El Prohibido Amor de un CEO La gran abuela

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El Prohibido Amor de un CEO novela La gran abuela de Liliana Situ

En El Prohibido Amor de un CEO novela La gran abuela autor Liliana Situ los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a El Prohibido Amor de un CEO Liliana Situ La gran abuela en readerexp.com

Sentado al lado de Carl, el auto de lujo de los jóvenes Situ llegó rápidamente a una residencia exclusiva dónde la sofisticación, elegancia y naturaleza convivían juntos.

Descendiendo del auto, Thomas, el mayordomo les dió la bienvenida a ambos jóvenes maestros.

Cortesmente los guío hasta la sala donde una mujer elegante estaba sentada mientras bebía un aromático té.

"Abuela, buenas noches."

Edward y Carl dijeron respetuosamente a coro haciendo una reverencia.

Acto seguido se sentaron en el sillón frente a ella.

"Vengan acá y denle un abrazo a su abuela par de mocosos."

Ordenó de forma maternal la abuela Aline Situ quien es la matriarca de la Familia Situ.

La abuela Aline Situ es una mujer en la flor de sus bien vividos cincuenta años, pero que más bien parece no tener más de cuarenta años.

De cabello color chocolate muy claro, brillante, largo e impecablemente arreglado en todo momento del día.

Su tez blanca casi sin arrugas, los labios rosados, pómulos perfectos, hermosa nariz pequeña y respingada junto con sus ojos avellana, hacen de la abuela Aline Situ una belleza clásica.

Pero sus ojos avellana...

Son tan penetrantes que sientes que ella ya conoce todos y cada uno de tus sucios secretos cuando te taladra con ellos.

Su cuerpo es delgado, joven, todavía con curvas y atlético.

Pero, debido al paso de los años y algunas dolencias que la había aquejado, se había menguado un poco la movilidad de la abuela, por lo cual ella usaba un bastón para apoyarse.

Aunque también lo usaba como arma para corregir a su gente y en especial a sus nietos.

Vestida siempre a la ultima moda, con accesorios nunca ostentosos ni llamativos, la pequeña abuela Situ es la perfecta armonia entre clase, belleza refinada y poder femenino.

Amorosa a su modo, la abuela Alien Situ posee los modales de los aristócratas de antaño.

Y se siente muy orgullosa de ella misma y de toda su familia.

Exceptuando a cierto patán despreciable que había embaucado a su única pobre hija para poder casarse con ella aún en contra de la voluntad de toda la familia Situ.

Pero el mayor orgullo de la abuela Aline es el par de nietos guapos, inteligentes, testarudos, tercos e impulsivos tal como fueron ella y su finado esposo.

Con un fuerte abrazo y un beso en las mejillas de sus nietos, la abuela miró ambos detenidamente.

Después de un momento se volvió a sentar con elegancia innata y les pidió a sus nietos que tomarán asiento.

El mayordomo se acercó y les sirvió a los jóvenes el mismo aromático té que estaba bebiendo la señora Aline.

Sin preambulos, la abuela Situ preguntó.

"Dime Edward, te divertiste en tu cruzada para humillar a la familia Mu y en especial aprovecharte de esa jovencita?"

Edward quien estaba recibiendo el té de manos del mayordomo casi lo deja caer cuando escuchó la pregunta de su abuela.

Se suponía que la abuela Aline estaba en su villa, en Dinamarca, cuando Edward había trazado y ejecutado su plan contra los Mu.

Cómo se pudo haber enterado ella?

"Contesta a tu abuela muchacho."

Demandó enérgicamente la abuela Situ.

"Abuela tu..."

"Cómo lo sabes?"

Cuestiono Edward asombrado.

"Ellos mataron a Lucy abuela!"

Edward exclamó con evidente rencor en su tono de voz.

"Merecían todos y cada uno de los miembros de esa maldita familia pagar por la muerte de Lucy."

"No fue humillación injustificada abuela, fue solo para vengar a mi amada Lucy."

