El Prohibido Amor de un CEO Primer Acto

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La novela El Prohibido Amor de un CEO Primer Acto es muy buena. En Primer Acto, no podía dejar de leer. He leído bastantes historias de Liliana Situ , pero con el libro El Prohibido Amor de un CEO, todavía tiene mucho regusto por sí mismo. La belleza de la historia Liliana Situ es que, por dolorosa y angustiosa que sea, sigue atrayendo a personas que no pueden darse por vencidas. No es una fantasía color de rosa, que una niña Cenicienta se enamore de un príncipe en un caballo blanco, luego los dos se dan la mano y viven felices para siempre. Pero el amor es una cosa pequeña en un centenar de otras cosas en la vida. Lee la El Prohibido Amor de un CEO novela Primer Acto en readerexp.com

Un espectáculo de ópera se presentaría en el carnaval ese año.

Edward reservó dos boletos para que juntos fueran a verla.

Emily esperaba ansiosa, pues nunca antes había asistido a una función de opera.

De pronto un pensamiento preocupó a Emily.

Ella no sabía nada de opera ni como debía vestirse.

Afortunadamente, Edward consiguió una tienda de ropa formal para damas  dónde la niña pudo comprar un elegante vestido de noche.

Ambos caminaban de la mano entre las calles del pueblo.

Los dos admiraban las artesanías, las fachadas de los edificios, los adornos, los diferentes restaurantes y galerías que mostraban lo mejor de ellas.

Sentados en el malecón de un bello restaurante, el teléfono de Emily vibró.

Maggie le mandó un mensaje preguntándole si todo iba bien y si ella estaba bien.

Emily le contestó que ella estaba bien.

Que todo estaba bien.

Emily no quitó la vista de Edward quien tomaba su bebida despreocupadamente mientras las demás chicas del restaurant lo miraban embobadas.

Edward atraía mucho la atención por ser tan guapo.

Además tenía un aire elegante y refinado así vistiera playera informal, bermudas y sandalias de hombre.

De repente ella se dió cuenta de que también lo están viendo embobada y desvío la mirada hacia la pantalla de su celular.

Emily envío una foto del lugar donde estaba ahora, Maggie contestó  que tenía algo de envidia.

Un mensaje después entristeció a Emily.

Maggie había terminado con su novio.

"Edward, debo usar al baño, regresaré pronto."

Comentó la niña levantándose de su asiento.

"Está bien Emily, aquí te espero."

Edward contestó quitándose los lentes oscuros.

Un ligero suspiró se escuchó en el ambiente del lugar.

Emily se sintió de repente orgullosa de poder estar al lado de Edward.

Emily entró en el baño y rápidamente marcó el número de Maggie.

"Maggie, que sucedió ?"

"Estás bien?"

Preguntó Emily afligida por ella.

"Emily..."

"Perdona, no quieres arruinarte tu día de vacaciones pero..."

Contestó Maggie entre sollozos.

"Emily, Brian se puso demasiado celoso y posesivo debido al pintor  James."

"Discutimos y peleamos fuertemente."

"Emily, no le digas a nadie por favor, pero."

Maggie emitió un sollozó lastimoso.

"Brian intentó golpearme."

Emily dijo un fuerte "oohhh!" por la impresión.

Brian, el ex novio de Maggie parecía tan lindo con ella.

Dorian también había parecido así.

"Maggie, pero te golpeó?"

Preguntó aterrada Emily.

"Afortunadamente no, James lo mando al hospital."

"Emily, James estaba conmigo ese día."

Contestó Maggie.

"Maggie, estás saliendo con James?"

Preguntó Emily.

"No, Emily."

"James es un buen amigo, solamente."

"Aunque tal vez..."

Maggie echó a llorar.

Se escuchó un ruido seguido de una voz de hombre a lo lejos dijo.

"Maggie, llegué!"

"Maggie, no llores más..."

Comprendiendo que alguien había llegado a consolar a Maggie, Emily terminó la llamada.

"Maggie, debo irme, prometo llamarte después."

"Cuídate, te quiero."

Ambas colgaron y ella reflexionó.

"Sería James el que entró en el departamento?

