El Prohibido Amor de un CEO Regresó

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Leer El Prohibido Amor de un CEO novela Regresó de Liliana Situ

En El Prohibido Amor de un CEO Regresó, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Regresó, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee El Prohibido Amor de un CEO Regresó del autor Liliana Situ en readerexp.com

Todo estaba en silencio mientras Paul se quitaba su saco y lo dejaba en su auto.

El hombre comenzó a arremangarse su camisa azul de vestir y se preparó para pelear con su contrincante.

Antes se hacía llamar Dragon Rojo, después muerte silenciosa, ahora era máscara de bronce...

Bajo cualquier nombre, ese día Paul mataría a ese hijo de puta que se había atrevido a matar a un BLACK.

Aunque no se podía ver ninguna de las reacciones en la cara, debajo de la máscara, ese hombre sonreía al ver a Paul con tanta determinación.

Siendo un hábil combatiente, Paul había practicado cuánta arte marcial conocía, siempre se mantenía en forma y en constante entrenamiento.

Aunque la única amenaza real que tuvo fue el último ataque furtivo donde acabaron con su laboratorio, Paul siempre dedicaba horas y horas a mejorar sus habilidades.

Este era el momento real de ponerlas a prueba.

Paul trataba de estudiar a su oponente lo mejor que podía bajo esa máscara sujeta a su cara.

Tan alto como él, delgado, voz grave y algo cavernosa por la máscara, elegantemente vestido al igual que él.

Pero no podía distinguir nada de sus facciones o reacciones por la máscara.

Los hombres de ambos seguían apuntando.

Máscara de bronce fue el primero en ordenarles que bajarán sus armas.

Paul no se confío y tras breves señas a su gente, varios francotiradores se posicionaron para protegerlo.

"Porque no te quitas tu máscara?"

"Peleo mejor si veo a mi enemigo a los ojos."

Gritó Paul quien terminaba de arremangarse, se quitaba los primeros botones de su camisa para estar más cómodo y respiraba para tranquilizarse.

"Y yo peleo mejor con la máscara, así que no hay necesidad Black Hawk..."

Respondió el hombre quien tiró al suelo su saco, se quitó el chaleco de vestir y le hizo señas para que se acercara.

Todos estaba ansiosos de ver pelear a sus respectivos jefes.

También esperaban la primera oportunidad para matar a los rivales.

Máscara de bronce volteó a ver a los cuerpos y caminó sin prisa hasta quedar a poca distancia de Paul.

"Pronto te unirás a ellos."

Aseveró máscara de bronce.

Después de eso, comenzó su certero ataque.

Los movimientos de ambos eran firmes, concisos, precisos, parecían ensayados y tenían una fuerza tremenda.

Máscara de bronce también era un luchador formidable, un poco más joven que Paul, forjado y entrenado con odio día tras día desde su niñez, curtido en el dolor.

Había soportado sesiones de entrenamiento de variadas artes marciales, fracturas, golpes y diverso dolor, por lo que se había entumecido a tal grado que parecía no tener ni alma ni corazón.

Solo vivía por la emoción que le brindaba ser el mejor en todo, su padre se había encargado de forjarlo así, duro, despiadado, sin emociones ni sentimentalismos...

Aún así dentro, en lo más profundo de su corazón, casi inexistente, una parte de amor por su alma gemela seguía latente.

Ahí la resguardaba, junto con el símbolo que los unía.

Ambos estaban destinados a grandes cosas juntos.

El polvo voló cuando Paul fue derribado al suelo por máscara.

"Ah!"

Exclamó Paul.

Con un ágil movimiento de sus piernas se levantó y contraatacó.

Más rápido, más fuerte, sus ataques eras más fieros y decididos.

"Bastardo."

Susurraba Paul quien trataba de quitarle la máscara.

Los puños de ambos intentaban impactar la cara, costado y abdomen del contrincante.

