¡Se busca un millonario! Capítulo 40. Una diosa.

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POV: Ashley.

Medio acostada en un sillón inmenso y esponjoso, con mi cabeza apoyada en una cómoda almohadilla, cierro mis ojos y disfruto mientras la asistente de la peluquería lava mi cabello. Sus dedos masajean y estimulan mi cuero cabelludo y me dan unas ganas enormes de dormirme; si no fuera porque Esme no se calla un segundo, podría ser posible.

—Me gustaría hacerle un degradado de su tono natural, con un rubio más claro en las puntas —comenta Esme, a la peluquera que prepara todo.

Conversan sobre lo que mejor me quedaría, sin tener en cuenta que yo estoy justo al lado de ellas y no he dicho ni una palabra.

—Después quiero probar unas ondas en su peinado. Su cabello es liso natural, por eso creo que quedaría el cambio más potente —continúa Esme y me provoca una sonrisa.

—Esme... —digo, a la vez que siento el agua clara correr por mi cabello para enjuagarlo.

—¿Ujum?

—¿Y si te dijera que no quiero nada de eso? —pregunto divertida. La asistente seca el exceso de agua con una toalla y toca mi hombro para que me levante. Lo hago a tiempo de ver a Esme poner los ojos en blanco.

—Pues te jodes —replica y suelta una carcajada—, nosotros sabemos lo que hacemos y estoy segura que te encantará el resultado.

—Bueno...si es así —devuelvo, con una sonrisa.

—Manos a la obra entonces —dice la otra chica, la que se ocupará de mi cabello—, te aseguro que te gustará.

—Ok —murmuro, medio nerviosa y tímida.

Me siento, por orden de la chica, en una de las sillas reclinables ubicadas frente a un inmenso espejo. Cubre mi cuerpo, desde mi cuello y sobre mis muslos con una capa negra de nylon para no ensuciar mi ropa.

Acomoda mi cabello y comienza el proceso de mi cambio de look.

Esme está todo el rato al tanto y da indicaciones sobre lo que ella quiere. También, llegan otras chicas para hacerme pedicura y manicura. Cuando todo termina y la peluquera está peinando mi cabello, haciendo ondas perfectas, solo puedo mirarme al espejo y abrir mi boca en una perfecta "O".

—Te gusta, ¿verdad? —pregunta Esme al ver mi expresión sorprendida. La miro a través del espejo y su sonrisa es satisfecha y radiante. Asiento con énfasis—, ahora solo falta terminar la pedicura y estarás lista.

—¿Tú no vas a hacerte nada? —pregunto, confundida.

—No, hoy no —responde y niega con su cabeza—, mi peluquera tenía su día libre hoy. En esta semana vengo otra vez y me retoco el cabello.

La miro y la verdad es que tampoco lo necesita, pero supongo que, en este mundo, la imagen es muy importante. Nos quedamos en silencio unos segundos, hasta que Esme vuelve a la carga.

—William se va a quedar mudo. —Suelta una risita y me mira cómplice.

Mi reacción, primero, es emocionarme ante la idea de que él me vea así de cambiada; pero luego caigo en la cuenta de la conversación que tuvimos por el chat y su salida repentina. Le digo a Esme que me alcance el celular para revisar si llegó a responderme. Ya han pasado más de tres horas, así que, debería ser así.

—Parece que tienes alguna notificación, está encendiendo una lucecita intermitente —dice ella, con mi celular en la mano. Me emociono y al instante estoy desbloqueando el celular para revisar los mensajes.

Y sí, una corriente me recorre completa cuando veo que, efectivamente, es un mensaje de William.

"Disculpa la demora, tuve una visita.

Besos y espero que todo vaya bien."

Sonrío sin poder evitarlo y siento el resoplido de Esme, que debe imaginarse el motivo detrás de mi gesto. Tecleo rápido una respuesta corta, algo que llame su atención y que propicie el inicio de más mensajes. Espero por él.

"Gracias."

Las dos palomitas al momento se vuelven azules y mi sonrisa se extiende, ante la expectativa de volver a hablarnos. Me he dado cuenta que estoy volviéndome dependiente a él y a sus mensajes.

"No tienes que darlas ;)"

"¿En qué nos quedamos? Creo recordar algo, sobre tú mostrándome tu nueva ropa sexy. Pero no me hagas caso, ando medio loco."

Ruedo los ojos, por su intento de regresar al tema de conversación que me sacó de paso antes. Casi suelto la carcajada por su descaro.

"Yo no recuerdo esa parte, debe ser que sí, te estás volviendo loco."

Río con mi respuesta y espero su reacción.

"Puede ser, pero es tu culpa. Tú me traes loco."

Trago, nerviosa ante su nueva provocación. Por más que yo también sienta una locura temporal cada vez que lo tengo cerca, necesito mantenerme enfocada. Intento cambiar de tema, para relajar otra vez las tensiones.

