El Prohibido Amor de un CEO Guerra. sexta parte

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Leer El Prohibido Amor de un CEO novela Guerra. sexta parte de Liliana Situ

En El Prohibido Amor de un CEO Guerra. sexta parte, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Guerra. sexta parte, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee El Prohibido Amor de un CEO Guerra. sexta parte del autor Liliana Situ en readerexp.com

Como si estuvieran encapsulados en una burbuja, Edward y Lorelay dejan de escuchar los ruidos de motores, hombres, palas, ordenes...

Todo desaparece en ese abrazo en el que los dos están envueltos.

Los trabajadores los ignoran completamente para darles algo de "privacidad."

Lorelay rompe el abrazo para alejarse un poco de Edward.

No porque ella quisiera alejarse, pero comienza a sentir que su convicción flaquea estando envuelta en sus brazos.

Y es que esta profunda, tan arraigada, tan apretada la conexión que tienen ambas almas, que cuando están juntos su odio y amor son demasiado fuertes y no siempre puede controlar sus emociones...

La hermosa y melancólica chica alza sus tristes ojos para ver a los ojos de Edward antes de preguntarle.

"Quien hizo esto?"

"Porque atacarían la villa de la abuela Situ?"

Edward por un momento sintió que tenía a su Emily en brazos de nuevo y no quería separarse de la chica.

Cuando la mira directamente a los ojos, siente una conexión profunda con ella.

Edward no entiende porque siente que es su deber protegerla,

amarla,

cuidarla,

honrarla.

"Lo averiguaré, no te preocupes por nada."

"Vamos, te llevaré a mi auto por tus cosas."

Lorelay lucha contra ella misma, contra su voluntad,

contra su venganza de ese hombre que tanto daño le hizo.

Su alma no siempre coopera con ella y se rebela, obligándola a correr a sus brazos y amarlo.

Los dos saben que en ninguna de sus muchísimas vidas pasadas, a través de muchos años de reencarnaciones, ellos nunca pudieron amarse.

Nunca pudieron casarse y jamás habían consumado su amor o habían intimado.

Hasta esta, su última vida.

Lorelay tiene muy claro en su mente que debe darle una lección severa a Edward.

Una que le haga entender el sufrimiento por el que la hizo pasar...

Pero lo extraña demasiado!

Extraña sus besos,

sus caricias,

sus noches de pasión juntos,

el éxtasis al estar juntos.

Cuerpo y alma juntos.

"Gracias Edward, gracias por preocuparte por mi, pero no necesito tus guardaespaldas."

Edward, quien tiene su enorme y calida mano enlazada con la hermosa, pequeña y suave mano de Lorelay gira la cabeza para verla.

"No está a discusión Lorelay."

"Te acompañarán a donde vayas sin excusas ni pretextos."

"Por favor, déjame protegerte."

Ruega de forma amorosa Edward.

"Mientras que atrapamos a los psicópatas que están tratando de desestabilizar nuestra empresa conjunta, necesito protegerte...."

"No me perdonaría si algo malo te pasara, por favor."

"Aunque no me molestaría que estuvieras conmigo todo el tiempo para vigilarte personalmente."

Una sonrisa maliciosa se dibuja en la cara de Edward.

Lorelay sonríe por su insinuación.

"De acuerdo, acepto la protección por el momento solamente."

"De acuerdo?"

Edward asiente y vuelve a caminar despacio por los escombros tomando la mano de la joven.

Lorelay no lo sabe, pero el corazón de Edward late como caballo asustado mientras la lleva a su auto.

Cuando llegan, Edward abre la puerta del auto.

Lorelay entra, Edward cierra la puerta antes de dirigirse al arquitecto en jefe con el que intercambia unas pocas palabras para después regresar a lado de Lorelay y arrancar el auto para salir de ese lugar.

"Parece que esta es una guerra en plena ciudad."

Lorelay susurra mientras se alejan.

