¡Se busca un millonario! Capítulo 41. Flechazo.

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POV: Ashley.

—Es evidente la tensión que se vive entre mi hermano y tú —dice Esme, de repente.

Yo giro mi cabeza para mirarla. Su vista está fija en el frente, mientras conduce por las calles de la ciudad, rumbo a mi nuevo apartamento.

—¿Por qué dices eso? —pregunto, un poco avergonzada. Bajo mi cabeza y me enfoco en los documentos que llevo encima, para evitar su mirada. Siento los ojos de Esme sobre mí por una fracción de segundo, supongo que pensando si decirme tonta o qué.

—¿En serio me preguntas eso? —insiste, en shock con mi pregunta. Niega con la cabeza y fija su mirada al frente otra vez—. Deberías verlo todo desde fuera, para que te dieras cuenta. No pueden dejar de comerse con la mirada.

Bueno, en eso tiene razón. Quisiera pensar que no es tan fácil determinar la atracción que existe entre William y yo, pero estaría pidiendo un milagro. Es obvio que al menos yo, no puedo negarme a su sex appeal. Fue bastante difícil para mí, cuando entré hoy a su apartamento y lo vi sentado en la terraza, despegar mis ojos de su torso descubierto, de sus muslos tonificados o de sus labios fruncidos en una mueca demasiado sexy.

Quise pensar que su estado de relajación estaba asociado conmigo y, cuando hablé para hacerle saber de mi presencia, el hecho de que él susurrara mi nombre con tanta sensualidad, me catapultó aún más lejos en mis ganas de entregarme a él.

—De verdad me gustaría que se dieran una oportunidad —continúa Esme, esta vez con un tono más serio. Llegamos a un semáforo y ella se detiene. Aprovecha la pausa y me mira, antes de añadir—: En esta vida no podemos perder el tiempo, podría ser fatal.

Asiento a su reflexión, quién mejor que yo para entender esa frase.

—Mi hermano merece a alguien digno de su sacrificio; que lo tome de la mano y juntos, sepan avanzar —declara, mirando hacia la ciudad que se extiende delante de nosotras—. Hasta ahora, no ha tenido suerte. Todas las mujeres que han llegado a su vida, de una forma u otra, lo han dejado aún más decepcionado. Tú eres su soplo de aire fresco; en este mundo donde todo es falso, donde cada paso es seguido y mirado hasta con microscopios.

—Yo...yo no estoy acostumbrada a esto, Esme —comienzo, cuando ella se queda en silencio—, sé que me costará acomodarme a mi nueva vida y a todo lo que trae consigo; por eso, es que intento mantenerlo en una amistad. No estoy preparada psicológicamente para una relación con William.

Esme me mira, con entendimiento. Suspira y asiente.

—Soy reservada, independiente —continúo—. William es una figura pública y estoy segura que tarde o temprano, comenzaré a ser testigo de cuánto alcance tiene eso en su vida personal.

—Es verdad lo que dices, Ash —interrumpe—, pero debes tener algo en cuenta.

Giro mi cabeza y vuelvo a verla. El semáforo se pone en verde y ella sigue el camino; sin mirarme otra vez, me hace una pregunta.

—Solo debes pensar en algo, antes de negarte rotundamente —declara y luego agrega—: ¿Vale la pena?

(...)

Llegamos al edificio de mi nuevo apartamento y el guardia, Iván, nos ayuda con todas las bolsas. Nos acomodamos en el ascensor como podemos y esperamos en silencio la subida. En cuanto las puertas se abren, salimos cargando todo a duras penas. Steph ya está en el apartamento, hace alrededor de una hora me llamó para informarme que todo había salido bien, así que llamo a la puerta y espero.

Se escucha música bien movida del otro lado de la puerta. Sonrío por ese hecho y Esme, también lo nota.

—Es divertida tu amiga —comenta, con una sonrisa.

—Pff —bufo y suelto una carcajada—, no imaginas cuánto.

Estamos riendo cuando Steph abre las puertas y la sonrisa que tenía en sus labios, se congela.

—Hola, Steph —saludo y me giro para presentarle a Esme—, ella es la hermana de William.

—Sí, yo lo sé, nos conocimos en el hospital —responde ella con una sonrisa fingida.

—Ah, sí, verdad —recuerdo—, ustedes incluso pasaron el rato juntas.

—Sí —interviene Esme—, aquel día en el hospital hicimos algunas gestiones juntas —aclara y mira sonriente a Steph—. Hola.

Con un gesto de su mano, saluda a Steph y mi amiga, se lo devuelve a duras penas. La miro con el entrecejo fruncido y ella se da cuenta; tiene la decencia de cambiar su expresión. Se quita del medio de la puerta y nos deja pasar; ayuda con algunas bolsas en el proceso.

Entramos al apartamento y todo es un torbellino de reguero. Cajas, por un lado, bolsas, por el otro.

—No imaginaba que, en aquel pedacito de apartamento, cupieran tantas cosas —menciono, anonadada con tantas cosas que se tuvieron que trasladar.

—Yo pensé lo mismo —dice Steph y suelta una risita—, pero todo es fácil de acomodar.

Miro alrededor y suspiro. En medio del ingreso de mi madre en la clínica, el comienzo en el trabajo y acomodar el apartamento, creo que me voy a volver loca. Le pido a las chicas que subamos todas las bolsas a mi habitación para ir ubicando todo en su puesto.

