El Prohibido Amor de un CEO Trampa

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El Prohibido Amor de un CEO de Liliana Situ Trampa

En El Prohibido Amor de un CEO novela Trampa , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro El Prohibido Amor de un CEO fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En El Prohibido Amor de un CEO de Liliana Situ Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Trampa y los capítulos posteriores de la serie El Prohibido Amor de un CEO en readerexp.com

La tina de hidromasaje rebosa de agua.

Lorelay se relaja dentro de la tina mientras bebe una copa de vino para después morder una delicada fresa.

El delicioso aroma de las velas junto con su música favorita dan el toque perfecto para la chica.

Los gustos de Lorelay no han cambiado, por lo que esa canción en específico del grupo Red Velvet le trae los recuerdos que ella quiere conservar.

Lorelay no puede negar que se sintió tentada en darle un beso a Edward cuando regresó y lo vió después de esos años...

Lorelay extrañó las manos grandes y masculinas de Edward...

Su fuerte y musculoso cuerpo...

Su calor y su pasión que la consumían y daban tanto placer sensual.

Pero también recordaba su crueldad al haberla usado de esa forma tan horrible la última vez...

Edward es su mayor contradicción en la vida.

Es, aunque ella no quiera, su alma gemela.

Lorelay todavía debe quitarle la venda de los ojos a Edward y eso hasta cierto punto, la molesta.

Lorelay cierra los ojos para repasar todo lo que tiene que hacer para el siguiente día...

Al menos ya son suyas algunas acciones de empresas Situ.

La empresa de Elizabeth también ya es suya y ahora iba por la empresa de diseño.

Lorelay quiere que Johana sea la responsable de ese lugar.

Suspirando, Lorelay abre los ojos.

Se siente sola.

Dániel y Johana estan en su nidito de amor y les había quedado espectacular el diseño del departamento.

Bruce tiene a Elizabeth.

Ryan tiene a Flora, además de la nena Elisbeth y la segunda nena del matrimonio está en camino.

David, su padre se había retirado a cuidar a Flora y a la bebé, mientras Flora y Ryan trabajan en su empresa.

Cerrando los ojos, Lorelay se concentra en buscar la esencia de Edward.

Esa esencia tan oscura como él mismo pero tan atrayente para ella ahora que sabe que han estado persiguiendose durante tantas vidas.

"Edward."

Susurró ella.

Edward del otro lado de la ciudad en su villa despertó al oír la voz de Emily en sus sueños.

Abriendo los ojos para buscarla, Edward pudo oler la fragancia de fresas de la chica en el ambiente.

Él intuía que algo había cambiado y todo estaba extraño desde ese día en que pudo ver a esa extraña chica...

Convencido de que nadie había entrado a su casa y que todo estaba bien, volvió a recostarse en su cama.

Él tiene un día duro por esperarle en la mañana.

Elizabeth bajó de la camioneta negra con vidrios polarizados a primera hora de la mañana.

Bruce como su más fiel guardaespaldas la abraza dominantemente mientras caminan hacia el elevador privado.

Rápidamente varios custodios se apostaron en las puertas y los demás les abren paso caminando a los lados .

Elizabeth, con su vestido blanco de flores, una gargantilla hermosa de plata con un símbolo característico en el cuello y aretes a juego, el cabello castaño claro suelto ligeramente ondulado y sus tacones blancos con piedras preciosas es la viva imágen del glamour delicado.

Su rostro maquillado ligeramente, pero muy bien cuidado hacen que su piel y labios resalten más.

Todo lo que ella viste y usa es obra de Lorelay, por lo que le encanta.

Y a Bruce más.

En el elevador no repara de mirarla y comérsela con los ojos.

"Que?"

"Tengo algo malo en el rostro?"

Pregunta Elizabeth al ver que su novio no le quita la mirada de encima y comienzaa a quemarla.

"Si, muchas cosas están mal contigo en este momento.."

"La peor de ellas es que estás vestida..."

Elizabeth se rió cuando se acercó a él para darle un leve golpe con su manita en su duro brazo.

