¡Se busca un millonario! Capítulo 12. Una acalorada bienvenida.

sprite

POV: William.

«Ashley no está».

Cuando escucho a la señora Adelfa decirle a Steph que ya su amiga se fue, por problemas con su madre, me preocupo. La morena no fue muy comunicativa en cuanto a la vida personal de Ashley se refiere, pero algo mencionó sobre su madre; una enfermedad.

Steph se queda un poco más hablando con su jefa, pero yo no logro escuchar qué se dicen. Solo sé, que cuando la loca hada madrina que me he buscado, viene a mi encuentro, lo hace con una sonrisa dibujada en su boca.

—¿No se supone que su madre está enferma...por qué sonríes? —pregunto molesto. Ella rueda sus ojos y me arrastra a la salida.

—Vamos, antes de que ella se arrepienta de haberme dejado ir, afuera te explico todo —habla en voz baja, casi que entre dientes.

Verdaderamente, esta mujer es la locura personificada, pero aun así le sigo la corriente. Cuando salimos de la cafetería, guía el camino hasta mi auto.

—Stephania, ¿qué sucede con Ashley? —Me suelto de su agarre y pregunto, con voz grave.

—¡Ay, que apuro llevas! Y dime Steph, por favor —reclama y rueda sus ojos—. A Ashley no le sucede nada, Adelfa piensa que es algo relacionado con su madre, pero Clarisse está bien, yo hablé con ella por la mañana. Vivimos juntas, ¿recuerdas? —exclama y hace un gesto extraño con su mano.

Asiento, pero no estoy convencido.

—Entonces, ¿por qué se fue antes de tiempo? —insisto.

—Eso es fácil —dice, sonriendo con demasiada energía—. Porque nos vio.

Alza los hombros, despreocupada, como si eso fuera algo sin importancia.

—¿Por qué estás tan segura, Steph? —replico, dudoso de todo esto, que siento se me está yendo de las manos.

—Porque le gustas, genio —farfulla, se acerca a mí y con sus pies de puntillas, se alza, para presionar un dedo en mi frente—. Ella está loquita por ti, de eso no hay dudas. Y por lo poco que he podido notar, tú también por ella.

Todo eso está bien, pero aún no hay nada que me dé garantías sobre lo que yo quiero saber.

—Ashley, es una amiga increíble —continúa, cuando ya iba a protestar—. En su código está impreso, respetar los límites de cada una. Ella, aunque se siente atraída por ti, dejaría de lado todos sus sentimientos, solo para que yo pudiera vivir mi amor de novelas. Que al final, no va a resultar ser contigo, pero eso, ella no lo sabe —culmina y me guiño un ojo.

Yo sonrío, debo confesar, un poquito satisfecho. Saber que la mujer que me trae de cabeza es tan leal, al punto de abandonar sus propios intereses por el bien de otro, me llena de orgullo. Y no es que su acto de sacrificio sea digno de admirar, porque al final, ella estaría renunciando a lo que quiere sin dar la pelea. Pero también, debo incluir, que yo la hice creer algo que no es. Y si yo, supuestamente estoy interesado en su amiga, ella piensa que perdió su oportunidad.

«Pero ya veremos, Ash, cuánto estás dispuesta a sacrificar».

—Tengo un plan, por si te interesa —interrumpe la morena mis alocados pensamientos. La miro, a la expectativa—. Vamos a tu casa.

—¿A la ciudad? ¿Eso para qué? —pregunto, confundido.

Ella resopla y abre la puerta trasera del auto, sin que yo le diga que seguiré sus tontas ideas.

—Es fácil, querido —aclara con voz en exceso refinada—. Para que Ashley vaya a buscar a su muy borracha amiga, que no puede ni levantarse de la cama.

«Joder, ella sí que está loca».

Me quedo unos segundos pensando en su propuesta. Darle la entrada a Steph a mi apartamento, para atraer a Ashley, me parece demasiado; pero también debo pensar que es la única forma de traer a esa linda rubia a mi terreno.

Necesito limpiar mi imagen con ella y puede que esta sea la oportunidad perfecta.

—Vamos, entonces —declaro y me subo al auto.

Siento la mirada de mi chófer y lo miro por el espejo retrovisor, sonríe complacido. Intento ocultar la mía, pero ya es tarde, sin darme cuenta estaba sonriendo.

«Sí, Ricardo, esa mujer me tiene loco», le digo en mi cabeza.

Miro hacia mi lado izquierdo y veo a Steph, que está entretenida pensando en Dios sabe qué, supongo que maquinando todo lo que hará para que su plan y nuestro trato, funcione.

(...)

—¿Por qué haces esto, Steph? —pregunto, viendo cómo inclina su cabeza hacia atrás y se toma de un trago el cuarto chupito.

Dejo mi chaqueta y la corbata sobre la banqueta alta de la cocina y voy hasta ella, para evitar que se tome el quinto.

