Encuéntrame Capítulo 36

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Ana llegó a su salón casi corriendo, pero en el momento en que ingresó al aula, vio que sus compañeros aún esperaban a su profesor y esto la hizo sentir extraña.

Si ella había llegado, por ende, él debía estar aquí, sin embargo, por su postura en cuanto hablaron hace un momento supo que debía estar tratando de tranquilizarse para dar su clase sin ningún tipo de inconvenientes.

Resopló para sí misma aun sintiendo como poco a poco drenaba la rabia que tenía dentro de ella, aunque supo que él reaccionaría un poco mal, simplemente esperó otra cosa de él, y no una advertencia de no involucrar sus sentimientos.

«¿Qué podía hacer ahora si estaba totalmente involucrada?», era una pérdida de tiempo creer que solo con decir, “no te enamores”, las cosas se solucionarían.

Andrew se puso de pie nada más vio entrar a Anaelise, y fue con ella hacia atrás donde casi todo el tiempo se sentaba.

—Siento que tenemos un año sin hablar…—le dijo pegando su asiento, mientas Ana miraba su reloj y veía que el tiempo seguía pasando y no había señas de Cox.

—Ha pasado de todo — se giró dándole una explicación—. Mi tío apareció después de todos estos años y ahora quiere reclamar parte del dinero de la casa.

Andrew abrió los ojos.

—¿Y dónde está tu tío?

La pregunta la hizo tomar el aire, era muy difícil hablarle por pedazos, sabía que Andrew estaba muy confundido en todo su asunto.

—Ahora mismo está en mi casa, Andrew.

—¿Está viviendo contigo?

«Por supuesto que no», pensó Ana aterrada de solo pensarlo.

—Ahora, estoy en cada de un familiar de Oliver, mi antiguo psiquiatra… —cuando Ana dijo esto, volvió la cabeza hacia al frente y vio que Xavier estaba entrando al salón, sin darse cuenta que reveló una parte que nunca le contó a Andrew.

—No… no sabía que tenías uno —respondió Andrew en susurro y luego se sentó mejor en su silla un poco impactado por la información.

—Cuando salgamos, trataré de ponerte al corriente, ¿de acuerdo?

El chico asintió enderezándose en el asiento, ya que todo el salón había enmudecido.

—Pido disculpas por el retraso, debía firmar unas cosas en la rectoría… — anunció Cox esta vez en un tono bajo que alertó a Ana. Aunque su mirada no se quitaba de él, en ningún momento obtuvo una mirada suya de vuelta. Comenzó su clase explicando algunas guías y proyectando unas imágenes para sostener su explicación, y aunque la clase era llamativa, Ana nunca pudo entender cómo Xavier lograba parecer normal, y hacer como si nada le afectara.

La decepción volvió a golpear su pecho una vez más intentando aprender de ese muro que nada le importaba. Cómo le gustaría ser así para que le rebotase el mundo entero y no tener su corazón comprometido ahora mismo.

La hora de clase por supuesto pasó volando, Xavier se despidió colocándoles tarea y una fecha de evaluación a toda su clase, así que una vez se retiró de ese espacio, ella soltó el aire, pero sintiéndose peor que nunca.

Hoy ni siquiera tenía terapia, y aunque debía ir a la supuesta cita ginecológica, no quería llegar temprano a su nuevo apartamento donde Xavier no estaría.

Y no porque no volviera, ya se estaba acostumbrando a los altibajos de su relación, sino porque sabía que ahora mismo estaban un poco alterados y que, aparte Cox atendería a su familia porque se irían el sábado por la mañana.

Cuando las clases se acabaron al finalizar la mañana, Ana tenía a su amigo de frente a ella dispuesto a no pasar por alto toda su situación esta vez.

—Podemos ir a almorzar si no tienes algo… De esa manera me pones al día de tu desaparición y de lo que realmente acontece.

Ana sintió, no tenía otra cosa que hacer, y después de ese almuerzo iría a su departamento para arreglarse e ir donde su ginecóloga.

