El Prohibido Amor de un CEO Dualidad

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El Prohibido Amor de un CEO novela Dualidad de Liliana Situ

En El Prohibido Amor de un CEO novela Dualidad autor Liliana Situ los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a El Prohibido Amor de un CEO Liliana Situ Dualidad en readerexp.com

Edward se siente como si estuviera viendo a una mujer diferente recostada en esa cama blanca que es bañada por el sol de la tarde.

Él no puede despegar los ojos de ella.

A pesar que Lorelay está herida y dormida, Edward se siente poderosamente atraído por ella.

Acercándose a ella la niebla blanca se situa exactamente sobre Lorelay, logrando que sus facciones sean ligeramente diferentes, por lo que Edward puede observar como se hubiera visto en vida Leila, la madre biológica de la chica.

Sentandose en la cama, al lado de ella Edward toma su mano.

Acariciandola delicadamente Edward se maravilla por lo increíblemente suave de su piel.

Las manos de Lorelay le recuerdan las suaves manos de Emily.

"Sabes?"

"Desde el momento que te conocí, pude sentir que me odiabas."

"A cada momento me hacías sentir tu profundo resentimiento cargado de odio como si yo te hubiera hecho mucho daño antes."

Edward habla en voz con Lorelay.

"Tal vez tu supiste todas las bajezas que le hice a mi adorada Emily..."

"O mi abuela te contó de lo bastardo, cretino hijo de puta que fuí con ella y puedo asegurarte que ella no se lo merecía."

Edward guarda silencio por un segundo porque el dolor al recordar lo que le hizo a su amada le hace sentirse mal.

"Después de conocerte he visto que eres una mujer interesante y fuerte."

"Tu visión del arte es extraordinaria y tienes un don para los negocios, eso me lo demostraste."

"Despierta para que podamos seguir compitiendo Lorelay."

"Nunca antes había encontrado a una mujer que se me asemejara en los negocios."

"Por eso querida Lorelay, despierta, por favor."

"Quiero que me disculpes por no haberte defendido ni buscado más intensamente..."

"Tal vez no merezco tu perdón, pero lo suplicaré de rodillas."

Edward impulsado por la neblina blanca, habla más de lo que quisiera.

Tanto que ni él mismo se reconoce.

Acercando su cuerpo al de la chica, a Edward se le antoja pensar que ella es la bella durmiente...

Pero él no es le príncipe azul que ella espera.

Sin detener las caricias a la fría mano de Lorelay, ella la mueve un poco, por lo que Edward le acaricia el brazo que no está herido.

"Es tan bella."

Piensa Edward, quien se levanta un poco y deposita un beso en la frente de Lorelay.

"Lorelay, despierta, estás a salvo."

La voz de Edward resuena en la mente Lorelay, quien poco a poco abre los ojos.

Ella puede sentir con claridad la presencia de los dos espiritus puros quienes se situan al lado de su abuela Leila, tomandola de la mano.

Lorelay abre muy despacio los ojos.

Lo primero que observa es a Edward a su lado.

Ella puede ver que este es Edward más humano, está más tranquilo y es menos duro e inflexible.

Pero aún le queda mucho que asimilar y aprender.

La cálida niebla blanca envuelve delicadamente la visión de Edward, logrando que se nuble y no reconozca a la chica.

Leila comprende que a pesar del amor que ambos sienten, Edward todavía no esta listo para tener de vuelta a Emily.

Los ojos de la chica recorren toda la habitación detalladamente cuando su visión de aclara.

Ella siente que ya ha estado ahí antes, pues esa era la habitación que su madre uso cuando estaba embarazada de ella.

Lorelay se siente feliz al estar en un ambiente acogedor.

"Dinamarca."

"Mamá estoy en tus tierras."

Piensa Lorelay.

Fijando sus ojos en el guapo hombre que la observa tranquilamente, Lorelay intenta hablar o decirle algo a Edward, pero no logra emitir ningún sonido.

"No te esfuerces Lorelay, me alegra que estes despierta."

