El Prohibido Amor de un CEO Feliz regreso

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Leer El Prohibido Amor de un CEO novela Feliz regreso

La novela El Prohibido Amor de un CEO Feliz regreso es muy buena. En Feliz regreso, no podía dejar de leer. He leído bastantes historias de Liliana Situ , pero con el libro El Prohibido Amor de un CEO, todavía tiene mucho regusto por sí mismo. La belleza de la historia Liliana Situ es que, por dolorosa y angustiosa que sea, sigue atrayendo a personas que no pueden darse por vencidas. No es una fantasía color de rosa, que una niña Cenicienta se enamore de un príncipe en un caballo blanco, luego los dos se dan la mano y viven felices para siempre. Pero el amor es una cosa pequeña en un centenar de otras cosas en la vida. Lee la El Prohibido Amor de un CEO novela Feliz regreso en readerexp.com

"Maggie!"

"Maggie!"

"De verdad eres tú Maggie!"

Emily no podía disimular la emoción y felicidad que sentía en ese momento.

Maggie abrazó de nuevo a Emily consolándola.

El cabello color castaño oscuro de Maggie estaba recogido en un moño apretado.

Maggie vestía unos jeans de diseñador, una hermosa blusa azul claro y un saco oscuro corto que delineaba su escultural figura delgada.

A Maggie le encantaban los tacones, pero ya que había ido caminando desde su departamento a buscar a Emily, ella calzaba unos elegantes zapatos negros de piso.

Maggie, de tez pálida, lucía un delicado maquillaje el cual hacía resaltar sus hermosos ojos verdes con vetas cafés los cuales destacaban más  con esas largas pestañas negras que Emily tanto envidiaba.

Los labios rojos de Maggie atraían mucho la atención de los chicos, pues estaban llenos y bien definidos.

"Vaya que es tarde para que salgas de trabajar Emily."

"En verdad vale la pena este empleo?"

Comentó Maggie después de que se separaron del abrazo tan animado que compartían.

Emily no respondió porque no la había escuchado.

"Será mejor que nos vayamos de una buena vez Emily."

Maggie miró a su alrededor y notó que habían muy pocas personas caminando por esas calles.

"A esta hora de la noche ya es peligroso que estemos solas en la calle, vayamos a otro sitio."

Antes de que se alejaran, Maggie dirigió una mirada significativa al alto edificio iluminado del cual había salido su amiga Emily.

"Emily aún no haz cenado verdad?"

Cuestionó Maggie a su amiga.

"Te parece bien si vamos por una deliciosa y fragante taza de café junto con algunos bocadillos?"

"Yo no he cenado nada y muero de hambre!"

Exclamó algo apenada Maggie.

"Además tenemos mucho que hablar tú y yo Emily."

Maggie comenzó a caminar y Emily la siguió.

"Me encanta tu idea Maggie, andando!"

Ambas amigas tomadas del brazo caminaron a la cafetería más cercana, donde se sentaron en una mesita para dos que estaba en un rincón.

Ordenaron rápidamente.

Pronto ya estaban degustando deliciosos pequeños platillos mientras reían de anécdotas divertidas del pasado.

Cuando terminaron sus bocadillos, el amable mesero les sirvió café junto con una deliciosa rebanada de pastel.

De chocolate para Maggie, pues era su sabor favorito.

El pastel de Emily era, por supuesto, de fresas.

Mientras Emily le daba vueltas a su café con una cucharita de forma, aparentemente despreocupada,  Maggie observaba su amiga.

La mirada de Emily rehuía encontrarse con la Maggie porque sabía que le haría LA pregunta incómoda.

Emily observó por la ventana mientras que Maggie intentaba reunir el valor suficiente para hacerle la pregunta.

Esa que tanto le daba vueltas en la cabeza desde que ella había  regresado a la ciudad.

Pero, considero que debía hacerla cuando estuvieran a solas en el departamento.

Ese abusivo bastardo hijo de puta  había humillado públicamente  a su mejor amiga.

