¡Se busca un millonario! Capítulo 50. De lujo.

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POV: Ashley.

«Impredecible».

El adjetivo del día para William.

Me sorprendió, sí, esperaba el habitual auto negro estilo limusina y se apareció con nada menos que un Ferrari.

Lo primero que pienso es la razón de hacer algo así. El viaje que haremos será corto hasta el aeropuerto o a donde sea que él tiene su avión privado; por lo que no le encuentro sentido a su exagerado lujo. Luego pienso en que si William tiene una colección de autos caros como acostumbran los millonarios, entonces tiene sentido que lo saque a pasear de vez en cuando.

Sus palabras arrogantes, las últimas dichas por él antes de subirnos al auto, encienden una llamita dentro de mí, tanto es así que me quedo en silencio con tal de no decir una barbaridad digna del galardón de la vergüenza. Solo puedo pensar en su forma de llamarme, nena, y lo que sentí cuando lo escuché salir de sus labios sensuales; además, es inevitable no estar a la expectativa de cuántas cosas puede hacer realmente para superarse.

«Con mente sucia, por supuesto». Ruedo los ojos en mi mente, ante mi desorden hormonal.

Por supuesto, mi recién estrenado estado llama la atención de William, que ahora me mira curioso. No lo miro, pero siento sus ojos sobre mí y también, la indecisión sobre qué habrá sucedido para que yo haya cambiado mi actitud.

—Ashley, ¿te sucede algo? —pregunta, con voz extraña.

Yo lo miro con rapidez y niego con la cabeza. Vuelvo a mirar mis pies, no sin antes notar que él frunce el entrecejo, confundido.

—Preciosa... —llama y mis mejillas se colorean ante su forma de llamarme.

«Es que no puede ser más tierno...y sensual», pienso, casi suspirando.

Cuando siento sus dedos fríos contrastar con la temperatura en la piel de mi barbilla, me sobresalto.

—Ash... —Me gira la cabeza para verlo y su expresión de preocupación hace saltar mi corazón—, dime qué sucede. ¿Dije algo que te incomodó?

—¿¡Qué!? No, no —niego con la cabeza y abro mucho los ojos, espantada ante lo que está pensando de mi estúpida actuación.

Lo está malinterpretando todo y necesito explicarle qué me pasa para que se tranquilice de una vez. El único problema es que al final, terminaré avergonzándome.

—No, Will, no es eso, te lo prometo —hablo, con un intento de sonrisa.

—Entonces, ¿qué te pasa? Estás rara e intentas evitarme.

—Lo siento, es que... —murmuro, pero no me atrevo a continuar. Siento mis mejillas arder y William alza una ceja, a la expectativa—, es que...

«Argg», me reclamo.

Tomo una respiración profunda y lo suelto todo con rapidez.

—Es que ando medio aturdida con todo lo que ha sucedido entre nosotros; más los nervios por el viaje y todo lo que mi mente sucia no deja de pensar. Además, llegas en un auto super sexy, vestido aún más sexy y me dices nena, con un tono tan sensual que no pude evitar pensar en lo que siento cuando me besas y todas las chispas que saltan a nuestro alrededor.

Respiro hondo para recuperar el aliento. Todo lo solté de carretilla y creo...creo, que dije más de lo que debía.

«¿Por qué lo sé?», me pregunto irónicamente.

Porque la lenta sonrisa que comienza a dibujarse en los labios del increíble hombre que tengo al frente, es una que promete muchas cosas. La primera, molestarme. Sé que William no olvidará nada de lo que acabo de decir y que lo traerá a colación cada vez que se acuerde. Las demás, serían variaciones de él incitando a encuentros más que calientes entre nosotros; lo que por supuesto, no me molestaría, pero se suponía que él no debía saber.

—Mente sucia, ¿eh? —dice y yo me encojo. Se acerca un poco a mí, hasta pegar su boca a mi oreja—. Dime, Ashley, ¿me gustaría saber qué cosas sucias se te

que debas saberlas —río, nerviosa.

—Ujum —ronronea en mi oreja y agrega—, creo que puedo imaginarlo.