Ni buen Edward terminó sus palabras la abuela Situ golpeó el piso con su bastón con mucha fuerza.

Ese inesperado sonido hizo que tanto Edward, Carl, incluso Thomas, el mayordomo, brincaron del susto.

Todos voltearon a verla con asombro.

"No me mientas Edward Situ!"

Exclamó molesta la abuela.

"Yo también pude ver las vergonzosas noticias dónde abandonaste a esa pobre chica en esa habitación!"

"Estoy segura de que tú la llevaste a ese lugar con algún engañó."

"Y después de cometer tu bajeza, la dejaste a merced de los periodistas."

Sentenció la abuela con voz enfadada.

"Una joven chica que, después de que investigue un poco y pedí a mi gente que hicieran algunas averiguaciones..."

La abuela tenía los ojos fijos con tanta fuerza sobre Edward que el heredero Situ se sentía clavado en el sillón frente a ella sin poder moverse.

"Ella jamás había tenido nada que ver contigo.

"Y mucho menos conocía ni había tratado a tu Lucy..."

"Esa inocente chica no te había hecho ningún mal ni a la joven Rotten."

La abuela dejó de taladrar con sus ojos a su tonto nieto para darle un sorbo a su insípido té.

"Estoy segura de que la drogaste y la usaste para tus fines malvados y deshonrosos."

La abuela siguió hablando, pues nadie interrumpía a la matriarca de los Situ.

"Mientras que a tú supuesta y aclamada "prometida" Flora y su madre, casi las perdonaste."

Las palabras de la abuela Situ estaban tan cargadas de verdad que parecía que ella había estado al lado de Edward todo ese tiempo.

"Dime mocoso, con tu jueguito de estúpidas venganzas infantiles, lograste devolverle la vida Lucy?"

Carl miraba conmocionado a la abuela!

Después a su primo, Edward.

Carl no se atrevía a emitir ni una sola palabra ni moverse mucho.

La abuela Aline Situ cuando estaba enojada era severa, dura e intransigente.

No sería la Matriarca de la familia Situ si no fuera de esta manera.

"Abuela Situ."

Edward por fin recuperó su voz...

"Se que no estuvieron bien mis acciones pero estaba muy enojado en verdad."

"No pensaba correctamente en ese entonces."

Intentó justificarse Edward.

"Solo quería desquitarme con alguien perdóname."

Después de explicarse como niño pequeño, Edward bajó la mirada sumisamente.

NUNCA podría ganarle a su abuela.

"Sabías que haz dejado una mancha en el distinguido apellido Situ mocoso?"

"Tus reprochables acciones me han hecho sentirme terriblemente decepcionada de ti."

La abuela dejó la taza casi llena del té, pues ya no le apetecía en absoluto.

"Así como me decepcionó tu forma retrógrada de tratar un asunto sin resolver."

"Abuela, ellas cortaron los frenos del auto de Lucy."

Se defendió Edward.

"Tienes pruebas irrefutables sobre esa acusación, mocoso?"

"Testigos acaso?"

Inquirió la abuela dándole miradas inquisitorias a su terco nieto.

"No."

Respondió de mala gana Edward.

"Entonces son solo especulaciones tuyas, mocoso?"

La abuela cruzó con elegancia la pierna esperando la respuesta de Edward.

"Cuando recuperaron el auto de Lucy del fondo del río, me informaron que sus frenos habían sido cortados."

"Después averigüé que tanto Flora Mu como su madre, Lily Mu habían acosado a Lucy para que rompiera su compromiso conmigo."

Edward declaró con voz firme.

"Y Emily Mu que hizo contra Lucy o contra ti?"

La pregunta desarmó a Edward.

Tal vez Emily era la más inocente en todo ese asunto, pero en ese momento a Edward no le importaba nada.

Llevaba borracho más de una semana.

Quería ahogar sus penas en alcohol.

Quería engañarse, fingir que Lucy todavía estaba en el mundo de los vivos.