Después que se subieron al auto de Andrew, llegaron a un restaurante italiano que su amigo comentó durante todo el transcurso del camino.

Ana sabía que era costoso, y aunque le pidió varias veces a Andrew ir a otro lugar, después que estaban frente al restaurante, no tuvo remedio más que bajarse e ir con su amigo.

Todo era un protocolo aquí, que si una atención en la entrada, que los acompañan hasta la mesa, e inclusive le decían “Señor”, a Andrew todo el tiempo. Definitivamente el dinero era algo desconcertante, pensó ella.

—Pareces una persona importante —dijo una vez el camarero, demasiado educado, se fue de su mesa.

—No empieces con eso, solo quería tener un gesto contigo, parece que no la has pasado bien… en este tiempo.

—Aciertas —respondió Ana tomando un poco de agua que dejaron para ellos, mientras llegaba la comida que ordenaron.

—Entonces, ¿tu tío resultó ser el malo de la película? —ella se tensó muchísimo al escuchar las palabras, y aunque quiso asentir no pudo responder a nada, así que Andrew continuó—. ¿Por qué vas a un psiquiatra?, yo te veo muy bien…

—Padezco un tipo de trauma postraumático, luego de, lo que te conté.

Andrew asintió.

—¿Tomas alguna medicina?, porque parece algo crónico.

—Estoy dejándolas, ahora he mejorado considerablemente.

—Me alegra escuchar eso, Ana.

—Sé que te alegras, incluso encontré un trabajo, así que empezaré mañana, entonces prepárate porque no serás el único que invite.

Andrew soltó una risa, y era mejor ver esa cara algunas veces en su semana, a que a un chico que supiera todas sus verdades y se sorprendiera de ella. No sabía a ciencia cierta como tomaría Andrew toda su realidad, no sabía si expondría alguna clase de rechazo al saber en todo lo que se había involucrado todo este tiempo, y que tenía a su violador en su propia casa.

su mismo psiquiatra y profesor, la mantenía de cierta forma. Ana estaba muy clara, nadie miraría su situación de otra forma, ni como ella lo veía, porque los ojos ajenos solo pueden ver errores en los demás, pero nunca en sus propias vidas.

Así que, no, nada saldría de ella sobre su vida, Andrew tenía más que merecido que su amiga le confiara sus cosas, pero prefirió mantenerlo a raya por el momento, porque no quería que en unas semanas todos estuvieran parloteando que ella era una de esas mujeres, que se acostaba con su profesor a cambio de bienes materiales.

Ya tenía suficiente con todo lo que tenía que lidiar a diario, para tolerar al ser humano que no podía nunca refrenar su lengua, y que, aun viendo la inmundicia a otro, le caía encima para burlarse de sus desgracias.

Después que le mencionó a Andrew lo del trámite de su casa y que ahora vivía con una señora mayor, en un edificio cerca de la universidad, vio que Andrew quedó tranquilo y no la agobió con más preguntas. Comieron en completa tranquilidad mientras quedaron para estudiar cualquier día en que ella estuviese un poco más desahogada.

Para comprobar toda la información, Andrew le dijo que la llevaría a su nuevo departamento y una vez que llegaron, ella sintió que su amigo por fin se tranquilizó.

—Gracias, Andrew, te escribiré cualquier cosa, creo que los domingos podemos estudiar, no me quedó claro si Mery, mi nueva jefa, abrirá también los domingos, pero creería que no.

—Espero que no, al menos debes descansar un día —Ana sonrió ante su comentario.

—Ella arregló el horario para mí, es una buena mujer.

—Bien. Debes darme la dirección y haré una compra en agradecimiento a esa señora.

varias veces y salió del auto rápidamente para llegar a darse un baño. Se despidió con la mano y no esperó en

las 4 de la tarde estaba sentada en ese consultorio donde Xavier le había sacado una cita. Estaba algo nerviosa, porque ni siquiera sabía qué le había dicho Xavier a la mujer, pero ella se restringiría a solo pedir un método anticonceptivo y no demorar más de lo que era necesario.

