¡Se busca un millonario! Capítulo 28. La vida que mereces.

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POV: Ashley.

Me quedo como tonta mirando por donde acaba de salir William, con mi mano levantada y mis dedos moviéndose con lentitud.

Sus acciones más que provocativas en estos últimos encuentros, me resultan divertidas y, un poco desequilibrantes. Nunca había pensado que William podía estar interesado en mí; tres años de convivir con una atracción escondida y vergonzosa, porque, quién se fija en la chica pobre que pasa demasiado trabajo. Un millonario no siempre es la respuesta a esa pregunta. Pero al parecer, William y yo, tenemos una posibilidad; él ha demostrado interés en mí y lo de hoy, su propuesta, me convence de que en verdad quiere ayudar.

Mientras me hablaba de todos los beneficios, no podía dejar de pensar que solo me estaba llenando los oídos, con resultados satisfactorios debería decir; pero es que, es muy difícil de creer que de un día para otro pueda conseguir lo que llevo por años luchando. No es tanto el auto, ni el apartamento, ni siquiera el salario promedio en un año; lo que más me emociona es que podré ofrecerle a mi madre una oportunidad, lo que ha sido mi mayor miedo todos estos años.

Otro punto importante es la educación de mi hermano y la posibilidad de tener al fin, mi título universitario. Mucho trabajo he tenido que pasar, con infinidad de decepciones laborales, por no tener estudios terminados. No quiero eso para mi hermano, por eso le pongo tanto empeño a su formación.

—Eh... señorita. —Escucho una voz detrás de mí y me giro. El médico de antes, el del pase de guardia, llama mi atención.

—Hola, doctor Brown...diga usted. —Salgo de mis pensamientos y atiendo lo que tiene que decir.

—Quería comentarle, que ya está lista la historia clínica, me puse en contacto con el doctor Bing y ellos recibirán a su madre cuanto antes —informa y yo me siento un poco más aliviada con las buenas noticias—. Ya la directiva del hospital está al tanto y estamos tramitando una ambulancia que la lleve a la ciudad, pero eso puede demorar.

—Uh, gracias, por la información —comento, pensativa—. ¿Es necesario utilizar la ambulancia que solicita el hospital para hacer el traslado? ¿No le dan de alta a mi madre y podemos irnos nosotros por nuestros medios?

—Bueno, sí, yo puedo darle de alta, si usted me asegura que tiene garantizado un medio de transporte para trasladarla de centro —aclara—. También puede hacer la gestión y que la clínica envíe una ambulancia, así sería mucho mejor.

—Gracias, doctor, voy a ponerme en contacto y le aviso —declaro, él asiente y se retira, pero antes me da indicaciones sobre a dónde debo dirigirme después.

Regreso a la sala junto a mi madre, mi hermano y Steph. Cuando entro, todos me miran raro, con sonrisas pícaras y nada disimuladas.

—¿Qué les pasa? —finjo, con una ceja arqueada en señal de "no entiendo nada"—. ¿Tienen algo que decirme?

—Aquí todos estamos de acuerdo —comienza Steph—, en que la que tiene mucho que decir, eres tú.

Se cruza de brazos y me mira con desafío. Mi madre suelta una carcajada y mi hermano, alza sus hombros, a la espera de mi respuesta.

Resoplo y pongo los ojos en blanco. Estos se pusieron de acuerdo para atacarme en pandilla.

—Bueno, les tengo muchas noticias —comento, mientras me siento en la cama junto a mi madre—. Tengo trabajo nuevo.

Una serie de jadeos sorprendidos se escuchan en la pequeña sala. Variaciones de «¿En serio?», «¿Cómo así?» y «Lo sabía». Sonrío y me hago la interesante, pero me dura poco, cuando comienzan a caerme para más detalles no puedo aguantar mucho más.

—William me ofreció trabajo —explico—, le hizo una promoción a su asistente y esa plaza quedó vacante. Acepté, porque la verdad, tiene muchísimos beneficios y entre ellos... —continúo y miro a mi madre—, un seguro médico aplicable a todos los familiares.

Mi madre abre la boca sorprendida y sus ojos se aguan de emoción. Boquea, intentando decir o preguntar algo, pero no le sale nada. Yo asiento con la cabeza.

—Sí, mamá —afirmo—, ya te atenderán en otra clínica, una mucho mejor y podremos tener una oportunidad.

Mi madre se gira para ver a Christopher y sé, que está pensando en lo que hablamos hace unos días.

Les sigo comentando sobre todos los beneficios y la idea de mudarnos a la ciudad. Por supuesto, ninguno pone objeción con esta decisión, es lo mejor para todos y podremos cambiar nuestra calidad de vida. Hablamos sobre la clínica y quedamos en que llamaré a William para ver si puede ayudarnos con el traslado. También recuerdo que debo llamar a Adelfa y ponerla al tanto de la situación; ella debe haberse quedado preocupada y, además, debo decirle que busque un suplente para mi plaza.