"Me lástimas."

Se queja Bruce haciendo una mueca de dolor.

Elizabeth volvió a reír antes de abrazarlo para besar al su amado.

"Prometo que cuando lleguemos a casa solucionare ese problema."

Cierta parte de Bruce  respondió con rapidez al escuchar las palabras que la niña le susurró al oído.

Pero en ese momento se abrieron las puertas del ascensor y Bruce tuvo que reacomodarse el pantalón y toser para evitar la molestia.

Edward solo espera a Bruce, por lo que sorprende cuando Elizabeth sale del ascensor, elegante y hermosa.

"Hermano como estás buenos días."

Saluda Elizabeth a un confundido Edward.

La chica camina hacia el despacho de Edward.

"Sandra, me puedes dar un café por favor?"

Pide Elizabeth a la nueva secretaria de Edward.

Elizabeth se sentó en la silla frente al escritorio de Edward.

Edward mira incrédulo a Bruce quien se limita a decir.

"Ella te contara."

"Yo no hice nada está vez."

Cerrando la puerta, Edward marca el número de Paul.

El cual no contesta su celular y eso no es nada bueno.

"Tommy, averigua donde está Paul y dónde está tomando sus condenadas vacaciones."

"Aún estoy esperando que me des la dirección de la pintora Aurora."

"Averigua quien es la responsable directa de esa galería de arte que no me permite comprar mi pintura."

"Quiero toda la información en veinte minutos máximo."

Tommy que se estaba comiendo a besos a Teresse solo pudo decir de acuerdo antes de terminar la llamada.

Es mucho más interesante la acción que se desarrolla en su búnker en ese momento que seguir oyendo a ese tonto de Edward.

Teresse dejó de besarlo para observarlo detenidamente mientras le acaricia el cabello desordenado.

"Te amo."

Declara Teresse.

Tommy sonrie al oír a su amada chica.

"Yo también te amo Teresse."

"Y demasiado Teresse."

Gracias a ella, Tommy pudo superar su malsana obsesión con Lía.

Y ahora conoce esa clase de amor que lo hace despertarse todos los días y llevarle el desayuno a la cama.

Ese amor que se le mete hasta la médula de sus huesos y que lo recorre completo cuando tiene, entre sus brazos, en su cama y debajo de él a su amada Teresse.

Teresse seguía entrenando y haciendo misiones relativamente fáciles para los Black.

Tommy siempre fungía como sus ojos en el campo.

Pero cada vez que ella salía, a Tommy se le hacía más difícil separarse de ella.

Por eso había decidido que ella debería ayudarle desde ese lugar, pues ya no quería que se arriesgara más.

Tommy se olvidó por completo de lo que Edward le había pedido.

Levantando a la chica en brazos, Tommy camina para llevarla a su lugar favorito.

Su cama.

Teresse sonrió ante sus acciones rodeandole el cuello con sus brazos.

"No olvides lo que te encargó el Señor Situ."

Le recordó ella.

Tommy desconectó el teléfono y apagó el celular.

"Listo, tengo más de una hora para estar contigo y nadie me va a distraer más que tú."

De una patada, Tommy cerró la puerta dispuesto a disfrutar de su amada.

En la oficina de Edward, Elizabeth recibe su café.

Edward con las manos en los bolsillos de su pantalón sastre azul marino espera escucharla hablar.

Recargado en su escritorio, Edward luce solo un poco irritado.

"Sabes que este idiota me llamó gritándome ayer preguntando por ti y ahora apareces como si nada?"

Indica molesto Edward.

"Y tu maldito niño, estoy esperando que digas algo."

Bruce no se atrevió ni a levantar la cabeza porque Elizabeth le aprieta la mano.

Bruce comprende que no tiene permitido hablar.

"Ayer fui invitada a la casa de una diseñadora nueva para asociarme con ella y ser la imagen pública de su línea de ropa y joyería."

"Por cierto te gusta lo que visto y uso, Hermano?"

