¡Se busca un millonario! Capítulo 47. Nunca antes.

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POV: Ashley.

Su boca arrasa con la mía y no me da tiempo a reaccionar. Mis palabras encendieron en él la llama que yo había apagado cuando le hablé de una amistad. Devuelvo el beso con ímpetu y creo que terminaremos fundiéndonos el uno en el otro. Mis jadeos salen desde lo más profundo de mi garganta sin poder detenerlos; siento sus manos presionar en mi cintura, mis caderas, mis muslos y más que cerca de mi trasero. Las mías se apoyan en sus hombros, buscando esa estabilidad tan necesaria ahora que mis sentidos andan ocupados. Subo una mano por su nuca y acerco más su cabeza, cuando noto que pretende separarnos y yo aún no me siento preparada para abandonar sus labios. El gemido ronco y fuerte que sale de él, enciende mi cuerpo y me informa que sí, le gustó mi gesto posesivo.

Sus manos suben un poco y se acercan a mis pechos, sigue subiendo y quita mi chaqueta, de forma brusca y desorbitada. Se separa. Separa nuestros labios y yo jadeo; pero solo demoro un segundo en conocer la razón.

William me mira con ojos encendidos. No a mi rostro, sino a mi blusa; en la que se observa sin problemas mi sostén de encaje, recién estrenado.

—Sexy —ronronea y sus manos se colocan a cada lado de mis pechos, cubriendo con sus palmas parte de mi espalda y con sus pulgares roza la zona más sensible a su tacto.

Gimo, sin poder evitarlo. Mi cabeza se echa hacia atrás por completo y cierro mis ojos. Me aferro aún más a él y mis uñas arañan la tela de su chaqueta. William se acerca a mi cuello y deposita besos mojados, luego sopla y el contraste de temperatura me estremece. Me erizo completa y él sonríe contra mi piel cuando lo nota; la vibración de su risa me lleva aún más lejos. Todo se siente tan bien, tan intenso.

Se separa un poco otra vez y yo abro los ojos, los cruzo con los suyos. La mirada ardiente baja por mi cuello y hasta mis pechos. Dos dedos curiosos se acercan y juegan con los dos primeros botones de mi blusa. Intercala su mirada entre ellos y mis ojos, buscando tal vez mi aprobación. Yo no digo nada, ni asiento ni me niego a él; solo dejo todo en manos del destino. Las decisiones hoy, se sienten impensables.

Mis manos se mueven sin pensarlo y toco su piel donde antes desabroché algunos botones; hago lo mismo con los que le siguen. Su pecho bronceado y esculpido capta todos mis sentidos y William me mira ahora, a la espera de mi próximo movimiento. Pongo la palma de mi mano sobre su pecho, su piel se siente caliente, fogosa. Él suspira ante mi toque.

El ambiente ya se calmó un poco, ahora estamos más enfocados en sentir todo que terminar la sesión con impresionante sexo. Aun así y, aunque agradezco que no vayamos más lejos, debo confesar que estaría más que dispuesta.

William baja su cabeza otra vez y deposita un beso corto sobre mis labios; continúa su camino hasta mi oreja y susurra, con voz gutural, sus deseos más primarios.

—Te deseo, Ashley. Mientras más te beso, más siento la necesidad de hacerte mía, de una vez. Pero a la vez, creo que estaría apresurando ese magnífico momento, porque quiero sentir todo de ti antes —asegura y yo escucho todo con mis ojos cerrados aún, así soy mucho más consciente de cada sensación—. Quiero escucharte jadear con un beso, conocer cada punto sensible de tu cuerpo y hacerte explotar de placer con solo un movimiento. Quiero sentirte temblar alrededor de mis dedos y saborear sin cansancio cada centímetro de tu cuerpo. Solo entonces, quisiera tenerte debajo de mí y mirarte a los ojos mientras te hago el amor como nadie antes lo ha hecho.

Un escalofrío me recorre y se refleja en mi interior, en la parte baja de mi intimidad. Muerde el lóbulo de mi oreja y regresa a mis labios, me besa con suavidad, como si tuviera miedo de romperme ahora.

«Irónico», pienso y ganas me dan de rodar los ojos; pero me dedico a disfrutar de él.

Le sigo el beso con soltura y a mi mente llega solo un pensamiento; uno que le hago saber, cuando un tiempo después, seguimos mirándonos.

—Nunca antes.

Will me mira con confusión, sin entender mis palabras en un primer momento; pero yo me mantengo callada, a la espera de su comprensión. Todo un minuto después, abre sus ojos, sorprendido. No lo cree. Sin embargo, cuando reconoce lo que eso significa para él, una sonrisa radiante se forma lentamente en sus labios. Acerca sus labios a los míos y me roba un beso rápido.

—Entonces, mi querida Ashley —susurra, contra mis labios—, con mayor razón te disfrutaré sin límites. Quiero ser tu primer hombre y con suerte, el único.

Sonrío, porque, qué otra cosa puedo hacer. Este hombre es puro fuego y sensualidad en un segundo y al otro, ternura y devoción.

Le doy un piquito y me bajo del escritorio, acomodo mi blusa y abrocho su camisa. Todo el rato siento sus ojos sobre mí, pero es hora de tranquilizarnos, no estamos solos en este lugar.