—Uno, porque debe ser creíble —dice, con el dedo índice levantado, en un intento fallido de detenerme. Le quito el vaso, pero no alcanzo la botella a tiempo. Se aleja y con rapidez, se echa parte del contenido encima de su ropa—. Dos, necesito caer borracha para que Ashley no me pueda despertar, por mucho que lo intente.

—Creo que esto es un error, cuando acepté esto no pensé que fuera así —reclamo, ya la morena está colmando mi paciencia.

—Relájate, amigo —pide, su cuerpo se balancea, lo que me da una pista sobre su estado etílico—. Ahora, hacemos lo siguiente. Llévame a uno de los cuartos, déjame una camisa tuya y llama a Ashley, dile que yo estoy borracha y que no sabes qué hacer. Y listo, tendrás a tu amorcito aquí en

—Para eso tendría que mandar a mi chofer —informo.

—¡Exacto, genio! —chilla—. Te recomiendo que lo mandes desde ya. Ahora, llévame al maldito cuarto y dame una maldita camisa.

Resoplo y paso mis manos por la cabeza, frustrado con todo esto. No debería haber aceptado.

«Pero ya estamos aquí».

Tomo mi teléfono y le informo a Ricardo que vuelva al pueblo, que yo lo llamaré para darle indicaciones. Guardo mi teléfono y sigo con el plan.

—Vale, vamos —murmuro, cansado de todo esto. Si no resulta, lo de hoy, mandaré al diablo todo este dichoso trato y le confesaré a Ash lo que siento.

Siento unas palmaditas detrás de mí y me giro, para ver a Steph cargar con la botella de whisky que había dejado a un lado más temprano. Ruedo los ojos y la doy por incorregible.

Subimos la escalera y la dejo en la segunda habitación. Voy hasta la mía y busco una camisa de las tantas que tengo en mi vestidor y se la llevo. Toco la puerta antes de abrir, ella me dice que pase y se escucha su voz amortiguada. Entro en la habitación, que ya huele a whisky, y veo la puerta del baño cerrada. La dejo estar y antes de salir, le informo que la camisa está encima de la cama.

Voy hacia mi habitación y busco en mi teléfono el contacto de Ashley.

«Amiga intensa de la chica oportunista», leo y sonrío como bobo. Al final resultó que, de esa clasificación, solo es cierta la parte de la amiga

Marco el número y espero, con los nervios a mil y el corazón en la boca. El teléfono suena una vez, no responde. Insisto y entonces, vuelvo a escuchar

(...)

media hora dando vueltas en el salón. Mi cabello es un revoltijo desordenado y es que, no he dejado de pasar mis manos una y otra vez por mi

abro el primer botón de la camisa y me subo las mangas hasta los codos, porque ya estoy sintiendo demasiado calor. Me viene la idea de quitármela, pero no quiero aparentar de más, lo que

se demoran tanto?», me pregunto y miro mi reloj. No han pasado todavía ni veinte minutos que recibí la dirección de Ashley, por lo que deben estar en camino aún. Villa Florencia queda a media hora de aquí, aunque también tengo que tener en cuenta, cuánto le faltaba a Ricardo para llegar al pueblo cuando yo le mandé la dirección en un

siento en el sofá; luego voy hasta la ventana, miro la noche y la ciudad debajo de mí; voy a la cocina y tomo un poco de agua. Miro mi reloj. Veintisiete

—Arrggg —gruño, ansioso.

relajarme y pienso en Steph, desde que dejé a esa loca en la habitación, no la he sentido más. Me decido y voy a revisar que todo esté bien con ella.

escaleras y al llegar a su puerta, toco con suavidad. Al no escuchar respuesta, entro, preocupado de que haya sucedido

pero solo escucho unos ronquidos. Está acostada, completamente dormida, encima de la

acerco y veo que lleva puesta mi camisa; la manta tapa la parte inferior de su cuerpo. Me acerco un poco más al sentir el frío del aire acondicionado, que debe haberlo bajado demasiado, para taparla

a whisky, otra vez, es asfixiante. Me pregunto si esta chica tendrá algún problema con el

la habitación, sin que ella se entere, al parecer, cumplió su parte

«Hacerlo todo más creíble».

bajando la escalera otra vez, cuando escucho el timbre sonar. Un cosquilleo me recorre entero ante la expectativa de verla aquí, en mi casa. Sin esperar mucho más, voy yo mismo a abrir la puerta. Hoy es el día de descanso de Martha y estoy

abrir la puerta, tomo una respiración profunda. Pero de nada me sirve cuando al verla, expulso todo como globo desinflado, para luego volver a tomarlo como si me faltara el

«Joder, esto no me lo esperaba».

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 12. Una acalorada bienvenida. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 12. Una acalorada bienvenida. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 12. Una acalorada bienvenida. en readerexp.com