Edward esperó hasta que Emily desapareciera en el restaurante y marcó un número.

"Cómo va todo?"

Cuestionó por celular.

"Estamos al 89% de operación, tenemos más pedidos."

"Los químicos perdidos?"

Edward tenía fija ma mirada en la puerta del baño de damas mientras ese hablaba.

"Tuve que volver a reescribir algunas formulas, las mejoré."

"Entre ellas los afrodisíacos y el suero de la verdad."

"Algo más?"

Preguntó Edward en voz baja.

"Paul se fue de vacaciones."

Maldita sea!

Paul se tomaba sus meses de "vacaciones" y dejaba el trabajo para después.

"Dile a John que lo rastree...en silencio."

"Quiero tomarlo desprevenido."

Ordenó Edward.

"Ok."

Contestó Daniel para después colgar.

Edward volteó a ver a la guapa y elegante chica que se iba.

Ella se sentó un momento y ambos intercambiaron tarjetas.

Con gracia ella se levantó y se fue.

Edward sonrió al verla marcharse.

Emily apareció mientras Edward pedía la cuenta.

El gerente salió personalmente y le dió una cesta de frutas y bocadillos para que disfrutarán.

Todo era cortesía de la casa.

"Wow! Cómprate esto?"

Cuestionó Emily maravillada.

"No, es un regalo para ti."

Respondió Edward.

"Ah!"

"Que lindo detalle!"

"Muchas gracias!"

Contestó emocionada Emily.

Cuando regresaron a la habitación de hotel, un vestido de gala blanco y un traje de tela ligera y fresca los esperaba colgados en bolsas de protección en el perchero.

Unos zapatos de tacón alto blancos hacían juego con el vestido.

"Pruebatelo, ya casi es hora de ir a la ópera."

Pidió Edward hacía la niña, mientras tomaba su traje y comenzaba a cambiarse.

Emily se dió una ducha rápida y se arregló lo mejor que pudo.

Edward la observó un momento, pero después comentó.

"Esto complementará tu atuendo."

De un cajón, sacó un juego de collar y pendientes hermosos.

Se los puso y sonrió encantado.

"Ahora sí, estás lista."

Emily se miró con atención en el espejo y su reflejo brilló.

No usaron el Jeep esa tarde.

Una limosina los recogió.

El teatro pequeño estaba decorado y tenía una alfombra roja en el pasillo.

Emily se sintió nerviosa un momento, pero Edward le dió su brazo y su seguridad la contagió.

Se acomodaron en el mejor palco y esperaron un poco a qué dieran la primera llamada.

Flora en el departamento de Ryan por fin pudo quitarse el collarín.

Estaba harta de usarlo y dormir tan incómoda.

"Por fin me libero de este maldito aparato de tortura medieval."

Dijo ella muy feliz y enojada a la vez.

"Pero era necesario Flora"

"como te sientes?"

Preguntó Ryan masajenadole un poco el cuello y los hombros.

"Mucho mejor sin eso."

"Ryan dime, tengo muchas cicatrices aún?"

Las cicatrices de su cuerpo fueron tratadas por los mejores médicos gracias a Ryan.

No se notaban casi nada ya.

"No se ven nada, ven déjame ponerte la pomada para desvanecerlas."

Ryan abrió el bote de pomada y comenzó a frotarse las manos para calentarselas.

Flora lo miró divertida tomó sus dos manos con las suyas.

Eran mucho más grandes y blancas.

"Y su mejor hacemos otra cosa más divertida?"

Comentó ella de forma coqueta.

No había podido tener contacto físico por el collarín y el tratamiento de sus cicatrices.

"De esa forma puedes revisar a conciencia si de verdad mis cicatrices no se notan..."

Una pequeña sonrisa juguetona se asomó en la esquina de la boca de Ryan al entender sus palabras.

"Pero..y si te vuelves a lastimar?"

Preguntó Ryan abrazandola suavemente.

"Puedes ser gentil, no crees?"

Rogó Flora.

"Lo intentaré."

"No ha sido fácil para mí soportar por tanto tiempo."

Comentó Ryan mientras comenzaba a desabrocharle los botones de su suave blusa.

