¡Se busca un millonario! Capítulo 29. Quiero ser ese alguien.

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POV: William.

—Señor, ya vamos llegando —informa Ricardo por la otra línea.

—Ok, gracias —respondo y comienzo a caminar—, los espero en la entrada.

Cuelgo y le hago una señal al doctor Bing. Caminamos juntos hasta llegar a las grandes puertas de cristal de la entrada. Casi al instante, el auto negro se detiene y Ricardo sale apresurado para abrir la puerta trasera. Ashley se baja primero y yo voy a su encuentro; al verme, su rostro se ilumina y me sonríe con timidez. Yo me acerco para ayudar a bajar a Clarisse y el doctor Bing pide una silla de ruedas, para que no tenga que caminar hasta la habitación, que ya está lista.

—Hola, otra vez —saludo a Ashley y le sonrío—. ¿Cómo fue todo durante el viaje?

—Todo bien, gracias, William —responde la rubia y su madre, secunda su afirmación.

—No tienen nada que agradecer —insisto y ayudo a Clarisse a sentarse en la silla de ruedas.

Hago las presentaciones formales, con el doctor que estará a cargo, mientras caminamos hacia el interior de la clínica. Ricardo, me doy cuenta, dirige la silla de ruedas hasta ubicarla sobre la acera, luego se va para parquear el auto y no obstruir el paso en caso de alguna emergencia. Me llama la atención este hecho, pero no comento nada, tal vez sean ideas mías y solo haya actuado servicial.

Hacemos el registro obligatorio en la recepción y luego vamos hasta la habitación que ocupará la señora Write por unos cuantos días, en lo que se le hacen todos los estudios necesarios. Por supuesto, es una habitación VIP y que cuenta con todas las comodidades, tanto para el paciente, como para el acompañante.

Ashley se sorprende con todo el lujo que nos rodea al entrar a la habitación; al igual que su madre. Ambas me miran y fruncen el ceño, a la misma vez, lo que me hace sonreír.

—William, creo que tenemos que hablar de poner ciertos límites —comenta Ash, con sus brazos en jarra y expresión ceñuda. A pesar de su renuencia, no puede evitar mirarlo todo.

—No —declaro, lo más serio que puedo—, no hay límites cuando se trata de la salud.

—Pero esto es mucho dinero, Will —insiste Ashley y yo camino hasta ponerme frente a ella, a solo centímetros de distancia.

—Dinero que utilizaré en cosas sin importancia —aseguro, mirándola a los ojos—. No me pesa, Ash.

Subo mi mano y acaricio su mejilla. Ella pega su rostro hasta apoyarlo en mi palma; suspira.

—Te pagaré —determina, con voz segura.

Yo aguanto las ganas de rodar los ojos y asiento, para terminar esta conversación. Cuando me separo, veo que Clarisse nos está mirando interactuar; la sonrisa en su rostro me dice que puede que esté de acuerdo de que suceda algo entre nosotros.

—¿Y Christopher? —pregunto, confuso por su ausencia. Además, de que quiero dirigir el tema a uno menos complicado.

—En el apartamento, con Steph —responde Ashley—, están recogiendo todo para hacer la mudanza cuanto antes. Digo...cuando tu decidas.

Sus mejillas se colorean y me produce ternura verla así. Vuelvo a poner mi mano en su rostro, pero esta vez, alzo su cabeza para que me vea a los ojos.

—No te avergüences conmigo, por favor —susurro, con voz queda—. Mañana mismo tendrás listo tu apartamento. Todos los empleados que gozan de este beneficio viven en un mismo complejo habitacional. Hay varios apartamentos disponibles, incluso, creo que puedes escoger el que más te guste.

—Cualquiera estará bien —asegura ella, con una expresión suave y una sonrisa hermosa—, y mucho mejor que el anterior.

Asiento, al recordar el lugar donde viven actualmente y las condiciones de la infraestructura. Ese edificio es una bomba de tiempo; me alegro mucho de que Ashley haya aceptado mi propuesta y pudiera salir de ese lugar. Ahora estaré más tranquilo.

Las dejo solas al cabo de un rato, para que se organicen y acomoden todo. Paso por el consultorio del doctor Bing y resulta que está revisando la historia clínica que le mandó el otro médico del hospital; comparten el mismo criterio y coinciden con el posible diagnóstico. Hablamos sobre el procedimiento a seguir ahora y determina que mañana mismo comenzarán las pruebas.

De regreso, voy en compañía del doctor. Esta vez, se habla claro y sin tapujos, sobre la posible recurrencia del cáncer y la expansión a otras zonas. Ashley hace muchas preguntas y escucha atenta las respuestas del doctor. Siempre mira a Clarisse, cada vez que el médico da un diagnóstico favorable luego de pasar los tratamientos.

«Ellas mantienen la esperanza», pienso orgulloso.

Miro mi reloj y ya casi es hora de comer. Mi estómago gruñe en consecuencia y decido retirarme; por más que quisiera quedarme en compañía de la rubia, tengo que darles privacidad.

