítulo 59: ¿Qué me hiciste? y los capítulos posteriores de la novela El Amor De Antonio en readerexp.com

-Francisco, ¿qué estás haciendo?-

Clara se asustó por su acto y luchó desesperadamente.

Francisco la miró con una cara distorsionada, se veía extremadamente horrible. -Clara, no te permito estar con otros hombres.-

Clara también se irritó y agotó todas sus fuerzas para escaparse de la restricción de Francisco, y al mismo tiempo le dio una cachetada. -Francisco, ¿quién crees que eres? Sal de aquí, no quiero verte.-

Una impresión obvia de la cachetada quedó en la cara de Francisco, el dolor ardiente en el rostro suyo finalmente le hizo despertar.

Abrió la boca y quiso decir algo, pero antes de poder abrirla, escuchó que Clara le dijo. -Francisco, estaba ciega por amarte en los últimos años. Tus amores eran baratos y sin valor. Me das asco.-

Después de hablar, Clara lo empujó a un lado y salió directamente de la habitación.

Cuando se cerró la puerta, Clara finalmente no pudo contenerse a comenzar a temblar, y había un miedo en sus ojos que no podía borrarse.

Si no hubiera hecho todo lo posible para darle esa cachetada a Francisco, realmente temía que el hombre habría hecho algo terrible.

Clara tenía miedo en su corazón, en este momento, quería especialmente ver a Antonio.

Ella sacó su celular, rápidamente marcó el número de él y le dijo, -Antonio, quiero verte.-

En el teléfono, Antonio se quedó en silencio durante dos segundos y dijo en voz suave, -Estaré allí pronto, espérame obedientemente.-

Cuando su voz penetró en sus oídos, su cuerpo que aún temblaba milagrosamente se calmó.

-Bueno, te espero.-

Después de colgar el celular, Clara bajó obedientemente por las escaleras para esperarlo.

En el camino, ella se encontró con Cecilia que estaba buscando a Francisco. Cuando esa mujer la vio, ella inmediatamente la preguntó con una cara fría, -Clara, ¿llamaste a Francisco a ir algún lugar?-

-¿Estás loca?-

Clara la regañó con irritación, no le quiso hacer caso, fue directamente a Adolfo y dijo, -Papá, me voy.-

Adolfo se quedó atortolado por un momento, frunciendo el ceño. -¿Cuánto tiempo has estado de regreso antes de que te vayas de nuevo?-

-No quiero ver a las personas desagradables, mejor no las vea yo. De todos modos, he vuelto. Y ya asistí a tu fiesta de cumpleaños y no hace falta que me quede. Esto es para tí...-

Dicho esto, Clara le dio el regalo de cumpleaños que había preparado anteriormente en las manos de Adolfo

Adolfo se puso aturdido, viendo la mirada de ella, parecía muy sorprendido.

Clara ignoró su mirada, se volvió y caminó hacia la puerta.

-Señorita González, ¿se va ahora? ¿Necesita que la lleve de regreso?-

Justo cuando Clara llegó a la puerta, Jeraldo Obando de repente la siguió corriendo por la puerta trasera, la detuvo a ella.

Clara frunció el ceño. -No lo moleste, señor Jeraldo. Ya me van a recoger.-

-¿Oh?¿Es cierto? ¡pero veo que señorita González está sola!-

Jeraldo insistió y dijo, sus ojos de ladrón estaban fijos en Clara, y la miró sin ceremonias.

Clara se sintió un poco molesta por la mirada, y su bonita cara parecía estar cubierta de hielo. -Jeraldo, después de todo, esta es de mi familia González, creo que será mejor que te comportes más modestamente.-

-Señorita Clara, ¿de qué está hablando? Solo estoy encargado por su hermana de proteger a usted temporalmente.¡Señorita Clara, por favor!-

Al ver la actitud pícara de Jeraldo, Clara se sintió tan enojada que sus puños estaban apretados.

-¡Fue otra vez por la puta Cecilia!

-Jeraldo, ¿quieres ser duro conmigo?- Preguntó Clara con una cara fría, incluso su voz sonada tan fría como hielo.

-Todos queremos conseguir a las chicas lindas. Si señorita González está dispuesta, puedo tratarme con amabilidad, pero si resistes, no me molestará usar fuerzas. Las mujeres que me gustan, nunca han tenido ninguna posibilidad de escapar.-

Jeraldo finalmente expuso por completo sus verdaderas intenciones, dejando en claro que la obligó a transigir.

-Tú…-

Clara estaba a punto de explotar cuando de repente se sintió mareada en la cabeza y un calor anormal surgió en su cuerpo, haciendo que sus ojos se volvieran borrosos.

Clara se tambaleó dos pasos, estaba un poco inestable, y la expresión de su cara cambió.

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué sentía que algo andaba mal en ella misma?

-Oye, señorita Clara, está borracha, ya ve, ni siquiera puede mantenerse firme, déjeme ayudarle.-

Al ver la cara de Clara enrojecida y todo su cuerpo tembloroso, Jeraldo levantó las comisuras de la boca, inmediatamente se acercó para ayudar a sostenerla.

-Vete, no me toques.-

Clara retrocedió apresuradamente dos pasos y lo regañó, porque tuvo tanta prisa que casi se cayó.

En este momento, sus mejillas se habían teñido de rojo, pero el calor del cuerpo no se había disipado, e incluso había una tendencia a calentarse más, y había una sensación de vacío en su cuerpo.

nerviosa.

En este momento, Cecilia, que había estado mirando durante mucho tiempo en un lugar no muy lejos, también se acercó y le dijo a Clara con una risa fría, -Clara, no resistas más, jaja, esta noche, no vas a poder escapar.-

El corazón de Clara palpitó y finalmente se dio cuenta de algo. -¡Fuiste tú! Cecilia, ¿qué me hiciste?-