Quería perderse tanto que incluso llegó a desear la muerte también.

Quería que todos en esa despreciable familia sufrieran un poco del dolor que Él sintió desde el momento en que tuvo que separarse de su amada...

Pero un día en que Edward salía con su chófer hacía un exclusivo bar, de pura casualidad divisó a Emily cuando la jovencita salia del trabajo.

Averiguó que Emily estaba trabajando en esa diminuta empresa de entregas.

Una tarde ordeno a su gente que la secuestraran y la llevaran en estado inconsciente a esa habitación privada donde la encontró por la noche.

Pero Emily solo había sido drogada un poco con afrodisíaco, por lo que despertó cuándo Edward llegó...

Lo que pasó después no estaba planeado.

Pero fue sumamente placentero para Edward.

Aunque no lo admitiría en voz alta, ni con la más terrible de las torturas.

Una sonrisa burlona apareció en los labios de Carl que disimuló muy bien mientras bebía un poco de té.

El primo de Edward no era tonto, aunque a veces parecía demasiado ingenuo e inocente para ser un Situ.

Carl ya había visto por el mismo la "atracción" y "celos" que su primo Edward sentía por esa niña llamada Emily Mu.

Y entendía a la perfección lo que su abuela decía.

"Abuela, me disculpo por mis acciones, no volveré a actuar de forma tan impulsiva."

Suplicó por perdón Edward, pero no estaba nada arrepentido por sus acciones.

"No deberías disculparte conmigo solamente muchacho tonto."

Comentó la abuela Aline mientras se levantaba para sentarse más cerca de Edward.

"Tú sabías perfectamente que Lucy no era de mi agrado."

Las pequeñas y delicadas manos de la abuela Situ tomaron las grandes y cálidas manos de su nieto.

"Aunque tú insististe en comprometerte con ella a pesar de mi rechazo."

"No me alegra la muerte de Lucy Rotten."

"Mucho menos me gustó la forma en que como manejaste esa perdida después."

"Tampoco me agrado como te desquitaste contra esa familia, que no era ni tan poderosa ni adinerada como lo somos los Situ."

Edward se sentía como un pequeño niño regañado en ese momento.

Su abuela siempre había sido firme con los tres herederos Situ, pero con Edward siempre había sido más exigente.

"Sin embargo, lo que hiciste hecho hecho está y no podemos cambiar el pasado."

"Solo superarlo y seguir adelante."

La abuela acarició con amor la mejilla suave de su nieto.

La sonrisa de la abuela le comunicó, son palabras a Edward que ella ya no estaba tan molesta con Él.

Y que la abuela lo amaba demasiado.

"Carl me contó que esa chica llamada Emily Mu trabaja para ti en la empresa diminuta que acabas de comprar."

"En esa empresa en la que tú te pasas los días, descuidando las empresas transnacionales de la familia."

La abuela tenía está corazonada con su nieto y esa jovencita.

"Te haz enamorado de esa jovencita de la familia Mu?"

"O aún sigues fastidiandole la vida?"

Cuestionó la abuela más divertida que molesta.

"Claro que no me he enamorado de ella Abuela."

Respondió Edward de inmediato.

Se levantó de su asiento sumamente molesto para darle la espalda a la abuela Situ.

Carl seguía observando la escena tapándose la boca on su mano para no reírse a carcajada limpia.

Edward le dirigió una mirada enfadada.

Carl bajó la mirada contrariado.

La exagerada reacción y declaración de Edward le indicó a la abuela que ella estaba en lo correcto.

Pensó que tal vez...

"Bien ya que hemos aclarado este asunto, he decidido ayudarte con el tema romántico, Edward."

"Pues ya he comprobado que no tienes la suficiente experiencia para elegir una joven hermosa y decente."

Edward escuchó las palabras de la abuela con los ojos abiertos por el asombro.

Ahora, su abuela, ella, se encargaría de buscarle prometida?

