Matrimonio de primera Capítulo 7: Necesitaré que tu ayudarme a sacar las balas

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En Matrimonio de primera Capítulo 7: Necesitaré que tu ayudarme a sacar las balas, lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 7: Necesitaré que tu ayudarme a sacar las balas, la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee Matrimonio de primera Capítulo 7: Necesitaré que tu ayudarme a sacar las balas del autor Gato volador en readerexp.com

Fidelio tampoco esperaba encontrarse con Yarida aquí.

Había rastreado a alguien que terminó en este lugar, y no esperaba que lo atacaran en su lugar.

En este lugar estaba densamente poblado de casas y un terreno complicado, no podía distinguir la dirección en absoluto, había querido tener a alguien como rehén para llevárselo, pero no esperaba encontrarse con Yarida.

No sabía por qué, pero cuando vio el pequeño rostro de Yarida, de repente sintió una sensación de confianza.

Guardó la pistola y la miró directamente con los ojos, con la voz baja y fría, -¿Por qué estabas aquí?-

-Actualmente me quedo aquí.- Yarida se sintió intimidada por la pistola que tenía en la mano y dijo mansamente la verdad.

La sospecha surgió en la mente de Fidelio, - ¿por qué la señorita de la familia Jimenez  viviría en un lugar como este?-

Pero rápidamente volvió a su mentel y ordenó, -Llévame al lugar donde quedarte.-

-No.- Pensó para sí misma que si se le permitía llevar a este hombre a donde ella vivía, bien podría matarla con una pistola.

-Bien.- Fidelio había esperado esta reacción de ella y volvió su tono traicionero dijo, -¿Intentarás que le cuente a mi primo que estabas tratando seducirme?-

¡Amenazándola de nuevo!

Yarida apretó las manos, con el rostro enrojecido por la ira, pero no había nada que pudiera hacer contra ese desvergonzado.

Al final, se dio la vuelta y caminó hacia el camino que había venido, -Ven conmigo.-

Los dos hablaron brevemente durante unos minutos.

No mucho después de que se fueron, dos hombres de negro fueron tras ellos.

Fidelio oyó unos pasos y tiró de Yarida y se metió en otro callejón, encontraron una habitación y entraron.

Esperó a que los dos hombres se fueran antes de sacar a Yarida.

Yarida estaba nerviosa, no sabía en qué se había metido Fidelio, pero también sabía que no era el momento de hacer más preguntas.

...

Los dos volvieron a la pequeña habitación de Yarida

Yarida se paró en la puerta y miró a su alrededor antes de entrar lentamente en la habitación.

Yarida estaba a punto de preguntar a Fidelio...

Cerró la puerta y se giró para preguntar a Fidelio en qué se había metido, y antes de que pudiera pronunciar las siguientes palabras, vio cómo su alto cuerpo caía de golpe.

-¿Qué te pasa?- Yarida se sonrojó y se apresuró a ayudarle.

Pero Fidelio era alto y musculoso, y ella tenía los brazos y las piernas pequeñas, y en lugar de ayudarle a levantarse, se manchó las manos de sangre.

Entonces se dio cuenta de que la cara de Fidelio estaba tan pálida, y como iba vestido completamente de negro, la sangre no era visible.

Fidelio la miró con cara de pánico y, de repente, le tendió la mano y le dijo, -¿De qué tendrás miedo? No tendrás que preocuparte tanto, si muero, no te saldrás con la tuya y te harán lo mismo que a mí.-

Su tono era tan indiferente que era difícil saber si era una broma o algo serio.

Yarida tampoco tuvo paciencia para escuchar tales palabras de él, pensó en los disparos que escuchó antes y dijo seriamente, -¡Suéltame, buscaré mi teléfono y llamaré a una ambulancia!-

Su rostro se hundió de repente y su voz era fría, -No te permitiré llamar a una ambulancia.-

Yarida sintió que aumentaba su fuerza, su mano fue jalada con fuerza, su rostro frío era tan opresivo que no se atrevió a replicar.

Habló tímidamente, -Entonces... te vendaré la herida.-

Fidelio se limitó a ignorar sus palabras y ordenó con voz grave, -Cuchillas, encendedor, velas, vendas, toallas.-

Yarida comprendió, iba a sacar la bala él mismo.

Sacudió la cabeza con horror, -No, no podrás quitar la bala tú mismo, morirás.-

-¿Quién ha dicho que lo haré yo mismo?- Mirándola con ojos profundos.

Justo cuando Yarida se centraba demasiado en sus ojos, le oyó decir con voz débil, -Necesitaré que tu ayudarme a sacar las balas.-