"Todos nos alegraremos."

Edward calma a la chica.

"Estas en Dinamarca, en la casa de la señora Freda Baek, quien es buena amiga de mi abuela."

"Tus heridas eran muy delicadas y la abuela consideró que era necesario traerte para que sanaras rápido."

"Todo está bien, iré a avisar que despertaste, regresaré pronto."

Edward se inclina para abrazarla y se quedan así por unos segundos.

Con los ojos cerrados, él evoca amores de otras épocas, de otras vidas, que por fin están encontrando camino para poder ser felices.

"Abuela!"

"Lorelay despertó!"

Fue lo primero que Edward exclama cuando estuvo frente a las dos grandes matriarcas que estaban tomando sus respectivos tés.

El té contiene una mezcla secreta de hierbas que las mantiene en buena salud y evita el desgaste de sus cuerpos debido al paso del tiempo.

"Sabía que podrías despertarla!"

"Vamos Aline, es hora de revisar sus heridas."

"Dile a tu nieta que se nos una, necesitamos de su ayuda."

Pide la matriarca Baek a su amiga mientras se levanta de su asiento.

Elizabeth se apresura a entrar con sus abuelas para revisar a la convaleciente Lorelay, dejando en un silencio incomodo a Bruce y Edward, quien siente la mirada pesada de Bruce en todo momento.

"Siempre quise desafiarte, pero solo logre desafiar a tu amigo, quien no resultó estar al nivel que esperaba."

Asevera Bruce con tono enfadado y rudo.

"Te dijo tu abuela que entrenaras conmigo para poder ser digno de mi hermana?"

Cuestiona burlonamente Bruce a Edward.

"De verdad me encantaría que Emily te rechazara y sintieras algo de su dolor."

"Pero al menos golpearte un poco para vengarla."

Edward no aparta la mirada de Bruce.

Aunque sea su cuñado, hermano de su adorada Emily, no mostrará debilidad ante ningún otro hombre, por lo que ambos se enfrentan de pie, retándose.

Bruce desiste, pues no quiere arriesgarse a algún enfado o regaño por parte de Elizabeth, la única mujer después de su hermana y abuela que tienen poder total sobre él.

"Solo te salvas Situ porque la boda con mi amada Elizabeth es mañana."

"De otra forma sería un placer para mí romperte esa cara de niño bonito que tienes."

"Y despues le presentaría a mejores hombres que tú a mi hermanita."

"Hombres que de verdad la merezcan, hombres Baek."

Sacando su celular para confirmar los preparativos y las flores en el castillo, Bruce se alejarse de Edward quien se sienta en la silla de jardín para observar el paisaje.

Pero no puede estar mucho tiempo sin hacer nada, por lo que también saca su celular y revisa estadísticas de las empresas.

Dentro de la casa, las tres mujeres se reúnen en torno a la cama de Lorelay, quien ya puede hablar, cosa que no la asombra, pues lo atribuye a su madre, Leila.

Con mucho cuidado revisan la herida de Lorelay, quien siente menos dolor.

Ella se siente recuperada, como si hubiera dormido por mucho tiempo.

"Mi niña, tu herida está cerrando muy bien."

"El color oscuro que amenazaba con propagarse por tu piel ha retrocedido bastante."

"Las heridas también de tus piernas están casi sanadas."

"Lo único que nos preocupaba era tu corazón y tu mente, pero por tu semblante puedo ver que estas mucho mejor."

"Dime mi nieta, se debe a Edward o a alguien más?"

La abuela Freda toma más extractos de su mueble especial.

Uno de los extractos herbales es para las heridas de su nieta adorada se curen el doble de rápido.

La preparación de extracto de vida es muy difícil y complicado, pero la abuela Freda piensa que es vital que ellos sepan elaborarlo.

"Mi mamá me ayudó demasiado, al igual que ella protegió a Edward."

Responde la niña recostada.

"La presencia de Edward me hizo despertar."

"Abuela, él respetó a Lorelay, aunque mi madre pudo sentir su fuerte anhelo por besarme, pero en su mente solo estaba Emily."

