Encuéntrame Capítulo 31

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Aunque estaba cansada en extremo y su cuerpo no daba para más, Ana seguía con los ojos abiertos y su cabeza recostada al pecho de Xavier. Por alguna razón pensó que si cerraba los ojos se alejaría de ese cuerpo que ahora la protegía y que en este preciso momento le daba la seguridad que necesitaba.

No sabía que pasaría con ella en el momento en que pusiera un pie en el suelo, no tenía la menor idea de a dónde ir ni qué hacer, estaba viviendo estas horas como si fuesen las últimas, y ahora, ya no le importaba otra cosa.

Se dio cuenta de que Xavier también estaba despierto cuando sintió las manos en su espalda recorriéndola en una caricia. Su cuerpo no esperó mucho para erizarse, encogerse y pegarse más hacia él, alzando su rostro de inmediato.

—No puedo dormir —susurró muy cerca de sus labios y Cox asintió tomándole el rostro.

—Podemos hablar, quiero saber…

Entendía que él estaba a la expectativa. Sabía ahora que podía confiarle sus miedos, mostrarle esa oscuridad de la que ella estuvo huyendo tantos años y ocultó con su vida.

Abrió la boca más de una vez, pero no supo cómo comenzar, así que Xavier arrimó su cuerpo hacia arriba para sentarse y conectar su mirada con ella. Esto la haría sentir mejor

—No recuerdo exactamente en qué momento llegó mi tío a casa… —comenzó mientras el aliento salió de ella—. Solo sé que ya tenía algunos meses en el kínder, y acababa de cumplir los 5 años.

Ana tomó una sábana y arropó su cuerpo, el clima estaba frío y hablar de esto por primera vez, la hacía temblar.

—Edward… ya estaba bebiendo, yo tenía una cuidadora cada mes, y cuando mi tío llegó con su esposa, la chica de turno fue despedida.

—¿No tienes hijos ellos? —Xavier preguntó despacio.

—Mayores que yo, pero nunca los trajeron para quedarse, siempre vinieron de visita —Cox asintió—. Mi tío… comenzó a bañarme, a cambiarme de ropa, y allí comenzó mi calvario.

Tenía la respiración agitada, aunque no quería, se alteraba, y solo pudo tomar la sábana y apretarla mientras soltaba todo aquello.

—Dijo que debía aprender a explorar mi cuerpo, que la familia podía hacer esto con sus parientes, pero yo me sentía muy mal… En la escuela la profesora nos dijo muchas veces que, nuestras partes íntimas no debían ser tocadas por nadie… a menos que nuestros padres nos estuviesen enseñando algo. No supe qué hacer… yo… tenía tanto miedo…

Xavier se separó del respaldo de la cama y luego tomó su cintura para sentarla encima de él. El cuerpo de Ana estaba temblando y aunque no lo quería, sufría con ella.

—Está bien si no quieres seguir —le susurró muy cerca de su rostro, pero ella negó.

—Él iba y venía, y para mí era una tortura cuando llegaba a casa, ¿a quién iba a pedirle ayuda? ¿A mi padre que siempre estaba ebrio o con una mujer diferente?

¿O a mis cuidadoras que a veces ni siquiera me preparaban algo para comer durante todo un día?

La garganta de Xavier se apretó.

—¿Por qué no hablaste con Oliver?

—Mi tío siempre dijo que sería peor para mí… y siempre lo pensé hasta que decidí hablar con Lía, su esposa.

Estaba vez Cox abrió los ojos mientras pasaba la saliva.

—¿Ella lo sabe? —preguntó y Ana asintió.

—Todo el tiempo, incluso dejó de venir cuando le pedí ayuda, le supliqué que me ayudara, ella dijo que era una mentirosa, y que si me atrevía a decir algo de su esposo ella estaría de su lado, ¿entiendes ahora? ¿Cómo podría ganar así?

Xavier pasó las manos por su cabeza mientras la ira volvía a él como un rayo.

—¡Por Dios, Anaelise! Debiste dejarme matarlo…

—¿Has pensado lo que pasará después de esa golpiza? Tú te dejaste en evidencia a ese hombre, él tendrá un punto para chantajearme ahora.

—¡No! —esta vez Xavier tomó su rostro y la hizo mirarlo—. Escúchame bien, Anaelise, ni esta vez, ni ninguna otra habrá un chantaje, no hay ningún obstáculo para hacer justicia aquí, lo prometiste.

Ana asintió sin mirarlo a los ojos.

—Decirle a Lía fue mi peor castigo, porque después de eso, mi tío comenzó a agredirme físicamente, tenía 8 cuando pasó la primera vez —las lágrimas de Ana comenzaron a brotar sin contemplación—. Pero la vez del hospital fue cuando quise escapar de casa porque yo no podía más con eso, no podía… y fue lo peor que he pasado en la… vida.

—¡Maldito! —dijo Cox tomando el cuerpo de Ana mientras lo abrazaba y daba algunos besos en sus hombros.

—Él… —Ana no pudo seguir hablando porque nuevamente estaba llorando en el cuello de Xavier, ella no podía calmarse. Cox sabía que ahora mismo ella estaba botando todo el veneno, la porquería y la suciedad que contuvo por mucho tiempo, todo lo que ese hombre le inyectó, estaba por fin sacándolo de su cuerpo.

