El Prohibido Amor de un CEO La boda

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La novela El Prohibido Amor de un CEO La boda es muy buena. En La boda, no podía dejar de leer. He leído bastantes historias de Liliana Situ , pero con el libro El Prohibido Amor de un CEO, todavía tiene mucho regusto por sí mismo. La belleza de la historia Liliana Situ es que, por dolorosa y angustiosa que sea, sigue atrayendo a personas que no pueden darse por vencidas. No es una fantasía color de rosa, que una niña Cenicienta se enamore de un príncipe en un caballo blanco, luego los dos se dan la mano y viven felices para siempre. Pero el amor es una cosa pequeña en un centenar de otras cosas en la vida. Lee la El Prohibido Amor de un CEO novela La boda en readerexp.com

Edward suspiró al ver a Emily de ese modo.

Él cerró las cortinas de la habitación para que tuvieran privacidad.

Para que estuvieran frescos encendió el aire acondicionado.

"Emily..."

Susurró de nuevo Edward.

Ella no se resistió cuando la cargó con sus fuertes brazos.

Ambos se sentaron en el comodo sillón.

Edward le acariciaba delicadamente sus brazos, su espalda, su cabello y su carita pequeña.

Él hacía eso para tranquilizarse y tranquilizarla.

No quería admitirlo, pero había sentido miedo de perderla.

Un miedo que podría ser comparable con el que sienten los padres cuando algún hijo travieso se esconde de ellos asustandolos de muerte.

Edward quería consolarla lo mejor posible pues ella se veía tan lastimada, frágil y triste.

Parecía un cascarón vacío de Emily.

Cómo si fuera una hermosa muñeca de porcelana rota.

En su mente, la misma pregunta se repetía una y mil veces.

Que podría haberle pasado en ese corto tiempo para que estuviera así de triste y decaída?

Intuía que algo más la había deprimido.

Si hubiera sido su padre, ella se lo hubiera dicho ya.

Tampoco creía que fuera el hecho de que estaba de vacaciones por primera vez en su vida.

Recostada en su pecho Emily pudo tranquilizarse un poco.

Ella se aventuró a preguntar.

"Edward...estás enojado conmigo?"

"No vas a castigarme?"

Ella aún esperaba la inyección del suero.

"Emily, no usaré más el suero..."

"Creeré lo que me digas."

"Lo que quieras decirme te escucharé y trataré de entenderte lo mejor que pueda."

Declaró con voz suave y hermosa Edward.

Emily nunca había visto este lado comprensivo de Edward.

Ella había conocido solo sus órdenes, arrebatos y su forma agresiva de poseerla.

Ella ahora tenía más miedo.

"Y si es un truco para que confíe y de todas formas me hace daño?"

Pensó resignada ella.

Edward seguía acariciándola con delicadeza.

El doloroso nudo de su estómago gradualmente se iba desenredando.

Sus caricias se sentían tan bien.

La reconfortaba un poco.

"Dime, porque regresaste al hotel?"

"Que ibas a hacer después?"

Preguntó curioso Edward, exhalando por fin su miedo y desesperación.

"Quería tomar un avión e irme."

"Edward..."

"Porque quisiste que te acompañará en este viaje?"

Preguntó Emily temerosa.

Y al instante se arrepentió de sus palabras.

Edward no respondió de inmediato.

Parecía que estaba buscando la respuesta correcta a esa pregunta.

"Emily, estos días pasados de verdad he disfrutado de tu compañia en el departamento."

"Me gusta llegar y saber que estarás ahí conmigo."

"Me gusta saber que no estaré solo."

"Mi familia es..."

"Difícil y dura conmigo."

"Por ese motivo quise tener unas vacaciones con alguien que yo de verdad aprecie."

Mientras decía esto, Edward se levantó.

Recostó suavemente a Emily en la cama para después recostarse a su lado.

Temía que ella estuviera incómoda sentada en sus piernas mucho tiempo.

Emily escuchó sus palabras.

Edward habló de nuevo con voz baja.

"He ido a muchos lugares por negocios y en ninguno de ellos pude relajarme como lo hago en esta playa contigo."

"Me sentí tan tranquilo en tu compañía en el velero que me recosté un rato en el camarote..."

"Y me dormí."

"Jamás imaginé que esa pequeña acción sería un enorme error."

Emily lo escuchaba incrédula.