"Pero lo que realmente me ayudó cuando estaba perdida en mi sueño profundo fueron dos seres de luz que mi madre acompañó."

"Elizabeth es cierto que tu y Bruce?"

Lorelay sabe del embarazo de su cuñada.

Solo quiere la confirmación de la chica.

"Si Lorelay, estoy embarazada."

"Las abuelas dicen que tendré gemelos, puedes creerlo?"

Responde emocionada Elizabeth.

"Dos hermosos bebes Baek-Situ que nacerán sin cargas de vidas pasadas."

"Dos hermosos bebés libres para ser felices y hacer su propio camino, sin ataduras."

Lorelay siente una alegría inmensa, pues Elizabeth la contagia de su felicidad.

Aunque Lorelay siente un poco de decepcion también pues ella alguna vez quiso tener hijos y consentirlos tanto como a ella nunca la consintieron antes.

"Es un milagro."

"Ninguna mujer Baek por matrimonio antes había tenido gemelos."

"Eres la primera de nuestra familia!"

Elizabeth ya sabia lo que Lorelay dice.

Ella se siente feliz cuando lo escucha de labios de su adorada cuñada.

"Aun no revelaras tu identidad a mi hermano?"

Cuestiona Elizabeth a su cuñada.

"Él ha sufrido mucho desde que te fuiste, creeme ha cambiado demasiado."

"Siempre se sintió terrible por las atrocidades que te hizo en el pasado."

"Se que no debería de abogar por él, pues a mi también me trató muy mal por muchos años pero..."

"Esta vida es demasiado corta para siempre estar enojados con el ser amado."

Las abuelas fingen que están muy ocupadas preparando ungüentos y demás vendas para dejar que las chicas hablen abiertamente.

"Elizabeth, aún no es tiempo."

"Edward tiene unas cuantas cosas más que aprender, pero ya dió pasos importantes para ser mejor humano, para ser mejor hombre."

Responde Lorelay.

Y son ciertas sus palabras, pues Edward no solo protegió a la familia Mu y también a los Niam.

Además se preocupó por sus empleados y por los empleados de la empresa de diseño, a pesar de que no eran su responsabilidad directa.

Y se preocupo por ella.

Eso le recuerda algo a Lorelay algo que le dijo a Edward antes de que toda la locura de la guerra comenzara.

"Dime Elizabeth a quien te gustaría más por cuñada, a Lorelay o Emily?"

Intrigada por la pregunta, Elizabeth considera que son la misma persona.

Pero al haber estado un tiempo con la abuela Freda entrenando y meditando, ha podido entender un poco las sutiles diferencias entre ambas mujeres.

Y es que las dualidades de ambas mujeres son muy distintas.

Mientras Emily es tierna, linda y dedicada con los que ama y lo que ama, Lorelay es fuerte, decidida, apasionada, tenaz y dura.

"Me gustaría tener de cuñada a Emily con esencia de Lorelay, pues mi hermano necesita mano dura en su día a día..."

"Pero también alguien que le demuestre el amor."

"De niño Edward no tuvo mucho amor."

"Eso me ha contado la abuela."

"Además, mi hermano pensó que había encontrado el amor en aquella horrible mujer, pero solo fue amor interesado."

Lorelay medita las palabras de Elizabeth.

Es cierto que Edward careció de afecto maternal desde muy pequeño y su padre, Joseph no fue precisamente un padre amoroso.

"Comprendo tu petición y haré todo lo posible por aplicarla."

"Puedo sentir a tus bebés?"

Aunque es muy temprano aún para siquiera sentir movimientos en el vientre de Elizabeth, Lorelay puede sentir perfectamente como las dos almas rondan ya el cuerpo de su madre aferrándose a ella con ternura y afecto inmensos.

"Serán unos niños hermosos, felices y sanos, esto tenlo por seguro."

"Mi hermano se volverá loco por ellos, pues siempre fue un hermano muy protector a pesar de que él es más pequeño que yo."