"Tu necesitas desposar a una joven refinada, bella, educada, culta, inteligente y sobretodo adecuada para nuestra familia."

La abuela declaró haciendo énfasis en las palabras educada y decente...

"Por lo que me encargaré de concertarte citas con las hijas de familias amigas mías para que elijas a mi futura nieta."

La abuela se levantó luciendo imponente.

"Ya que quiero bisnietos lo antes posible."

Está vez Carl no pudo ahogar la risita burlona, por lo que la abuela Situ comentó.

"Lo mismo es para ti Carl."

"Quiero bisnietos de mis queridos nietos lo antes posible, me escucharon par de mocosos?"

La noticia les cayó como balde de agua fría a ambos hombres que se quedaron sin habla.

"Elizabeth llega la semana que viene pues ya termina sus estudios en el extranjero."

La abuela recibió de manos de Thomas la tablet con el calendario de la abuela.

"Organizaré una fiesta de bienvenida para ella, a la que tu horrible padre no está invitado Edward."

Declaró la abuela con desdén.

"Quiero que ambos asistan a esa fiesta con una pareja.

"Y quiero que sea una chica hermosa, adecuada para que me la presenten."

"Pueden retirarse ya mis nietos o pueden quedarse a cenar conmigo."

La abuela firmó algo en la tablet y dela devolvió a Thomas.

"Y así podrían pasar la noche platicando y acompañando a su querida abuela."

"Lo cual me agradaría bastante ya que me haría sentir muy contenta por tener tan buenos nietos."

"Que opinan ustedes?"

La petición de la abuela sonaba que nos tenían la opción de retirarse, algo que Edward en verdad quería.

Pero ambos sabían que detrás de las amables palabras de la abuela había una una orden implícita.

La de pasar tiempo con la matriarca Situ.

"Abuela nos quedaremos a cenar y hacerte compañía hasta mañana."

Ambos dijeron en voz baja y sumisa.

"Excelente mis nietos!"

La abuela exclamó feliz.

"Pasemos al comedor para cenar ya."

La abuela Aline comenzó a caminar despacio apoyada en el bastón, hacia el comedor.

Pero tanto Edward como Carl le.ofrwcieron sus brazos para que caminara, por lo que llegaron más rápido de lo que esperaban.

Con caballerosidad, Edward sentó a la abuela en la silla para que la cena diera comienzo.

Y en verdad fue una cena divertida, alegre y deliciosa.

En la cena, la abuela Aline estudió las caras y reacciones de sus nietos, tan diferentes entre ellos.

Edward era un tempano de hielo y su inexpresiva cara era difícil de descrifrar muchas veces.

Pero ese había sido su temperamento casi toda su vida.

Carl por otro lado se mostró amable y encantador durante toda la cena.

"Tan diferentes como sus madres."

Pensó para si misma la abuela Aline.

Gracias a sus investigadores, la abuela Aline había podido averiguar todo lo que Edward hizo, antes y después de la muerte de Lucy.

Y aunque no le caía para nada bien la joven Rotten, la abuela Situ no quería ver sufrir a ninguno de sus nietos.

Y mucho menos que ellos se vieran involucrados en escándalos.

La abuela Situ no había aprobado la forma de actuar de Edward con respecto a la familia Mu pero ya lo había hecho.

Lo que quedaba era ofrecer algún remedio a la familia afectada.

Edward miéntras tanto reflexionaba sorprendido por la capacidad de su abuela.

Parecía vieja pero era más inteligente y capaz de lo que Él suponía.

"Tendré que ser más cuidadoso en el futuro."

Edward reflexionó.

Cuándo la cena estaba ya por terminar, la imágen de cierta delgada mujer y sus deliciosos labios aparecieron en su cabeza cuando sirvieron el postre.

Era una exquisita crema helada de fresas.

"Edward, no sabía que te gustarán los postres..."

"Por la tarde, tú no probaste ninguno de ellos en la empresa."