Flora buscó la boca de Ryan y Él le respondió tomándola del cuello y nuca con ambas manos para no lastimarla con el beso.

Las manos de Flora a acariciaron el pecho de Ryan y comenzó a desabrocharle el cinturón.

Ryan la apartó al ver que ella no lograba quitárselo.

Con un movimiento cuidadoso, Ryan la recostó en la cama y comenzó a besarla en su cuello, bajó por sus hombros haciéndola suspirar y jadear.

Cuando le quitó el sujetador, Flora respiró de forma agitada.

Flora no quería moverse mucho pero después de mucho tiempo sin contacto físico, cada ligero roce se potenciaba en demasía.

Ryan observó su cuerpo con ropa interior todavía y no pudo distinguir ninguna cicatriz.

"Ya no se notan nada..."

Comentó Ryan deslizando sus dedos por la suave piel de Flora.

"Ahora veremos que tan bien está tu cuello."

Comentó Ryan mientras le besaba su vientre y le quitaba el pequeño trozo de tela que la cubría en su parte más íntima.

Flora jadeaba cuando lo vió colocar su cabeza entre sus piernas abiertas.

"Déjame revisarte a profundidad."

Ryan susurró antes de hundirse en los delicados pliegues rosas de Flora.

Flora retorció las sábanas con sus manos, alborotó el cabello de Ryan con sus dedos mientras sentía que llegaba a la gloria.

"Ryan!"

"Por dios...."

"hummm...si..."

Flora estalló en un orgasmo delicioso, pulsante y demasiado esperado.

Ryan se puso encima de ella.

"Ahora, señorita enferma."

"Permita que el doctor le tome la temperatura..."

Comentó Ryan divertido.

"Jajaja..."

"Ryan eres tan..."

"Tan....aaahhh..."

"mmmhhh...Ryan..."

"mmhh..."

Los jadeos y gemidos de ellos se entrelazaban como sus cuerpos.

El cuello de Flora estaba completamente recuperado.

Una y otra vez, Ryan embistió de forma suave dentro de Flora sin dejar de besarla.

Primero de forma suave y acompasada, pero después, lo hizo de forma dura, teniendo cuidado que de que Flora no se golpeara en la cabeza.

Ambos llegaron a un orgasmo conjunto, delicioso, sudoroso y vigorizante.

Sarah en su departamento no estaba para nada feliz observando la foto de estado de Ryan.

Una radiante Flora y un sonriente Ryan posaban muy juntos.

Ryan la había relegado a ella al recepcionista y ahora no tenía nada de contacto con ella.

De hecho había terminado con ella en una discusión épica en su oficina.

Pero aún iba a trabajar porque teníadinero que ganar.

Trabajando para Ryan o contra Él.

"Te llevo a casa Sarah?"

Preguntó un chico y ella asintió.

Para obtener lo que quería y dárselo a su empleador, ella tenía sexo con ese chico.

Él le pasaba los informes de la licitación próxima.

Lo que ella no sabía es que Ryan sabía de esto y le daba informes falsos al chico y había dejado a una empleada de confianza para que revisara los datos verdaderos de la licitación.

Ryan había averiguado las verdaderas intenciones de Sarah después de algún tiempo.

Ahora, el joven Niam planeaba darle una poco de su propia medicina.

Mientras manejaba el chico, Sarah lo tocaba sugestivamente.

Este chico disfrutaba de Sarah, quien era más experimentada y liberal.

Había aprendido mucho en la cama con ella.

Sarah por su parte gozaba de su energía y vigor que podía hacerla casi desmayar de placer.

"Sarah, me encantan estas reuniones contigo."

Aseveró el chico cuando llegaron a su departamento.

"Bueno niño, ahora dame lo que quiero y te daré lo que quieres, en ese orden."

Sarah habló coquetamente.

"De acuerdo."

El chico sacó de su portafolio unos papeles y los extendio hacía la chica quien los tomo con su mano.

"Así me gusta, obedientes."

Sarah besó en los labios al joven.

"Te mereces una recompensa."

Sarah comenzó a desabrocharle los botones de la camisa del joven mientras que lo conducía hacía la alcoba.

Ellos tendrían un momento de placer carnal excitante.