Maggie también era amiga de Ryan y Él le había contado por todo lo malo que había la familia Mu por culpa de Edward Situ.

En especial por lo terrible que había pasado Emily.

Por lo cual cuándo Maggie le comentó a  Ryan que regresaría a la ciudad por trabajo, el joven Niam le pidió que cuidara de Emily.

Ryan podía sentir y notar que Emily lo  evitaba todo el tiempo.

Hacía algunas semanas atrás, Emily le había comunicado a Ryan que ella se mudaría del departamento que Él le estaba ayudando a alquilar.

Según las mismas palabras de la hermosa Emily, ella había encontrado un departamento el cual ella misma podía pagar.

Además de que según ella, se encontraba más cerca de la empresa donde ella trabajaba.

Aunque el departamento era mucho  más pequeño que el anterior.

Debido a que el trabajo en su empresa estaba comenzando a intensificarse, Ryan ya no disponía de tanto tiempo como antes para recoger ni llevar a Emily al trabajo.

Algunas veces coincidían en el hospital, en la habitación del señor David Mu.

Y cuando Ryan le llamaba a Emily a su celular, la chica terminaba demasiado rápido la llamada.

Como si tuviera miedo de que alguien la escuchara, incluso si ella se encontraba en su hora para almorzar.

Por lo que Ryan, sin más opciones, le pidió Maggie que cuidara de Emily.

Ryan había logrado comprar un departamento amplio el cual podrían podrían mudarse y vivir tranquilas.

El departamento no estaba lejos de la empresa de Emily, ni de la editorial donde ahora trabajaba Maggie.

Además de que contaba con todos los  servicios a la mano y transporte adecuado.

Por eso tan pronto como bajó del avión y se instaló en el departamento, Maggie fue a buscar a Emily a su empresa

Y lo había hecho porque Maggie había intentado comunicarse con Emily por celular.

Pero después de haberle llamado un sinnúmero de veces, todas ellas, sin respuesta, Maggie caminó para encontrarse con Emily.

"Dime Maggie, lograste entrar a la editorial que querías?"

Preguntó Emily sacando de sus pensando a Maggie.

"Si Emily!"

"Puedes creerlo?"

Comentó con una sonrisa enorme en el rostro Maggie.

"Soy asistente de Editor ahora!"

"Es mi sueño hecho realidad!"

Los ojos de Maggie brillaron de pura felicidad.

"Me alegro mucho por ti Maggie!"

La felicitó Emily sinceramente.

"Sigues viviendo en la villa de tus padres, Maggie?"

Cuestionó Emily un poco apenada.

"Claro que no Emily!"

"Me mudé a un departamento amplio."

Maggie casi se ahogó cuando al intentar responder deprisa.

Además de que ella le había dado un pequeño sorbo a su café y ahora ily palmeaba con delicadeza la espalda de Maggie, pues ella no dejaba de toser.

"Pero como es tan amplio el departamento, me da un poco de miedo por las noches, sabes."

Comentó Maggie cuándo, por fin, pudo dejar de toser y recupero su voz.

"Además de que me siento muy sola."

Maggie hizo una cara triste que no pasó desaparcibida por Emily.

"Espera, Emily quisieras vivir conmigo?"

"Tiene dos amplias habitaciones y no está lejos de aquí!"

Maggie comentó emocionada hacía Emily mientras le tomaba las manos.

Maggie hizo ojitos a su amiga para que aceptar vivir con ella.

"Maggie..."

"De verdad me permitirías vivir contigo?"

Emily preguntó algo preocupada.

"Es que ahora no puedo pagar mucho de alquiler."

"Tal vez no sea buena idea que me tengas como roomie."

"No podría ayudarte con muchos gastos..."

Emily bajó la mirada apenada debido a su precaria situación financiera.

La cual no sería tan apretada de no ser por cierto que la había engañado para que se quedara en la empresa a la fuerza para que liquidara una deuda.

"Emily, cuando mencioné  que te cobraría renta?"

Inquirió Maggie con voz seria y el ceño fruncido.

"Solo te pedí que te mudes conmigo!"