Carl expreso con algo de sarcasmo.

"No me gustan los postres, lo sabesx al igual que la abuela."

"Pero este pastel de fresas atrajo mi atención."

"Tal vez me han comenzado a gustar las fresas."

Edward habló con indiferencia.

El heredero Situ tenía en su plato un pedazo de pastel y sirvió a su abuela un pedazo tambien.

Carl degustó un exquisito postre de vainillas.

Pero miraba de reojo a su primo, pues creí comprender el porque le gustaba, de pronto, las fresas.

Emily había comido postre de fresas por la tarde..

Antes de que se retiraran, la abuela Situ sentenció a sus nietos.

"Concertare las citas a partir de mañana."

"Ninguno de los dos tiene permitido faltar a las citas o llegar tarde."

La abuela Situ observó como Edward torció un poco la boca ante sus palabras.

"En especial tú, mocoso."

"Tienes PROHIBIDO faltar a las citas que organice."

"Regresen con bien a sus departamentos niños."

Los autos de sus nietos salieron raudos de la villa Situ.

La abuela se dirigió a su habitación a descansar.

Con el cepillo para su hermoso cabello en la mano, la abuela comenzó a recibir las confirmaciones de las citas en su celular.

Las chicas eran de buenas familias, adineradas como la familia Situ, incluso recibió algunas solicitudes de familias nobles en Dinamarca.

La abuela sonrió al pensar que muy pronto escucharía en su villa las pequeñas pisadas de sus pequeños bisnietos.

Después de terminar con su rutina de belleza, la hermosa abuela Situ elevó sus plegarias por sus hijas y esposo.

Las fotos de unas hermosas jóvenes riendo llevando a unos pequeños niños de la mano siempre provocaban que algunas lágrimas de tristeza se deslizaran por las mejillas de la abuela.

Recostada en su suave cama, mil y un pensamientos sobre sus nietos se formaban en la mente de la abuela Situ.

Ella tenía que cuidar el buen apellido Situ.

Edward permanecía frente al enorme ventanal de su exclusivo departamento.

La ciudad estaba completamente en calma, ninguna persona de atrevía a caminar por las oscuras y frías calles.

Y ningún auto se deslizaba silenciosamente en esa madrugada.

Con un whisky en la mano y su puro en la otra, Edward reflexionaba acerca de su abuela.

"Me parece que ella sabe más de lo que realmente dice..."

En verdad que su abuela siempre había sido demasiado lista.

Poseía un sexto sentido tan agudo y preciso, que muchas veces Edward llegó a pensar que tenía conocimientos de adivinación.

Carl mientras tanto llegó a la villa que había comprado recientemente en esa ciudad.

Y la cual, ahora no estaba vacía.

Por la mañana la abuela envío a sus nietos sus citas para ese mismo con dos jóvenes lindas de diferentes familias de la ciudad.

Y tuvo el disgusto de enterarse de que solamente Carl había asistido a la cita.

La cita de Edward lo había esperado más de dos horas en el restaurante antes de retirarse a su villa sintoendose sumamente deprimida.

"Mocoso tonto!"

"Cómo puedes desobedecerme después de que te deje bien claro que NO tenías permitido faltar a tus citas?"

Por celular la abuela Situ regañaba a su desobediente nieto.

"No me importan tus juntas de último momento Edward Situ!"

"Haras lo que tú abuela dice y manda sin replicar y de modo niño!"

"No quiero otra queja tuya de parte de las chicas!"

"Y serás encantador y caballeroso, escuchaste mocoso?"

"Yo también te quiero niño."

"Cuídate por favor niño terco."

Por mucho que quisiera asesinarlo con sus manos, la abuela Aline amaba demasiado a su nieto.

En verdad se parecía tanto a su amado esposo.

Guapísimos y tercos los dos.

"Hombres, todos son iguales."

Susurró la abuela antes de dar un sorbo a su insípido té..

****By Liliana Situ****

Valoro mucho tu opinión.