Me pongo en contacto con William, para gestionar lo de la ambulancia y el traslado. Él me comenta que se encargará de todo, por lo que puedo ir tramitando el alta. Steph se ofrece para ir a avisarle al médico de guardia y yo acepto, porque necesito recoger todas nuestras pertenencias. Cuando regresa con el documento, me dice que irá para el apartamento; así podrá adelantar la recogida para la mudanza. Christopher decide irse con ella, para ayudarla con las cajas y lo más pesado.

Cuando nos quedamos a solas las dos, mi madre me pide que me siente a su lado; toma mis manos entre las suyas y sonríe con amor.

—Estoy orgullosa de ti, mi niña —murmura y yo siento mis mejillas arder—. Tú verás que ese maravilloso trabajo te abrirá muchas puertas. Podrás terminar de estudiar al fin y tendrás un salario justo a tu sacrificio.

—Lo sé, mamá —aseguro—. Soy consciente de la suerte que acabo de tener. En un inicio pensé que William solo quería ayudarme a como fuera y no pretendía aceptar, pero luego me di cuenta de que él no me regalará nada; voy a trabajar y me ganaré ese sueldo de cinco cifras. No le tengo miedo a la responsabilidad.

—No, no le tienes miedo a nada —declara, mientras pasa su mano por mis mejillas.

respondo nada, pero sí que tengo miedo de algo. A perderla.

Mi madre ha sido mi sostén, siempre. El motivo por el que soy como soy. La razón por la que cada día me levanto, aunque el cansancio me aturda y los ojos se me cierren. Perderla, significaría mover el centro de mi mundo y, aunque todavía quedaría mi hermano, ya no sería lo mismo.

—Ahora, cuéntame —pide mi madre, luego de un silencio demasiado largo—, sobre ese chico. ¿Ya comenzó a enamorarte?

Suelto una carcajada y niego con la cabeza.

—Mamá, ¿qué es eso? —desestimo, finjo que nada extraño ha sucedido.

—Ay, hija, ¿tú crees que yo soy boba? —pregunta, divertida—. Ese muchacho está loquito por ti; se le nota a kilómetros. Y a ti también.

—¿Tú crees? —replico, con poco entusiasmo.

—¿Qué cosa...que él está loco por ti? —dice y yo asiento—. Pfff, por supuesto.

Su resoplido me hace gracia, como si fuera más que obvia toda la situación. Sonrío nerviosa y siento unas cosquillas subir y bajar por mi cuerpo.

—Al igual que tú por él —continúa—. Si yo hubiera sabido antes que esa mirada dulzona que pones, es cuando piensas en él, te hubiera molestado más para que te atrevieras a decirle algo.

loca. Muy bien me hubiera visto, acercándome al chico de oro de la ciudad e invitándolo a salir —ironizo, con mis ojos en blanco—. Me hubieran dicho loca,

no es algo malo —replica mi madre y yo recuerdo las palabras de Will, antes de irse hace

lo es —respondo, con una sonrisa bobalicona en el

la conversación de lado y me pongo a recoger todo. Cuando ya tengo preparadas las bolsas, tocan la puerta. Mi madre está cambiándose de ropa en el baño y yo me fijo que esté la puerta cerrada antes de abrir. Al hacerlo, me encuentro con Ricardo, el chofer de

señorita Ashley —saluda con una sonrisa. Yo me alegro de verlo también—. El señor O' Sullivan me envió a buscarlas. Yo las llevaré a la clínica, donde él las estará esperando con todo

—digo, alegre—. Solo espere un minuto a que mi madre termine de cambiarse,

que vaya llevando las bolsas? —pregunta y señala el pequeño bulto encima de la

sí —determino y lo dejo pasar—, lo único que falta es que la enfermera venga para entregar la

avanzando, entonces —dice y me pregunta si puede pasar. Me hago a un lado para

todas las bolsas en sus manos se dispone a salir, cuando mi madre sale del baño. Ambos se quedan mirando, como si el mundo hubiera dejado de girar y solo estuvieran ellos. Por unos pocos segundos se puede palpar en el aire la tensión que se crea a su alrededor.

madre es la primera en reaccionar, cambia el ángulo de su vista y se encuentra con la mía, que ya la espero con una ceja enarcada. Luego se despide Ricardo, con un torpe movimiento de sus manos ocupadas y unas palabras

de pasar? —pregunto a mi madre, cuando Ricardo ya salió de

no lo sé —exclama, nerviosa y con las mejillas rellenas de un ligero rubor—. Estoy

¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Capítulo 28. La vida que mereces.

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 28. La vida que mereces. , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro ¡Se busca un millonario! fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En ¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Capítulo 28. La vida que mereces. y los capítulos posteriores de la serie ¡Se busca un millonario! en readerexp.com