¡Se busca un millonario! romance Capítulo 49

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POV: William.

Luego de un encuentro más que caliente entre Ashley y yo, de milagro podemos separarnos y bajar juntos donde Ricardo nos espera. Como siempre, los ascensores apelan a nuestra fuerza de voluntad y mis manos se cierran en puños para evitar tocarla. Una ayuda extra es que Ashley se aleja lo más posible de mí, con las mejillas encendidas.

—No entendí bien lo del viaje a Italia —dice, una vez salimos del edificio.

Ricardo abre, como siempre, la puerta trasera y subimos al auto. Segundos después, se pone en movimiento y yo comienzo a explicarle todo a Ashley.

—La propuesta de ayer es un negocio internacional, para eso tengo un amigo que me asesora y me da el visto bueno —comienzo y ella asiente.

—Alessandro Berlusconi —interrumpe y yo me sorprendo. Asiento, con orgullo.

—Ale y yo estudiamos juntos en la universidad. Mientras él se especializaba en negocios internacionales, yo creé mi compañía de logística de almacenes. Cada vez que tengo alguna propuesta como la de Industrias Becker, él es quien me ayuda a desarrollarlo todo; además de que su empresa es la que transporta mi mercancía en aguas internacionales.

Ashley asiente todo el rato, atenta a mi explicación.

—Lo llamé esta mañana, hay unas seis horas de diferencia en nuestros horarios, así que pude contactarlo sin problemas. Me dijo que, a diferencia de otras veces, no podía viajar por estos días, por eso le dije que yo iría a su encuentro. Así, si me conviene todo, podemos continuar la ruta hasta Alemania y cerrar el trato con los Becker.

—Entiendo. ¿Cuándo lo harás?

—¿Tienes tu pasaporte en regla? —pregunto, por las dudas, pero eso no sería problema.

—Tengo que revisar, pero creo que sí —murmura, pensativa. Se muerde el labio inferior mientras trata de recordar y yo no puedo evitar mirarlo con ganas de que sean mis dientes quienes lo sostengan.

El auto se detiene y eso rompe la conexión de mis ojos con su boca.

—Si puedes verificar a lo largo del día y resulta que está en regla, trabajaremos media jornada, para que tengas tiempo de preparar tu equipaje —informo y Ashley asiente—. El jet estará preparado a la hora que sea.

—¿Jet? —pregunta, con los ojos muy abiertos. Yo río ante su estupefacción.

Asiento y espero hasta entrar al edificio, para hablarle de mi adorado jet. Hacemos el camino a los ascensores y pasa lo mismo de siempre, todos se apartan, dejándonos solos. En cuanto las puertas se cierran, me giro para mirar a Ashley.

—Un jet privado, preciosa —digo—, ¿no creerás que voy a cerrar tratos en un vuelo comercial?

—Bueno, no —responde ella, con una risita—, solo que nunca había pensado en eso.

Alza los hombros y me produce ternura su aspecto. Tan sensual y provocativa con el conjunto con el que hoy pretende hacerme sufrir, pero su expresión es tan tierna mientras me habla sobre su desinterés por mis bienes.

—No lo adquirí por un lujo, sino por la necesidad de moverme de un lado a otro. Al inicio hacía mis viajes en aviones comerciales, pero en primera clase —murmuro—. Con el paso del tiempo y el crecimiento de mis negocios, alquilaba en hangares privados. Al final, mis hermanos me convencieron de que sería bueno conseguir uno propio.

—Pues sí, tu día a día es este. Es lógico que a veces no puedes perder tiempo y es una garantía contar con tu propio avión —farfulla ella, convencida.

Llegamos a nuestra oficina y le pido que revise lo de su pasaporte. Me dice que debe llamar a su madre para que busque por ella, ya que nunca lo lleva encima. Asiento y entro a mi oficina, reviso lo que tengo que hacer en el día y le pido a Ashley que posponga las citas de la tarde. Llamo al piloto de siempre y le pido que tenga todo preparado para salir hoy mismo, aunque no tengo clara la hora.

Poco tiempo después, Ashley pide permiso para entrar en mi oficina.

—Pasa, no tienes que pedir permiso si estoy solo aquí —digo, con una sonrisa.

—Ok, lo tendré en cuenta —ríe ella y se adentra en la oficina—, mi pasaporte sirve todavía, así que creo que esa es una buena noticia, ¿no?