Revisó su teléfono una vez más para comprobar que ese idiota ni siquiera la había llamado, y si seguía enojado, pues bien. Eso era perfecto entonces, porque ella no le escribiría tampoco.

Su nombre fue anunciado por la secretaria que tenía frente a ella, y algunas mujeres que estaban hablando cerca, hicieron silencio asomándole una sonrisa. Ella se levantó para entrar al consultorio que le

Una mujer de unos 40 años la esperaba sentada detrás de su escritorio y con una sonrisa la recibió. Se levantó dándole la mano y presentándose como Sofía Neil.

—Bien Ana, haremos unos exámenes rutinarios, ¿de acuerdo? Citología, eco, y hablaremos de lo que me informó mi colega. Porque… quieres un método anticonceptivo ¿no es así?

Ana se puso roja de forma desorbitante, «¿había hablado Xavier con esa mujer de ellos?»

Imposible…

la revisión, varias preguntas, y una charla sofisticada, la doctora se sentó nuevamente frente a

ve sano, pero debemos esperar los resultados que creo llegaran en unos días, como no hay ningún rastro de embarazo, entonces puedo ofertarte tres métodos por ahora, para

asintió tomando algunos papeles que la doctora le dio y ella prosiguió a darle

orales que deben tomarse todos los días, otros por inyección que suelen ser cada mes, y otros que se insertan bajo tu piel, no recomendaría los intrauterinos porque estás muy joven y no has tenido

que quisiera comenzar por la inyección —Intervino ella

eso debes venir el primer día de tu menstruación, ¿estás cerca de

—Sí, en unos días… —respondió Ana.

puede venir, le diré a mi secretaria que te dé la cita, y así te doy los resultados de la citología. Si vas a tener relaciones después de ahora, por favor utiliza un método anticonceptivo seguro, mientras llega la inyección,

gracias —Ana se levantó, se despidió de esa gentil doctora y salió preguntando a la secretaria si debía pagar algo por

que la mujer le dijo que todo había sido previamente cancelado, ella torció los ojos y no tuvo de otra que salir

a su casa, se echó en un sofá de la sala y miró hacia el techo mientras pensaba en qué momento la llamarían para tener información de la venta de su casa. Quería salir de todo ese dilema pronto y que su tío estuviera detrás de las rejas lo más pronto

de hacerse algo de comida, vio que iban a ser las siete de la noche, y todo dentro de ella le gritó en desesperación que fuere en busca de Oliver para obtener respuestas. La casa de él no estaba muy lejos de su lugar, y a esta hora muchos transeúntes y gente en bicicleta, paseaban por las calles con sus amigos. Ana vio por el vidrio que el cielo estaba gris y que unos relámpagos relucían en la

una chaqueta, calzó sus zapatos y antes que saliera, revisó su celular donde encontró un mensaje de Cox preguntándole: ¿dónde

rápido y respondió “en casa” para obtener una respuesta inmediata de su parte que solo decía: “de

que no, no vendría. Dejó el teléfono en el sofá, cerró su puerta y caminó apresurada antes de que la lluvia la

embargo, a mitad de camino, unos truenos la hicieron saltar y todas las personas a su alrededor comenzaron a correr sin resultar ilesos de la fuerte lluvia que comenzó a caer de

le faltaban sino unas cuatro cuadras para llegar a la residencia de Oliver, entonces corrió lo más rápido que pudo, pero su cuerpo entero estaba completamente empapado. Anunció su llegada, ella no era una extraña en aquel lugar y de forma inmediata estuvo delante de la puerta tocando de manera desesperada, ya que el frío estaba calando

de segundos la puerta se abrió y los ojos de Eleonor se abrieron un poco sorprendida de verla en

—¡Por Dios, niña! Estás empapada.

Encuéntrame de Majo Capítulo 36

En Encuéntrame novela Capítulo 36 , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro Encuéntrame fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En Encuéntrame de Majo Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Capítulo 36 y los capítulos posteriores de la serie Encuéntrame en readerexp.com