"Ustedes tres serán sus más grandes tesoros y mis futuros sobrinos heredarán su reinado del submundo, preservando el apellido Baek ."

Elizabeth siente la cálida palma de la mano de Lorelay en su vientre, ella sonríe por sus palabras.

Nunca estuvo en la mente de Elizabeth pedirle a Bruce que deje de ser el gobernante del Inframundo.

A pesar de que es un riesgo ella sabe que nada les pasara mientras esten juntos.

Y sus hijos se fortalecerán y sabrán defenderse solos.

Nadie podrá dañarlos nunca.

"Eso espero Lorelay, eso espero."

Las abuelas se reúnen con sus nietas y observan el delicado cuerpo blanco de Lorelay.

Fijándose muy bien donde deben de aplicar los demás ungüentos antes de volver a vendarla, las abuelas deciden que Lorelay debe darse un baño especial para retirar los restos de oscuridad de Leila.

Si algún vestigio de oscuridad se quedara adherido en su cuerpo, podría emigrar a su corazón y endurecerlo y eso no era nada recomendable para alguien tan poderosa como Lorelay.

Apoyada de todas, enfundada en una suave bata blanca, Lorelay camina hacia una tina especial que había sido preparada por la abuela Freda desde que su nieta había llegado.

Tina que se mantuvo a la temperatura adecuada.

"Elizabeth, el ritual que vamos a realizarle a tu cuñada no es apto para tí en tu estado."

"Además tienes que vigilar que tanto tu hermano como tu prometido no se maten, así que espera afuera por favor y ordena la comida."

"Lorelay se nos unirá a la mesa."

Elizabeth le da un beso a Lorelay mientras dice "de acuerdo" a la petición de la abuela Freda.

Ella sale de la habitación, cerrándola con seguro.

"Entrarás a este baño medicado, pues la oscuridad que anidó en ti para la batalla debe de ser expulsada, de lo contrario nos enfrentaríamos a un corazón duro como roca en tu interior."

Mientras Lorelay desciende lentamente en el agua que huele a hierbas y eleva gradualmente su temperatura, las abuelas ponen sus manos en sus hombros.

Leila, la madre de Emily, desciende para diluir la oscuridad restante del cuerpo de su hija.

El agua la cubre completamente y cuando ella emerge siente su cuerpo renovado de vitalidad y salud.

La chica también ve una ligera visión en su mente hace que una lágrima de felicidad salga del ojo de Lorelay.

Las abuelas miran cuando la felicidad se refleja en los ojos de la chica antes de que ella exclame feliz.

"Mi bebé!"

"Ví a mi bebé!"

"Pude escuchar su alegre risa persiguiendo un pequeño perrito!"

"Pequeña Emily..."

El corazón de ambas abuelas reboza de alegría al oír la emocionadas palabras de su nieta.

Pero solo Freda pudo escuchar también la alegre risita de su bisnieta.

Todo gracias a Leila, quien aún tiene el recuerdo del sueño de Edward y también lo atesora, pues su nieta será su aprendiz innata.

Afuera, Elizabeth busca a Bruce y Edward temerosa de que ambos esten peleando.

Para su sorpresa encuentra a Edward jugando con Pigmeo, el perrito y a Bruce quien sigue pegado al celular, pero cuando ve a Elizabeth corta la llamada abruptamente.

"Mi amor, necesito regresar al castillo solo por unas horas, tengo que seguir entrenando en otra área y sabes que la abuela es muy estricta."

Bruce le da un beso en los labios tan hermoso y profundo a su prometida, que ambos sienten desvanecer todo el mundo y el tiempo detenerse.

Sin embargo, Bruce siente que vibra su celular con otra llamada de la gente de la abuela y finaliza el beso de mala gana.

"Te veré más tarde."

Justo cuando él se marcha, Lorelay sale de su habitación apoyada del hombro de la abuela Freda, por lo que Bruce corre para ayudarla.

"No deberías caminar hermanita, no es bueno para tu salud."

La regaña amorosamente Bruce.