Acaso Él se había inyectado suero de la verdad?

Edward estaba siendo sincero con ella?

Emily más recuperada habló.

"Edward, algunas veces eres bueno conmigo..."

"Otras veces me das miedo..."

"A veces siento que soy tu juguete."

"Otras siento que te preocupas por mi."

"Como ahora."

"Me defiendes, pero me amenazas."

"No puedo entenderte."

Las palabras de Emily lo hicieron sentir miserable.

Recordó que al principio la había usado para vengar a Lucy.

Había abusado de ella.

La había amenazado por los celos de verla feliz con otras personas.

Edward seguía sintiéndose triste, enojado y solo.

Pero con el pasar de los días y su convivencia con ella le había empezado a tomar cariño.

En sus horas más oscuras en esa habitación de hospital ella lo había acompañado en sus sueños.

De alguna manera, Emily se había adentrado en su piel tanto que ya no concibía la vida sin ella.

Aunque se resistiera a esa idea, en su corazón sabía que era cierto.

"Emily, lamento lo que te hice en un principio."

"La irá me cegó."

"Solo pensé que ustedes debían experimentar mi dolor en ese momento."

"Mi familia me obliga a casarme con alguien que no quiero por el bien de las empresas."

"La mayoría de personas se acercan a mi solo por intereses de negocios o dinero."

Edward pronunció estas palabras a la vez que una sonrisa triste apareció en su boca.

Que patéticas habían sonado esas palabras cuando Él las había pronunciado.

Pero eran ciertas.

Casi todo el mundo quería tener relación con Él para su beneficio.

Incapaz de quedarse más sintiendo lástima por Él, Edward se levantó.

Deslizó la puerta de cristal y salió al balcón a fumar.

Emily lo observó con cuidado.

"De verdad está siendo sincero conmigo?"

Pensó ella.

Ahora ella estaba triste pero por Él.

Pensaba que tenía una buena relación con Carl, su primo o con Shirley su prometida, pero ya le había dicho que no.

Emily sintió que su tristeza la abandonaba.

Al menos ahora ella se llevaba mejor con su hermana Flora.

Su padre le había dado algo de cariño después de adoptarla.

Ryan ahora era su amigo y novio de su hermana.

Maggie era una buena amiga que siempre la ayudaba.

Emily se sentó en la cama y miró a la ventana ligeramente abierta.

El ligero humo de cigarro entraba en la habitación.

Ambos eran almas solitarias y algo torturadas.

"Si no le importaría no me hubiera defendido de esos bastardos que iban a dañarme..."

Ella recordaba que le había quitado de encima a Dorian, al chico que la acosó y al otro idiota que quiso llevarla a rastras fuera del hotel.

Ojalá siempre fuera Edward así de bueno con ella.

Edward escuchó la puerta deslizarse. Emily apareció a su lado.

"Sabes que fumar es muy dañino para la salud?"

"Puede darte cáncer."

Emily habló mirando a la playa.

Por pura coincidencia, en ese momento unos novios salieron a la playa.

Detrás de ellos iban otras personas con cámaras y reflectores.

"Una boda?"

Preguntó Emily

"Que romántico!"

Exclamó emocionada.

Edward la abrazó por detrás.

Ambos observaron como los novios posaban y los fotografiában.

Emily se imaginó a ella misma vestida de novia.

Su boda y luna de miel soñadas también serían en la playa.

Edward sintio que Emily estaba más animada.

Observó que ella contemplaba con vivacidad a los novios.

Edward también tenía sus planes de boda, pero trató de no pensar en eso por ahora.

"Emily, desde este momento tu decidirás que haremos."

"Aún tenemos 3 días en la playa."

"Si quieres me iré a otra habitación para que tú te sientas más tranquila."

A Emily le sorprendieron las palabras de Edward.

De verdad ella podía elegir a dónde ir o que hacer?

Le gustaría estar sola en esa enorme habitación?

Emily miró fijamente a sus hermosos ojos.

Trataba de descubrir algún rastro de mentira en su rostro.

Solo pudo verlo sonreír sinceramente.

Su cabello algo mojado, estaba desordenado, los rayos de sol se proyectaban en Edward haciendolo lucir radiante.

Los ojos de Edward la miraban con ternura.

Sus manos aún acariciaban sus hombros.

Edward miró los chupetones morados en su tersa piel.

Decidió no dejarle más esas marcas que se veían dolorosas.

