Esposa falsa de Simón Capítulo 82: ¿El Señor Freixa está celoso?

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Esposa falsa de Simón de Gato volador Capítulo 82: ¿El Señor Freixa está celoso?

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-Kevin Fonseca, ¿quién eres tú para interrogarme sobre esto? ¿Qué tiene que ver esto contigo?- Frida dio dos pasos hacia atrás para mantener la distancia con Kevin.

No entendía en qué se había equivocado antes, en enamorarse profundamente de este hombre durante dos años enteros, ¡sólo para descubrir hoy que Kevin era en realidad una persona tan desvergonzada!

¿Estaba demasiado bien disfrazado antes, o había sido ella la que había sido demasiado estúpida todo el tiempo?

-¡Claro que tiene que ver conmigo!- Kevin se adelantó y la agarró por los hombros: -¿Cómo has podido irte con otro hombre justo después de divorciarnos? ¿Por qué te trataría tan bien? Es tan rico, ¿estabas con él antes de divorciarnos? Siempre pensé que eras una mujer sencilla, ¡pero nunca pensé que fueras tan vanidosa y desvergonzada!-

Frida estaba sorprendida.

Miró con incredulidad al hombre que tenía delante y le pareció que era un desvergonzado de primera categoría.

No tenía sentido seguir hablando con él, entonces confesó Frida con sorna.

-Sí, soy vanidosa, soy desvergonzada, lo admito, ¿me dejarás ir ahora?-

¡Qué gran ex marido tiene!

Después de dos años juntos, lo primero que hizo Kevin al verla fue interrogarla, sin reflexionar sobre sí mismo si había hecho algo malo, ni ver que ahora estaba pálida, sin zapatos y con una bata de hospital.

Frida se sintió como si hubiera estado ciega para casarse con él antes.

-¿Dejar que te vayas? Eso no va a pasar, tienes que disculparte conmigo.-

Frida: -¡… suéltame!.-

-Frida, después de disculparte conmigo, tienes que ir a disculparte con mi madre por engañarnos …-

-¡He dicho por última vez que me dejes!- Frida se enfureció y lanzó un bofetón a Kevin Fonseca, quien al instante estalló de rabia.

-No esperaba que fueras tan grosera, bueno, ya que eres tan descarada, ¡tampoco voy a ser cortés contigo!-

Kevin la agarró del brazo y la arrastró, Frida no era rival para su fuerza, así que gritó: -¡Suéltame, suéltame!.-

-¡Sinvergüenza, vuelve a mi casa y pide disculpas a todo el mundo, y les vas a decir la poca vergüenza que has hecho!-

-Suéltame…- el brazo de Frida fue pellizcado por él, y el tirón violento oscureció su visión.

De repente, una figura alta se interpuso en el camino de Kevin, deteniéndolo en seco.

Kevin miró al hombre que apareció de repente frente a él y frunció el ceño arrastrando a Frida en la otra dirección. Pero el hombre también cambió de dirección, bloqueando su camino una otra vez.

Kevin dijo con disgusto: -¿Quién eres tú? ¿Por qué me bloqueas el camino?-

El hombre sonrió ligeramente.

-Disculpe, la señora que está arrastrando es mi cuñada.-

-¿Cuñada?-

Al oír la voz conocida, Frida levantó la vista y encontró que allí estaba Óliver Freixa.

Llevaba una camisa blanca arreglada sin una sola arruga, y a pesar de estar en el camino de Kevin, sus ojos seguían siendo tranquilos y modestos.

Así que Kevin mira a Óliver de esta manera, no le teme en absoluto, pero piensa que es muy intimidante.

-¿Cómo puede ser tu cuñada?¡Ella es mi esposa, puedo tratarla como quiera!-

-¿Dije que era mi cuñada, dijiste que era tu esposa, eres mi hermano?¿Por qué no sabía que tenía otro hermano?- Óliver sonrió, pero había una luz peligrosa en sus ojos.

Kevin Fonseca: -¿Por qué no terminas? Métete en tus asuntos, esto es entre ella y yo.-

-Te doy cinco segundos para que la sueltes.-

Hablando de eso, Óliver sacó su celular y pulsó el 091 directamente.

-Si no la has soltado para cuando llegue la llamada, no me culpes por llamar a la policía. Creo que… la policía debería estar interesada a un secuestro.-

Óliver Freixa pulsó el botón del altavoz.

Uno——

Dos——

Hacía un ambiente alrededor de Óliver que hacía parecer que no estaba bromeando. Y Kevin estaba tan asustado que en el tercer segundo liberó a Frida. Kevin la miró furiosamente: -La próxima vez no tendrás tanta suerte.-

A continuación, Kevin huyó de aquí a gran velocidad.

Óliver colgó el teléfono rápidamente. Frida miró a él y exprimió débilmente unas sílabas de su garganta: -Gracias, hermano.-

En cuanto terminó su palabra, se desplomó hacia delante.

La cara de Óliver cambió, la agarró y la tomó en sus brazos.

En este momento, Óliver Freixa descubrió que Frida era tan delgada, y se sentía como si estuviera sosteniendo un esqueleto.

-¿Frida, Frida?- Óliver la llamó, pero a Frida le tenía sus ojos cerrados, inconsciente.

A Óliver le dolió el corazón al mirarla. Metió el teléfono en su propio bolsillo, luego puso una mano por debajo de las piernas de Frida y la abrazó horizontalmente.

Y todo eso fue visto por Simón y Rafael que salieron tras Frida.

Después de ver a Óliver Freixa recoger a Frida, Rafael sintió que el humor de Simón se había vuelto diferente al de antes, haciéndole sentir incómodo y como si estuviera en el infierno.

Explicó cuidadosamente para Frida: -Eso, eso … Señor Freixa, Frida se desmayó.-

Simón se burló mentalmente.

Por supuesto sabía que ella se había desmayado.

¿No había sido bastante fuerte cuando le había mordido y golpeado antes? Y ahora estaba tan débil y desmayada al ver a Óliver hasta que caía en sus brazos.

Ah.

¡Qué mujer tan descarada!

-Frida no ha comido desde ayer hasta hoy, es normal que no tenga fuerzas … para desmayarse.- Rafael seguía dando explicaciones a Frida.

Simón no le respondió.

-Bueno, Señor Freixa… nos… vamos a traer a Frida aquí?-

Simón se echó hacia atrás, sus ojos se clavaron en él, entonces Rafael estremeció de inmediato: -Entonces, ¿volvemos?.-

-¿Para qué la traemos?- Simón se mofó y dijo: -Que se vaya en brazos de quien quiera.-

Rafael Secada: -… Señor Freixa, ¿está usted celoso?-

Simón le dirigió una mirada dura que Rafael retrocedió inconscientemente. -Si no quiere hacer este tipo de cosas a sí mismo, entonces … está bien que lo haga yo.-

-¡No te atrevas!-

Bueno, él mismo no quería ir, y no le dejaba ir.

No quería admitir que estaba celoso, pero le daba mucha rabia al ver a Frida en brazos de otra persona. Sus ojos, tan furiosos que casi ardían en fuego. Los otros no eran ciegos, esos eran fáciles de ver.

-Entonces, señor Freixa, ¿a dónde vamos ahora?-

Simón: -Volvemos a la oficina.-

-¿Qué pasa con Frida?-

-¡No la menciones ni una vez más!-

Rafael consiguió callarse y Simón hizo rodar su silla de ruedas por sí mismo mientras una tormenta de ira rodaba en su corazón.

Esa maldita mujer, besándolo un segundo y cayendo en los brazos de otro hombre al siguiente, ¡qué cruel!