"Todo lo diseñó ella, además me han dicho que pinta excelentemente bien..."

La voz de Elizabeth es bella y firme.

"Ella me convenció para que juntas dirigieramos mi empresa de maquillaje, pero preferí vendérsela."

"Recibiste la transferencia, no es así?"

Elizabeth le dió otro sorbo a su café y tomó una fina galleta de la bandeja.

Bruce tomó una taza y otra galleta imitando a su amada.

Edward se frotó la barba con su mano rugosa y cálida.

Él no puede creer que el hombre cruel y fiero que había sido Bruce, estuviera sentado tan mansamente en ese sillón junto a su pequeña hermana.

"Entonces, le vendiste la empresa a esa mujer sin avisarme primero?"

"Sabes que puse de mi capital y recursos para que esa empresa saliera a flote?"

"De eso modo, pequeña empresa no se fue a la quiebra hace tres años?"

"Elizabeth no eres una niña aunque actúes así."

"Eres adulta ya!"

"Decisiones importantes como esas no se toman a la ligera!"

Edward está enfadado con su negligente hermana!

"Debiste consultarme primero."

"No importa que tan famosa sea esa diseñadora o que tan bien pinte..."

"Debiste haberme avisado primero Elizabeth Situ!"

Edward golpeó con ambas manos el escritorio haciendo que los papeles se desperdigaran por el suelo al  igual que las costosas plumas de diseñador de Edward.

Bruce se levantó ante ese estallido de ira por parte  de Edward para colocarse delante de él.

Nadie le grita a su amada.

Mucho menos ese bastardo que ni siquiera es su hermano de sangre.

"Modula tu voz y formas con ella."

Exige Bruce con tono amenazador.

"No te metas en esto Bruce."

"Es asunto de los dos solamente."

Responde Edward usando sus dedos contra el pecho de Bruce para hacer que retrocediera, pero Bruce no se movió ni un centímetro.

De hecho se paró más cerca de Edward y elevó la cara con evidente molestia, mirándolo a los ojos para desafiarlo más.

"Bruce, siéntate."

Ordena Elizabeth.

Bruce obedientemente se dirige a su sillón al lado de ella en silencio.

"Esa empresa estaba a mi nombre."

"Yo comencé con ella en un principio y me parece mejor que ella que tiene más experiencia ahora la lleve a la cima."

"En cuanto a porque no te avise, pues si tú hubieras contestado mis mensajes a tiempo te hubieras enterado."

"Pero en estos días te vuelves un ermitaño y ni siquiera te apareces por aquí."

"Además recuperaste tu inversión en esa empresa pequeña y así puedes dedicarte a las más grandes, así que no te enojes."

"Yo gano mucho con ser la imágen de la empresa y luciendo todo lo que la diseñadora me da."

"Por cierto, Bruce y yo nos iremos de viaje con a Dinamarca en dos días."

"Serán unas pequeñas vacaciones para los dos."

"No te estoy pidiendo permiso, solo te avisando cara a cara."

Elizabeth se levantó de su sillón y caminó hacia Edward para situarse frente a él.

"Hermano, por favor no te enojes."

"Siempre te he querido aunque no sea tu hermana de sangre."

"Ahora solo somos nosotros dos y la abuela."

"Puedes perdonarme por favor?"

Edward respira para controlarse ante esa chiquilla que muchas veces lo saca de quicio, como en ese momento.

Ella no comprende que al vender la empresa, pequeña o grande, su familia dejaba de tener más activos y más ingresos.

Pero después de todo, ella tiene a Bruce.

Bruce tiene su propia inconmensurable fortuna y negocios internacionales, legales e ilegales.

Si se casaban ellos dos podría hacer más negocios con su cuñado...

"Está bien, pero debiste haberme avisado al menos."

"Se quedarán en el castillo?"

Pregunta Edward observando con interés auténtico el dije de plata en el cuello de Elizabeth.

"No, iremos a ver a una amiga de la abuela que tiene casa ahí."

"Bruce dejará todo en manos expertas de alguien y todo seguirá igual."