"Te duelen?"

Preguntó Edward pasando sus dedos por la hilera de chupetones.

Emily se estremeció ante su toque.

"No duelen."

"Solo se aprecian mucho debido a que son morados y rojos."

Comentó Emily apenada.

Solo dolían cuando Edward se los hacía.

Pero era más el placer que sentía en esos momentos con Él, que ella casi no notaba cuando su boca dejaba esas marcas.

"Ya no te los haré más, ya no te lastimaré más."

Declaró Edward muy seguro.

Los labios de Edward besaron suavemente los labios de Emily.

El corazón de Emily comenzó a latir aceleradamente.

Este beso no fue arrebatado, no le quitó el aliento, no fue apasionado.

Era como si un novio temeroso, besara a su novia por primera vez.

Emily suspiró aliviada abrazando a Edward.

Ambos necesitaban amor y cariño. ambos estaba ahí en ese momento.

Abajo los novios se besaban y daban por terminada la sesión de fotos.

Una voz en un altavoz se escuchó

Esto llamó la atención de todos los que estaba en la playa.

"Su atención por favor!"

"Los novios los invitan a ser testigos de su enlace está tarde a la 6 pm en este mismo lugar!"

"Podrán verlo desde sus habitaciones o en las sillas que estarán a su disposición en este lugar."

"Gracias a por su atención!"

"Podemos ir?"

Preguntó Emily tímida.

"Si."

"He dicho que tú decidirás que haremos en estos días que estemos aquí."

"Y no solo serán 3 días, podemos extenderlo a 5 días."

"Quiero estar contigo."

Edward abrazó a Emily.

Esa frase...esas palabras derritieron a Emily.

Pudo sentir amor y preocupación por ella.

Emily lo alejó un poco.

Ella lo besó con amor.

Unas lágrimas de felicidad cayeron de los ojos de la chica.

El vacío que sentía dentro de ella se llenó de felicidad.

Edward las limpió con sus pulgares.

"No llores más Emily."

"Me duelen tus lágrimas."

"Todavian te sientes muy triste?"

Preocupado por ella habló.

"No, ya no Edward."

"Lamento haber arruinado tu ida a esa isla."

Respondió Emily mirandolo a los ojos.

Tomó con sus manos las grandes manos de Edward.

Le gustaba sentir sus grandes manos en su rostro.

"Aún podemos ir si quieres, la reservación solo para nosotros está abierta hasta mañana por la noche."

Confirmó Edward.

"Sus ojos ya no se ven tan vacíos, al parecer de encuebtra mejor."

Pensó Él.

Entrelazando sus dedos con los pequeños dedos de Emily, Edward preguntó.

"Quieres que nos quedemos aquí hoy?"

Un segundo después Edward frunció el ceño llevándose las manos al estómago.

Una fuerte punzada lo sorprendió, por lo que tuvo que sentarse en la silla del balcón.

"Edward...que pasa?"

"Sientes dolor?"

Edward cerró los ojos.

Comenzó a respirar profundamente para tratar de aliviar su dolor.

Emily lo miró extrañada.

Lo había escuchado quejarse de dolor pero no lo había visto así nunca.

Ella entró a la habitación para llamar a servicios del hotel.

"Señorita, un doctor podría venir a la suite del señor Situ por favor?"

"En la cocina tienen hierbas contra el dolor de estómago?"

"Si, que se de prisa el doctor."

"Que preparen un té con las hierbas que le mencioné antes por favor y lo traigan a toda prisa."

"Gracias!"

Edward la escuchó hablar por teléfono.

Se sintió conmovido.

Ahora ella lo estaba cuidando a Él.

"Edward, puedes caminar hasta la cama?"

Preguntó Emily.

"Si, ya no me duele tanto."

Edward intentó incorporarse.

Y el agudo dolor volvió a aparecer.

"Hum..."

Se quejó Edward.

Emily también frunció el ceño preocupada.

Con calma, ambos llegaron a la cama donde Edward se recostó.

El celular de Emily comenzó a sonar.

Sonó y sonó pero Emily no contestó.

Edward la tenía abrazada y ambos escuchaban el tono.

"Coreano...te gusta el K-pop?"

Preguntó Edward.

"Si, como sabes que es coreano?"

Preguntó ella.

"Tuve que aprender varios idiomas por negocios."

"Los negocios con coreanos son muy lucrativos."

