¡Se busca un millonario! Capítulo 69. Desesperado.

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POV: William.

Estoy desesperado.

Llevo horas llamando a Ashley y no me responde. Algo me dice que fui demasiado lejos con mi estupidez y pagaré las consecuencias. No debí haber dejado pasar tantos días; a la primera, debí tomar el avión directo a casa. Pero un conveniente detrás de otro, me llevó a tomar decisiones erróneas. Entre los gemelos, la loca de Vivianne y luego, una verdadera propuesta de negocio, cada día se me hizo demasiado tedioso. Cuando por fin tenía un descanso, ya era demasiado tarde para llamarla.

Suspiro agotado y frustrado. Tapo mi rostro con ambas manos pensando en lo tonto que fui.

«Mi prioridad es ella. Pero no lo demostré».

Ahora debo asumir la responsabilidad y hablarle con la verdad. Contarle todo lo sucedido y esperar, que mi pequeña mentira, no se haya prolongado demasiado.

—Will, ¿llamaste a Mauro? —pregunta Rafael, tomando asiento a mi lado. Me extiende un vaso de whisky, que tomo sin chistar.

—Le dejé un mensaje, debe estar al devolver la llamada —respondo y doy un buen trago al líquido ámbar, que quema mi garganta.

Hago una mueca y eso, llama la atención de mi hermano, que me mira frunciendo el ceño y deja suspendido su vaso en el aire.

—¿Qué te sucede?

—Ashley no me responde —suspiro, desganado. Reviso mi teléfono otra vez y ruego por recibir al menos un mensaje, que me diga que todo está bien.

—Y eso, ¿es malo? —pregunta y yo lo miro, irritado.

—¿Qué tú crees? —Ruedo los ojos.

—Se habrá cansado de ver tu fea cara. —Su intento de hacerme reír, no cumple función alguna. Resoplo y me dan ganas de darle una mala contesta, pero él no tiene la culpa de mi padecer.

—No estoy para bromas, Rafa.

Mi hermano se pone serio y me observa con fijeza, escruta mi rostro y busca la respuesta a mi mal humor.

—Están juntos —afirma. Yo solo asiento, no tengo ánimos para negarlo.

Él, alza una ceja, pero no pregunta nada. Por un momento pienso que me reclamará por llevar juntos cuatro días y no haber tocado ese tema, pero no lo hace. Se levanta de su asiento y busca la botella de whisky. La pone en la mesa de centro frente a nosotros, luego de rellenar nuestros vasos.

—Bueno —murmura y le da un trago a su bebida—, comienza por el principio.

Cierro los ojos y suspiro. No tengo ganas de hablar, más bien, necesito actuar y de una vez, regresar. Pero mi asistente no me responde y no quiero apresurarme en comprar un pasaje de regreso, cuando puedo ahorrarme la mitad del tiempo. Solo necesito aguantar hasta que Mauro me responda y ya luego tomaré las acciones correspondientes.

—Ashley aceptó ser mi novia, pero la cagué y todavía no habían pasado ni veinticuatro horas.

Me recuesto completamente al sofá y cierro los ojos. Me siento como un imbécil. Tanto decirle y decirle que la quería en mi vida, que daría todo por ella, para a la primera de cambio, decepcionarla.

—¿La despedida de soltero? —pregunta Rafa, con un tono medio divertido, medio apenado.

—No le dije. Le mentí. —Le doy otro trago a mi whisky—. Pensé que lo tomaría mal y en verdad, confié que no se nos saldría de las manos la dichosa despedida. Pero no pude equivocarme más.

—Nada más a ti, se te ocurre confiar en tus amigos locos —resopla y pone una mano sobre mi hombro. Me mira fijo y añade—: Ya valiste, hermano.

—Lo sé. Y me jode.

Me quedo pensando en todo y solo sigo llegando a la misma conclusión. Debo irme cuanto antes.

—¿No la llamaste en todos estos días? —Frunce el ceño. Yo bajo la cabeza, avergonzado.

—No. Entre los inconvenientes que ya conoces, más las marcas que todavía tengo por todo el rostro, no quería condicionar una videollamada y quedar como un mentiroso, sin darle antes explicaciones.

—Actuaste como cobarde, Will. Y creo que te va a costar.

—Fui un imbécil, hermano.

Tapo mi rostro otra vez con ambas manos. Es el gesto que más he hecho el día de hoy. Estoy decepcionado de mí mismo.

Rafael se queda pensativo unos segundos. Lo conozco y sé, que está dándole vueltas a algo.

—Ashley no te ha respondido las llamadas, ¿verdad?

—No, ¿por qué preguntas? —Entrecierro los ojos y me preocupa lo que sea que está

pude leer bien a tu chica, ella respondería la llamada y te cantaría las cuarenta por desaparecer. No tiene porqué saber lo sucedido estos días, así que, no tendría motivos para molestarse en serio hasta que regreses y le cuentes la verdad.

