¡Se busca un millonario! Capítulo 46. A la mierda.

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POV: Ashley.

Salgo de la oficina con un genio de mil demonios. Necesité de toda mi fuerza de voluntad para no darle a William una mala contesta, pero sucede que soy una profesional y puedo comportarme como tal. En otro lugar, hubiera sido igual o peor; así que no lo pienso mucho y voy al departamento de economía. Necesito bajar dos pisos, así que voy al ascensor.

Busco al señor Lewis, el gerente principal y le informo de la petición del jefe, le doy el ultimátum y él me asegura que todo estará bien, que no le será difícil obtener los datos y que posiblemente, se los deje hoy mismo, antes de que termine la jornada.

Suspiro, un poco aliviada por eso, cuando voy de regreso. Tenía la preocupación de que el señor Lewis fuera un moroso y que eso me trajera complicaciones. Yo entiendo la posición de William y su actitud, lo que no le perdono es que haya asumido algo sin saber los motivos. Mi razonamiento funcionó de una manera, que al parecer no va acorde con el suyo; pero bueno, ya lo sé para próximos pedidos.

Voy metida en mis pensamientos, tanto, que al salir del ascensor no me doy cuenta que Olivia Becker pretende entrar y casi chocamos.

—Ah, lo siento.

—No se preocupe, señorita —dice ella, con voz agradable. La miro y frunzo el ceño—, yo también iba un poco entretenida. Nos vemos en próximas visitas. Tengo un vuelo que tomar.

Solo me da tiempo a asentir cuando las puertas del ascensor se cierran. Extrañada y pensativa, voy hasta mi escritorio.

—Ashley, ven a mi oficina —llama William, cuando no he puesto del todo mi trasero sobre la silla.

Ruedo los ojos y voy a su encuentro. Abro la puerta de su oficina y paso. Lo veo sentado en su sillón, de espaldas a mí. Carraspeo, para llamar su atención.

—Diga usted, señor O' Sullivan.

Él se gira con rapidez, sus ojos brillan con confusión, pero yo me mantengo en mi posición y con una expresión seria.

—Ashley, necesito que contactes a mis hermanos, cualquiera de los dos. Coordina con ellos un encuentro, lo mismo aquí que en mi casa —comienza, luego de darse cuenta que no abriré la boca para nada—. Diles que necesito tratar un tema de negocios bien importante, una propuesta de inversión con capital extranjero.

Asiento y anoto en la pequeña libreta lo que debo hacer. No dice nada más, así que, levanto mi cabeza y me quedo a la espera.

—¿Algo más? —pregunto, cuando pasan los segundos y él, solo me mira.

Vuelve a sorprenderse, me doy cuenta de eso. De verdad espero que él sepa porqué estoy actuando así. Si él quiere una relación solo profesional, eso tendrá.

Niega con la cabeza y entonces, yo asiento.

—Me retiro, para hacer mi trabajo. No quiero perder tiempo.

Doy media vuelta y salgo, sin esperar su permiso. Cierro la puerta con un poco más de fuerza y me siento frente a la computadora. Me pongo a buscar en la lista de contactos y cuando los encuentro, hago las llamadas. Los gemelos demoran en contestar, pero al final lo hacen y puedo planificar todo. Deciden hacerle una visita a William en su casa, así que anoto el dato y espero a que pase un poco más de tiempo para informarle a mi jefe.

—Ashley —mencionan mi nombre y yo alzo la vista, en busca del portador de esa voz.

El señor Lewis viene a mi encuentro con una carpeta en la mano. Me sonríe agradable y cuando llega a mi lado, me la entrega.

—Aquí tienes, está todo lo que el jefe pidió —asegura.

—Mil gracias, ahora mismo se lo llevo —agradezco y suspiro, aún más aliviada.

El señor Lewis se despide con un gesto de su mano y regresa a su lugar.

Miro la hora y son cerca de las tres. Me levanto para ir al baño y llevo mi teléfono para llamar a mi madre. Le dejé dicho a mi hermano que si hacía falta mi presencia que me llamaran de inmediato; pero al parecer todo ha ido bien, porque no he recibido ni un mensaje.