"Yo me ocuparé de lo demás!"

Comentó Maggie después de uno breves segundos en silencio.

"Más bien Ryan se ocupara de eso"

Pensó Maggie.

"De verdad Maggie?"

"Si, entonces si quiero mudarme contigo!"

"Mil gracias Maggie!"

Emily aplaudió feliz y aliviada de no tener que quedarse sin dinero por pagar un modesto alquiler.

"Cuando puedo mudarme?"

Cuestionó Emily.

"Que te parece ahora?"

"Desde esta noche!"

"Vamos te lo mostraré!"

Ambas salieron alegremente de la cafetería después de haber pagado la cuenta.

Caminaron por la acera riendo de todo unos cuánto metros, cuándo sin querer se encontraron a Ryan quien se dirigía en su dirección.

"Ryan!"

Saludó alegremente Maggie.

Emily de sentía culpable con Ryan, por lo cual hizo un breve contacto con los ojos de Ryan para después saludarlo de forma cordial y fría.

"Ryan, tenía tiempo sin verte."

Después de que ambas chicas besaran respetuosamente la mejilla de Ryan, el joven habló.

"Maggie, nos disculparías unos minutos por favor?"

"Tengo que hablar rápidamente con Emily."

Maggie asintió mientras que se dirigió dentro de un pequeño autoservicio que permanecía abierto las veinticuatro del día.

"Ryan, que sucede?"

Cuestionó confundida Emily después de que Ryan la arrastrará a un lugar más apartado.

"Porque me evitas Emily?"

Inquirió Ryan con un tono de voz que denotaba molestia.

"Ryan, tu sabes que he estado muy  ocupada en la empresa."

"Además,  la operación de mi padre es costosa, por lo que de verdad tengo que trabajar todo el tiempo extra que pueda."

Emily habló sin mirar a los ojos a Ryan.

"No te estoy evitando a propósito."

Declaró Emily tristemente.

La verdad es que la niña ni quería que nada malo le sucediera a Ryan y su empresa por culpa de ella.

Edward la había amenazado y Emily sabía que ese bastardo era capaz de cumplir sus amenazas de la forma más cruel posible.

Ryan se acercó de forma romántica a Emily.

"Emily aún espero que me aceptes como novio."

Pidió Ryan con voz melosa.

"Prometo que cuidaré  bien de ti y de tu familia."

El joven mantenía la esperanza viva.

Emily alzó la vista para ver los hermosos ojos claros de Ryan, los cuales  la veían fijamente.

Ryan había sido en su juventud, su sueño hecho realidad en cuanto a chicos se refería.

Alto, guapo, popular, lindo, tierno, amable...

Pero después...y ahora...

Una maldita figura negra de malvados y penetrantes oscuros ojos apareció repentinamente en la mente de la chica.

Emily sabía que Edward o su gente  pdrían hacerle daño a Ryan, todo por su culpa.

Y eso no le parecía justo.

Ryan le había ayudado demasiado.

"Te agradezco todo lo que haz hecho por mi y por mi familia Ryan."

"No sabes lo mucho que te lo agradezco."

Comentó Emily con sinceridad.

"Te daré una respuesta en estos días, solo eso pido, un par de días más, está bien por ti Ryan?"

El guapo y lindo joven esbozó una sonrisa triste, pues sabía que Emily solo estaba siendo amable con Él.

Después de platicar un poco más con ellas, Ryan se despidió de ambas.

Cuando se retiraban hacía el departamento, Maggie le guiñó a Ryan  indicandole que ella se encargaría de todo.

"Emily..."

"Es que acaso no soy lo suficiente bueno para ti?"

Ryan meditó con profunda tristeza.

El joven entró en la cafeteria de la cual las chicas había salido para ordenar un café y donas para llevar.

El departamento de Maggie se encontraba en la segunda planta y en  era muy espacioso, comodo, acogedor y elegante.

Las habitaciones estaban muy limpias.

Emily se sintió en confianza de inmediato.