Su expresión es un poco tímida y puedo imaginar lo que debe estar pensando; que conocerá Roma y vivirá experiencias que nunca imaginó. Mientras, yo solo pienso que este viaje será la oportunidad perfecta para pedirle a Ashley que sea mi novia. Luego de pensarlo mucho, creo que no hay dudas. Y también creo que ella estará de acuerdo; no podemos seguir entregándonos a nuestros más bajos instintos para luego intentar mantenernos a flote como si nada hubiera pasado.

—Por supuesto, preciosa, que es una buena noticia —susurro, con un tono bajo.

Me quedo mirándola con intensidad y ella, puedo notar, se pone nerviosa. Sus piernas se cruzan y sus mejillas se colorean. Sus manos se entrelazan y se retuercen.

Ella también sabe lo que nos espera.

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POV: Ashley.

Poco después de las once, William me deja en mi edificio para que recoja mi equipaje. Cuando abro la puerta de mi apartamento, Steph y mi madre corren emocionadas y me siguen hasta mi habitación. Mientras Steph busca dos de sus maletas para prestármelas, yo reviso mi vestidor y me quedo en blanco. No tengo idea sobre qué debo llevar.

Tengo entendido que el clima está un poco frío, así que debería prevalecer ropa abrigada. Busco entre mis gabardinas y escojo las más elegantes; también me decido por pantalones de vestir y los combino con blusas y chaquetas. Eso, para las reuniones formales que podamos tener. Imagino que William me llevará a ver la ciudad, por lo que incluyo en mis maletas, algunos suéteres y abrigos más informales; así como un vestido negro y largo, con una abertura que deja al descubierto parte de mi muslo y toda mi pierna; por si se presenta algún evento importante.

Mi madre me ayuda guardando todo, mientras Steph me enseña algunos peinados sencillos que puedo hacerme. Me presta maquillaje del suyo y también me indica qué colores usar con cada conjunto.

Cuando mi madre baja para preparar una merienda, Steph deja lo que estaba haciendo y me hace una pregunta que provoca me ahogue con mi propia saliva.

—¿Guardaste la ropa interior sexy? —Hace caso omiso a mi ahogo momentáneo y añade—: Necesitas llevarlo, si decides entregarte a William debes dejarlo boquiabierto con tu ropa interior. Por cierto, te presto unos condones.

Me vuelvo a atragantar, pero a mi amiga no le importa. Sale corriendo de mi habitación, supongo que para buscar lo que acaba de ofrecerme. Cuando regresa, lo hace con una caja, literalmente, de cincuenta condones. No puedo evitar soltar una carcajada.

—Llévate la caja —dice y la deja directamente en mi maleta, sin preocuparse por lo que yo puedo decidir respecto a esto—. De seguro William los lleva también, no es como que él no quiera tener sexo contigo, así que no faltarán. Pero no quiero que tengas motivos luego para decirme que no lo hiciste.

—Steph... —llamo, pero me ignora.

—Tu primera vez es importante, pero tampoco te hagas de rogar. —Rueda sus ojos y a continuación, señala su parte baja—. Dime que lo tienes depilado, por favor.

Con sus brazos en jarra y su ceño fruncido, Steph parece haberse tomado demasiado en serio sus consejos sobre este tema. La miro sin creer que me esté preguntando eso en realidad.

—¿Qué? A muchos hombres no les gusta ver el Monte Kilimanjaro ahí abajo —dice y alza sus hombros, como si fuera obvio todo.

—Yo sé, Steph, no soy tan principiante en estos temas —respondo, para frenar su entusiasmo.

—Perdón, amiga, si quiero asegurarme de que tengas una primera vez épica. —Rueda sus ojos otra vez y sale de la habitación.

Me quedo pensando la razón por la que se fue y casi suspiro de alivio, pero me dura poco, porque cuando regresa, lo hace con una cajita Pink en sus manos. La observo con los ojos achinados y espero que no sea lo que creo.

—Aquí tienes, eso los puede ayudar.

Pone la caja sobre mis manos y al dejarla casi se me cae, porque aún no la sostenía. Entre curiosa y escéptica, abro la caja.

—¡Ahh, no, Steph! ¡Ya! —exclamo—. Fuiste demasiado lejos.