Algunos daban en el blanco, algunos dolían, pero la adrenalina los mantenía combatiendo más y más.

Ninguno parecía cansarse, Paul apreciaba también los retos y comenzó a pelear con la cabeza más fría.

Con un movimiento de Krav Magá, Paul pudo derribar a Máscara, se posicionó encima de él con sus rodillas.

Sin embargo con un movimiento que sorprendió a Paul lo derribó de nuevo y le puso el pie en la garganta.

Puñetazo a la corva interior de la rodilla y ambos rodaron por el suelo.

Ninguno quería perder.

Todos los hombres pensaban que está pelea era más emocionante que las que habían visto en películas.

Paul ya había recibido varios golpes de máscara y un ligero rastro de sangre se observa en la comisura de su boca cuando con sus brazos intenta ahorcar a Máscara.

Varios codazos a las costillas lograron que Paul lo soltara un poco y con la mano enorme extendida Máscara le dió un golpe tan fuerte a Paul debajo de su barbilla que hizo que cayera de costado y rodará un poco.

Paul jadeaba por aire con un rodilla en el suelo y limpiandose la sangre de su boca.

Máscara puso ambas manos en sus rodillas y lo veía fijamente y sonreía complacido debajo de su máscara.

Ambos eran extremadamente buenos en pelea y usaba todos los movimientos que conocían.

"No me equivoqué con ustedes.'

"Pronto retaré a otro Black, por mientras terminemos."

"Quiero seguir moliendote a golpes."

Comentó Máscara quien escupió un poco de sangre.

Las mangas de sus camisa estaba manchadas de sangre y algo rotas, de un costado parecía sangrar.

En posición de defensa ambos se volvieron a acercar y comenzaron a golpearse.

Un golpe en la cara sorprendió a máscara de bronce, pero no logró hacerle daño.

La máscara era de un material ligero pero duro a la vez, como un escudo moderno.

Un golpe impactó a Paul y el devolvió dos a Máscara.

Pronto se enredaron tan cerca que Paul sin importarle el dolor que sentía debido a que máscara lo estaba apretando por las costillas con ambos brazos, tomó la máscara de su cara.

Debía ver a su enemigo, debían verlo  sus hombres, para así vengarlo en caso de perder.

Un cabezazo de máscara hizo que Paul hiciera la cabeza hacia atrás y apretara más las manos para jalar la máscara.

"No lo conseguirás."

Aseveró Máscara.

Con otro poderoso cabezazo Paul comenzó a sangrar profundamente de la frente y cejas.

Sin aire casi, sus manos perdían fuerza y de tres puñetazos certeros en la cara, máscara derribó a Paul.

Paul lo veía desde el suelo.

Sin más, Paul se puso a reír.

En su vida había recibido una paliza así.

Siempre había sido él quien se  encargaba de darlas, pero este idiota ahora le daba la golpiza de su vida.

Un Bugatti Divo amarillo se detuvo con una agilidad sorprendente.

Sten salió del auto para encontrar en el suelo a Paul  y un hombre con una máscara extraña levantó un poco su cabeza para verlo.

Con una señal de su dedo, cinco miras laser le apuntaron al recién llegado.

Máscara se acercó a Paul que comenzaba a incorporarse con dolor para decirle.

"Fue un privilegio para ti haber peleado hoy contra mi."

"Pule tus técnicas antiguas anciano y no veremos en otra ocasión."

"Si me sigues iré por madre."

"Se dónde la tienes escondida."

"Vamonos!"

Ordenó Mascara subiéndose a una moto de lujo.

Todos sus hombres regresaron a sus autos y se alejaron lo más rápido que pudieron.

Sten se acercó a Paul y lo ayudó a levantarse.

"Que los hombres levanten los cuerpos de John y su familia."

"Hay que darles sepultura."

"Ya averiguaste porque los querían en el hospital con Edward?"

Preguntó debilmente Paul a Sten.

"No, Edward solo me dijo lo que pasaba."

