El Amor De Antonio romance Capítulo 375

-¿Injusto?- lo miró con dudas, -¿Por qué es injusto?

Se calló por un rato y luego dijo lentamente, -No la quiero. Originalmente no puedo ofrecerle la felicidad que quiere.

Al oírlo, el señor Colón no podía evitar reír, -Las emociones se pueden cultivar. Ya que te gusta esa señorita Alejandra, también puedes enarmonare de Sandra.

-Imposible.- Guillen dijo con la voz firme, -Solo me gusta Alejandra y en esta vida solo quiero casarme con ella.

La sonrisa en los labios del abuelo se entrecerró lentamente, su expresión se volvió seria cuyos ojos se quedaron agudos y preguntó con voz profunda, -Guillen, ¿realmente estarás satisfecho por irritarme tanto?

-Abuelo, no tengo gana de enojarte. Solo estoy mostrándote mi actitud.-

-Pero con tu actitud me estás irritando con propósito.- su tono se volvió muy frío, -Ya que has demostrado tu actitud, voy a decirte la mía. Mientras yo esté vivo un día, nunca dejaré que esa mujer entre por la puerta de la Familia Colón.

Estas palabras se las había dicho antes, entonces estaba muy tranquilo, y solo hizo una sonrisa suavemente, -Abuelo, ya hemos presentado respectivamente nuestra actitud con claridad, pues voy a añadir unas palabras más. Lydia y yo nos enamoramos con sinceridad, y si no puedes aceptarla, solo puedo seleccionar no volver a entrar por la puerta de la Familia Colón con ni un paso más.

Entrecerró los ojos que revelaban una luz aguda, -Niño, ¿me estás amenazando?

Sonrió, -No, abuelo, no estoy amenazándote sino mostrándote mi actitud firme.

-Tú...- estaba hecho una furia por su actitud arrogante y de repente sintió un dolor en ambos lados del pecho cuando respiraba tanto que se apresuró a tapar el pecho con la mano cuyo rostro cambió completamente.

Al ver esto, entró en pánico pero en seguida se calmó, miró su rostro penado por el dolor y se reveló una sonrisa en las comisuras, -Abuelo, no te hace falta actuar como en el teatro. Sé que estás fingiendo la enfermedad para dejarme ceder un paso.

El señor Colón levantó los ojos para echarle un vistazo, en lo que estaba lleno de dolor y desesperanza.

A esta hora, entró Sandra y vio la cara dolorosa del anciano, se acercó con toda prisa, abrió el cajón de la mesita de noche, sacó una botella de medicina, abrió la tapa para poner las pastillas en la mano del abuelo, luego vertió un vaso de agua y le sirvió un sorbo después de que las puso en la boca, y luego le dio otra palmada en el pecho para ayudarlo a suspirar sin problemas.

Al ver sus hechos hábiles, él frunció el ceño e inconscientemente preguntó, -¿Qué tipo de medicina le diste al abuelo?

Ella lo miró y respondió honestamente, -Es para la angina de pecho.

-¿La angina de pecho?- encogió más fuerte el entrecejo y volvió la cabeza para mirar al anciano que había estado recuperado un poco, -Abuelo, ¿desde cuándo padeces de esta enfermedad?

Lo dio una mirada fría y resopló con frialdad, -Es por ti, este niño apestoso.

Se calló sin decir más.

Sandra vaciló un poco, luego dijo, -Guillen, hace poco he oído todas tus palabras. Si realmente no quieres casarte conmigo, no te obligo más...

Al oír estas palabras, Guillen la miró con sorpresa mientras que el anciano lo regañó emocionalmente, -Sandra, ¿qué has dicho?

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