Matrimonio de primera Capítulo 245: Parecía decir las palabras moribundas.

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En Matrimonio de primera Capítulo 245: Parecía decir las palabras moribundas., lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 245: Parecía decir las palabras moribundas., la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee Matrimonio de primera Capítulo 245: Parecía decir las palabras moribundas. del autor Gato volador en readerexp.com

Al Delfino regresar al dormitorio, Yadira aún estaba dormida.

Acababa de fumar, por eso en sus dedos quedó el olor a cigarrillo.

Dejó su chaqueta sobre el borde de la cama, echó un vistazo a Yadira y se fue al baño a lavar sus manos.

Al salir del baño, vio que Yadira abrazaba la manta apoyándose en la cabecera de la cama. Obviamente acabó de despertarse, y su mente todavía no está despierta, con ojos vidriosos.

-Ya te has despertado.-

Delfino anduvo al borde de la cama y se sentó.

Yadira frunció su ceño y le dijo, -¿Has fumado?-

Delfino estaba atónito. Originalmente no pensaba que el olfato de Yadira fuera tan sensible. Lo reconoció asintiendo con la cabeza, -Sí.-

En seguida añadió, -Solo he fumado un cigarrillo, y solo he tomado unas bocas.-

El olfato actual de Yadira fue más sensible que el anterior en que no estaba embarazada.

-Anteriormente siempre creía que no fumas.- Anteriormente Yadira no vio a Delfino fumar, por lo tanto, ella creía que Delfino no fumó.

Delfino sonrió levemente y no dijo nada.

Efectivamente no tuvo ese mal hábito ni fue adicto a fumar.

Dado que fumar fue perjudicial a la salud y él preciaba su cuerpo y vida.

Delfino estaba callado un rato y le dijo repentinamente, -Si ves a Jaime, mantén alejada de él.-

Aunque mandó a muchos guardaespaldas que le protegiera a Yadira cuando Delfino no estaba con ella, fue inevitable que se encontrase con Jaime debido que ellos ahora estaban en la vieja casa.

Yadira vio casualmente que la chaqueta de Delfino estaba al borde de la cama. Recordó que esta chaqueta estaba originalmente sobre el sofá antes de acostarse.

Por eso, después de estar dormida, Delfino salió de esa habitación.

Yadira le preguntó especulativamente, -¿Te encontraste con él? ¿Qué dijisteis?-

-No le dije nada.- Delfino le contestó fríamente, -¿Qué puedo decirle más ahora?-

Yadira tomó la mano de Delfino para consolarlo y no dijo más.

*

En la vieja casa, no podía hacer algo más. Yadira siempre estaba en su habitación excepto que se fue a comer.

Sin embargo, después de terminar la cena, Alejandro le dijo que le acompañase a ver los programas de televisión en su dormitorio.

Yadira pensaba que Alejandro tenía algo que quería decirle, pero resultó que en realidad solo le acompañaba a ver televisión.

Generalmente a los ancianos les gustaban ver los programas como teatro y ópera tradicional. Yadira estaba aburrida, pero Alejandro encantaba mucho. Por lo tanto, tenía que acompañarle a verlos.

Lo bueno fue que Alejandro preocupara el estado de Yadira, por eso después de una hora le insistió a que volviera a la habitación y descansara.

Alejandro miraba a Yadira unos segundos con ojos entrecerrados, -Vuelve a descansar primero. Deja a Delfino venir y tengo algo que decirle.-

Anteriormente Alejandro le pedí que Yadira le acompañase a ver la televisión. Delfino quería venir con ella, pero Yadira no lo permitió.

Dado que Alejandro fue una persona culta y mesurada, lo que Delfino mostró tanto amor y mimo a ella no fue apropiado.

-Sí. Lo sé.- Yadira se levantó y quería salir.

-Yadira. Eh…-

Cuando casi llegó a la puerta, oyó que Alejandro le llamó.

Yadira volvió su cabeza y le preguntó, -¿Qué quieres decir, abuelo?-

Alejandro fue un hombre bohemio cuando estaba joven, pero se casó muy temprano debido al matrimonio familiar.

Decían que la abuela de Delfino fue dos años mayor que Alejandro. Aunque los dos se llevaban bien, él no fue un hombre tradicional y fiel.