Esme lo mira todo y comenta que le encanta este lugar. Cuando entramos a la habitación, ella va directo al vestidor y me ayuda a guardarlo todo. Steph se queda un poco apartada de nosotras, sé que está celosa porque todo en su expresión corporal me lo grita; pero ahora no es el momento para reclamarle o explicarle. Esa conversación debe ser privada y en un ambiente tranquilo. Por ahora, no debo demorar más, quiero regresar con mi madre.

Mi celular suena y lo busco dentro de mi bolso. El nombre de William aparece en la pantalla y la sonrisa en mi rostro es instantánea.

—Ujum, ese es mi hermano —murmura Esme, como si fuera evidente.

Yo ruedo los ojos y no trato de negarlo. Antes de responder la llamada, me fijo en que Steph, vuelve a fruncir los labios; tal vez pensando en qué momento, se creó esta camaradería entre Esme y yo.

—Hola, Will —saludo, con entusiasmo.

—Hola, preciosa —saluda él, con tono divertido—. Aún no llegas a la clínica, ¿verdad?

—No, estoy en el apartamento —respondo y con un poco de preocupación, pregunto—: ¿Todo está bien?

todo está bien —asegura y yo respiro aliviada—, no te preocupes. Solo te quería comentar, que el doctor Bing me llamó hace unos minutos. Mañana le harán a Clarisse la prueba que le falta y luego le darán de alta.

—Ay, qué bueno, Will, podremos salir al fin de ese ambiente que tanto odiamos —suspiro, emocionada.

—Lo sé, Ash —asegura y añade—: Por esa razón, te quería proponer algo. Mañana dedica el día a tu madre, al traslado y estudia un poco lo que te dejé; un día más no va a cambiar nada. ¿Qué crees?

creo que es lo mejor —respondo, con gratitud por siempre pensar en mí—,

—De nada, Ash. Nos vemos entonces.

—Nos vemos, besos —digo y cierro mis ojos, por hablar sin pensar. Del otro lado de la línea siento la risita ronca de William y muerdo mi labio inferior, a

—Besos, preciosa —responde, con voz sedosa—, amistosos.

Río, no puedo evitarlo. Y lo sigo haciendo cuando la llamada se corta.

(...)

—Gracias, por el día de hoy —digo a Esme, antes de bajarme del auto.

Ya estamos en el aparcamiento de la clínica y Esme me mira, con sus manos apoyadas sobre el volante, con una sonrisa radiante.

—No tienes que agradecer —murmura—, cuando lo necesites estaré para ti.

otra vez y salgo del auto. Me despido con un gesto de mi mano y espero a que Esme se pierda de vista para hacer mi camino hasta la entrada de la clínica. Al llegar a la habitación de mi madre, ella está sentada en la enorme butaca viendo la TV. Chris está estudiando con montones de libros y cuadernos que tiene sobre

hija —saluda mi madre con una sonrisa. Voy hasta ella y la abrazo—. ¿Cómo

perfecto —digo y tomo asiento a su lado. Chris viene donde nosotras y se sienta a mi

cuento sobre la visita al centro comercial y todo lo que Esme me obligó a probarme. Christopher, cuando ve que son cosas de chicas, rueda sus ojos y sigue estudiando. Le comento a mi madre sobre la mudanza y todo lo que al final tuvimos que mover. Recuerdo también la noticia de William y al instante se lo digo a mi madre. Ella se emociona y sonríe conmigo, porque ya mañana podremos salir

mañana comienzas, ¿no? —pregunta mi madre, de

con la cabeza y le explico lo que me

mañana me dedicaré a acomodar todo en el apartamento cuando al fin pueda sacarte de aquí. Además, que Will me dejó unos documentos que tengo que revisar y aprender a gestionar su agenda —explico—, me dejó un

qué bueno es ese muchacho —declara mi madre con mirada agradecida, junta nuestras manos y luego agrega—: Estoy tan feliz por ti, mi niña.

abraza y yo me aferro a sus brazos. Nos quedamos así unos minutitos, hasta que Chris llega molestando y fingiendo

en cuanto pueda, veo con William lo del colegio —murmuro, para que Chris no piense que me olvidé de sus estudios—. También tengo que ir a tu otra escuela para que puedas hacer la prueba que tenías pendiente e informar sobre

te preocupes, Ash, cuando pueda

y le doy un beso a un lado de la cabeza, luego sacudo su cabello con

—Te quiero, odioso.

—Yo más, insoportable.

momento intenso y amoroso, tomo un baño y me dispongo a buscar comida a la cafetería, cuando un golpe en la puerta llama nuestra atención. Abro y del otro lado, un apuesto y sonriente Ricardo, nos

—saludo, sorprendida con su presencia. Miro sus manos y están llenas de bolsas de comida. Un olor delicioso a especies llena el ambiente—. ¿Qué haces por

Leer ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 41. Flechazo.

La novela ¡Se busca un millonario! Capítulo 41. Flechazo. es muy buena. En Capítulo 41. Flechazo., no podía dejar de leer. He leído bastantes historias de C. P. Cruz , pero con el libro ¡Se busca un millonario!, todavía tiene mucho regusto por sí mismo. La belleza de la historia C. P. Cruz es que, por dolorosa y angustiosa que sea, sigue atrayendo a personas que no pueden darse por vencidas. No es una fantasía color de rosa, que una niña Cenicienta se enamore de un príncipe en un caballo blanco, luego los dos se dan la mano y viven felices para siempre. Pero el amor es una cosa pequeña en un centenar de otras cosas en la vida. Lee la ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 41. Flechazo. en readerexp.com