"Pero me alegra verte despierta porque así puedo pedirte permiso para matar a ese idiota que está sentado jugando con Pigmeo."

Lorelay mira por la enorme puerta que conduce al patio y puede apreciar a Edward quien lanza una y otra vez la pelota al pequeño perrito que ladra.

Ese ladrido le parece familiar a Lorelay...

"Te extrañé demasiado, pero sabes que Edward no me hizo esto hermano."

"Pero si me gustaría ver tus habilidades de pelea y las de él..."

Las palabras de su hermana hacen reír a Bruce, quien carga a Lorelay para dejarla en el sillón donde descansara por un momento.

"Debo irme, regresaré pronto."

Edward entra a la casa cuando nota la risa de Bruce y puede ver a Lorelay sentada en el sillón, por lo que se acerca a ella.

Edward la encuentra diferente, pues su semblante irradia mucha felicidad.

Pero no solo le asombra su felicidad escrita por toda su pequeña carita, si no también su vestimenta más relajada, menos estilizada...

Más como Emily...

Sus ojos de color son diferentes a los de Emily, su rostro no es el mismo, pero Edward aun siente esa conexión tan profunda con ella que se sienta a su lado sin pensarlo dos veces.

Al verlos juntos todos como por arte de magia desaparecen.

"Como te sientes Lorelay?"

Cuestiona Edward mientras la observa de cerca.

El corazón se le acelera de forma alarmante.

"Mucho mejo, gracias Edward, tus palabras me ayudaron mucho."

Lorelay habla distraída, pues en su mente resuena la risa infantil hermosa y alegre.

"Mi abuela quiere que estés presente en la boda de mi hermana y su prometido, ellos se casarán mañana en el castillo de mis antepasados."

Esa noticia la sorprende, pues Lorelay estaba enterada.

Ella ahora comprende porque Bruce tuvo que irse tan repentinamente, dejando a Elizabeth, cosa que no había hecho antes.

"Sera un honor asistir a ese enlace."

"Espero algún día poder casarme con el hombre adecuado para mi también."

"Lo que me recuerda Edward, aún sigue en pie nuestra apuesta o la damos por terminada y quedamos como amigos?"

Sus palabras son un alivio para Edward, pues conquistar no es lo suyo realmente.

Si él gana una amiga tan hermosa como ella y aprende de ella todo lo posible, tal vez asi pueda aprender también como reconquistar a Emily.

"Sería un honor para mi que fueras mi amiga, pues tengo alguien dentro de mi corazón y le pertenece solo a ella, aunque la haya lastimado tanto..."

Responde Edward.

"Pero si tu como mi amiga, me ayudas a enmendar mis errores, podré reconquistarla."

Lorelay escucha sus palabras y no entiende porque se siente triste de repente, pues tiene la oportunidad de moldearlo a como ella le gustaría que fuera.

Pero, porque hacerlo hasta que la perdió?

Porque no puedo hacerlo antes cuando estaba perdidamente enamorada de él?

"No quise hacerte sentir mal, solo creí que si tu..."

"Bueno por ser mi amiga podrías ayudarme, pero si te molesta..."

Edward puede ver la clara tristeza en la carita de la bella chica.

"Claro que no, lo haré con gusto."

"Yo también tengo alguien en mi corazón, mi alma gemela y lo amo demasiado."

Edward respira aliviado después de escuchar las palabras de la chica.

Él la carga para sentarla sobre su regazo y abrazarla mejor, pues donde están sentados no la puede abrazar bien.

"Perdona, pero no lo puedo evitar, necesito tenerte en brazos, todo mi cuerpo me lo grita."

"Solo permíteme tenerte así, no te lastimo, cierto?"

Edward la abraza como si fuera una niña, le acaricia la espalda, haciendo que Lorelay sienta su amor y cuidado.

Desde la mirilla de la ventana, las abuelas sonríen encantadas con la escena y se toman de las manos felices.

"Ya era hora."

Dicen ambas a coro y Freda observa como la niebla los ata apretadamente...

***By Liliana Situ***

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