Durante la Ópera, Emily entendió poco de lo que hablaban o cantaban, pero le encantó los vestuarios, la escenografía, los actores, la trama.

Las luces  volvieron a encenderse mientras que por el sonido del teatro dieron la primera llamada.

"Es un receso para nosotros y los actores."

"Además de que cambian de escenarios."

Edward comentó hacía la niña, quien se veía confundida.

"Ahora regreso."

Edward se  levantando de su asiento y  salió del palco.

Su celular vibró con un mensaje y Él se dirigió a dónde lo esperaban.

La bella mujer del restaurant lo esperaba en el pasillo...

Emily se sintió aburrida sin Edward y decidió asomarse por el balcón.

Muchas personas conversaban entre ellas en voz baja.

Algunas de ellas reían.

"Estoy aburrida..."

"Cuánto más tardar en comenzar de nuevo la ópera?"

Se preguntó Emily suspirando.

"Segunda llamada, segunda."

Dijeron por el altavoz.

Emily quiso ir al baño y se levantó con cuidado de no caerse con por los tacones.

Cuando ella pasó por un cuarto cerrado se escucharon algunos ruidos de cosas cayendo y suspiros femeninos.

Ella no le dió importancia a esos ruidos y prosiguió su camino hacia  al baño.

Se retocó el maquillaje frente al espejo y regresó a su lugar.

Mientras Emily se tomaba una selfie en uno de los pilares del teatro, una mujer salió del cuarto.

Su vestido estaba de lado, su cabello alborotado y su labial algo corrido.

Emily adivinó lo que había pasado en ese cuarto y sin levantar la vista pasó frente a ella.

La chica sin vergüenza alguna, se dirigió al baño.

Ya había obtenido lo que quería y ahora solo esperaba la transferencia a su cuenta.

Edward ya estaba sentado en su silla y le dió la mano a Emily para que se sentara.

Ella le sonrió y las luces se apagaron para que la Ópera continuará.

"Te gustó?"Cuestionó Edward a Emily cuando regresaban al hotel para cenar.

"Si, muchísimo."

"Gracias por haberme invitado!"

Comentó feliz Emily mientras miraba por la ventana.

Al llegar al hotel, Edward se dirigió a la habitación y le pidió a ella que reservará una mesa privada en el restaurante.

Emily lo hizo y escuchó una conmoción en la recepción.

Una chica lloraba amargamente mientras que un chico la veía.

"Cómo pudiste?"

Gritó  chico muy enfadado y ofendido con ella.

"No se que pasó!"

"De verdad..créeme, por favor!"

Emily no quiso quedarse a ser uno más de los espectadores de este drama y regresó a la habitación con Edward.

Se quitó los tacones, pues a pesar de que eran hermosos, estaban asesinando a sus pies.

Emily quería cambiarse de vestido porque era demasiado formal y elegante para cenar.

Edward no estaba en la habitación.

"Edward?"

Emily buscó en toda la habitación.

Incluso en el balcón, pero Edward de verdad no estaba ahí.

"A dónde se habrá ido?"

Pensó ella mient as que  volvia a colgar el vestido impecable en su funda de plástico.

Dejó los zapatos  de tacón tal como los había encontrado.

Edward esperaba un auto negro en la esquina del hotel.

Cuando pasó, alguien bajó la ventana y le dió un sobre blanco.

Él lo guardó y regresó al hotel para dirigirse al restaurante.

Emily dejó con mucho cuidado el collar y los pendientes en la misma caja de dónde Edward los había sacado.

Ella se puso unos aretes de conchitas y un delicado collar de plata con un dije de pez.

"Lindo vestido, sandalias cómodas, peinado relajado, creo que me veo bien."

Emily aprobó el reflejo que el espejo le devolvía de ella misma.

Cuando se dió la vuelta para irse sin querer golpeó la cajita de las joyas y esta cayó al suelo.

Emily recogió todo y lo volvió a acomodar.

Algo sobresalía.

"Que es esto?"

La tarjeta dorada con un nombre de mujer y un número se asomó por un rincón de la caja.

Emily la volvió a acomodar y entonces pudo observar que en la tapa superior de observaba una gran "L"

Cerró la puerta y se dirigió a la mesa reservada.