"Paul nos atacaron a todos, alguien se llevó a Lía."

Comenta Sten mientras veía a Paul caminar con dolor.

Él sabía que tenía a varias costillas y tal vez dedos rotos y necesitaría sutura en la frente.

Pero lo que más le dolía a Paul era su orgullo, pues a pesar de haber peleado tan bien, Mascara había tenido siempre una ligera ventaja en sus movimientos y fuerza.

"Sten, necesito usar tus mejoras para el cuerpo, ese bastardo casi logra lesionarme..."

Pidió Paul mientras cojeaba al asiento del pasajero de su Bugatti Noire.

Todos los hombres volvieron a sus autos respectivamente y salieron a la residencia de Daniel Black.

Debían usar más drogas para tratar a Paul.

Tanto Elizabeth como la abuela se habían espantado por el casi inminente choque con el auto cuando el chófer pisó el freno por la orden de la abuela.

"Vamos, date prisa, ábreme."

"Tim, ayudame a bajar, corre!"

Urgió la abuela al ver qué Carl y Lucy habían desaparecido en la entrada del hospital.

"Tim, prepárate, no dejes que de escape esta vez."

Tim asintio en silencio.

Debajo de ese disfraz perfecto de chico tímido y algo inocente, con esa  carita de adolescente, Tim era un consumado peleador de Karate.

El conductor del otro auto le gritaba las más variadas groserías al chófer de la abuela.

Sin perder más tiempo, la abuela le dijo al chófer que se hiciera cargo y que pagará los daños.

Una patrulla arribó a la escena y comenzó a lidiar con los hombres.

Shirley llegaba al hospital después de que se enteró por uno de sus aliados que Edward había sido hospitalizado.

Llegó de incógnito pues no quería que alguien de la familia de Edward la reconociera.

Había ido a reclamarle a su proveedor de la droga que no había funcionado.

El proveedor le comentó que la droga  debía ser ingerida, no inhalado para un efecto total.

Carl caminaba solo rumbo al cuarto de Edward cuando Elizabeth lo alcanzó.

"Prima, que pasa?"

Cuestionó entre confundido y asombrado.

Se suponía que ya se había ido tanto ella como la abuela.

"Primo..."

"Donde, donde está la mujer con la que entraste?"

Preguntó Elizabeth entre jadeos pues había corrido para alcanzarlos a tiempo por petición de la abuela.

"Mujer?"

Preguntó Carl confundido.

"Me habrán visto entrar con Lucy?"

Se preguntaba mientras trataba de aparentar calma.

En ese momento Shirley se detuvo al verlos a Elizabeth y Carl frente a ella.

Se puso la gorra más abajo y cubrió su rostro lo más posible con su cabello lacio y pasó casi pegada a la pared para que no la vieran.

Agachada aún pudo ver a una enfermera rubia llevando un charola con medicamentos y cosas.

"Perra."

Pensó Shirley quien se dió prisa.

Los guardaespaldas de Edward habían recibido orden de Carl de dejar pasar a las enfermeras y a la prometida de Edward.

Carl confiaba que Shirley se presentaría en algun momento del día para terminar su obra.

Sin hacer ruido gracias a qué llevaba zapatos deportivos, Shirley se acercó por detrás a Lucy que dejaba en una mesa cercana la charola que traía en sus manos.

"Ajustaré cuentas contigo hoy por lo que me hiciste perra."

Shirley amenazó a Lucy quitandole la peluca rubia.

"Pero si es la loca Shirley!"

"Debes estar desesperada por ser la señora Situ, no es así?"

"Si yo entro con él jamás tendrás oportunidad de nada."

"De hecho nunca la tuviste o me equivoco?"

"Ni tú, ni Flora, ni esa tal Emily jamás tendrán oportunidad contra mi."

Aseguró Lucy quien tomó un escalpelo de la bandeja que llevaba.

Shirley empuñó una daga que cargaba para defenderse.

Ambas caminaron a un pasillo solitario.

