¡Se busca un millonario! Capítulo 22. Noticias desafortunadas.

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POV: William.

Mi hermana mira emocionada por la ventanilla, al parecer, es su primera vez en Villa Florencia. Fue así durante todo el viaje, lo mismo en las zonas desiertas de algunos tramos de carretera, que en otros donde se podían ver algunos caseríos. Lo mira todo con entusiasmo y eso me hace feliz; solo falta que todo sea real y no una imagen para despreocuparme de todo lo que ella está pasando. Por otro lado, estoy yo, que no logro concentrarme en otra cosa que no sean mis nervios, mi ansiedad por volver a ver a Ashley. Espero de verdad que ella no tome a mal mi aparición tan pronto.

Por un momento pienso que debía esperar al menos unos días, pero eso solo sería atrasar lo inevitable. Por más días que pasen, ella no cambiará su opinión, sin embargo, si yo intento por todos los medios conseguir su perdón, el riesgo habrá valido la pena.

—¿Qué piensas, Will? —pregunta Esme de repente y me saca de mis pensamientos. La miro medio perdido y ella sonríe, pícara—. Puedo imaginar lo que sea que te trae así.

—Ah, ¿sí? —Intento hacerme el interesante y misterioso, pero mi hermana me conoce demasiado bien.

—Puede que no tenga la seguridad con otras cosas, pero de que es un problema de faldas, lo es —asegura y me guiña un ojo.

Yo ruedo los ojos, para despistar, pero Esme es muy observadora y, de todas maneras, se va a dar cuenta de todo en cuanto me encuentre con Ashley.

—La vas a conocer —confieso, sin mirarla. Escucho su jadeo de sorpresa y luego un chillido de emoción.

—Siiii, lo sabía —grita y la veo hacer gestos raros con sus manos, como si estuviera bailando de una forma muy...abstracta.

Miro a Ricardo, que nos ve por el espejo retrovisor y también está sonriendo. No me demoro mucho para darme cuenta que la rubia, se ganó el corazón de mi chofer en solo un encuentro.

—¿Ella sabe? —pregunta. Al ver que yo no respondo nada, continúa con mil y una preguntas más.

Por suerte, llegamos a nuestro destino y eso es lo suficientemente atractivo para que ella deje el tema de lado; después de todo, podrá conocer a la protagonista de sus preguntas.

En la boca del estómago se me forma un nudo, unas cosquillas comienzan en mi pecho y mis manos se vuelven frías. Me bajo del auto y arreglo mi chaqueta, extiendo mi mano para ayudar a Esme. Una vez fuera, la toma y, al sentirla fría, me mira, pero no dice nada; solo engancha su brazo con el mío y caminamos hasta las puertas de cristal de la cafetería.

Abro la puerta y dejo que Esme pase primero. Me enfoco en ella para evitar buscar a Ashley con la mirada; no quiero que sienta que la presiono o que la quiero molestar con mi presencia. Intento dirigir a mi hermana hasta la mesa donde me siento cada día, pero ella sigue a su aire y se encamina hacia otra zona, una más alejada de los demás y donde aún no se sienta nadie.

Por más que trato de evitar buscarla, al final, me pueden las ganas y lo hago. La encuentro, recostada a la barra, con sus manos tapando su rostro en una pose de frustración. Su compañera de trabajo, del otro lado de la barra, le dice algo y ella se tensa. Una idea me viene a la mente y miro a mi alrededor para corroborarla. En la cafetería hay tres zonas, en dos de ellas ya hay chicas trabajando, lo que significa que Ashley debe tener asignada la que falta.

Un sentimiento extraño se apodera de mí. Las casualidades son extrañas y quiero pensar que el destino, hoy, está de mi parte.

Esme se va hasta una mesa para dos, la más alejada y que pega a una ventana, donde puede verse un hermoso jardín. La ayudo a sentar y luego tomo asiento en la otra silla, justo al frente. Mi hermana toma el menú antes de que yo pueda hacerlo y me pongo más nervioso aún, al no tener nada que tocar para calmarme o disimular mis nervios. Decido entonces, sacar mi celular y ponerme a revisar algunos correos.

—¿Qué sueles tomar aquí? —pregunta mi hermana y yo sonrío, recordando el momento en que Ashley tomó mi nota sin yo hablar siquiera. Me imagino que debo haber puesto una cara de enamorado, cuando Esme añade—. Espero que esa expresión, sea por recordar a la chica y no porque adoras lo que sea que tomes en este lugar.

Suelta una carcajada y yo la sigo. Esme toma mis manos entre las suyas y me mira con amor en sus ojos.

—Me gusta verte así —confiesa y sus ojos se aguan—. Espero de verdad que esa chica valga la pena.

—Yo creo que esta vez sí escogí bien, hermanita —aseguro—. Ahora solo falta que ella me acepte.

—¿Cómo...no te hace caso? —pregunta y suelta otra carcajada, casi se le salen lágrimas de diversión—. Entonces, está claro que esta sí es la definitiva. Ahora solo espero que no me abandones.

A pesar de que sé, está bromeando, conozco también sus miedos.

—Esme —comienzo y tomo sus manos entre las mías, la miro directamente a los ojos y puedo ver que ella se emociona—. Tú eres lo más importante para mí, nadie y escúchame bien, nadie, me va a separar nunca de ti. Te amo, mi niña.