Edward aprieta el volante por lo molesto que esta con la situación.

"Te llevaré a tu casa estudio para que puedas estar segura."

"Los guardaespaldas nos encontrarán allá y responderán solo a ti."

Edward habla mientras maneja.

Lorelay toma su mano para atraer su atención.

"Se que no es usual, pero tengo un poco de hambre."

"Podríamos comer algo?"

Edward se estaciona frente a uno de sus restaurantes favoritos.

Él se apresura a salir del auto para abrir la puerta de la chica y darle la mano para que salga.

El gerente y chef salen a recibir a Edward personalmente.

Ellos les dan la mejor mesa de todo el lugar.

"Se que la última vez tu invitaste la comida."

Indica Edward.

"Esta vez quiero que comas en mi restaurante favorito."

"Uno de los muchos que posee la familia Situ."

El restaurante es extremadamente lujoso.

Lorelay se siente fuera de lugar, pues ella no está arreglada como debería.

Algunas personas miran extraño a la chica.

Edward, sin embargo luce su traje impecable a pesar de haber estado en la zona de desastre de la villa de su abuela.

Al pasar junto a las mesas, Edward no deja que nadie intimide con la mirada a la chica, por lo que la abraza por la cintura mientras sigue caminando y escuchando las sugerencias del chef de cinco estrellas.

Cuando llegan a la mesa, Lorelay se sienta en la silla que Edward, caballerosamente, aparta de la mesa para que ella se siente.

"En un momento nos traerán la comida y espero que sea de tu agrado."

Justo cuando ellos se sentaron, Tom entrega su auto al valet parking de ese restaurante para poder entrar.

Su único traje y el auto que robó a unos juniors hace unas horas le da el disfraz perfecto para entrar a ese lujoso restaurante.

Carl le había dicho que esa mujer llamada Lorelay estaba en ese restaurante con Edward y que su primo no haría nada si amenazaba a la chica.

El gerente lo recibió en la entrada y lo dirigió a la barra, donde ordenó una bebida para después dirigirse con elegancia a las mesas privadas como otro cliente regular.

Lorelay se excusa para ir al baño, por lo que se levantó de la mesa.

Abriendo la puerta para entrar al baño, Lorelay se da cuenta que un hombre la observa detenidamente.

Tiene un parecido al hombre que acaba de matar, por lo que ella esperó a que él hiciera su movimiento para evaluar que acciones tomar.

Se puso unas gotas de su extracto pacificador y dispuso en sus manos un poco de su versión de suero de la verdad.

Como si tuviera agua en una de sus manos, salpicó sin querer al hombre que la esperaba en el marco de la puerta tomándolo por sorpresa.

"Oh disculpe, no quise mojarlo."

Lorelay lo observa detenidamente esperando su reacción.

Tom se queda un segundo paralizado por el efecto de su aroma y el suero en sus ojos.

"Discúlpeme señorita si la asuste..."

"No quise..."

Tom no puede continuar con sus palabras por alguna extraña razón que él mismo desconoce!

Lorelay sigue con su camino pero antes le susurra unas palabras.

"Tu no me asustas."

"Nadie puede asustarme."

Tom se recarga en la pared sintiendo que su corazón late despacio.

Como si su sangre se le drenara del cuerpo.

El hombre siente un frío que lo recorre desde la cabeza hasta las uñas de los pies.

Trata de respirar, pero comienza a toser por la falta de aire.

Lorelay sonríe malvadamente antes de dejar al hombre quien sufre un mini ataque al corazón.

Cuando regresa a la mesa con Edward, él la recibe con una sonrisa y un pequeño banquete para ambos.

Desde mariscos,

ensaladas,

platillos con carne,

pollo,

verduras y postres delicados.

Lorelay sonríe ante estos manjares, pues la deliciosa comida que había tenido con la abuela Situ la había vomitado por el desagradable aroma del auto de ese asqueroso y arrogante tipo.