Elizabeth abraza a Edward.

Bruce se levantó para estar cerca de ellos.

Cela a Elizabeth incluso de Edward, fuera su hermano o no.

Elizabeth deposita un beso en ña mejilla de Edward mientras acaricia con amor su otra mejilla.

"Te quiero hermano."

"Siempre te he querido y espero que puedas ser feliz algún día."

Edward permaneció inmóvil y frío ante la muestra de amor de Elizabeth y no es porque no aprecie a su hermana.

Sino porque su cuerpo está anestesiado y solo quería recibir amor, besos y abrazos de una mujer en específico.

"Yo también te quiero hermanita."

"Pero a veces eres demasiado impulsiva."

Edward esboza una pequeña sonrisa mientras observa que los chicos se retiran.

Sandra, su secretaria entra después para recoger los papeles y plumas del suelo.

Edward admira la ciudad ensimismado en sus pensamientos antes de hablar.

"Sandra, consigueme la dirección de la diseñadora que compró la empresa de mi hermana."

"Envia una invitación a la accionista nueva de nuestra empresa."

"Debo conocerla cuando antes."

Sandra toma notas mentales y asiente en silencio mientras deja todo las cosas en su escritorio de manera impecable.

Cuando la secretaria se retira algo llama la atención de Edward en la mesa del café.

Elizabeth había dejado una pequeña caja con un moño.

Tenía su nombre escrito y dentro había un juego de gemelos de plata con un diseño curioso grabado en ellos.

Los gemelos de plata tiene  grabadas sus iniciales y son ligeros y elegantes.

Tienen una gran "LA" como firma del diseño y le parecieron de su gusto.

Edward se quita sus gemelos que trae y los reemplaza por los diseñados.

Cuando los tomó, Edward pudo notar que en la caja había una pequeña nota negra que decía.

"Diseño único y exclusivo para el Señor Edward Situ."

"Wow...que detalle tan único."

Piensa Edward.

Los gemelos le quedan justo a la medida.

Edward los observa un momento antes de volver a sus asuntos.

Paul descansa recostado en un diminuto sillón de terciopelo rojo y no tenía ni idea de cómo había llegado ahí.

La noche anterior se dirigía a recoger a su nueva cita para poder llevarla a cenar y luego al hotel para pasar un buen rato con ella...

Pero ahora le duele la cabeza y se siente sin fuerzas como para levantarse siquiera.

"Aaayyyy..."

Masculló entre dientes el hombre al abrir los ojos y toparse con demasiada luz natural.

Una sombra comenzó a acercarse a él para colocarse a su lado.

"Cómo te sientes Paul?"

Cuestiona Carolina con una enorme sonrisa en los labios.

Ataviada con un vestido vaporoso de color oscuro, su cabello largo café oscuro caía por sus hombros y espalda, la chica luce más joven y menos peligrosa.

"Carolina?"

"Cómo demonios llegué aquí?"

"Y Kendra?"

"Porque me duele todo?"

Inquiere nervioso Paul.

Carolina se puso de pie y caminó hacia la enorme ventana que comunica a un bosque frondoso y verde.

Estaba descalza y sus uñas pintadas de rojo oscuro resaltan su piel blanca.

"Son muchas preguntas Paul..."

"Digamos que ayer no estabas en condiciones de poder ir a recoger a tu puta."

"Así que para ahorrarte un numerito con ella te traje a un lugar para que te recuperes."

"Puedes levantarte?"

Inquirió Carolina mientras toma una taza pequeña para dar un sorbo de un líquido verde claro.

Paul intentó incorporarse pero sus brazos cedieron a su peso, por lo que volvió a su posición original.

"Carolina, me drogaste?"

Paul había visto esos efectos causados por sus propias drogas que repartía y había usado en muchas mujeres antes.

"No, no usé tus drogas si a eso te refieres."

"No caigo tan bajo como tú para poder conseguir lo que quiero."

Responde Carolina tomando otro sorbo de la bebida amarga.

"El efecto pasará en treinta minutos."

