¡Se busca un millonario! Capítulo 14. Cómo olvidarlo.

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POV: William.

«Soy imbécil».

Cómo es posible que yo haya dicho semejantes palabras. No es sólo que defendiera mi hombría ante las declaraciones provocadoras de Ashley, es que se me fue la musa un poco "demasiado". Prácticamente le afirmé una relación sexual con su amiga, lo que para nada era mi intención tras este trato. Luego, para más de contra, la ofendí mencionando su temporada de sequía. Ya, por último, fui muy lejos, ofreciéndole mi ayuda para superar sus... ¿carencias?

«Dios, es que ni yo mismo me creo que haya dicho tanta pendejada junta».

No era mi intención decir nada de eso, solo se sintió ofensivo que ella me atacara, sin yo conocer las razones. No es como que Steph y yo tuvimos algo de verdad, aunque bueno, ella me pidió una camisa y pasó a dormir en los brazos de Morfeo, sabiendo todo lo que su amiga haría por ella y pensaría de mí.

Pero yo no esperaba que ella fuera a armarme una bronca, de hecho, pensaba que la próxima vez que la viera sería despidiéndome de ella; por eso decidí tomarme una ducha, no estaba muy seguro de poder mantener mi trasero ansioso lejos de ella. Y por supuesto, sentir que llamaba a la puerta, me sorprendió. Decidí abrir por una cuestión de preocupación, tal vez la loca morena se había puesto mal o algo había sucedido, ya que el toque en la puerta fue bastante persistente.

Sin embargo, ver el evidente cambio en sus ojos al verme, me hizo sentir un tilín orgulloso. Ella venía a buscar pelea y la tomó por sorpresa mi poco habitual carencia de ropa. En sus ojos pude verificar, por unos largos segundos, que le gustaba lo que estaba viendo, que no le era indiferente como pretende demostrar; pero tuve que meter la pata por completo, ahora ella no querrá siquiera escuchar una explicación.

Pienso y pienso en la posibilidad de desmentir todo esto que se ha vuelto demasiado complicado; pero por más que lo hago no encuentro algo, un motivo lo suficientemente justo para que yo haya actuado de esa forma. Tal vez debería esperar a que ella se calme y podamos hablar como dos personas civilizadas, sin ofensas y palabras mal sonantes entre nosotros.

Me siento en la cama y luego caigo de espaldas, siento aún el dolor en mis partes bajas por la maniobra hecha por la pequeña rubia; tapo mis ojos con un brazo y resoplo de pura indignación. Muy en el fondo sabía que este trato no conllevaría a nada bueno, pero tuve que aceptar y he aquí las consecuencias de mis malas decisiones.

Mi teléfono suena en la mesilla de noche y me extraña, porque ya es tarde. Me preocupo al instante y en mi pecho siento una opresión. Al ver la pantalla aumenta el sentimiento y no demoro en responder.

—¿Qué pasó, Esme? —pregunto alarmado. Del otro lado de la línea solo escucho los jadeos de mi hermana— ¡Esme, respira! ¡Inhala, exhala! ¡Hazlo conmigo, vamos!

Me pone nervioso esta situación, como cada vez. Me frustra no poder hacer nada por mi hermana cada vez que esto sucede. Lo único que me reconforta es que ella siempre me llama, para que yo la ayude a superar las crisis.

—¡Esme, tranquila, solo debes respirar! ¡Hazlo conmigo, vamos! —continúo y simulo una respiración más fuerte, para que ella escuche y la siga.

Desesperado, salgo de la habitación; me pone mal que mi hermana no pueda evitar estos momentos. Sigo hablándole a través de la línea y le doy indicaciones, respiro junto con ella hasta que siento, unos minutos después, que va recuperando el ritmo normal.

Me quedo callado, hasta que la siento sollozar del otro lado. Mi corazón se rompe e intento mantener el tipo, quiero demostrarle que todo está bien y que yo seré fuerte por ella.

—Esme, ya pasó, tranquila. Yo estoy contigo —murmuro, mientras me siento en la isleta de la cocina, con mis codos apoyados en la encimera y tapo mis ojos, para relajarme.

Ella sigue ahí, no habla, pero siento en su respiración que va mejorando. Suspiro un poco más tranquilo. Unos minutos después, mi hermana me agradece y sin más, cuelga.

Miro la pantalla de mi celular y veo que pasaron unos quince minutos esta vez. Por mucho que se supone que sea, esta ha sido de las crisis más cortas. Cuando todo comenzó podía pasarse horas así; hubo noches que pasé íntegras con el celular en la oreja intentando calmarla y cuando ella se quedaba dormida, aún me quedaba ahí, velando su sueño.

Hacía ya unos dos años que no le sucedía, pero en estos últimos meses volvieron y con bastante intensidad. Todavía estoy intentando descubrir la razón de que así sea.

Vuelvo a suspirar y destapo mis ojos, al levantar la cabeza me encuentro con unos ojos marrones que me miran con preocupación. En su rostro se puede notar la vergüenza por haber sido descubierta y después de todo lo sucedido antes, creo que se siente aún más incómodo. Pero yo no hago nada, solo me quedo mirándola, esperando que sea ella la que decida qué hacer.