De regreso, me sorprende ver a William semisentado sobre mi escritorio. Frunzo el ceño y aflojo el paso. Él, al sentir mi taconeo, levanta la mirada y cruza sus ojos con los míos.

No se quedan mucho tiempo ahí, vagan por mi cuerpo con demasiada lentitud, por cada centímetro. Su camino invisible va formando un cinturón de fuego imposible de evitar. Casi que ruedo los ojos conmigo misma por ser tan floja.

Sigo caminando y al parecer, el ruido de mis tacones lo trae a la realidad. Vuelve a cruzar sus ojos con los míos y sonríe. El muy descarado, sonríe.

—¿Pudiste ponerte en contacto con mis hermanos? —pregunta, cuando llego a su lado.

Me quedo parada en el lugar porque su posición entorpece la entrada a mi escritorio y no pretendo rozarme demasiado contra él.

—Sí, quedaron de ir a su casa, hoy. De todas maneras, ellos lo llamarán y así planifican todo con usted.

No lo miro mientras hablo, me entretengo organizando algunas carpetas que tengo sobre la mesa.

—¿Usted? —replica, con confusión—. Ashley, ¿sucede algo?

Yo suelto una risa, una risa sarcástica podría catalogarse. Lo miro luego, mortalmente seria.

—Yo espero de verdad, que no me estés haciendo esa pregunta —declaro.

William frunce el ceño y se incorpora, completamente erguido. Se acerca un poco más a mí, hasta casi tocar nuestros rostros; siento su aliento con un ligero olor a whisky.

—¿Estás molesta conmigo? —pregunta, con voz sensual.

Yo trago saliva, ante la muestra de poder que está ejerciendo ahora mismo. Pero me mantengo fuerte y replico.

—¿Molesta? No —digo y niego con la cabeza—. ¿Decepcionada? Sí, mucho.

William, en vez de resarcir su acto, solo lo empeora aún más.

Ríe. Ríe con ganas.

Yo frunzo el ceño y lo miro con ganas de golpearlo.

me pregunto. No creo que llegue a tanto, pero sí tengo ganas de decirle tres o cuatro cosas.

—¿Por qué estás decepcionada? ¿Porque te pedí hacer tu trabajo? —pregunta y acerca su boca un poco más—, te dije que sería difícil trabajar para mí.

—Yo hice mi trabajo, señor O' Sullivan —aseguro, con los ojos llameantes—, conozco mi lugar y mis responsabilidades, no necesito que me lleve bien, si es lo que cree. Y sí, estoy decepcionada porque me mostró una faceta que no me gusta.

—¿Y esa cuál sería? —insiste, aún más cerca. Ya mi espalda está completamente pegada a la pared.

antes de estar seguro —aclaro, con voz

lo dices? —pregunta y frunce el ceño, coloca sus manos a cada lado de mi cabeza. Yo me encojo.

—Porque yo no había ido al departamento económico, con tal de entregarle los dichosos datos que me pidió y que, además, no tuvo en cuenta que no había entrado al sistema con anterioridad, por lo que fue todo un reto —digo, sin pararme a respirar. Ya este hombre me está colmando la paciencia.

—Sí, lo tuve en cuenta —asegura y sus ojos brillan con orgullo. Creo—, así como me di cuenta que solo demoraste una hora en reunir la información. —Un dedo curioso acaricia mi rostro; a pesar de todo lo que estoy sintiendo, yo lo dejo hacer—. También, que ya tienes la información que te pedí y que no podré, entonces, tomar represalias contigo. Aunque mantenía las esperanzas.

—Espera, ¿qué? —pregunto, confundida. Él sonríe, con esa sonrisa calienta bragas que me derrite.

—Lo que oyes, puede que quisiera castigarte...solo un poco —declara y alza sus hombros, despreocupado.

Abro la boca y casi me llega al piso. No puedo creer lo que este maldito hombre me hizo.

