¡Se busca un millonario! Capítulo 58. Rosa chicle y brillante.

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POV: Ashley.

«Tengo calor», es lo primero que pienso al despertar.

Mi espalda está cubierta por un pecho caliente y unos enormes brazos me rodean. Siento una respiración profunda y pausada muy cerca de mi oreja.

William.

Sonrío, aún sin abrir mis ojos, al recordar todo lo que hicimos anoche y varias veces más durante la madrugada. Un dolor delicioso se expande por mi cuerpo y no intento fingir que eso me molesta.

«Porque no me molesta para nada», suelto una risita con ese pensamiento. Si me dejaran elegir, sin dudas escogería sentir este dolor placentero todos los días de mi vida, si es William quien lo provoca.

Con el despertar de nuevas sensaciones, revivo todo lo que sentí y me retuerzo con deseo creciente, acurrucándome en su pecho y pegando mi trasero contra él. Estoy emocionada y suspirando, cuando algo duro choca contra mi trasero, a la vez que una voz ronca me habla al oído.

—Buenos días, preciosa. —El susurro lanza dardos de fuego por mi espina dorsal y provoca que me arquee en su dirección, buscando aún más el contacto con su hombría mañanera, dura y aterciopelada.

Ronroneo como un gatito con su voz y siento como mi cuerpo se prepara para él. La mano que estaba abrazada a mi cintura baja con lentitud y busca mi intimidad. Cuando sus dedos resbalan y yo tiemblo por la sensibilidad, William respira entre dientes. Su erección choca contra mis nalgas y vuelve a susurrarme al oído.

—Tan lista para mí, preciosa.

Gimo. Cuando un dedo se introduce entre mis labios vaginales y se desliza con suavidad por mi piel.

—Dicen, que hacer el amor al amanecer mejora nuestro estado de ánimo durante el día —murmura y con un rápido movimiento, saca sus dedos de mi interior y se coloca encima de mí, con sus manos tomando las mías y entrelazando nuestros dedos, justo como hizo la primera vez y las demás que le siguieron—. Me gustaría probar esa teoría.

Me besa con lentitud y yo sigo el beso con ardiente deseo. Mis piernas se colocan alrededor de su cintura y puedo sentir ahora como su erección presiona en mi entrada.

—Estoy de acuerdo —jadeo.

Y no se hace de rogar. Entra en mí con un movimiento certero. Rápido.

El dolor que siento en un principio, es un dolor exquisito, de esos que te hacen sentir todo mucho más. Esta vez, cuando mi interior se ha acomodado a su longitud, William no tiene reparos, entra y sale de mí con rapidez, lo lleva profundo y no tiene contemplaciones. Cuando exploto sin remedio a su alrededor, siento mis paredes interiores absorberlo y su rostro se descompone en una mueca de desesperación. Sale de mí y termina su labor con su propia mano.

Y no creo que alguna vez haya visto algo tan sexy, como el hombre que quiero, tocándose de esa forma; mientras me observa con calor en su mirada.

Sus ojos se ponen en blanco y entonces, siento un líquido caliente y viscoso caer sobre mi vientre. Él se recupera y cuando yo presiento que ya pasó su estado de nirvana, me levanto un poco y tomo su boca. La excitación que sentí al verlo de esa forma, me hace desearlo otra vez.

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POV: William.

Es media mañana cuando bajamos de la azotea, tomados de la mano. Nuestros rostros sonrientes y besos constantes son una prueba determinante de todo lo que vivimos en solo una noche. Aunque no tenía la seguridad de hacerla mía, contemplaba esa posibilidad. Se lo prometí en mi oficina y ella me regaló la oportunidad de cumplir con mi palabra; le hice el amor sin descanso, una y otra vez.

Tenerla entre mis brazos, escucharla jadear y gemir de gusto con placer violento, es lo más increíble que he vivido jamás. Nunca antes había disfrutado tanto el sexo, generalmente, para mí era un acto de desahogo; pero Ashley, ella me dejó experimentar las mejores sensaciones.

Cuando hay amor intermedio, todo se siente... simplemente, más.

—¿Vamos a desayunar? —Me giro para verla y sonrío cuando escucho su estómago rugir. Ella suelta una risita—, las fresas no cumplieron su función.

Se muerde el labio y sé que quiere reír. Me pego a ella y bajo mi cabeza hasta que mi boca roza la suya.

—¿No quedaste satisfecha? —pregunto con voz sensual y tomo su labio inferior con mis dientes.

—La verdad, las fresas me dieron más hambre. Casi todas las comiste tú.

poder evitarlo. La miro y sé que ella está recordando mi boca entre sus piernas, acompañada con fresas y chocolate.

—Tienes razón, fui un egoísta —murmuro y beso su boca—. Teníamos que haber intercambiado los roles.