—Es suficiente por hoy, no quiero verte llorar más, por favor, no quiero —le dijo Xavier para luego juntar su boca y comenzar a besarla con apremio—. Quiero que olvides todo eso, Ana, y quiero borrar cada huella que te daña…

Anaelise correspondió el beso mientras la intensidad se acumulaba en su cuerpo. Esta vez besó a Cox como si su boca le diera vida, como si succionar de él le estuviese devolviendo la seguridad y la hiciera fuerte.

Juntó su cuerpo hacia él mientras Cox intentaba conectarse con ella, la sentía temblar, pero jamás la deseó tanto como ahora. Su cuerpo convulsionaba por hacerla estallar, quería que Ana grabara esta parte de su vida para siempre, que suplantara unos recuerdos por otros y que, de ahora en adelante, ya no tuviera miedo.

Pasó sus dientes por su cuello terso mientras inhaló su fragancia, aquella que lo hacía perder la cordura mientras entró en ella de forma precipitada, Ana lo abrazó entre tanto su aliento se entrecortaba, y ahora que la veía, entendía que él se involucró mucho más de lo que era permitido.

Sus cuerpos agitados solo gimieron y no hizo falta que se dijeran nada, porque sus miradas eran más que suficientes para darse a entender que su unión física era perfecta.

Después de varios besos y caricias, y que se jactaran del otro, ambos se quedaron dormidos con las piernas cruzadas y los brazos de Anaelise enredados en el cuerpo de

***

Tenía más de media hora mirándola dormir mientras buscaba una explicación para decirse a sí mismo por qué había llegado hasta este punto.

Su vida estaba nuevamente cerrándose en un callejón sin salida, y no se tenía que ser muy inteligente para saber que se jodería de nuevo, se jodería en su carrera, en su trabajo y nuevamente en su vida por creer que podía cambiar

Su corazón, ese al que no debía hacerle ni mierda de caso, solo lo dejaba exhausto porque lo arrastraba hacia ella todo el tiempo, por querer sacarla de su vida de mierda y mostrarle otro camino, y otra manera de ver las cosas.

burló de sí mismo mientras negó.

La vida se estaba riendo de él todo el tiempo, y aunque quisiera, ya no podía retroceder, sacaría a Anaelise de ese pozo asqueroso, y si él terminara hundiéndose y quedando nuevamente en la porquería, estaba bien, lo aceptaba, ese era su lugar

Fue hasta la cama y se deslizó suavemente, miró la hora del reloj y supo que Clara ya estaría rondando su casa. Incluso él ya debía estar saliendo al hospital para cumplir horario, y Anaelise debía estar alistándose para la universidad. Pero ese no era su plan de hoy.

beso cortó en su nariz y luego cerró los ojos en satisfacción.

húmedo en su nariz más la respiración caliente hicieron que sus ojos parpadearan lentamente, para que poco a poco, Xavier apareciera en su visión con una media sonrisa en

Ana le devolvió el gesto y justo cuando iba a tomar su rostro, los toques fuertes de la puerta la hicieron saltar.

El rostro de Xavier se formó en un gran ceño, se levantó de golpe y tomó algún short que buscó de una gaveta.

—¿Clara? —preguntó Cox yendo hacia la puerta mientras Ana se cubría con la sábana y se sentaba derecha.

—Señor… su madre está aquí, abajo…

«¿Qué?», la pregunta explotó en la mente de Cox y por un momento se quedó en el puesto. Esto era todo lo que le faltaba, que su madre hiciera caso omiso a lo que él le pidió y viniera hasta su casa para comprobar que seguía con vida. Y lo mejor de todo es que vino entre semana, cuando menos lo debía esperar. ¡Perfecto!

estaré abajo en cinco minutos —anunció Xavier en voz

bien, señor —susurró la mujer y sus pasos se perdieron en

levantó de inmediato mientras de forma torpe se ponía la ropa apresurada. «¿Qué iba a hacer?». Estaba segura de que tendría que salir por la ventana, porque no había forma de que Xavier permitiera que ella fuese vista por su

el cabello con sus dedos mientras veía como Xavier se colocaba una pantaloneta, una camiseta y calzaba sus pies. El silencio gobernaba en la habitación, así que fue al baño de inmediato, lavó su rostro y sus dientes rápidamente para que Xavier lo hiciera a los segundos que ella

por toda la habitación mientras los nervios comenzaron a gobernar su cuerpo. Había dejado su bolso en la sala, ni siquiera sabía cómo decirle a Xavier lo tonta que

abrió la puerta del baño ella alzó la vista para acercarse hacia

bolso abajo, me quedaré aquí, tú puedes llevarla a alguna

estás diciendo? No podemos hacer nada, ella ya está

abrió los ojos muy, muy

—¿Qué vas a decir?

—No lo sé…

y vio como Xavier comenzó a caminar abriendo la puerta de su habitación y caminó detrás de él siguiéndole el paso. A medida que bajó las escaleras, fue escuchando como voces femeninas soltaban risas y charlaban con alegría. Podía afirmar que había varias mujeres en

—una chica corrió hacia Cox y se lanzó encima de él, el hombre la alzó y ella amarró sus piernas como si fuese a irse

la chica comenzó a llorar porque sus sollozos se

—dijo ella nuevamente—. ¿Por qué nos olvidas de esta

quedó estática a los pies de la escalera divisando como se desarrollaba la escena. Pero en cuestión de segundos una mujer mucho mayor que la chica caminó hacia ellos y los abrazó en un

debían ser su madre y hermana, tal como si lo dijo una vez», pensó

Leer Encuéntrame novela Capítulo 31 de Majo

En Encuéntrame Capítulo 31, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 31, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee Encuéntrame Capítulo 31 del autor Majo en readerexp.com