¡Se busca un millonario! Capítulo 39. Lencería fina.

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POV: Ashley.

Tomo de mi Coca Cola sin mirar a Esme. Intento concentrarme en otra cosa que no sea su mirada perspicaz.

—Ashley —llama, con tono divertido—, es normal que se sientan atraídos. Ya no me ignores.

La miro y está haciendo un puchero, mientras finge que le entristece mi posición.

—No te ignoro, solo estoy avergonzada —confieso, pero me enfoco en el vaso con la cabeza gacha.

—¡Ja! Y... ¿Por qué se supone que estás avergonzada? Como ya te dije, es normal que se gusten, no hay nada de malo.

Yo resoplo, en un gesto infantil. La miro apenada y le comento lo que sucede.

—Yo llevo tres años sintiéndome atraída por él —digo y nada me había preparado para el chillido que suelta de repente.

Sonrío al verla, con su boca abierta y haciendo gestos con sus manos. Miro alrededor y los ocupantes de las mesas más cercanas la miran también, entre divertidos y confusos.

—Por favor, eso es algo que necesito saber —pide, a la vez que coloca las palmas de sus manos sobre la mesa y me mira desorbitada.

—¿Por qué? —río con su reacción y me da curiosidad.

—Porque William es mi vida, Ashley —dice de repente, seria y nostálgica. Sus ojos son dos pozos aguados—, quiero lo mejor para él.

Suaviza su expresión y me mira a la expectativa. Yo pienso en su posición y la comprendo. William y ella son muy unidos, eso pude notarlo aquella noche en que él recibió su llamada; por supuesto, no menciono nada de esto porque es algo privado, que yo no debería saber. Es normal que ella quiera saber si mi interés es real, aunque creo que no ha desconfiado de mí en ningún momento, viendo cómo me ha tratado todo el rato.

—Nunca pensé que él pudiera estar interesado en mí —comienzo, mientras enfoco mi mirada en un punto alejado, pensando y recordando aquellos días que ahora parecen lejanos—, se veía tan distante, tan inalcanzable. No sé si fue el morbo de sentir tantas cosas en silencio, que cada día se volvió una rutina esperarlo, observarlo de lejos. Pocas veces tuve la oportunidad de acercarme, aunque pudieras pensar que en tres años eso debe haber sucedido con regularidad. Pues no, no fue así.

Alzo mis hombros y me quedo en silencio unos minutos.

—Hace unos pocos días —continúo y noto que Esme, que tiene su codo apoyado sobre la mesa y la mano cubriendo su mejilla, se acerca un poco más, atraída por la historia—, tuve que tomar su orden y ahí fue donde comenzó todo el cambio. De tanto visitar el local, me sé de memoria lo que pide. Así que, escribí su orden sin que él dijera una palabra y él, se dio cuenta. Cuando me pidió la libreta quise morir de vergüenza.

Me tapo los ojos cuando siento la carcajada de Esme.

—William puede ser bastante molesto —dice, entre risas.

—Pues sí, lo supe de la peor manera.

La acompaño en su diversión y dejo, por unos minutos, la historia de lado.

—¿Qué te dijo cuando vio la nota? —pregunta curiosa, limpiando las lágrimas de sus ojos.

—Que era normal —digo y me río de lo simple que se desarrolló todo—, y que él no era muy original.

Esme vuelve a reír y confirma ese comentario. Me hace algunas anécdotas, donde William siempre reacciona igual; porque, según el razonamiento de ella, le da pereza crear algo diferente.

—¿Qué siguió? —insiste, al poco rato.

Yo le cuento todo, absolutamente todo lo sucedido; incluido la pequeña nota que aún, a estas alturas, no sé qué decía. Esme me comenta que William le explicó todo lo que había pasado, de camino a la cafetería aquel mismo día. Y que, por eso, ella pudo darse cuenta de mi rechazo hacia ella.

—Ahora que lo mencionas —comento, apenada, muerdo mi labio inferior—, quisiera disculparme, te traté muy mal.

—Nah, yo me di cuenta al momento y no te hice caso —desestima mis palabras y vuelve a sonreír—, pero me gusta tu actitud.

Me guiña un ojo y se recuesta en su silla, toma su bebida y le da un sorbo.

—Gracias, supongo —digo, divertida.

Seguimos hablando de mi vida en la cafetería y sobre las cosas que hacía cuando pensar en él se volvía demasiado. En general, también hablamos de mi rutina y de la suya; de lo que me espera en mi nuevo trabajo y sobre Will, en específico. Puedo notar que, en varias ocasiones, ella quiere hacer alusión a algo más privado, pero se detiene. Sin embargo, cubre mi curiosidad haciendo historias de su hermano en los tiempos en que no tenían dinero.

Suspiramos mucho y soltamos alguna que otra lagrimilla.

—De verdad, Ashley —dice de repente, toma mis manos por encima de la mesa—, estoy tan feliz por ustedes, tienen una historia maravillosa.

—Esme, solo somos amigos —aclaro, con una sonrisa nerviosa.

Ella se chupa un diente y rueda los ojos.

—Ya te dije antes, que quiero ver cuánto les dura —insiste ella—. Bueno, vamos, que todavía nos falta mucho por comprar.

—Esme...

—Vamos —repite y me ignora, recoge su bolso y deja propina sobre la mesa. Me da una última mirada

Yo resoplo, porque no me queda otro remedio que seguirla.

(...)

—Ay, tenemos que entrar aquí —farfulla, emocionada, al pasar por una boutique de lencería fina.