Sus mejillas se sonrojan y yo sonrío. Descarado. Cierro los ojos y me imagino lo que acabo de decirle. Siento mi polla apretarse en mis pantalones.

ahora solo puedo imaginar tu boca alrededor de mí —declaro y la beso con fuerza, con ardor. Ella sigue mi intensidad y se aferra a mis hombros.

Cuando pienso que voy a hacerla mía en este maldito ascensor, el pitido que anuncia la llegada, nos hace separarnos. Sus cabellos desordenados y mi camisa estrujada, es lo que ven dos parejas que pretenden subir al ascensor, cuando se abren las puertas.

—Bom dia.

Saludo y salimos tomados de la mano. Antes de cambiar mi mirada, observo cómo ambas parejas sonríen conocedoras. Hacemos el camino hasta la suite y una vez dentro, pedimos que nos traigan algo de comer; pretendemos salir otra vez a caminar por Roma, antes de regresar al trabajo.

Ashley se va a su habitación para tomar un baño y cambiarse de ropa, por lo que yo voy a la mía. Me gustaría mantener su olor sobre mí de forma permanente, pero eso se vería demasiado raro y malditamente loco; así que sigo su plan y lo hago yo también. Mientras estoy en la ducha me convenzo de que debo dejarle un tiempo a solas, que su cuerpo debe descansar de tanto sexo seguido; pero mis ansias son muchas y tengo que interrumpir la ducha para no provocarme un orgasmo pensando en ella, teniéndola en la habitación de al lado. Eso sería preocupante.

Salgo del baño con una toalla alrededor de mi cintura y con otra me seco el cuerpo húmedo y el cabello. Escucho como un sirviente del hotel entra a la suite y dejan nuestro desayuno, por lo que me coloco el enorme albornoz negro y las pantuflas de felpa para salir de la habitación y dejarle su propina. El chico se retira alegre por la buena suma y yo me encargo de preparar todo sobre la mesa del balcón.

Mi estómago ruge ahora y veo en el reloj de mi celular que Ashley lleva más de treinta minutos metida en su habitación.

«¿Será que necesita tanto tiempo?», me pregunto, dudoso.

Pienso si sería correcto inmiscuirme en su privacidad o si se vería invasivo que yo la apure, pero de verdad tengo hambre y quiero compartir el desayuno con ella. Me decido y voy hasta su habitación, golpeo la puerta suavemente, pero no escucho nada. Un poco preocupado abro y entro; al instante, el olor dulce de su champú inunda mis sentidos y escucho como el agua corre del otro lado de la puerta cerrada.

—Todavía está en el baño —hablo solo y río por mi preocupación innecesaria.

Decido aventurarme y me quedo esperando, tal vez me encuentre de frente con una sorpresa; una que incluya a Ashley desnuda y completamente mojada. Busco en toda la habitación donde ubicarme, para que ella no se asuste con mi presencia, pero al final no me queda otra opción que sentarme en su cama, mientras espero.

maleta de viaje está abierta sobre el colchón y soy testigo de cuántas cosas cargan realmente las mujeres en estas situaciones. Miro por encima y veo revoltijos de ropa interior, casual y elegante, mientras que yo solo traigo unas pocas camisas y dos pantalones. Me acerco un poco más y una goma rosa brillante llama mi atención. Frunzo el ceño primero, desconcertado.

ser eso», pienso, porque me resulta raro que Ashley haya traído algo así, a no ser que lo haya hecho con toda intención; con lo que yo no estaría molesto,

consolador rosa chicle con brillos de su escondite y junto con él, una caja de la que reconozco el

con ganas y

«Esto no lo esperaba».

en mi boca se muestra una sonrisa de veinte mil voltios, cuando Ashley abre la puerta del baño y casi se cae de la impresión, al verme. Se cubre con rapidez con la toalla, pero ya es tarde. Además de que recuerdo cada centímetro de su cuerpo, me dio tiempo de sobra de observarla toda húmeda por su baño. Sus ojos viajan a mis manos y abre la boca como un pez fuera del agua, tartamudea unas palabras que no se entienden y al final, termina sonrojada de pies a cabeza y con una expresión de mortificación en el

que viniste a Roma dispuesta a jugar. —No puedo evitar molestarla. Estoy seguro que esto es obra de alguien más, Steph como principal sospechosa. Luego debo agradecerle—. Solo espero que no hayas estado jugando

un ojo y sonrío, ella hace un puchero y no sabe dónde meterse. Cuando recupera el habla, me dice lo que ya yo

—Fue Steph.

—Bueno, recuerda luego darle las gracias.

el ceño y hace la pregunta ingenua.

levanto de la cama y voy a su encuentro. Todavía llevo el albornoz y ella está desnuda debajo de su toalla. Veo como sus puños aflojan su agarre y sonrío

todo lo que haremos, con su

¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Capítulo 58. Rosa chicle y brillante.

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 58. Rosa chicle y brillante. , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro ¡Se busca un millonario! fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En ¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Capítulo 58. Rosa chicle y brillante. y los capítulos posteriores de la serie ¡Se busca un millonario! en readerexp.com