¡Se busca un millonario! Capítulo 48. ¿Te queda claro?

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POV: William.

—Sí, Will, a nosotros nos interesa —dice Leonel y le da un sorbo a su whisky—, incluso, creo que es una excelente oferta.

—Yo creo lo mismo —interviene Rafael y apunta, con la mano que sostiene su vaso, en dirección a su gemelo, en apoyo a sus palabras.

Me quedo pensativo, recostado al respaldo de la cómoda silla y llevo el vaso a mis labios para darme un trago. Siento el ardor en mi garganta y me abstengo de hacer una mueca.

—De todas maneras, Will, yo creo que deberías consultar con el italiano, Berlusconi, él puede asesorarte —comenta Leonel, ante mi silencio. Alzo la cabeza y enfoco mi mirada sobre él—, nosotros como proyecto lo vemos bastante interesante, solo habría que documentarse sobre los temas legales asociados y las reglas internacionales. En eso puede ayudarte tu amigo.

—Yo también lo pensé, pero ya era muy tarde para llamar, tengo planificado hacerle una llamada a primera hora, mañana —explico a mis hermanos, que asienten de acuerdo conmigo—. En cuanto tenga la respuesta, comenzamos el proceso. Por lo que pude entrever, Industrias Becker necesita expandirse, diversificar sus principales ramas y los mercados, tanto los propios como los que provee.

—Hacemos eso, entonces, nos mantienes al tanto —coordina Rafael y de un trago baja todo el contenido del líquido ambarino que quedaba en su vaso. Hace un ruido de satisfacción y luego exclama—: Delicioso.

Río porque no tengo nada que hacer, ya me acostumbré a este tipo de actuaciones por parte de los dos. Aprendí a no perder mi tiempo intentando enseñarle a estos imbéciles que tengo por hermanos, a comportarse. Así, con esa forma alocada y aparentemente desorganizada, ambos saben muy bien donde están parados y a dónde pretenden llegar, con tal de conseguir sus ambiciones. Y eso, independientemente de todo lo demás, me llena de orgullo.

—Nos vamos, Will —continúa Leonel; sigue el movimiento de su hermano y se levanta de su silla, para dejar el vaso vacío sobre la mesa de centro.

—Ok, vayan con cuidado. Los quiero —despido y le doy un abrazo a cada uno. Un poco sentimental mi acción, por lo que los dos se quedan mirándome raro.

—¿Estás en tus días del mes? —ríe Rafael y Leonel lo secunda. Ruedo los ojos y los vuelvo a abrazar.

—No se hagan. —Es lo único que digo.

Ellos, como ya sabía, terminan aferrándose a mí y se van emocionados. No es un tema del que hablemos mucho, de hecho, en absoluto; pero la razón de que mis hermanos hoy tengan al menos la oportunidad, vino de mí. Yo soy incapaz de sacarle en cara a alguno de ellos todo lo que yo hice y continúo haciendo, por el bienestar y la comodidad de mi familia. Pero sé que, para mis hermanos, la perspectiva es otra. Ellos se esfuerzan a un doscientos por ciento cada día, con tal de asegurar que ni un día se sienta perdido, que mi sacrificio no se sienta desvalorizado. Es tonto, lo sé, esto lo supe por mi madre y no puedo hablar del tema con ellos sin dar a entender que ella no les guardó el secreto. Por eso, cada vez que hacemos algo como lo de hoy o mínimo, tenemos un encuentro, los abrazo con fuerza y pido fortaleza para ellos. De ahí el hecho de que siempre, se vayan con lágrimas en los ojos.

Siento la puerta de entrada cerrarse con un ruido sordo y el silencio que se siente luego, me hace querer entrar. Sin embargo, no abandono mi posición en la terraza y pienso en las ganas de tener a Ashley aquí conmigo. Su presencia, tan femenina, alumbraría cada metro cuadrado de mi apartamento y le daría un toque completamente diferente. Lo que más deseo en la vida es conseguir una familia, la mía propia, con la que disfrute todos mis logros y pueda entregarle todo lo que tengo. No es que me sienta incompleto con la que ya tengo, mis hermanos y mis padres lo son todo para mí; pero cuando todos se van y la puerta de entrada se cierra, me quedo solo.

La soledad a veces es necesaria; si aprendemos a amarla, sabremos que cuando llegue nuestra persona no estaremos llenando huecos, no estaremos pidiendo que complete nuestro amor, sino que lo comparta. Ya yo aprendí a sentirme cómodo en mi mundo solitario, ahora quiero que Ashley, se convierta en el centro de mi verdadera felicidad.

Me voy a dormir pensando en cómo se vería todo de tenerla a mi lado. Con esos pensamientos caigo rendido sin problemas y no despierto hasta que mi alarma suena, a las seis en punto de la mañana.

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POV: Ashley.

Amanezco descansada y con una sonrisa dibujada en mi rostro. Llegar a casa ayer en la tarde y ver la sonrisa emocionada de mi madre, no tuvo comparación. Su expresión ha cambiado mucho luego de que no estamos tan apretados económicamente, lo que me confirma la preocupación que siempre tuve; mi madre vivía martirizada con lo que sucedería si llegaba a ponerse mal.