En última instancia, Lucy podía correr a la habitación de Edward y fingir debilidad frente a él y Carl.

"Dónde está ella Carl?"

"No me mientas nieto, te vi con esa mujer, la tal Lucy."

"Dónde está?"

"Estás enredado con ella?"

Lo interrogó la abuela pues sabía lo que había visto.

Un muchas ocasiones que los visitó a Edward y ella, había notado ese gesto que ella hacía, era como su tic personal.

Lucy tenía algo en su aura, en su carácter, en su forma de ser que no le gustaba nada a la abuela.

Cómo si fueran agua y aceite, eran totalmente incompatibles.

Por eso jamás aceptó a esa mujer para que fuera la sucesora de la familia Situ.

"Abuela de que me hablas?"

"Que mujer?"

Preguntó Carl fingiendo inocencia.

"Si platiqué con una enfermera al entrar pero solo porque le pregunté su número."

"Abuela eso es malo?"

Respondió Carl con magistral acento de agravio.

La abuela no quería desconfiar de su nieto pero sabía lo que habían visto sus ojos.

La abuela caminó a la habitación de Edward.

Ahí estaban los guardaespaldas apostados en más puerta.

"Tu y yo vamos a hablar en este momento."

Ordenó la abuela hacía Carl.

Ambos se dirigieron a la capilla del hospital.

Dos mujeres se veían a los ojos con total desprecio.

Ambas estaba acostumbradas a tener lo que querían a cualquier precio.

Edward era el trofeo a conseguir esta vez.

Tal vez ninguna lo amara, ni le importara sinceramente su bienestar, pero querían reclamar el título de Señora Situ junto con su fortuna y prestigio del apellido.

Ninguna daba el primer paso...

Hasta que Shirley enojada por la sonrisa burlona de Lucy se abalanzó hacia ella y le cortó el brazo.

"Maldita."

Bramó Lucy tomandola de la mano con la daga con fuerza, la aventó con fuerza a la pared logrando que Shirley soltará la daga que cayó al suelo.

Shirley no se dejaría y pronto le dió varios puñetazos en el estómago a la cjica.

Shirley logró voltearse y estrellar a Lucy de cara contra la pared.

"Esta vez no lograrás hacerme daño, olvidas que sé tus movimientos."

Aseveró Shirley, pues no era la primera vez que se enfrentaban las dos.

Lucy clavó el escalpelo en una de sus piernas haciendo que Shirley gritara de dolor.

Para que no las encontrarán, abrió un cuarto de aseo y metió a Shirley ahí.

Al entrar Lucy aventó a Shirley, esta se quitó el escalpelo de la pierna y lo hundió en el hombro de Lucy.

"Eres una hija de puta."

Lucy frotó antes de darle una bofetada muy fuerte a Shirley.

Shirley tomó una escoba y comenzó a golpear a Lucy, quien trataba de esquivar los golpes mientras intentaba quitarse el escalpelo del hombro.

Edward, harto de estar recostado se había quitado todos las agujas y cosas que tenía pegados a su cuerpo.

Se vistió con un traje de enfermero que había pedido que le trajera una enfermera.

Quería pasar lo menos desapercibido al salir, pues si sus competidores se enteraban que había sufrido un ataque al corazón podrían hacer algún movimiento en su contra.

Salió con cuidado de la habitación y cuando pasaba por el pasillo para ir a las escaleras de emergencia escuchó gritos de mujer y cosas que se caían.

Algo azotó la puerta y más cosas metálicas cayeron.

Otro grito y  Edward reconoció la voz que gritaba...

Forcejeo para abrir la puerta y cuando lo logró, aventó algo.

Shirley cayó al suelo y Lucy encima de ella.

Shirley se golpeó con una esquina filosa de una gran caja y se abrió la cabeza gritando de dolor.

Lucy le clavó la daga que estaba a la mano en su estómago, Shirley la aventó, se sacó la daga e iba a clavarsela cuando Edward se interpuso.