Ambos comen.

Edward le menciona cuales deberían probar primero, pero toda la comida se ve absolutamente apetitosa y hermosamente presentada.

Las luces de la ciudad comienzan a encenderse al acercarse la noche.

Edward ordena una botella del mejor vino de la casa para poder acompañar su cena.

Como si fueran conocidos de toda la vida ambos comen y rien felices, disfrutando de una paz en medio de tantos malos acontecimientos recientes.

"Se que la empresa de diseño es tuya, pero propongo que los empleados usen las instalaciones de la planta baja de mi empresa."

"Tal como lo hacían antes."

"Me encargaré de las indemnizaciones a los fallecidos y los heridos, que por suerte no son muchos."

"Espero que James se encuentre bien pronto..."

Edward habla mientras sirve dos copas de vino.

Él observa a la niña comer con elegancia.

Ella toma muchas mitades de fresas para su ensalada y pone de lado los postres que tienen fresas.

Ese detalle le hace recordar a Emily, pues también le encantaban las fresas.

Lorelay se da cuenta que su delirio por las fresas la está delatando sin querer, por lo que elige un postre de chocolate y vainilla.

"Esto es exquisito!"

Lorelay ha tenido mejores comidas en otros lados, pero como su estómago estaba demasiado hambriento y vacío la comida le sabe a gloria.

"Un placer compartir contigo la cena."

"Podría compartir contigo cada comida del día."

Lorelay alza la mirada al escuchar las palabras de Edward quien tiene una sonrisa de lado.

Tom quien ya dejó de sentir los efectos de lo que sea que le haya pasado, decide sentarse en una mesa cercana para escuchar la conversación de sus presas.

Él espera el momento en que se levanten para hacer algo que planeó desde que iba manejando al restaurante.

Pero antes de que pueda moverse la seguridad del restaurante se le acerca, impidiendo que Tom pueda actuar libremente.

"Solo estoy esperando a mi prometida en esta mesa, hay algún problema?"

Tom trata de deshacerse lo antes posible de los dos hombres que lo miran de forma sospechosa, por lo que se levanta de la mesa y camina de regreso a la barra del restaurante para escabullirse.

Edward se levanta de la mesa habiendo compartido una relajante y satisfactoria cena con su bella acompañante, quien se muestra mucho más receptiva con él.

Tom espera a que lleguen a donde está sentado...

Él tiene el arma a su alcance.

Cuando Lorelay pasa a su lado, Tom la encañona por la espalda mientras la abraza fuertemente por los hombros.

Dirige su atención a Edward quien se detiene al sentir que Lorelay se detiene bruscamente.

Extrañado, Edward observa s un hombre que la abraza por los hombros, mientras ella mantiene una actitud tranquila.

"Aléjate idiota!"

"Me llevaré a esta ricura."

"Si no quieres que le pase nada, te harás a un lado y evitarás que alguien nos detenga o la mataré."

Tom muestra el arma que apunta a la espalda demás chica.

"Está bien Edward, no te preocupes por mí, estaré bien."

Esta es la situación que Lorelay necesitaba para averiguar donde está Carl y poder arrastrarlo al Coliseo para ajustar cuentas con él.

"Sueltala cobarde!"

"Solo es una mujer inocente."

"So quieres un rehén, yo iré contigo, pero a ella dejala libre."

Tom sonríe con desdén al escuchar las palabras de Edward.

"Como siempre tratando de ser un caballero, verdad Edward?"

"No me reconoces?"

Tom reta la memoria de Edward quien no logra recordar al hombre.

"No te preocupes, pronto me recordarás..."

"Solo puedo decirte que está mujer es mucho mejor de lo que fue en su momento mi hija adoptiva."

"Despídete de ella, pues no creo que la vuelvas a ver por un largo tiempo..."

Tom jala con fuerza a Lorelay a la salida.

Edward se siente impotente por no haber previsto esa posible situación.