«Menos mal, que, gracias a mi curiosidad, William había ensombrecido los cristales de los ventanales», pienso, de repente avergonzada.

Termino de colocarme mi chaqueta y acomodo la suya sobre sus hombros. Nos quedamos uno frente al otro, sin saber que hacer ahora.

—¿Todavía sigues pensando que seremos amigos? —pregunta y yo río.

Alzo mis hombros y digo jocosa.

—Todavía podemos intentarlo. —Sonrío, cuando William frunce su ceño, no muy conforme, pero elimino la distancia entre nosotros y le hablo lo más cerca que puedo—. Quiero ser tu amiga, Will. Quiero ser todo para ti. Quiero aprender y dejar fluir todo esto que siento por ti. Solo pienso, que no debemos apurar todo; yo al menos, estaré aquí siempre.

William cierra sus ojos y sonríe.

—Lo sé —declara, con una sonrisa ladina—, pero tenía que intentarlo.

Suelto una carcajada y niego con sus cosas. Este hombre me va a volver loca.

(...)

—Es hora de irnos.

La voz de William me sobresalta. Miro a mi alrededor y ya no queda nadie más en el piso, solo él

—Espera, déjame guardar el documento y ya

William asiente y se recuesta a mi escritorio. Se inclina un poco para ver la pantalla de mi computadora y se sorprende un poco cuando ve que trabajo en una hoja de cálculo.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta, interesado.

—Primero estaba archivando la información que te entregó la señora Becker, lo que me pediste que revisara. Luego pensé en comparar algunos de sus números con los que nos entregó Lewis, centrándome fundamentalmente en productos similares. Al final, creo que me emocioné —explico entusiasmada al inicio, luego, al encontrarme con la mirada de William, me inhibo un poco—. Lo siento, si hice trabajo que no debía.

Bajo la cabeza y al instante, siento que William rodea mi escritorio y se agacha justo a mi lado.

—Mírame, preciosa —pide y yo sigo su orden—, no debes disculparte por nada. Eres una trabajadora más de esta compañía, tienes tanto derecho a estudiar las variables y probabilidades como yo mismo. Es un orgullo que lo hagas sin que yo te lo pida, solo por el simple hecho de que tienes ganas de ayudar y aprender mucho más. Así que, mañana quiero que discutamos las conclusiones a las que pudiste llegar, ¿ok?

poco más tranquila y sin poder despegar mis ojos de los suyos.

—Ya deja todo y vamos a casa.

Su petición, a pesar de que se entiende como debe ser, —él a su casa y yo a la mía—, me hace sentir completa. Un deseo a largo plazo que desearía cumplir.

Cierro todo y apago la computadora; recojo mis pertenencias y las guardo en el bolso. William me ayuda apagando las luces de la oficina y luego vamos juntos hasta el ascensor. La energía sexual que se respira, al estar solos en este pequeño espacio cerrado, crepita entre nosotros y tensa aún más mis músculos. Por puro milagro logramos mantenernos quietos y salir del ascensor sin los labios inflamados y rojos del contacto.

espera cuando salimos del edificio. Subimos al auto y nos ponemos en camino. La tarde ya cae y es que me doy cuenta de la hora que es. Al parecer, se me fue el tiempo sin

de tu madre hoy? —pregunta de momento William. Al instante noto la mirada de Ricardo sobre mí, a través del

William y le sonrío, sospechando sus verdaderos motivos

hablé con ella después del almuerzo. Se siente bien y a gusto en el nuevo apartamento. Mi hermano se pasó todo el día con ella, al igual

cambia su expresión con algo que dije y

lo siento, se me había olvidado eso —dice y yo no entiendo nada—, mañana recuérdame llamar al colegio privado que tengo visto para Christopher. Y también, háblale esta noche a Steph sobre una propuesta de trabajo; pregúntale si le gustaría trabajar con

sus palabras. Siempre piensa en todos. Asiento y vuelvo a mirar a

quieras puedes pasarte —hablo a través del espejo, con Ricardo—, eres

señorita, pero no sería correcto —responde él, con un tono

mis ojos y pienso en algo que lo haga cambiar de

William —digo, entusiasmada y me giro para ver a William de frente. Este me observa divertido y curioso—. ¿Te gustaría ir a cenar un día de estos a mi apartamento? Así Ricardo también puede asistir, estaría trabajando y no creo que dejes que él se quede sin cenar. ¿No es

William sonríe, conocedor de mis intenciones.

—Por supuesto que no, preciosa.

Leer ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 47. Nunca antes.

La novela ¡Se busca un millonario! Capítulo 47. Nunca antes. es muy buena. En Capítulo 47. Nunca antes., no podía dejar de leer. He leído bastantes historias de C. P. Cruz , pero con el libro ¡Se busca un millonario!, todavía tiene mucho regusto por sí mismo. La belleza de la historia C. P. Cruz es que, por dolorosa y angustiosa que sea, sigue atrayendo a personas que no pueden darse por vencidas. No es una fantasía color de rosa, que una niña Cenicienta se enamore de un príncipe en un caballo blanco, luego los dos se dan la mano y viven felices para siempre. Pero el amor es una cosa pequeña en un centenar de otras cosas en la vida. Lee la ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 47. Nunca antes. en readerexp.com