Después de un merecido baño caliente, Emily se puso un holgada camiseta de Maggie junto con una bermuda corta como pijama.

Su amiga había puesto sábanas y frazadas limpias en su cama.

Emily durmió lo que no había podido dormido en meses ya que sentía segura y protegida con Maggie a su lado.

Maggie marcó un número en su celular, casi al instante alguien le contestó.

"Está profundamente dormida, me parece que no ha descansado en semanas o meses."

La voz masculina respondió algo del otro lado de la línea.

"No te preocupes, me encargaré de ella, de acuerdo?"

"De verdad no quieres venir a verla, aunque esté dormida?

La voz masculina comentó algo más...

"Comprendo, cuídate, hasta pronto."

Maggie colgó la llamada.

Ella también se puso su pijama y se preparó para dormir.

La mañana siguiente Emily no tuvo que despertarse temprano porque era fin de semana, pero ella si se prepararía para ir otro trabajo vespertino.

Maggie veía como la pobre Emily apenas comía y no se relajaba nada

Pero quería darle espacio a qué ella misma le contara como Edward la había obligado a ir con Él a esa habitación privada.

Y también como había llevado a la ruina a su familia entera.

"Mesa para dos señor?"

Un hombre de traje asintió hacía ella.

Emily lo condujo y a su acompañante a la mejor mesa del lugar.

Esta hermosa y joven hostess era muy buena atrayendo clientes a los que

atendía con elegancia y amabilidad.

Además, les preparaba un delicioso té que les hacía mucho bien a su cuerpo.

O un té que les devolvía las energías perdidas

El don de Emily por preparar excelente té, aquí era muy apreciado.

"Emily!"

"Maggie"

Ambas chicas exclamaron felices.

"Te sirvo un té?"

Cuestionó Emily a Maggie.

"Claro que sí Emily!"

Respondió Maggie sonriendo.

"Es por eso que estoy aquí!"

"Es muy bueno que te hayan contratado aquí!"

Maggie dió un vistazo al lindo  restaurante cafetería en el cual Emily estaba trabajando.

"Gracias!"

Agradeció Emily.

"Además, tengo buen sueldo y propinas!"

"El ambiente es muy tranquilo, los clientes son amables y me gusta este lugar!"

Emily comentó con una sonrisa hermosa, pero en un segundo se le congeló...

Fuera del local, hablando por teléfono estaba Edward de pie.

No parecía interesado en entrar en el restaurante, pero si la había observado.

Una fracción de segundo había volteado hacia donde ella estaba detrás de esa barra.

La había observado sonriendo y hablando con Maggie y otros clientes.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Emily al recordar sus penetrantes ojos.

A toda prisa Emily se dió la vuelta para retirar el agua del recipiente que ella usaba para calentar el agua, pues ya había comenzado a hervir.

"Espero que no me haya visto."

Rogó Emily en su mente.

Algo nerviosa, Emily comenzó a preparar el té medicinal favorito de Maggie.

El restaurante cerraba al público a las nueve de la noche, pero Emily salía a después de las 10 de la noche.

Emily ya había caminado varias noches, sin problema alguno, por esas calles de regreso al nuevo departamento que compartía con Maggie.

Además en la calle todavía de apreciaban muchas parejas de novios.

Y personas que se divertían o partían a sus casas.

Emily no se dió cuenta de que una figura oscura la seguía.

Al doblar la esquina unas manos sujetaron por detrás a Emily.

Una por la cintura y otra le tapaba la boca para que ella no gritara.

"Tan pronto haz olvidado mis manos?"

Dijo la oscura y masculina voz.

"Edward!"

Aterrada Emily abrió los ojos y comenzó a temblar ligeramente.

Edward aspiraba el aroma del cabello de la joven que está bajo su poder.

Emily olía a shampoo de coco y a hierbas medicinales.

Su aroma natural lo relajaba.

Edward había intentado olvidarla por todos los medios.

Había intentado no pensar en ella.

Concentrarse en las malditas citas que su abuela le había concertado con aquellas hermosas y elegantes chicas.