Pero lo que más le causa extrañeza, es que Lorelay no llora.

Tampoco se ve afligida,

ni preocupada por ser secuestrada a mano armada.

Edward camina detrás de ellos haciendo que todas las personas y la seguridad no intervenga.

El valet parking le entrega su auto al hombre quien empuja a Lorelay al asiento del conductor mientras le sigue apuntando.

"Ahora vas a conducir pequeña a donde yo te diga."

Edward aprieta lo puños tan fuerte por el coraje que lo corroe mientras observa el auto que arranca para largarse.

Uno de sus espías enciende su auto para seguirlos a poco de distancia.

Edward entra a su auto y se dirige al bunker de Tommy para tomar medidas extremas.

Él está harto de jugar limpio.

La puerta del departamento de Johana y Dániel se abre.

Johana quien estaba hecha un manojo de nervios observa a su prometido entrar por la puerta sano y salvo.

Corriendo a su encuentro para abrazarlo por un minuto, la chica le da una bofetada no muy fuerte.

"Que sea la última vez que me dejas en este lugar y desapareces Dániel!"

"Lo digo en serio."

Los ojos de la chica se llenan de lágrimas.

Lágrimas que caen sin detenerse mientras abraza fuertemente por la cintura a su amado.

Dániel siente el dolor de Johana por lo que la abraza fuerte sin importarle si sus lágrimas mojan su ropa.

El chico alza la carita mojada de su amada para decirle.

"Lo prometo Johana."

"A donde vaya iras conmigo."

Sella la promesa con un beso en el que ambos jadean pues se sienten tranquilos cuando están juntos.

Pero el beso sube de intensidad rápidamente.

Las expertas manos de ambos quitan las capas de ropa dejándolas por todas partes del departamento.

Sus bocas gimen y se mueven sin parar mientras quedan desnudos y listos para poder amarse desenfrenadamente.

Dániel, al ser mucho más alto que Johana, la carga para llevarla a la cama.

Pero es tanta su ansiedad de complacer a su amada prometida que el sillón servirá para amarla.

Sin dejar de devorarse a besos, Dániel se desliza dentro del sedoso y húmedo canal apretado de Johana...

Ambos se detienen un segundo abrazados por el intenso placer que los recorre.

Todos los sentimientos que tenían guardados se magnifican y se entrelazan en la intimidad.

Los gemidos suben de intensidad hasta que los gritos se hacen presentes mientras ambos se mueven acompasadamente.

Gotas de sudor se acumulan en sus cuerpos de los jóvenes amantes.

Un fuego interno comienza pequeño a recorrerlos...

Al incrementarse la intensidad de las embestidas de Dániel al cuerpo suave de Johana, un incendio interno los arrasa demoledoramente.

El orgasmo que comparten juntos hace que se convulsionen de puro placer.

Ellos sonríen besándose.

"Este solo es parte de tu castigo por ser tan malo conmigo y preocuparme tanto."

Johana le susurra algo en el oído a Dániel quien sonrie pícaramente.

Sin salir de ella, Dániel se dirige a la cama cargándola.

"Este castigo me encanta y lo tomaré las veces que tu me indiques hermosa verdugo."

Al estar solos en ese piso, sin Lorelay en el otro departamento, ellos pueden dar rienda suelta a su pasión desmedida sin preocuparse que alguien los escuche.

El "castigo"de Dániel se prolonga toda la noche y madrugada, dejándolos exhaustos, felices y satisfechos a ambos.

En Dinamarca, Bruce aún no puede entender porque la abuela Freda no le permite regresar a ayudar a su hermana, cuando claramente el ataque puede ser demasiado fuerte para ella sola.

"Ella debe poner a prueba todas las enseñanzas que tuvo conmigo."

"Además no está desprotegida Bruce."

"Entrené bien a tu hermana, por eso debes confiar en ella y en lo que le enseñé."