—Cierra la boca —dice, interrumpiendo mi conversación interior—, pueden entrar moscas. Aunque preferiría que fuera mi lengua.

Lo último lo dice tan rápido que creo haber entendido mal. Me quedo mirándolo como tonta, tal vez pensando en la posibilidad de que no haya sido idea mía lo que creí escuchar. Pero no, no estoy sorda.

—Lástima que seamos solo amigos.

separa de mí, de repente. Se aleja unos pasos y se arregla su chaqueta. Levanta su mirada y se encuentra con la mía. Mira su reloj y luego me habla.

—A las tres y media en punto, te espero en la oficina para discutir estos números. Necesito que me des tu opinión con el proyecto que me propuso Olivia —dice y se dirige a su oficina. Antes de cerrar la puerta, me guiña un ojo.

Yo me quedo donde mismo. En shock. No acabo de reaccionar por completo y lo único que pienso es que William me estaba castigando al actuar así de extraño frente a

Ahora solo me pregunto, por qué carajos me estaba castigando. No logro entender el motivo.

Me siento en mi silla todavía pensativa y miro mi reloj.

p.m», leo y doy un salto en la silla. Tengo solo doce minutos para estudiar y entender algo de todo lo que

la carpeta en el reguero y cuando la encuentro, comienzo a leer lo más rápido que

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POV: William.

la oficina con una sonrisa de medio lado. Ansioso por probar mis expectativas con

que estaba molesta, lo pude ver desde que cerró sus puños antes de salir de mi oficina. Tuve que aguantarme la risa en ese instante, mientras se me ocurría que podría tener mi oportunidad para castigarla. Que fuera a almorzar con mi hermana me tocó la fibra; inmaduro, lo sé, pero me imaginaba que nuestras horas de oficina serían solo de nosotros. Así de inmaduro me siento en estos momentos. Sin embargo, no pude evitar pensar que podría vengarme de ella y conseguir algo mejor, luego de haberla

reloj otra vez y vuelvo a sonreír. Tiene poco más de 10 minutos para leer al menos el documento que le entregó Lewis, quien se caracteriza por hacer unos informes demasiado

siento en mi sillón, recostado del todo y pienso en la oferta hecha por la señora Becker, enviada por su esposo, Cristoff Becker. Su empresa se asemeja mucho a O' Sullivan Enterprises, lo que podría ser un punto a su favor. Solo tendría que asegurarme de que no pierdo en este negocio a gran

cabeza viene un nombre, el único hombre de negocios en quien confío para que estudie mis propuestas y me dé el

«Alessandro Berlusconi».

la agenda de mi teléfono el número de Ale. Reviso la hora y son casi las tres y media aquí, lo que serían cerca de las diez de la noche en Italia; así que espero a mañana para contactar

Toc, toc.

mirada y le pido a Ashley que pase. Ella lo hace con altanería, la frente en alto y un andar seguro. Me entretengo viendo el vaivén de sus caderas, hasta que se detiene justo frente a mi escritorio. Mi codo lo tengo apoyado sobre el reposabrazos de mi sillón y con esa misma mano rozo mis labios. Noto que Ashley sigue el movimiento de mis dedos y

—pregunto, con tono ronco y bajo. Ella reacciona y deja de mirar

Asiente sin dudar.

la cómoda butaca de cuero, para que tome asiento. Ella camina con parsimonia y se sienta con elegancia, luego me

esta vez no necesitas el sofá —murmura dolida, aunque se nota que está haciendo el esfuerzo de mantenerse

de mi sillón y voy a su encuentro. Ella abre sus ojos con sorpresa. Apoyo mis manos a cada lado de su cuerpo, sobre el material de cuero. Alineo nuestros rostros y pregunto, con mi boca a un suspiro de la

—¿Estás celosa?

saliva y niega. Alzo una ceja inquisidora y ella lo piensa mejor, asiente.

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 46. A la mierda. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 46. A la mierda. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 46. A la mierda. en readerexp.com