Le devuelvo la dichosa caja donde sobresale un pene de goma, todo brillante y de color rosa chicle.

—Uff, mira que eres aburrida —replica, resoplando—, si usan esto antes puedes estar un poco más preparada. Me imagino que William tenga un buen mandado ahí y no quiero que sufras en tu primera relación sexual. Tiene tres velocidades.

Mueve sus cejas arriba y abajo y yo me atraganto otra vez, con mi saliva. Ya esto es lo último que tenía que escuchar.

—Por cierto —continúa, sin callarse del todo y mirándome ahora con interés—, cuando lo hagas, porfis dime de qué tamaño lo tiene. Quiero envidiarte si resulta que mis suposiciones son ciertas.

—Pero, Steph —chillo—. ¡Cállate ya! Estás hablando tonterías.

Ella suelta una carcajada y me mira con picardía.

—Puede que sí, pero... —murmura—, estoy segura que te imaginaste todo eso para ti solita.

Ahora la carcajada la suelto yo. No puedo evitar ir en contra de la corriente cuando se trata de la loca de mi amiga. Pero si ella supiera...

—Ummm...esa mirada que pusiste. —Me mira con los ojos entrecerrados y yo dejo de pensar en el encuentro de esta mañana con William, donde fui testigo de lo que lleva por debajo de sus calzoncillos—. No. Me. Digas.

Grita. Grita con fuerza. Un chillido emocionado y que rompe mis tímpanos.

—Lo has sentido —asegura, me señala con un dedo acusador y sonríe pícara.

—No.

—Respondiste demasiado rápido, amiga —declara y comienza a hacerme cosquillas. Yo me retuerzo y comienzo a reír sin parar—, dime y paro.

Niego con la cabeza cada vez que me pide le diga verdad, hasta que no aguanto más y grito un sonoro sí.

—¡Ja! Lo sabía. —Me suelta y grita emocionada. Yo intento recuperar mi respiración y de repente, Steph se detiene de hacer un ridículo baile y me mira, con resolución—. Sácame de dudas, porfis.

Ruedo los ojos y sonrío, haciéndome la importante.

—Lo siento, eso es privado.

—Bah, aguafiestas.

El ambiente se relaja y yo, tratando de no poner cara de mensa, vuelvo a pensar en cómo se sintió que él se restregara de la forma en que lo hizo, contra mi parte baja.

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POV: William.

Miro mi reloj y ya casi es hora. Recojo mi maleta y me despido de Martha, después de darle indicaciones sobre mi ausencia en días siguientes.

Ricardo ya me espera y vamos hasta el edificio de Ashley. La llamo cuando voy en camino y le informo que ya puede bajar. El recorrido lo hacemos con rapidez y al acercarnos, veo a Ashley saliendo del edificio. Me quedo mirándola boquiabierto por varios segundos. Lleva un vestido azul ajustado al cuerpo y por encima, una gabardina negra con botones dorados. Sus zapatos altos, que ya son habituales, combinan con el color de los botones.

Su cabello suelto se mueve con la brisa refrescante de la tarde, mientras observa los autos que pasan sin darse cuenta que yo la observo. No nos reconoce.

El Ferrari rojo vino de cuatro plazas llama su atención, pero no la mantiene; sonrío ante eso. Ricardo se detiene justo frente a ella y cuando abre la puerta, Ashley no puede evitar llevar su boca hasta el piso.

Ricardo la saluda y toma sus dos maletas, para guardarlas. Yo abro la puerta y salgo, con una sonrisa orgullosa y descarada en mis labios. Ella me mira aún con sorpresa y yo disfruto mientras tanto de su estupefacción. Me detengo delante de ella y meto mis manos en los bolsillos de mis pantalones. Espero.

—No me esperaba esto —termina diciendo, luego de abrir y cerrar la boca con indecisión.

—Lo sé, me gusta ser impredecible —confieso, le hago un guiño y alzo mis hombros, indiferente.

—Pues sí que lo eres —ríe ella y yo me acerco un poco—. Siempre te superas.

Ante su tono divertido yo pongo mi expresión arrogante.

—Nena, no imaginas cuánto estoy dispuesto a superarme. Este es solo el comienzo.

Verla rodar los ojos, lejos de molestarme, me provoca besarla. Y aunque no se lo digo, creo que la determinación en mi mirada es suficiente para que le quede claro.

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