Mantengo mis ojos en los suyos, por mucho que desee volver a admirar su hermosa estampa. Sus mejillas adquieren un dulce color rojizo y sus manos se retuercen, nerviosas.

—Lo siento —digo, luego de unos segundos, en los que no dejamos de mirarnos. Ella con preocupación, quizás. Yo, con la necesidad de calmar mi angustia—. No... recordé que había alguien más en la casa. Disculpa si te asusté.

El "lo siento" tiene una doble intención, disculparme por el encuentro de antes y por la situación de ahora. No pensé en la posibilidad de que ella escuchara mis indicaciones para calmar a mi hermana y que pudiera preocuparse por eso.

—No...no te disculpes, es tu casa. Siento mucho la... indiscreción —tartamudea Ashley y su dulce voz, me provoca escalofríos—. Voy a seguir intentando despertar a Steph.

Mira a cualquier lado menos a mí; sus manos siguen unidas y retorciéndose una a la otra. Cuando da media vuelta para irse, no puedo mantener mi boca cerrada.

—¡No te vayas! —pido, con un tono alto. Ella se detiene y me mira medio asustada con mi petición—. Por favor.

Cierro los ojos, porque no tengo idea cómo ella reaccionará. Supongo que sigo metiendo la pata cuando a ella se refiere.

—Lo siento, no me hagas caso —rectifico, no pretendo que ella se sienta más incómoda de lo que ya es.

Bajo la cabeza, para no verla irse y pienso otra vez en la situación de mi hermana. Si se mantienen estas crisis tendré que llevarla otra vez a terapia.

—Literalmente, salto en la silla y casi me caigo. La voz de Ashley, que se escucha a mi lado, me toma desprevenido.

la cabeza y mis ojos se encuentran con los suyos. Ella se nota aún más avergonzada que hace unos minutos. Suspiro, para tranquilizar mi corazón y le sonrío. Decido abrirme a ella, no pretendo que piense lo peor de mí sí quiero ganarme su corazón.

—Era mi hermana —explico—. A ella le...le dan ataques de pánico y siempre me llama, para que yo la ayude. Es bastante angustiante no poder hacer nada y esperar impotente a que todo pase.

—Lo siento —menciona ella, con una tristeza reflejada en sus ojos—, no sé lo que debe sentirse al estar en esa posición, pero sí te garantizo que estás haciendo más que "nada". Solo escucharte tranquilizarla, demuestra cuánto sientes en tu propia piel todo lo que a ella le sucede.

Me quedo viéndola sin poder hacer nada más. Sus palabras, aunque desconoce de los motivos que llevan a mi hermana a sufrir estas crisis, se sienten más que reconfortantes; en su voz creo detectar una impresión que antes no estaba; o al menos, no antes del incidente de hace rato.

eso —declaro, fijando mis ojos en los suyos, con intensidad—, creo que me hacía falta escuchar algo así; la situación de mi hermana me

trauma muy complicado? —pregunta, con un poco de lástima y luego se da cuenta de que acaba de preguntar algo personal, pide disculpas y se pone colorada

te preocupes —niego con la cabeza—, no pidas disculpas por eso; sí, es un trauma que la persigue desde hace algunos años; pero bueno, creo que hoy no es el día para hablar de eso. Tal vez más adelante me atreva a hablar de algo que a mí también me

que sí, ¡que tonta soy! —exclama; pasa sus manos por la cabeza, para alisar sus cabellos rubios—. Siento mucho todo, de igual forma es algo privado y yo no soy nadie para andar preguntando. Además, no creo que volvamos a

bueno, así se acabó nuestra tregua temporal», pienso y cierro los ojos. Debo confesar que me pinchó un poquito su declaración, a la

qué lo haríamos? —disimulo mi malestar y pienso, considero por unos interminables segundos, contarle toda la verdad; pero al final no lo hago. Sin embargo, aprovecho para intentar limpiar un poco la imagen que tiene de mí—. Lo siento, por lo de antes.

se tensa, puedo notarlo. Tal vez esté equivocado, pero por un segundo me pareció que ella quería olvidar todo lo sucedido y hacer como si ambos estuviéramos solos por disposición; y no porque yo supuestamente me haya acostado con su mejor amiga, que duerme borracha en una cama a pocos metros

sido grosero, no era mi intención hacerte sentir mal y mucho menos, soy de esos que hablan tanta estupidez —explico, sin parar a respirar. Ella me mira con el ceño y la boca fruncidos—. Disculpa si te ofendí, prometo que no

únicamente, luego de unos segundos. Asiento y le pregunto si desea tomar algo; un café o un té—. Podría ser un

acepta mi sencilla propuesta, pensé que tendría que recordarle que su amiga duerme la mona sin importarle nada más. Preparo la cafetera para poner el agua a calentar y ella sube las escaleras otra vez, para buscar su teléfono. Al bajar, escucho que habla con alguien por el celular; unas palabras después me doy cuenta que debe ser su madre, porque es la tercera vez que repite

bien, te lo prometo —repite y me divierte ver que sus ojos casi se quedan en blanco—. Siii...en cuanto pueda salimos para allá, no te preocupes —escucha algo que le dicen, sonríe y añade—: lo sé, yo también te

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 14. Cómo olvidarlo. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 14. Cómo olvidarlo. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 14. Cómo olvidarlo. en readerexp.com