Indica la abuela Freda al preocupado chico.

Elizabeth quien siempre permanece al lado de Bruce, ya sea entrenando

o meditando escucha las palabras de la abuela Freda en silencio.

Extiende una mano para ponerla en las manos de Bruce y tratar de tranquilizarlo, pero Bruce está preocupado genuinamente por su hermana.

"No abuela, esto es peligro real!"

"No su venganza contra ese idiota Edward Situ."

"Esto puede costarle la vida si no regreso!"

Bruce golpea la mesa con el puño cerrado al sentirse impotente por estar tan lejos, pues sabe que si estuviera en ese lugar ahora mismo, arreglaría esos ataques en solo unos minutos.

"Siéntate ahora mismo muchacho impetuoso!"

"Te recuerdo con quien estás hablando!"

La abuela Freda pone uno de sus dedos en la mano de Bruce, quien cede ante la pacificadora presión de su acción antes de sentarse tranquilamente.

"Todas sus acciones son precisas."

"Tu hermana estará bien mi amor."

"Ten confianza."

Elizabeth interviene.

Bruce observa a su hermosa prometida.

Él asiente derrotado, pues ante ella no puede hacer nada salvo rendirse.

"Me da gusto que escuches a tu alma gemela, pues ella es más centrada que tu niño impulsivo..."

"Aún te falta mucha meditación guiada para que puedas ascender a un estado más alto de conciencia."

Indica la abuela Freda.

"Elizabeth, ordena la cena y prepárense para meditar más tarde."

"El entrenamiento de mañana será más intensivo."

La abuela Freda se levanta de su silla para ir a su habitación y comunicarse con la abuela Situ.

"Aline como va todo por allá con mis nietos?"

La abuela Situ aún está escondida en ese refugio secreto, con todas las comodidades posibles, mientras monitorea a los afectados.

"Los niños lo están haciendo bien."

"Mira lo que mis hombres me enviaron hoy por la tarde."

La imágen de los dos abrazados en medio de los escombros de la villa Situ es enternecedora.

"Van por buen camino ese par."

"Espero que pronto tengamos nietos hermosos."

"Las cosas allá están controladas o necesitas más personal Aline?"

La abuela Situ recibe de manos de Thomas un té de los muchos que Lorelay le ha dejado preparados y listos para beber.

Ella sorbe un poco para tranquilizarse.

"Estamos bien, yo estoy bien."

"Presiento que esto es justo lo que se necesitaba para acercar a ese par de niños testarudos."

"Todo hubiera sido mas fácil si mi tonto nieto se hubiera casado con Emily."

"Como están mis nietos allá?"

La abuela Freda se queda seria por un momento al recibir la notificación de algo que no le gusta nada.

"Aline, mi nieta fue secuestrada por un hombre que no identifico."

"No aparece en el radar que la vigila, Tim está disponible para rastrearla por tierra?"

La abuela Situ mueve la cabeza en forma de desaprobación ante las palabras de la abuela Freda.

"Porque siempre tienen que secuestrar a las mujeres esos bastardos?"

"No te preocupes, la encontraré antes de que algo pase..."

"Freda, manten alla a su hermano."

"Deja que mi nieto la salve para que aceleremos su unión."

La abuela Freda asiente.

Antes de cortar la comunicación le dice a la abuela Situ algo que ella ya sabe.

"Tu otro nieto está detrás de esto."

"Carl cree que puede derrocarlos..."

La abuela Situ suspira.

"En esta vida le tocó al pobre Carl sufrir bajo la sombra de Edward."

"Pero jamás llegará a cumplir su objetivo, tu nieta misma lo matará."

Asevera la abuela Freda.

"Carl los separó muchas veces antes de formas muy crueles."

"Incluso asesinadolos a sangre fría."

"Pero al igual que ellos esta es su última vida."

"Y debe pagar por todos sus crímenes pasados."

***By Liliana Situ***

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