En el hogar, había su esposa oficial, mientras tanto afueras había muchas amantes y varios hijos bastardos.

Sin embargo, la mayoría de ellos no tenían erudición y competencias, por lo tanto, no eligió a nadie para que lo llevara a la familia Dominguez.

Noela le había contado a Yadira esos asuntos.

Alejandro fue un hombre hábil. A pesar de que afueras criaba a tantas amantes y a tantos hijos bastardos, nadie llegó a la familia Dominguez para producir algunas molestias. Así le dio la dignidad suficiente a su esposa oficial.

Debido a casarse muy temprano, este año tenía unos setenta años a pesar de que el nieto mayor Jaime ya había cumplido veintiocho años.

De esa edad, los ancianos jubilados y corrientes ya estaban mejorando y fortaleciendo su cuerpo en casa. Si no tenían enfermedades graves, todavía estaban activos y fuertes.

En la familia Dominguez, tanto comida y ropa, como sirviente y aparato, todos los objetos que Alejandro usaban o comían fueron mejores. Incluso contrató a una nutricionista especialmente.

Sin embargo, Alejandro sentaba solo en el sofá. Se veía que él estaba triste y amargo extraordinariamente. Su majestad de progenitores disipó un poco y expresó el estado cansado y viejo, que le dejó a la gente compadecerle.

En ese momento, Yadira percibió clara y obviamente el descontento de Alejandro.

-Los asuntos pasados, se deben a mi error. No me meteré en los asuntos de Delfino y tú jamás. Espero que vosotros podáis enamoraros perpetuamente.-

La voz de Alejandro fue un poco baja y débil. Parecía decir las palabras moribundas.

Yadira cambió la cara levemente. Y le llamó con voz un poco alta involuntariamente, -¡Abuelo!-

Ella comprendió que lo que Alejandro le dijo fue el asunto que anteriormente él le llevó a Fatima Núñez para que fuera amante de Delfino. De hecho, Yadira tenía algunas quejas, por eso no estaba tan cercana con abuelo, pero no le importaba mucho.

Gracias a que a Delfino le importaba ella mucho.

Siempre y cuando Delfino le amaba, no le importó nada qué les parecía a los demás ni cómo los demás trataban de ella.

Sin embargo, la forma de la que le dijo el abuelo le preocupaba mucho.

-Vale. Ve a tu dormitorio. Son casi las diez de la noche. Di a Delfino venir pronto porque quiero acostarme temprano.- Alejandro agitaba su mano. Parecía que no quería escuchar qué ella quería decir más.

Yadira le miró con mucha preocupación, abrió la puerta y volvió al dormitorio apresuradamente.

Delfino, llevado pijama, jugaba el juego en su móvil apoyándose en la cabecera de la cama. Estaba inactivo sin expresión en su cara. Parecía que ese juego no fue interesante.

El acto de que con frecuencia miró hacia la puerta reveló que en realidad no tenía la atención en el juego.

Tan pronto como vio que Yadira abrió la puerta y entró, él tiró el móvil, se levantó de la cama y anduvo hacia ella.

-¿Abuelo no te avergonzó?- Delfino le preguntó mientras la observó para percibir su emoción.

Hasta que aseguró que ella no estaba incómoda, cesó de observarla.

Yadira negó con la cabeza y luego le dijo las palabras de Alejandro, -Abuelo te dijo que te fueras a su dormitorio y tenía algo para decirte. Ve pronto y quiere descansar temprano.-

Delfino lo oyó, después reflexionó un rato y le preguntó, -¿Algo más? ¿Qué te dijo?-

-No es algo importante. Solo le acompaño a ver televisión.- Yadira frunció el ceño y le dijo, -Pero creo que abuelo está un poco extraño, y su forma de hablar es diferente de lo normal…-

Ella realmente suponía que Alejandro parecía decir las palabras moribundas, pero no se atrevía a decir eso frente a Delfino.

Dado que él fue familiar de Delfino.

Yadira dio un suspiro y le dijo, -Todo lo sabrás al verlo.-

Ella podía observó la diferencia y lo raro de abuelo. Delfino fue tan inteligente. Seguramente podría observarlo incluso más.

Delfino vio que Yadira no solo frunció el ceño, sino que también dio un suspiro. Su cara también se puso seria.

-Voy ahora y acuéstate.- Le advirtió a Yadira y luego se fue.