"Así que mientras tanto hablaremos un poco."

Acercándose a él, Carolina le dió de beber de una botellita pequeña.

Sin más remedio Paul aceptó el líquido.

Carolina sentó en el sillón después de que Paul bebiera.

"Te gusta ser un playboy que usa a las mujeres solo para tu beneficio?"

"Te da placer después desecharlas como si fueran servilletas usadas y sucias dejándolas destruidas?"

"Eres tan poco hombre que necesitas reforzar tu hombría manteniendo maratones sexuales con cuánta mujer se te pase enfrente?"

Paul cierra los ojos ante los cuestionamientos son sentido de la chica.

En su mente se rie de ella y  sus preguntas, pero su boca lo traicionó por lo que comenzó a hablar.

"Mi gusto por las mujeres comenzó desde muy niño cuando tuve oportunidad de perder mi virginidad a los quince años."

"Las mujeres siguieron llegando y complaciendome pues mi apariencia y fisico me ayudó mucho."

"No te voy a mentir."

"He hecho muchas cosas innombrables y algunas sórdidas..."

"Pero quería cambiar todo eso desde que te conocí Carolina."

"Desde ese día que combatimos en tu casa no he dejado de pensar en ti, pero tú me haz despreciado siempre."

"Rechazaste mis regalos, mis invitaciones y mis atenciones contigo."

"No puedo estar más tiempo así."

"Tengo mis necesidades físicas y debo liberarlas."

"Cosas de hombres que no entenderías."

Carolina se sentó en un cómodo sillón de terciopelo negro sonriendo ampliamente mientras observa al gran patán frente a ella.

"Así que me dices que estás justificando tus acciones porque te dejas guiar por tus instintos más básicos de hombre?"

"No eres más que un niño malcriado que necesita una buena lección y te la voy a dar."

Carolina se sentó a horcajadas sobre Paul.

Se pasó de lado el cabello largo y ondulado a un solo hombro mientras  Paul la observa embelesado.

"Sabes, me encanta tu tenacidad y disfruto mucho combatiendo contigo, pues eres un oponente formidable y admirable."

"No me tienes consideración por ser mujer."

"Y das siempre el cien porciento en tus enfrentamientos contra mi."

Responde con voz sensual Carolina.

"Y puedo decirte que también desearía ver ese lado salvaje de ti en la cama..."

"Pero tengo primero que estar segura de que puedes ser el hombre que necesito."

"Y por eso estás aquí."

Paul la escucha a medias pues no puede dejar de mirar las curvas de la chica debajo de ese vestido que se mueve delicadamente.

La tela a pesar que es oscura se transparenta un poco.

Carolina le había dado el suero de la verdad natural que Lorelay le preparó..

Con el spray lo había dormido cuando se estacionó en la casa de aquella mujer.

Carolina sabe que ese hombre podría ser mucho mejor si dejaba de comportarse como un adolescente y de meter a cuánta mujer se le pasara por su camino en su cama.

Desde que lo había rechazado categóricamente, habían dejado de perseguirse y combatir cuerpo a cuerpo y eso le había dolido.

Carolina quería negarlo, pero ese hombre por primera vez la tiene enamorada.

Pero la decepciona cuando ve que Paul quiere salir con una mujer diferente cada día.

"Ahora, tomarás está bebida como el buen niño que eres y podrás irte."

"Podrás volver a tu vida y seguir como si nada."

"Como si todo hubiera sido un sueño."

"Pero esto jamás podrás olvidarlo..."

Carolina tomó con ambas manos la cara de Paul para besarlo de la forma  más ardiente como nadie jamás lo había besado.

Ese beso sellaría el destino de Paul para siempre y Carolina lo sabía.

"Cómo voy a disfrutar cuando me enfrentes Paul."

Piensa Carolina mientras las manos de Paul la abrazan delicadamente primero...

Por lo que ella profundiza el beso todavia más.

Pronto, los dos comenzaron a sentir el calor que los envuelve y sus respiraciones se agitan...

***By Liliana Situ***

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