Con mi hermano y Steph tuve conversaciones en privado para hablarles sobre lo que William me dijo. Mi hermano quedó encantado con asistir a un colegio privado, pero Steph fue otra historia. Al inicio hizo una mueca de desagrado, cuando le mencioné el nombre de Esme, pero luego le recriminé esos celos bobos y la hice entender de que podemos tener una bonita amistad las tres juntas. Esme es una mezcla entre la actitud desinhibida de Steph y mi personalidad tranquila; así que creo que nos llevaremos muy bien las tres. Al final, la convencí de aceptar para que pueda empezar a darse algunos lujos, puesto que ahora no tiene que ayudarme con la renta. El brillo de sus ojos al decirle eso, me alegró un poco más la noche. Así es ella, no va a cambiar y, si yo pretendiera hacerlo, no sería una verdadera amiga.

Ahora estoy en mi amplio vestidor intentando escoger entre tantos modelos de chaquetas, faldas y vestidos elegantes. Muerdo mi labio inferior, indecisa, al fijar mi mirada en una falda alta con pliegues, negra y a juego con una blusa elegante blanca y de cuello, con mangas largas y un lazo negro atado como decoración. A pesar de ser algo relativamente recatado, cuando me lo pruebo, me parece una provocación. Me pongo unas medias negras y completo mi conjunto con unos zapatos de punta fina y tacón alto, negros también.

Me gusta lo que veo, no hay dudas de eso; pero no quiero que William piense que lo quiero provocar. Con todo lo que hicimos ayer creo que completamos para unos cuantos días; aunque ahora mientras lo pienso, tenga que apretar las piernas para controlarme un poco.

Decido hacerme un recogido sencillo y dejar un poco suelto parte de mi flequillo. El día hoy está un poco frío, por lo que decido llevar una gabardina.

Busco mi bolso y guardo todo, incluyendo los documentos que sigo estudiando cada noche. Bajo a la cocina y mientras me preparo una taza de café, le escribo un mensaje a William.

Buenos días, jefe. ¿Todavía puede llevarme al trabajo en su grandioso auto?

Me río por mi ocurrencia y traigo a colación lo ocurrido ayer en la mañana. La verdad es que espero que William no mencione lo del auto asignado en un tiempo, por lo menos, porque sería vergonzoso decirle que no sé conducir.

Buenos días, mi preciosa asistente. Tendría que pensarlo, aunque aprecio tu halago hacia mi auto.

Suelto una carcajada y pienso que William se despertó de buen humor, aunque tampoco es de esas personas que exteriorizan su mal carácter; por lo menos, yo no he vivido esa faceta. Ayer me pareció conocer una de ellas y resultó que lo hizo para molestarme. Todavía debo pensar cómo vengarme de

de notificación devuelve mis ojos a la pantalla de mi celular.

Por cierto, todo lo mío, es grandioso.

El sorbo de café que ya tenía en la boca, ahora está por toda la mesa. Mientras río y toso a la vez, reviso que mi blusa se mantenga intacta, sería jodido que tuviera que cambiarme, porque me gusta como quedé.

Sabes a lo que me refiero,

Insiste y yo prefiero dejar mi café a un lado de una vez; será imposible terminarlo con William en modo coqueto.

jugar un poco a su juego y le respondo.

No sé, señor O' Sullivan. No me quedó muy claro.

Muerdo mi labio y espero su respuesta. Se demora un poco y miro el reloj, para verificar cuánto falta para bajar. Doy un salto cuando veo que son casi las ocho y media y yo aquí mandando mensajitos provocativos. Recojo mi bolso y siento mis mejillas arder cuando pienso en que él debe estar esperando por mí, dispuesto a darme su respuesta en persona. Abro la puerta de mi apartamento y literalmente, me choco contra una pared de carne

Me quedo sin respiración, a la vez que siento como pierdo el equilibrio y que, un caballero de brillante armadura, me sostiene antes de caer

Lo miro a los ojos, mientras mi pecho sube y baja en consecuencia a su presencia. Es inevitable no recordar aquella vez cuando terminé en esta misma posición; solo que ahora desearía que William no estuviera tan vestido.

dices!», pienso y ruedo los ojos. Luego los abro,

«¿¡Digo!?», repito.

acabo de decir eso? No puede ser», me reclamo e intento saber si lo hice o no mirando a

de medio lado y su ceja enarcada me dan una respuesta, pero por si eso no fue demasiado penoso, me lo restriega en la

me quito la ropa, no sería un problema —susurra y hasta mis orejas las siento

ojos, mortificada y ahogo un sollozo

ayuda a incorporarme y me mira con los ojos brillosos de diversión. Yo lo miro y hago un puchero, luego sonrío y tapo mi rostro con mis dos manos. La verdad, no sé ni cómo

—pide, con tono de risa. Yo niego con la cabeza, como si fuera una niña. Vuelvo a escuchar su risa baja y ronca. Luego sus manos cubren las mías y abren el paso hasta cruzar nuestros ojos—, yo también pensé lo

¿sí? —pregunto y hago una mueca

asiente muchas veces con la cabeza. Luego se acerca un poco más y habla en

todo, aún más, cuando subí con las intenciones de refrescarte

la boca, sin poder evitarlo y observo como William hace un repaso exhaustivo de mi atuendo. Cuando sus ojos suben otra vez, la ardiente mirada me deja sin

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 48. ¿Te queda claro? de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 48. ¿Te queda claro? autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 48. ¿Te queda claro? en readerexp.com