—¿Cuándo empiezo a trabajar? —pregunta Ashley, en cuanto le digo que me iré.

—¿Una semana es suficiente, para acomodarte con todo? —devuelvo, con otra pregunta.

—Yo creo que sí, incluso, pienso que no será necesario tanto tiempo —declara ella y yo niego con la cabeza.

—Termina de arreglarlo todo —digo—. Mañana empiezan las pruebas, todo se hará bien temprano; puedes ocupar la tarde para ver los apartamentos. Yo puedo traer a Christopher o bien, a mi hermana, para que Clarisse no se quede sola.

Ashley duda, muerde su labio inferior indecisa.

«Otro tic que agregar a sus manías», pienso embelesado.

—Hija, no lo pienses más —interviene su madre y yo dejo de mirar su boca—, yo estoy aquí, en muy buenas manos. Mañana puedes ir a revisar los apartamentos y así nos mudaremos cuanto antes. Puede venir Chris, la hermana de William o me puedo quedar sola; no

Ashley mira de su madre a mí, varias veces antes de suspirar.

—Vaaaleee —dice y, por supuesto, rueda sus ojos.

hacemos eso —concluyo—, mañana por la tarde iremos a visitar los apartamentos. Pregúntale a Chris si él quiere venir mañana o si tengo que llamar a Esme, para que Clarisse no se quede sola.

—Está bien —asiente y añade, con voz emocionada—: Gracias otra vez, Will, por todo.

Yo hago un gesto servicial con mi cabeza y me despido. Salgo de la clínica un poco más tranquilo, a partir de mañana todo se irá encaminando poco a poco. Al fin podremos saber lo que le sucede en realidad a Clarisse y se podrán tomar las medidas necesarias.

cosa es que podré pasar tiempo con Ashley, conocerla de verdad y ser para ella lo que sé, necesita. Alguien que la ayude a mantener la entereza, cuando piense que ya no puede más; alguien dispuesto a llevarla de la mano, cuando se sienta cansada de todo. Alguien que desee amanecer a su lado cada día y decirle lo hermosa que es.

«Y ese alguien, quiero ser yo».

(...)

Llego a mi casa cansado y hambriento, luego de un largo día.

me quito la chaqueta de mi traje, acabo de darme cuenta que, por primera vez en tres años, no visité hoy la cafetería de Adelfa; por eso siento mis tripas moverse con tanta intensidad. Pienso en ese hecho y, al parecer, acaba de resolverse el misterio sobre los verdaderos motivos de mis constantes viajes a Villa Florencia; aunque creo que no tenía

todo lo que está sucediendo, me sorprende escuchar voces que provienen de la terraza. Frunzo el ceño y me dirijo hacia allí. Y bueno, me llevo la mayor de

el silencio en cuanto hago acto de presencia; las miradas se posan en mí, esperando por una reacción. Y creo que, por primera vez, podría decirse que no sé qué hacer. Todos, absolutamente todos, están acomodados en los amplios muebles de mimbre que decoran la terraza. No es solo mi madre y Esme que acostumbran a aparecer sin avisar.

«Es toda mi familia».

a la vez que con dos dedos presiono sobre

hijo —empieza mi padre—, bienvenido

sus brazos y sonríe como si promocionara pasta dental. Yo llevo una mano a mi rostro y suspiro otra vez. Me divierte la situación, porque todos están pendientes de mí; pero me

y oculto las ganas de reír—, que grandiosa bienvenida. E

hijo —interviene mi madre, que se levanta y viene a mi encuentro, para darme un beso en cada mejilla—, es que, si no aparecemos así, no nos enteramos

el ceño y miro a mis hermanos. Ambos están pendientes de lo que dice mi madre, pero se hacen los despistados, evitan mi

veo —digo y dirijo mi mirada escéptica hacia los gemelos—, entiendo que algunos no pueden quedarse

no —exclama mi padre alzando los hombros—, somos una familia unida y queremos estar al tanto de todo. Aún más, si hay una mujer que te trae de

sueltan una carcajada y, aunque yo intento disimularlo, termino sonriendo. Ya me hice la idea de que estos chismosos estarán siempre al tanto de todo. Ruedo los ojos y me acerco a los gemelos, ellos tienen la decencia de parecer

toque, no saben cómo disfrutaré ponerlos en evidencia —prometo, con mi mejor y ensayada

Leer ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 29. Quiero ser ese alguien. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! Capítulo 29. Quiero ser ese alguien., lo entiendo perfectamente, el matrimonio contigo es forzado. Pero aun así aceptó, porque su corazón pronto se dio cuenta de la mitad de su vida. En Capítulo 29. Quiero ser ese alguien., la toleró, la mimó y se sacrificó por ella. Él la dejó seguir sus propios pasos, pero como estaba preocupado de que se cayera, todavía la observaba para sostenerla. Su amor no es un cliché, ni irrealmente dulce, sino muy verdadero y abnegado. Lee ¡Se busca un millonario! Capítulo 29. Quiero ser ese alguien. del autor C. P. Cruz en readerexp.com