—¿A dónde quieres llegar? —Me incorporo y lo miro atento. Estoy seguro de que, lo que dirá, no será nada bueno.

—¿Qué tanto desconfías de Vivianne?

«Mucho». Y ya entiendo las razones de su aparición. A ella le gusta provocar y alimentar chismes.

—Necesito llamar a Brigitte. Si algo llegó a sus manos, debió enviarme correspondencia. Es lo único que se me ocurre.

—Verifica, Will, así sabes a lo que te enfrentas.

Asiento y busco mi teléfono. Mientras busco el número de la redactora de la revista con la que tengo un trato, llega Leonel. Nos mira a ambos, vaso de whisky en mano y expresiones serias, y enarca una ceja

temprano, después soy yo el borracho.

Rafael y yo rodamos los ojos, mientras Leonel se acerca a nosotros, dándole vueltas a las llaves del auto en sus manos. Como es de esperar, toma un vaso de los que están en el bar y se sirve sin mucha cortesía. Sigo a lo mío y por fin, encuentro el número de Brigitte. Me levanto y me alejo de los gemelos, para poder concentrarme. Marco el número y, segundos después, me manda al buzón. Un mensaje me llega casi al instante.

Hola, William. Ahora no puedo atenderte, pero estaba esperando tu confirmación sobre lo que te envié. Necesito respuesta para finales de esta semana.

Nuestras sospechas, no son infundadas. Algo tiene que saber Ashley para que me esté evitando.

ansiedad me carcome y una rabia visceral se apodera

Vivianne, sabía que me iba a traer problemas».

tengo idea qué fue lo que llegó a manos de la revista, pero hay varias opciones, si es que todo está relacionado con mi ex. Desde su acercamiento en el VICE Club, la visita aquí en mi casa, el encuentro en el restaurante y la mayor casualidad de todas, mis recientes negocios con su ahora, socio

que hacer, lo primero, llamar a Blake. Voy a necesitar su ayuda para apurar mi regreso. Lo otro, ponerme al tanto de la información que envió Brigitte a mi empresa, para estar preparado. Y, por último, averiguar de una vez, qué se trae entre manos la loca desquiciada de

(…)

parecer, Blake está ocupado. Lo he llamado dos veces, pero no me devuelve las llamadas. Hoy, definitivamente, no es mi día de suerte. En lo que alguien se digna a responderme, decido tomar una ducha para calmar los nervios que me embargan. Entro al baño y me miro al espejo. Mi barba, siempre pareja y recortada, está un poco abandonada; los moretones ya casi han desaparecido del todo, pero ya no me importa si se ven o

y entro a la ducha, el agua fría que cae sobre mi cuerpo me hace tiritar, pero me merezco esta sensación, necesito torturarme por ser tan

no me imaginé que algo se tramaba?», me reclamo interiormente, con los brazos apoyados en la pared del baño y el agua cayendo sobre mi

a Vivianne en el Club, pudo haber sido una casualidad, una que ella supo aprovechar muy bien. Ahora recuerdo la mirada que me dio cuando nos llevaban a la estación esposados e imagino, que ya iba tejiendo los hilos de su plan. La aparición en la puerta de este apartamento, me sorprendió y a la vez, no lo hizo. Ella usaba este lugar mientras estábamos juntos, porque es la única residencia que tengo aquí; lo que no me esperaba, era que tuviera el valor de aparecer como si nada, frente a mí. Todo el tema que relacionó a los gemelos, creo que fue lo suficientemente significativo, para que le quede claro que no la quiero cerca. Lo otro y, debía haber desconfiado más, fue la oferta de negocio de un desconocido; del que muy tarde supe su relación con ella.

teléfono se escucha en la habitación y me apuro para responder. Salgo del baño con solo una toalla envuelta en mis caderas y corro, hasta la mesilla de noche donde está mi celular. Un alivio se asienta en mi pecho, cuando veo el nombre

¿qué sucede? —pregunta Blake, preocupado, cuando acepto la

—devuelvo el saludo—. No te preocupes, no es nada grave, aunque sí me

—Te escucho.

cuanto antes, un avión; el mío no puedo usarlo por el momento —digo, seguro, entre nosotros no existen

¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Capítulo 69. Desesperado.

En ¡Se busca un millonario! novela Capítulo 69. Desesperado. , el contenido de la serie fue llevado al clímax. Honestamente, la única razón por la que me gustó el libro ¡Se busca un millonario! fue por el protagonista masculino. Es uno de mis dos protagonistas masculinos favoritos hasta ahora. En ¡Se busca un millonario! de C. P. Cruz Ambos fueron elegantemente educados, tranquilos como si nada pudiera excitar sus nervios. Lea Capítulo 69. Desesperado. y los capítulos posteriores de la serie ¡Se busca un millonario! en readerexp.com