Tomando la mano de Shirley, Edward la desarmó en un segundo.

"Suéltame Edward, esa perra me atacó primero!"

Rugió furiosa Shirley.

"Esta vez pagará por todas las que me ha hecho antes y ahora, suéltame!"

Exigió Shirley.

Edward no podía dar crédito a sus ojos...

Lucy estaba a su lado, vestida de enfermera y sangrando de un hombro.

"Lucy..."

Habló con infinito amor Edward, pero ella lo aventó hacia Shirley.

"Eres un cabrón!"

"Perdí la memoria por el accidente y me entero que ya te revolcaste con varias mujeres!"

"Incluso escuché que una de ellas ya está embarazada de ti!"

"Así me pagas por mi amor?"

"Eres un bastardo Edward lo oyes?"

"Eres un hijo de puta!"

Gritó Lucy.

Edward contuvo las  lágrimas en los ojos.

Edward la miró con tristeza y se incorporó tratando de llegar a ella, pero Shirley fue más rápida y sacó el frasco de droga.

Le arrojó un poco de líquido a la boca a Edward.

Edward trató de evitarlo pero algo cayo dentro de su boca, escupió en una cubeta pero aún así comenzó a sentirse raro.

El hombre le dió una bofetada a Shirley, quien tiró el frasco rompiéndose en mil pedazos cerca de ella.

El aroma se extendió rápido en ese pequeño cuarto.

Lucy abrió la puerta tosiendo y jadeando por aire.

Edward la siguió, tratando de caminar lo más recto posible.

"Ayuda!"

Gritó Edward, pero nadie le hizo caso.

Shirley tenía el mismo simulado ataque al corazón que Edward.

Lucy sentía la necesidad de vomitar por lo que corrió al baño de mujeres.

Edward se arrodilló.

Inhaló y exhaló, después reunió todas sus fuerzas y caminó adónde estaban sus guardaespaldas, quienes  verlo se sorprendieron al igual que el médico que acudía a darlo de alta.

"Señor Situ!"

"Que le sucedió?"

Gritó el médico.

"Hay una mujer en el cuarto de aseo al fondo del pasillo, está herida, atiendala!"

El médico accedió y corrió al cuarto, mientras una enfermera le acercaba a Edward una mascarilla de oxígeno mientras se sentaba en una silla.

Lucy en el baño vomitaba por efecto de la droga, había visto sus efectos tomada pero jamás inhalada.

"Esa basura humana me las pagará."

Pensó mientras su estómago se contraía.

"Abran paso!"

"La señorita Shirley está en paro respiratorio!"

"Pronto!"

"Equipo de resucitación, dense prisa!"

"Entubenla...la perdemos!"

Los gritos de enfermeras, doctores con equipo corriendo llamaron la atención de Carl, Elizabeth y la abuela que llegaban en ese momento.

Edward en una silla los miró con cara desencajada.

"Primo, porque estás aquí?"

"Estás bien?"

Preguntó Carl.

Edward se quitó la mascarilla de oxígeno para pedirle

"Busca a Lucy...por favor Carl..."

Tosió.

"Busca a Lucy."

"Ella regresó a mi..."

"Ella..."

Volvió a toser Edward.

"Ella perdió la memoria..."

"Shirley nos atacó."

"Ella fue la responsable de que casi me diera un ataque al corazón."

Todos se asombraron mientras veían a los medicos dentro de una habitación gritar y pedir cosas.

"Carl...ella está viva."

"Lo entiendes?"

"Abuela, está vez ni tú podrás separarnos."

"Está vez no."

Declaró Edward con firmeza.

La abuela no daba crédito a las palabras de Edward.

"El bebé de Emily."

"Podremos cuidarlo juntos como si fuera nuestro."

Pensó Edward y se levantó para ir a buscar a Lucy al baño.

***By Liliana Situ***

Valoro mucho tu opinión.