Trago saliva, cuando al incorporarse me encuentro con sus ojos y veo puro fuego. Con su ardiente mirada baja su cabeza, hasta posicionar su boca alineada con la mía. Su lengua sale y humedece sus labios, mis ojos al instante se fijan en el movimiento, lo que provoca que yo también lo haga. Se acerca un poco más y con lentitud, toma mi labio inferior con sus dientes; ese es el único contacto que tenemos y debo decir que se siente

Su mano sostiene mi cabeza, cubre con su palma la longitud de mi cuello descubierto y pretende acercarme a él, para iniciar el beso.

Pero de repente, el auto gira noventa grados y pocos metros después, se detiene. Y William, en vez de unir su boca con la mía, hace su camino otra vez hasta mi oreja y susurra.

—Ya llegamos.

Obvio, un grito frustrado y decepcionado quiere salir de mí, pero por los pelos logro evitarlo. Aunque al parecer, no puedo ocultar del todo mi sentir.

—No te preocupes, preciosa —dice, a la vez que con sus nudillos toca una vez la ventanilla para que Ricardo abra la puerta—, regresaremos a donde nos quedamos.

Y me guiña un ojo. Sale del auto y extiende su mano para que yo la tome. Sin dudarlo, la acepto y salgo del auto también. Lo que me espera, una vez fuera, no es algo que alguna vez hubiera creído podía sucederme.

boca hasta el piso y William tiene que sostenerme cuando casi me caigo hacia atrás. Estamos en un hangar no muy grande, pero todo es amplio y con varias cabinas. Al fondo, sobre la pista, un jet relativamente pequeño se observa. Ese es el verdadero motivo de mi

jet como todos, supongo, pero el hecho está en que yo jamás había visto uno de cerca, mucho menos tenía la esperanza algún día de subirme en uno; ni siquiera he subido a uno de los grandes. Por lo que ahora, es lógico que me cueste aceptar mi nueva

mi mano, entrelaza nuestros dedos y caminamos juntos hasta donde dos hombres y una mujer esperan por nosotros. Uno de ellos lleva un uniforme blanco de piloto, el otro solo viste ropa formal y la mujer, también lleva uniforme, pero de

señores —saluda William, con un gesto de cabeza acompañado. Yo sonrío, pero no

saludan también y comienzan a explicar algunas cosas sobre el vuelo. Logro saber que Matteo, el hombre con uniforme blanco, es el piloto y que Sandra, es la azafata. El hombre con traje formal es el asistente de William para estas gestiones, Mauro. En el momento que me presenta espero que diga que también soy su asistente, pero solo dice mi nombre y

quedo pensando en las razones detrás de esa acción, pero no logro encontrar un motivo fuerte; al menos yo no entiendo el por qué lo hizo, si al final soy su asistente. Lo miro, a la espera de que diga algo más, pero solo indica que debemos irnos. El piloto y la azafata asienten y van hasta el jet; William se despide de Mauro y nos dirige hasta

se adelanta y sube nuestras maletas; cuando está todo listo, entonces subimos las escalerillas y otra vez, me quedo boquiabierta al entrar

Lujo.

Se respira lujo y elegancia.

alfombrado y asientos independientes de cuero color crema, dispuestos uno frente al otro, van a cada lado del avión, en su respectiva ventanilla. Al fondo, una puerta que debe dar paso al baño. Y en el frente, la cabina del piloto y un espacio acomodado para

—¿Nos sentamos? —pregunta William, divertido.

observo sonrojada y asiento. Él vuelve a tomar mi mano y nos lleva hasta uno de los asientos del fondo. Lo miro todo con ojos curiosos y entusiasmados. Respiro profundo y el olor a cuero llena mis fosas nasales; cierro los ojos y disfruto de todas las sensaciones, mientras me acomodo en el elegante asiento.

¡Se busca un millonario! novela Capítulo 50. De lujo. de C. P. Cruz

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 50. De lujo. autor C. P. Cruz los detalles son llevados al clímax. Es porque ella no llora por sí misma, administrará el tiempo de trabajo y descanso de la heroína. Pero cuando está enojado, no levanta la voz para asustar a la gente, no hay clase de clase como enseñar a los niños. Toda su actitud hacia la protagonista femenina es sentida por todos. Sigue a ¡Se busca un millonario! C. P. Cruz Capítulo 50. De lujo. en readerexp.com