Pero ni así había podido olvidarla.

Las charlas con esas mujeres tan artificiales, demasiado maquilladas y perfumadas siempre eran huecas, vanas, sin sentido.

Todas esas mujeres estaban, fascinadas, encantadas y ansiosas  por salir con Él.

Todos ellas adoraban a Edward, lo admiraban y querían ser la próxima señora Situ.

Edward es el soltero más cotizado de la ciudad, además de que todas las familias adineradas saben de la influencia y linaje de la familia Situ.

Debería sentirse halagado y feliz Edward ya que compartía una deliciosa comida en esos restaurantes lujosos con una hermosa joven.

Una diferente para cada día.

Mujeres que se le insinuaban y le pedían compartir una noche pasión con Él.

Pero después de esas citas, Edward regresaba a la empresa sintiendose vacío.

Y por las noches se sentía más solo y triste que nunca.

Y entonces, un día después de una cita con una de esas chicas, la cual se había alargado demasiado, Edward tuvo que inventar un asunto urgente que debía resolver.

Fue entonces que Edward caminó por una acera, fingiendo hablar por celular, sin querer había visto a Emily reir con ligereza.

Y la felicidad de Emily le dolía.

Y mucho.

Edward entonces vigiló discretamente  a Emily durante unos días y en todos ellos siempre la pido observar  sonreír amablemente hacía los comensales en ese restaurante.

También había visto como Emily reía felizmente con esa chica con la que ella ahora vivía.

Si claro, Edward mantenía una estrecha vigilancia sobre Emily.

Por eso se había enterado de que Emily se había mudado a vivir con Maggie, su amiga de la infancia.

Edward fue más infeliz por está razón.

Él quería, necesitaba refugiarse en algo o alguien más para olvidar el dolor de haber perdido a Lucy.

Con sus dedos, Edward apartó unos mechones del suave cabello de Emily para besar el delicado cuello y oído de la joven.

Notó como Emily arqueaba su suave cuerpo contra el suyo al sentir el contacto sus labios.

El aliento caliente de Edward puso nerviosa a Emily, quien comenzó a jadear.

"Porque ahora estás trabajando aquí?"

Inquirió Edward sin dejar de abrazarla fuertemente por la cintura.

La jaló hacia un lugar aparatado y oscuro para poder acariciarla como tanto ansiaba Él.

"Tanto dinero necesitas que tienes que buscar otro empleo?"

"Es que no te pago lo suficiente en mi empresa?"

La pregunta de Edward estaba cargada de burla e ironía.

Acaso no había sido Él mismo quien le había puesto una trampa para que no renunciara?

Además no había sido Edward mismo quien  había dado la orden para que le rebajaran el sueldo a más de la mitad?

"Realmente eres un bastardo mal nacido Edward Situ."

Quiso decirle Emily pero en cambio ella le respondió furiosa cuando pudo quitarle la mano de su boca.

"Y a usted que le importa si me alcanza el dinero o si tengo otro empleo?"

"Trabajo en mi tiempo libre, en que le afecta?"

Dándose la vuelta, Emily miró la sonrisa irónica en los labios de Edward y quería borrarsela de un golpe.

"No todos somos ricos como usted señor Situ."

Emily se removió en el fuerte abrazo de Edward para apartarse de Él.

"Ahora sí me disculpa, quiero irme, suelteme ya por favor."

Emily exigió golpeando con sus pequeñas manos contra la gran mano de Edward quien seguía abrazándola con fuerza.

Edward no estaba para nada enojado.

Le resultaba encantador cómo esta pequeña chica lo contradecia, como le ofrecía pelea y resistencia.

Edward miró Los ojos furiosos de ella, sus labios rojos temblorosos, su aliento entrecortado...

Todo en ella lo atraía.

Su candidez, su belleza natural, su vitalidad junto con el calor de su cuerpo, sus besos que lo confundían lo volvían loco.

Necesitaba besarla urgentemente.

Y nada le impediría hacerlo.

***By Liliana Situ***

Valoro mucho tu opinión.