Expresó Edward.

Él repitió algunas de frases de la canción.

"Entiendes lo que dice?"

Cuestionó Edward a Emily.

"Solo ví la traducción en un vídeo y me la aprendí de memoria...es mi canción favorita."

Unos toquidos en la puerta los interrumpieron.

Emily se levantó a abrir.

Edward se sentó en la cama recargandose en la cabecera.

Después de saludarlos, el doctor comenzó a revisar a Edward.

Emily recibía los tés que había ordenado.

Ella preguntó si habían usado las hierbas que había solicitado.

Su celular volvió a sonar, por lo que ella contestó.

"Emily!"

"Estás bien?"

"Porque no me contestas?"

"A qué hora llegarás?"

"Que clase de emergencia tiene tu empresa para ser tan mezquinos y pedirte que regreses tan pronto."

Edward incluso pudo oír a Maggie gritarle por el celular a Emily.

Maggie había estado muy preocupada por ella desde que le había hablado hace unas horas atrás.

Maggie paseaba por su oficina retorciéndose las manos de desesperación.

"Maggie, discúlpame."

"Hablé a la empresa y me dijeron que ya había solucionado el problema."

"Todo fue un error."

Contestó con voz baja Emily.

"Que?"

"Y eso es todo?"

Maggie gritó.

Ella intentó tranquilizarse pues ya escuchaba mejor a Emily por celular.

"Emily, de verdad estás bien?"

"Alguien te molestó o hizo daño?"

"Sabes que puedes contarme todo."

Maggie usó su tono suplicante.

"Maggie, de verdad lamento haberte asustado."

"Yo también me asusté mucho."

Emily salió al balcón.

El doctor seguía revisando a Edward.

"Maggie, en verdad estoy bien."

"Regresaré en 5 días y te contaré todo."

"Perdóname por haberte preocupado."

Emily tranquilizó a Maggie.

"De acuerdo."

"Si necesitas algo llámame Emily."

"Te quiero."

Respondió resignadamente Maggie.

"Yo también te quiero Maggie."

Emily colgó.

Ella entró de nuevo a la habitación.

El doctor había terminado su revisión.

Le prescribió a Edward algunas medicinas que podría comprar en la farmacia del pueblo.

Le dió una pastilla para el dolor y se retiró de la habitación.

Emily le dió el té a Edward, quien lo tomó con pequeños sorbos.

"Te sientes mejor?"

Preguntó ella.

"Si."

"Vamos al pueblo por tus medicinas."

"Después podremos regresar a comer algo e ir a la boda está bien?"

Pidió Emily.

"Lo que tú quieras."

Edward contestó incorporándose con cuidado.

Emily lo detuvo poniéndole una mano en su pecho.

"De verdad te irías a otra suite y me dejarías está solo para mí?"

Ella lo cuestionó.

"Si..."

"Quieres que hoy me mude?"

Preguntó Edward decepcionado.

"No, quiero que estés conmigo."

Emily sonrió felizmente.

Edward la volvió a besar.

Su dolor comenzaba a desaparecer.

Las manitas de Emily tomaron la cara de Edward para seguir besándolo.

Ella ahora tomaba la iniciativa de nuevo.

El beso comenzó a calentarlos a ambos.

Ahogaban pequeños gemidos y suspiros al cambiar de posición sus bocas.

Edward se apartó un poco para susurrarle al oído.

"Tu también decidirás en esto..."

"Yo respetaré si tú no quieres."

Edward cambio de oído para continuar diciéndole.

"Disfruto mucho estar contigo en la cama..."

"Pero me gusta más cuando tú tomas la iniciativa."

"Tal como lo hiciste hace unos días."

Sus palabras más su aliento cálido en sus oídos hicieron que Emily se estremeciera completamente.

Su respiración se entrecortó un poco.

Ella sintió un calor gradual desde cierta parte que se extendió por todo su cuerpo.

"De verdad?"

Inquirió incrédula Emily.

"Si."

"Nos vamos ya?"

Fueron las palabras de Edward.

"De acuerdo."

Respondió Emily incapaz de creerle.

Todo el trayecto al pueblo sus manos se entrelazaron.

Edward la ayudó a bajar como un caballero.

Incluso le preguntó si quería regresar o pasear por el pueblo.

Emily volvió a estar feliz y relajada.

Unos niños se acercaron a ellos corriendo con flores blancas.