Su celular sonó con su tono favorito.

"Dónde estás?"

Preguntó Edward.

"Perdona, hice la reservación y regresé a la habitación a cambiarme de ropa y zapatos..."

"Pensé que encontraría ahí..."

Emily habló pero su mente aún seguía pensando  en lo que había visto.

"Solo fui rápido a dejar algo."

"Baja, ya están sirviendo la cena."

Se podía escuchar el ruido de platos y personas donde Edward estaba.

"Bajaré enseguida."

Emily pronunció sus palabras sin mucho afán.

En el ascensor que tomó Emily, unas chicas hablaban.

"Puedes creerlo?"

"Ayer se casaron y ella ya lo engaño!"

Comentó asombrada la chica.

"Pero ella dijo que no fue ella sino alguien más."

Replicó la otra chica.

"Y nosotras como podemos saber si no los vimos?"

"Yo vi al novio completamente borracho en el bar esa noche..."

Comentó una de ellas.

"No te creo!"

"Pero ella asegura que tuvo su primera noche con su esposo!"

Asombrada la chica comentó.

"Pues solo que haya sido su doble porque el traje era el mismo..."

Las puertas del ascensor se abrieron y todas caminaron al restaurante.

Edward saludó a Emily con la mano y la ayudó a sentarse.

La cena fue muy pacífica y deliciosa.

Un animador tocó el piano para todos los comensales.

Cuando regresaban se oyeron pasos apresurados y gente corriendo por los pasillos del hotel.

"Que pasa?"

Preguntó asustada Emily.

"No sé, date prisa para que regresemos a la habitación."

Edward intuía algo, pero esperaba estar equivocado.

Caminaron rápido hacía la habitación, la cual cerraron con seguro.

Ambos se asomaron por el balcón y solo pudieron ver sombras moverse por los pasillos del hotel.

Después observaron que alguien arrojaba algo hacía la oscura arena.

El mar comenzó a agitarse, de pronto unos rayos en el horizonte destellaron.

El viento sopló con mas fuerza meciendo las palmeras.

"Entremos."

Edward alejó a Emily del balcón y cerró el ventanal con seguro.

"Cámbiate a pijama Emily."

"Es hora de dormir."

Pidió Edward con tono apremiante.

Emily bostezando vistió una playera sin mangas y otra bermuda para dormir.

Pero mientras se cambiaba por ropa para dormir, Emily meditó.

"Edward nunca quiere irse a dormir tan temprano."

"Eso es muy raro en Él."

Pensó ella.

"En verdad estoy cansado, pero si tú quieres..."

Edward sugirió.

"No Edward, también estoy cansada."

Emily movió de lado las sábanas para poder recostarse.

"Puedes abrazarme?"

Pidió la niña.

"Por supuesto, ven acá."

Edward se recostó al lado de Emily abrazándola.

Emily no tardó en dormirse.

Edward aprovechó para salir de la cama sin hacer ruido.

No quería despertar a Emily.

Edward se colocó sus sandalias y comprobó que Emily dormía aún.

Abrió y cerró con cuidado la puerta y salió de la habitación.

Emily abrió un ojo despacio y pudo observar cuando Edward cerraba la puerta.

Triste, Emily se sentó en la cama.

Se abrazó las piernas y unas lágrimas cayeron de sus ojos.

"Algo está tramando."

Emily tenía un mal presentimiento.

"Espero que no me haga más daño."

"Él lo prometió."

"Aunque..."

Emily se recostó de nuevo en la suave cama.

"Puedo siquiera confiar en Edward?"

Con estas incógnitas martillandole la mente, Emily se quedó profundamente dormida.

Una aterradora pesadilla más se gestaba en los intranquila de la niña.

En la vida real, algo más también se gestaba.

Esa noche, el hotel iba a ser mudo testigo de una experiencia más que quedaría guardada entre sus paredes.

Y sería algo de lo que se hablaría a puerta cerrada en ese hotel durante mucho tiempo después.

Pero por ahora, sigilosamente una sombra se movía buscando algo...

O a alguien, acechando es oscuridad de los rincones.

***By Liliana Situ***

Valoro mucho tu opinión.