Mi hermana lo es todo para mí y yo tengo bien claras sus inseguridades; y justo como acabo de decirle, nadie podrá ocupar su lugar, porque siempre será mi hermanita, un amor diferente, pero igual o más fuerte, que cualquier otro.

Un carraspeo interrumpe mis pensamientos y, cuando alzo la mirada, me encuentro con los ojos marrones más tristes que he visto alguna vez, pero cambia tan rápido su expresión, que creo haber imaginado todo.

—Buenas tardes, ¿qué van a llevar? —pregunta Ashley, con voz profesional. Sus ojos son dos pozos fríos ahora; me mira retadora y, en ningún momento, cruza sus ojos con los de mi hermana.

—¿Qué recomiendas? —interviene Esme, ganándose la atención de Ashley a regañadientes. Cuando miro a mi hermana, tiene una enorme sonrisa dibujada en su rostro; así puedo suponer que se ha dado cuenta de todo.

—Todo tiene una excelente calidad, depende de sus gustos —responde Ashley, sin prestar mucha atención, vuelve a mirarme y casi siento la frialdad rozando mi cuerpo.

—Bueno, entonces dejo que elija Will —devuelve mi hermana.

Toma otra vez mi mano, la que había soltado yo mismo en cuanto vi a Ashley, me la aprieta un poco y ya sé por dónde viene. Quiere que haga algo.

—Yo... —carraspeo—. Yo siempre pido lo mismo, no soy el mejor para hacer recomendaciones, pero de seguro Ashley puede ser más específica.

La rubia se molesta, puedo notarlo en su expresión, pero nada como el gesto que hace en cuanto escucha las palabras de mi

—¿Ashley? —pregunta, fingiendo confusión, como si fuera inentendible que yo conociera el nombre de la dependiente. La mira de arriba a abajo y me vuelve a mirar—. Supongo que sea porque frecuentas este lugar, es normal que las conozcas a todas.

Y así como así, mi hermana acaba de ponerle más picante al asunto, le está dando a entender, de una forma muy retorcida, que ella es algo mío, algo más que mi hermana.

«Esto no va a salir bien», pienso y resoplo interiormente. Por fuera, finjo que todo está bien y espero la respuesta de Ash; pero por dentro soy más que un manojo de nervios.

—Puede pedir lo que recomienda el menú el día de hoy. Es algo simple, para los que no quieren pasar el trabajo de leer el menú por completo o son tan indecisos que no logran tomar una decisión —comenta, con un tono indiferente, casi como si no le importara. Se acerca un poco más y señala una parte muy colorida del menú—. Es este de aquí; bien grande y llamativo. ¿Necesita que se lo lea?

La sonrisa que planta en su boca al terminar de hablar, es lo más falso que he visto alguna vez. Si no fuera porque mi hermana está intentando aguantar su risa, soltaría una carcajada inmensa por todo lo que acaba de suceder. Ella actúa como si estuviera celosa, no creo que esa sea su forma de atender a los clientes; es más, estoy seguro que no es así.

—No, gracias, Will puede hacerlo —responde mi hermana cuando logra hablar sin reírse—. Te llamamos cuando estemos listos.

Ashley, sin mirarme otra vez, da media vuelta y se va.

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(...)

POV: Ashley.

No, gracias, Will puede hacerlo...

Will pidi hicirli», me burlo en mi cabeza y voy rodando los ojos hasta que llego a

algo, Ashley? Parece que te vas a volver bizca —comenta Monse, con

me caen muy mal estas pijas ricas que se creen lo más —despotrico de malas formas en contra de la dichosa

la mirada de Monse sobre mí, pero no la miro; debe ser muy raro verme en este estado, generalmente yo soy la que atiendo a los clientes complicados porque tengo un carácter más dócil que

se fue a la mierda hoy», pienso y ya comienzo a sentir la decepción creciendo con fuerzas en mi

conmigo misma, no es que la chica haya hecho algo mal; su único error es ser la acompañante del maldito

lo más importante para mí, nadie y escúchame bien, nadie, me va a separar nunca de ti. Te amo,

ojos arden cuando recuerdo esas palabras; pestañeo varias veces para evitar que caigan lágrimas ácidas. Respiro profundo e intento relajarme; tengo que volver con ellos y mostrar mi expresión

este hombre saca lo peor de mí», reclamo, intentando justificar mis malos modos con esa

que esa chica fuera como dices —dice Monse y yo la miro frunciendo el ceño—. Nunca he visto en las revistas de cotilleo, otra cosa que no sea lo super amable que

—¿De quién hablas? —pregunto.

la acompañante de William O' Sullivan —dice, como si fuera obvio. Y lo es, pero yo lo que quiero saber es de dónde la conoce; yo no soy de leer muchas revistas—. Es raro que luego de tres años, sea la primera vez que vengan juntos; tenía entendido que son muy

saliendo? —susurro, pienso que en cualquier momento me dará algo.

ese mismo instante la dichosa rubia levanta su mano solicitando mi presencia. Tomo mi libreta de notas con rabia corriendo por mis venas. William no es más que

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 22. Noticias desafortunadas. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 22. Noticias desafortunadas. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 22. Noticias desafortunadas. en readerexp.com