Me toma del brazo y nos lleva en dirección a la tienda. Yo trato de negarme, pero es imposible. Solo espero que no se demore mucho escogiendo lo que sea que le guste.

Cuando ya estamos dentro de la tienda, Esme por fin me suelta. Una chica amable nos recibe y nos dice que estará atenta a cualquier cosa que necesitemos.

Mientras miro todo lo que aquí hay, no puedo evitar sonrojarme. Por encima, observo los conjuntos; encaje, seda, tangas, hilos. Montón de juegos y cada uno más sexy o provocativo que los anteriores. Los colores rojo, blanco y negro, son los que predominan en todos los estantes y los maniquíes de presentación.

El ruido de los percheros chocando entre sí, llama mi atención y veo a Esme, tomando varios juegos, con expresión pervertida. Sigo sus movimientos y cuando me doy cuenta que se dirige hasta donde estoy, con las manos cargadas de minúsculos pedazos de tela, me niego.

hagas obligarte —dice, con voz amenazante—, te vas a probar todo esto, cada uno. La ropa que ya compramos lleva ciertos tipos de ropa interior y no quiero imaginar que vas a la oficina con ropa de abuela. Son de tu talla, así que te sirven y es seguro que los llevaremos. Pruébatelos, para que sepas lo que es sentirse bien contigo misma.

Me guiño un ojo y suelta una risita, no sé por qué, pienso que ella está imaginando alguna interacción entre William y yo, porque luego hace una mueca.

resignada, tomo todo de sus manos y entro al primer vestidor que encuentro.

Hay de varios colores, son más de diez tipos de conjunto en general. Me los pruebo todos y debo confesar, que a medida que lo hago, comienzo a disfrutarlo. De solo pensar en la sencilla ropa interior que llevaba conmigo antes y que ahora, al ver mi reflejo en el espejo, no me reconozca, es algo difícil de conseguir. Los pedacitos de tela se pegan a mi cuerpo como una segunda piel; los lazos, transparencias y otros detalles decorativos, le suman o le restan lo picante.

El conjunto que más me atrae es uno color rojo vino. Una pequeña tanga, de encaje, hace juego con un brassier que solo cubre parcialmente mis pechos. Tiene unas tiras que unen las dos piezas en el área del abdomen y otras presillas en la parte de los muslos, donde se supone que debo colocar unas medias.

Me miro al espejo cuando termino de colocarme todo y lo que veo, me deja boquiabierta. Mi piel blanca, reluce aún más con los pequeños tramos de tela oscura. Mis pechos se ven firmes y erectos. Es una imagen a la que no estoy acostumbrada, por lo que me paso varios minutos mirando

Esme del otro lado—, chica, me estoy aburriendo… —Su voz se escucha más cercana y cuando menos lo pienso, se abre la cortina—. Wow... estás

me cubro lo más rápido que puedo, pero es imposible taparme con tanta rapidez. Esme al verme, resopla por el hecho de intentar esconderme. Me dice que me queda genial y que debo llevarlo conmigo. Milagrosamente, le hago caso. Y es que, inútilmente, me imagino con uno de esos conjuntos, bailando para William en la intimidad de su

el carro», pienso con confusión. Este hombre me hace sentir demasiadas cosas en solo segundos y eso, que está lejos. No quiero ni pensar, cuando no

después, volvemos a cargar con montones de bolsas y vamos camino a un salón de belleza donde Esme tiene membresía. En el auto, mientras ella conduce cantando a viva voz, reviso mi teléfono y veo un mensaje pendiente de William.

"¿Te gustó mi sorpresa?"

da un poco de ternura pensar en que su pregunta, trae incluido algún tipo de inseguridad. Está más que claro que disfruto mucho con su hermana y sus

"¿Qué tú crees? ;)"

el mensaje y espero a que responda rápido, ansiosa por volver a saber de él. Mientras lo hago, siento mis dedos cosquillear y una presión extraña subir desde mi estómago. Cuando a los pocos minutos, las palomitas al fin se ponen azules y William escribe su respuesta, en mi pecho comienza a latir un poco más rápido

"Yo espero que sí."

pienses en mí, mientras te compras algo

la boca sorprendida y siento que mis mejillas se calientan. Lo que decía, este hombre me afecta sin estar cerca siquiera. Ahora, la situación es la siguiente, ¿cómo carajos el asume que yo compré ropa interior sexy? Debe ser un comportamiento común de las mujeres adineradas, que tienen obsesión por estas cosas.

ojos y le respondo, trato de desviar su atención por unos

"Amigos, ¿recuerdas?"

aguantarme una carcajada, para mantener esta conversación en un perfil bajo; pero es inevitable llamar la atención de

William anda preguntando por dónde andamos? —pregunta Esme, con una

teléfono vibra y, cuando pretendo responderle a Esme, casi me atraganto con la respuesta

Leer ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 39. Lencería fina.

La novela ¡Se busca un millonario! Capítulo 39. Lencería fina. del autor C. P. Cruz es una novela emocionante y fascinante historia En Capítulo 39. Lencería fina., su amor por ella tomó forma y se profundizó. El contenido de los episodios se encuentra entre las dos orillas de la realidad porque es demasiado cruel para ser realista. Autor C. P. Cruz Construcción Cada personaje en ¡Se busca un millonario! es una parte de la personalidad de cada persona. Solo tienes que experimentarlo para saber cuán profundo es. Siga Capítulo 39. Lencería fina. y los capítulos posteriores de la novela ¡Se busca un millonario! en readerexp.com