"Señor, señor, comprele flores a su novia!"

Dijeron a coro.

Emily soltó una risita.

"A cómo son tus flores pequeño?"

Preguntó Edward sin perder la paciencia.

"Te daré precio especial si compras tres."

Respondió el niño.

"Vaya, una oferta que no puedo resistir."

"De acuerdo, quiero tres flores."

Emily observó divertida todo.

Finalizada la transacción, los niños corriendo hacia otros turistas.

"Son muy bellas, gracias."

Agradeció Emily.

"No son tan bellas como tú."

Comentó Edward.

Él volvió a entrelazar sus dedos con los de ella.

Los caminaron sonriendo por el pueblo.

El hotel estaba lleno de gente, flores, luces y regalos.

Edward y Emily habían comprado un pequeño obsequio para los novios, el cual dejaron junto con los demás.

Al entrar al hotel solo se escuchaba a las personas hablar y reír.

Todos estaban ansiosos por ver la boda.

"Quieres ver la boda en la playa o desde nuestra habitación?"

Preguntó Edward.

"Desde nuestra habitación."

"No quiero estar con tanta gente."

Pidió Emily.

"De acuerdo."

Aún tenían tiempo.

Emily quería caminar por la playa mientras el sol comenzaba a ponerse y las aves surcaban los cielos.

De vez en cuando, Emily se agachaba para ver los pequeños orificios que se veían en la arena cuando el mar retrocedía.

Soltó de la mano a Edward y recogió una concha de mar.

El mar le acarició los pies y ella sonrió.

Edward la contemplaba embelesado.

Que diferente podía ser ella.

Ahora resplandecía como el sol.

Edward se sentó un momento en la silla de playa para tomarle fotos con su celular.

Bañada por el sol Emily reía y jugaba con las olas del mar.

Se acercó a ella para pedirle que se tomaran selfies.

Ambos posaron para las fotos sonriendo y besandose.

Todos los que los veían creian que eran un par de novios muy dulces.

Las personas comenzaron a acomodarse en sus sillas y la música de piano comenzó a sonar.

Poco a poco no hubo sillas disponibles.

Incluso en los botes cercanos las personas esperaban la boda.

La novia comenzó su recorrido por el alfombra de pétalos rojos ante la atenta mirada de todos.

Se veía radiante y sumamente feliz.

El novio junto con el padre la esperaban en un altar rodeado de hermosas y fragantes flores blancas.

El padre, comenzó a oficiar la ceremonia.

Edward y Emily observaban todo desde su privilegiado balcón.

Era como estar en el mejor palco del teatro.

Emily vió al novio quien sonreía en todo momento mirando a su novia con ojos llenos de amor.

Les colocaron micrófonos para que todos pudieran escucharlos.

Edward abrazaba por detrás a Emily pegandola a su cuerpo.

El padre llegó a la tan icónica frase.

"Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa para amarla, respetarla y honrarla, hasta que la muerte los separe?"

Edward volteó a Emily para que estuvieran frente a frente.

La tomó de las manos como si ellos fueran los novios que se casaban.

Edward susurró.

"Acepto."

El novio en el altar afirmó.

"Acepto."

Emily miraba asombrada y conmovida a Edward.

Fue el turno de la novia.

"Y tú?"

"Aceptas a este hombre como tu legitimo esposo para honrarlo y respetarlo, hasta que la muerte los separé?"

Emily mirando a Edward con algunas lágrimas dijo.

"Acepto."

La novia súper feliz en el altar dijo casi gritando.

"Acepto."

"Puedes besar a la novia."

El novio alzó el velo a la novia.

Puso sus manos alrededor de su rostro para después besarla.

Cuando terminó el beso se escuchó un "te amo."

Arriba, Edward y Emily se besaban con amor.

Muchas mujeres suspiraron, al ver a los novios besarse.

Todos aplaudieron y silbaron a los recién casados.

Unos sonidos se escucharon mientras los fuegos artificiales iluminaron el cielo que estaba terminando de oscurecer.

En el balcón de esa suite, los fuegos artificiales iluminaban a una pareja que se besaba ardientemente.

Un sonido salió de los labios de Edward, pero Emily no lo escuchó bien.

Ella admiró a Edward con amor.

Edward volvió a repetir lo que había susurrado antes.

"Te amo."

****By Liliana Situ***

Valoro mucho tu opinión.