"Estoy en el salón de belleza, Esme puede ser muy molesta si no me dejo hacer lo que ella quiere."

Muerdo mi labio inferior, a la expectativa. Si lo pienso bien, creo que sacar el tema de mi nueva imagen no fue lo más inteligente, si pretendo un cambio. El tiempo pasa y él no responde. Comienza a escribir y luego se detiene, así varias veces, hasta que al final, dos simples palabras se leen en la pantalla de mi celular.

"Quiero verte."

Mi corazón se salta un latido y luego continúa demasiado rápido. El calor que siento de solo imaginar su rostro ahora, es infernal. Pienso qué responder. La verdad, si quiero fingir que podemos mantener una amistad, no puedo aceptar peticiones de este tipo y mucho menos, considerarlas, como estoy haciendo.

—Listo.

La voz de la estilista me saca de mis pensamientos y me miro en el espejo. Lo que veo, me da ganas de enviar un mensaje con un grandioso y brillante "SÍ". Le agradezco a la chica por su excelente trabajo y recogemos todo, para irnos. Camino a la salida, Esme me mira conocedora. Siento su mirada y me volteo a verla. Otro mensaje llega y miro mi teléfono.

"Por favor."

Me lo pienso, por unos cortos segundos; pero cuando me decido, me doy cuenta que ya estaba más que segura.

—Esme, necesito un favor.

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POV: William.

Ashley no me responde. Sé que ella dejó clara su posición y puede que no haya sido la mejor idea decirle lo primero que pensé cuando leí su mensaje; pero las ganas de verla me están matando. Todo este juego en el que estamos inmersos, con mensajes que al final del día solo me dejan peor, no es lo que se consideraría una buena terapia o la solución a mi intensa atracción por ella.

Decido entretenerme con algo, mientras espero ansioso su respuesta. Puede ser que lo deje todo ahí, que lo ignore y luego siga todo como si nada hubiera sido dicho, pero mantengo la esperanza de que algo suceda.

Me preparo un poco de café y voy hasta la terraza. Hoy es un día caluroso y el aire se siente muy bien aquí arriba, donde el calor sofocante de la ciudad no me aturde. Me quito la camiseta y los zapatos de andar por casa; solo me quedo con unos shorts deportivos bastante cómodos.

Disfruto mi café y pienso en ella. Su rostro sonriente se dibuja en mi mente; en mis manos siento el cosquilleo habitual que me llena cuando entrelazo nuestros dedos. Respiro profundo y es como si su olor estuviera en el ambiente, recordando y atrayendo mis ganas enormes de rozar mi nariz sobre su piel. Cierro los ojos y me relajo, imagino que sus brazos rodean mi cuello y sus piernas se aferran a mi cintura, que acerca su boca a la mía y que su aliento cosquillea seductor contra mis labios.

—Esa voz, se oye tan cerca. Mi nombre saliendo de sus labios me provoca como pocas veces algo lo ha hecho. Su olor es más intenso, ahora que lo pienso, así que inhalo profundamente y mis sentidos se llenan

con tono ronco. Mis manos se cierran en puños, por la necesidad de

—dice su voz, un poco más cerca y suena divertida. Frunzo el ceño y abro los

giro rápido en la silla y la veo. Lleva un vestido sencillo y veraniego estampado, la tela fresca se pega a sus pechos y cae suelta por debajo de su cintura. Sus piernas ligeramente bronceadas, adornadas con unas sandalias bajas, se observan largas y atractivas. Subo mis ojos, siguiendo cada centímetro de su cuerpo, hasta llegar a su

Trago saliva.

es hermosa, siempre lo he pensado; pero verla ahora, con su cabello de varios tonos de rubio y un corte más moderno y parejo, es algo increíble. Si no fuera porque ya soy consciente de que la tengo justo frente a mí, pensaría que estoy soñando y que una diosa vino a

—intento hablar, pero no logro coordinar las

ella, sonriente, a pesar de que no logré completar

La miro otra vez, con intensidad y sin cortarme un pelo en los detalles. Ella me devuelve la mirada con ojos brillantes y

—Estás hermosa —aseguro.

la sonrojan. Sus mejillas adquieren un tierno color rosado y sus manos se retuercen, con los dedos

—responde, coloca un mechón de pelo detrás de su oreja y baja la

mi hermana desde el salón y los dos nos exaltamos—.

niego con la cabeza, mi hermana siempre tan

enana —grito, para que ella me escuche. Ashley sonríe con mi apodo para

los pasos acelerados de mi hermana y una fracción de segundo después, aparece en mi campo

—saluda y viene hasta mi lugar, me da dos besos y un abrazo. Me mira divertida y agrega—: Te la entrego sana y salva. Espero que te guste

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 40. Una diosa. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 40. Una diosa. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 40. Una diosa. en readerexp.com